Una noche con el Monstruo
28/Febrero/2009
Álvaro Bisama / Wiken / El festival de Viña debe ser una de nuestras más extrañas ceremonias nacionales. Esta semana cumplió 50 años y celebró el medio siglo despojándose con alegría y sin culpa de sus viejos ritos y mitos. Au revoir Vodanovic y Serrat; Bienvenidos Farkas, La Noche y la cumbia.Las mejores explicaciones siempre están donde menos se las busca. Paradójico: mientras a la una de la tarde en el Sheraton Miramar, Joan Manuel Serrat llena una conferencia de prensa hablando sobre Hugo Chávez, Antonio Machado y los vinos chilenos, vigilado atentamente por Vasco Moulian y Mercedes Ducci; en el viejo y vilipendiado Hotel O’Higgins, La Noche conversa con sus fans y es entrevistado por los adolescentes radiactivos de “Yingo”. Doce o trece horas más tarde, Serrat será solo la borra de un recuerdo en la Quinta Vergara en la jornada inaugural y La Noche será el presente absoluto y quizás un futuro posible: la galería completa estallará y colocará las palmas arriba, cuando aparezcan Leo Rey, Alexítico y su troupe, todos vestidos de rigurosa seda negra y armados de un set de canciones hechas para bailar y llorar a la vez.
Pero no nos adelantemos. Una teoría: la celebración de una efeméride casi siempre debe ser el símbolo revelador del sentido del mismo hecho que se recuerda. No hay demasiada ciencia en eso. ¿Quiere uno saber qué diablos ha sido Chile en dos siglos de historia? Fácil: basta remitirse a las celebraciones del Bicentenario y mirar en la cantidad de chicha consumida y las obras inauguradas como si de un oráculo o de un espejo se tratase. Todo aparece ahí: las alegrías, las miserias, las estupideces, los milagros.
De este modo, ¿cómo comprender el sentido de los 50 años del Festival de Viña? Más fácil aún: hay que asistir a la noche inaugural. Porque, si se lo piensa bien, 50 años de Festival es mucho, demasiado, un exceso, a pesar que desde hace un tiempo, el Festival ya no es lo que era. Por supuesto, es difícil saber cuándo se produjo el cambio. Quizás cuando la vieja concha acústica fue extirpada y la Quinta Vergara se remodeló. Ahora ya no hay nadie subido a los árboles, ni hay sobre el cerro otra galería hecha de colados, y ningún asistente se introduce clandestinamente en la platea.
Pero la Quinta sigue siendo la Quinta. El Monstruo sigue siendo el Monstruo; la última magia que le queda a Viña, alguna vez un balneario tan elegante como esencial; capaz de devorarse a quien sea cuando la ocasión lo amerita con o sin razón, porque acá el espectáculo es un circo romano o, mejor dicho, chileno.
A las diez de la noche, cuando las luces de la Quinta Vergara se encienden, ese Monstruo está ahí, esperando. Es su día. Ha pagado por eso. Cada miembro del público ha venido a ver a sus artistas favoritos. Pero el horno no está para bollos, porque la jornada inaugural tiene poco de monumental. Apenas, un poco de fuego, unas cuantas chayas, una pantalla gigante donde se hace un racconto de los cincuenta años de historia del evento mientras se intercalan imágenes de la historia chilena reciente. Mensaje obvio: el Festival es Chile, Chile es el Festival.
Puede ser, pero aquella ilusión se desvanece cuando aparecen los animadores de este año. Felipe Camiroaga luce tan nervioso que uno casi extraña la verborrea incontinente del Sergio Lagos de años anteriores. Por su lado, Soledad Onetto habla de manera fría, desapasionada. Debe emocionarse y empatizar pero suena más bien a la primera alumna del curso recitando la lección de turno. Después confesará que no tuvo miedo. Que no se amilanó ante el Monstruo. Por supuesto, el público se da cuenta de lo anterior. Los adora, pero no estalla aunque Camiroaga no ceda al beso en la boca de rigor que pide el respetable arguyendo razones morales: la Onetto es casada.
Así que todo es rápido y desapasionado hasta que entra el viejo y legendario Antonio Vodanovic que aparece desde atrás, como una especie de crooner solitario en un escenario que luce demasiado grande para él. Es su despedida, su homenaje, su gesto de desagravio, su último adiós. Vodanovic lleva humita y un traje parecido al de Camiroaga pero entre ambos media una distancia de años, de siglos. Hablan lenguas distintas, porque Vodanovic discursea, se refiere a sí mismo, explota sus lugares comunes. “Mi tiempo pasó”, dice. Pero su retórica almibarada luce fuera de lugar aunque él mismo parezca estar a punto de quebrarse y la voz arrastre la promesa de un llanto secreto, anhelando las lágrimas que nunca aparecen. Quizás, los mismos clichés que dice impiden ese llanto. Por lo mismo, no es raro que intente una estocada sangrienta para congraciarse con el Monstruo: decirle a Camiroaga que su madre muerta lo está viendo desde el cielo. Pero el Monstruo no le compra. Le da dos antorchas y se va sin pena ni gloria. Los animadores lo despachan rápidamente, apuraditos, en un movimiento que repetirán toda la noche: no habrá misterio alguno ni pausa dramática, ni habrá tensa espera; será llegar y llevarse antorchas y gaviotas.
Minutos después, Joan Manuel Serrat, otra leyenda viviente, tampoco alcanza a romperla. Toca sus grandes hits pero la galería simplemente lo mira desde la distancia. No son tiempos para él. El Monstruo no tiene memoria. Al día siguiente, Serrat se juntará con la Presidenta. Después, en un comentario psicotrónico, la alcaldesa de Viña dirá que lo encuentra mal vestido. Pero eso da lo mismo porque ahora, Serrat, como Vodanovic, es la memoria de un festival que los fans de Camila y La Noche -los platos fuertes de la jornada- son incapaces de recordar, algo que no les interesa ni siquiera cuando el catalán toca “El cigarrito” de Víctor Jara.
Porque Serrat es para el palco, para los señores que han pagado los lugares más adelantados de la platea. Y aquí manda la galería, que quiere otra cosa. Quiere emocionarse, bailar, hacer catarsis, sacudir el cuerpo, comulgar con las canciones que hablan de su vida íntima, de sus desgarros amorosos, del recuerdo de sus emociones adolescentes. Serrat no hace nada de eso; es culto, europeo, sofisticado. Y este Festival no es nada de eso. El avance de la jornada, lo demuestra: lentamente, el evento exhibe lo que ha cambiado. Ya no queda demasiado glamour sino que, por el contrario, no es más que una fiesta popular. Quizás nunca fue otra cosa. Por lo mismo, cuando venga Camila, una banda mexicana que ha estudiado con atención a Justin Timberlake y todo el pop negro del mundo, la emoción empezará a salir a flote. Camila conseguirá la gaviota que no le dieron a Vodanovic y sacará los gritos de bis que no tuvo Serrat. Camila (que es tristemente famosa porque Edmundo Varas, el cándido o violento mártir de los realitys chilenos guitarrea a toda hora una canción suya) saldrá y tocará y eso será el reboot del Festival, la bienvenida al presente, el comienzo del frenesí.
Por supuesto, todo terminará por arder hasta los cimientos cuando aparezca, a las dos de la madrugada, La Noche. No habrá excusa alguna para la catarsis porque la galería viene por ellos, y solidariza con el un pequeño martirologio que sufrieron antes de llegar acá: su cantante casi queda sin voz y tuvieron que alojar en el hotel O’Higgins, al punto que La Cuarta tituló diciendo: “Mandaron a Leo Rey a dormir con el perraje”. Así que la galería estalla, el perraje estalla; vive y muere con todas esas canciones sobre infidelidad, moteles, amores imposibles mientras Leo Rey, su magnético frontman saluda a Catemu y pide a viva voz “el grito de las mujeres solteras”.
Y las mujeres solteras gritan de vuelta hacia él. Pura venganza. La Noche lo consigue. El grito se escucha. Una legión femenina de fans lleva cintillos en el pelo con su nombre. Camiroaga y Onetto bailan en el borde del escenario. Este es quizás, el único momento en que se relajan, en que parecen pasarlo bien. Nadie parece verlos a ellos. Al día siguiente, La Noche devolverá el cariño recibido: irá a Catemu a mostrar la gaviota, las dos antorchas, volverá a casa. Lo internacional da lo mismo, lo que vale es la provincia, la plaza del pueblo que no se olvida y a la que se vuelve de la guerra.
Y abajo está el multimillonario Leonardo Farkas. Que baila con La Noche, mueve su inverosímil pelo rubio; besa y abraza a su mujer; bebe de una copa que puede ser champaña o pisco sour. Días atrás ha jugado al tenis con Hans Gildemeister, ha tratado de “monstruo” a la alcaldesa Virginia Reginato, ha repartido propinas de millones, ha sido lo único vistoso o excéntrico de la gala superando a la Catherine Fulop, la venezolana que se ha convertido en el centro de la histeria de la prensa. Pero a nadie, aquí y ahora parece importarle la Fullop porque cuando Farkas entró a la Quinta, el Monstruo lo ovacionó mientras se levantaban carteles que decían “Farkas presidente”. Cuando los animadores lo presentaron, pasó lo mismo a pesar de que Soledad Onetto fue más bien tibia: se refirió a él como el “hombre orquesta” y obvió que había donado mil millones de pesos a la Teletón, que había declinado una candidatura presidencial y que su gusto por el lujo era tan kitsch como trágico.
Farkas ni se inmutó. Mientras la Quinta completa lo aclamaba, Farkas se paró en su asiento y respondió la ovación con uno de sus gestos característicos: alzar el puño al cielo, disparando hacia el aire esa aura de self made man que desea controlar o poseer todo lo que tiene a la vista, esa gestualidad propia de quien ha prescindido de toda diplomacia que no sea su propio deseo. Pero ese no será su último gesto a las graderías. En la madrugada, cuando el Monstruo esté pidiendo la gaviota para La Noche, Farkas apoyará la moción como uno más; subiéndose a su asiento, mirando a la galería y agitando los brazos como un pájaro.
Esa imagen pasará desapercibida de cualquier nota de prensa pero representará los 50 años del festival. Este año, Farkas será el festival. El show principal a pesar de que al día siguiente no suba a tocar con sus amigos KC & The Sunshine Band. Importará poco: Farkas será el único capaz de comprender el sentido actual de la fiesta. Acunado por la aclamación de la masa y con el soundtrack de La Noche como marcha triunfal, Farkas será su espejo y su sueño, una especie de héroe accidental en el que el Monstruo, por primera vez en mucho tiempo, verá su propia cara.
28/Febrero/2009
En nuestro “video destacado” Carl Honoré, periodista canadiense de 40 años, líder de Slow, un movimiento mundial que busca terminar con la vida acelerada de las ciudades, se refiere al sentido de su libro “el triunfo de la lentitud”.
El triunfo de la lentitud
28/Febrero/2009
El País / Es la nueva revolución. Un movimiento que triunfa en el mundo encabezado por aquellos que aspiran a recuperar la calma para saborear la vida. ‘Contra el agobio, pereza’ es el lema que arrastra a gentes, ciudades y profesionales que abogan por la conquista del tiempo/ En Londres, un estresado periodista económico de nombre Carl Honoré se dispone a leer un cuento a su hijo Benjamin antes de dormir. Es la clásica leyenda de príncipes y hadas. Interminable y aburrida para Carl, a quien espera la cena por terminar, las noticias de la tele y varios e-mails sin responder. Prueba a saltarse una página del libro, pero el pequeño de dos años le obliga a retroceder: “¡Papá, vas demasiado rápido!”. Carl recupera el pasaje perdido y mira a su hijo buscando alguna pista del tiempo que le queda para dormirse de una vez. Y así hasta que uno de los dos se agota. Esa noche le ha tocado al pequeño, que se duerme un minuto antes de que su padre pierda la paciencia. “Esto no puede seguir así”, piensa Carl, sintiéndose el hombre más egoísta del mundo, pero a la mañana siguiente tiene que coger un avión y va a contrarreloj. Razones de fuerza mayor.
Unos días después, Honoré hace tiempo en el aeropuerto de Roma para volver a casa. Rebuscando por las novedades de la librería da con un invento que le parece genial: ¡clásicos infantiles compactados en un minuto! “Uno que tiene el mismo problema que yo”, piensa, y se dispone a tirar de la tarjeta de crédito para traerse a casa el CD de Hans Christian Andersen comprimido para ejecutivos con hijos. Justo aquí, nuestro personaje sitúa el punto de no retorno de esta historia: “De repente pensé: ¡Dios mío, ¿en qué me estoy convirtiendo?”. La historia es real. Su protagonista, Carl Honoré, existe y sigue viviendo en Londres, pero hoy es conocido como un gurú antiprisa. Su libro Elogio de la lentitud (RBA, 2005) ha sido traducido a 25 idiomas y va por la sexta edición en España.
Todas las personas que hoy se confiesan defensores de la lentitud o incluso de la pereza, con posturas que oscilan entre la comprometida militancia y la sabia intuición, pueden identificar el punto de inflexión en que la propia aceleración de su ritmo de vida les hizo echar el freno y decir: “¡Hasta aquí hemos llegado!”.
Esta generación lleva a sus espaldas 150 años de velocidad frenética, que se iniciaron con la revolución industrial y han desembocado, por el momento, en el mundo acelerado que hoy disfrutamos, con Internet a la cabeza y aviones y coches supersónicos; pero también con engendros como el azucarillo de disolución ultrarrápida, para ejecutivos que no tienen tiempo de remover su café de la mañana, o la misa drive-through, una especie de funeral exprés al uso en Estados Unidos que consiste en colocar el ataúd a la entrada de la iglesia para que la gente pase en sus coches y desde allí tire una flor, se despida del difunto y salga pitando.
A día de hoy se esperaba que las máquinas hubiesen hecho mucho más por los hombres. “¿Os acordáis de cuando nos decían que los aparatos iban a trabajar por nosotros y que a finales del siglo XX la jornada laboral no pasaría de las 20 o las 25 horas semanales?”, pregunta a la audiencia John de Graaf, miembro de Take Back Your Time, una asociación estadounidense que convoca cada 24 de octubre el día de los relojes caídos. El auditorio de la conferencia asiente. “Pues aquí estamos, trabajando 200 horas más al año que en 1970″. Y es cierto. ¿Qué ha pasado con el tiempo que debía sobrar después de comprimirlo todo hasta la mínima fracción posible? En teoría debían quedarnos muchos minutos para nuestras cosas. Pero no ha sido así, el mundo de la velocidad ha disparado como nunca el consumo de ansiolíticos; la gente no sólo no dispone de más tiempo, sino que tiene la sensación de que no llega a nada y, sobre todo, de que no puede disfrutar de lo que ya ha conseguido porque continúa sin tener tiempo. Y time sigue siendo money.
Pero el personal empieza a rebelarse. El dato de las ventas del libro Elogio de la lentitud no es casual. Un éxito similar ha tenido en España otro ejemplar de nombre muy parecido, pero mucho más transgresor: Elogio de la pereza (Planeta, 2005). Su autor, Tom Hodgkinson, fundador de la revista The Idler (literalmente, El Vago), considera su obra “el manifiesto definitivo contra la enfermedad del trabajo”. A lo largo de sus casi 300 páginas da fórmulas para sacarle el cuerpo al trabajo, defiende el escaqueo como un arte que requiere la cooperación de los compañeros y suscribe la decisión del grupo anarquista Decadent Action de instaurar el lunes como “el día de llamar al trabajo y decir ‘estoy enfermo”. En Austria triunfa la Sociedad por la Desaceleración del Tiempo, que busca la piedra filosofal, el eigenzeit (el propio tiempo); en Japón, el Sloth Club con su eslogan Lo lento es bello; en Estados Unidos, Take Back Your Time aspira a convertirse en una plataforma social de activistas del tiempo. Asiáticos y anglosajones miran de reojo y con envidia la vida mediterránea: la España de la siesta, la Italia de la dolce vita. Puros mitos para turistas. Italia, harta de la tiranía de la velocidad, lidera el movimiento Slow Food en el mundo. En Grecia, según los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se trabaja aún más que en Estados Unidos. Y en España somos los últimos en echar el cierre en las oficinas, al filo de las nueve de la noche. Trabajamos unas 1.807 horas al año. Aun así, de momento conservamos como oro en paño los quince minutos del aperitivo y la hora y media o dos de las comidas. Un hábito que, según se mire, puede ser un arma de doble filo en la conquista del tiempo.
Todas estas filosofías, movimientos o asociaciones tienen en común una nueva escala de valores que podría resumirse en tres puntos: trabajar para vivir y no vivir para trabajar; disfrutar el presente y sacar tiempo para aprovechar lo que tenemos, y quitar el pie del acelerador e ir más despacio. Unos preceptos que pueden sonar muy sensatos, pero que tienen que luchar contra el descrédito que supone la lentitud en la era del kilobyte por segundo. Ser lento es ser un perdedor, carente de iniciativa, un torpe. ¿O no? Algo se está moviendo para que hasta el marketing esté apostando por la pachorra. Ahí tenemos ese eslogan de los calzados Camper, Camina, no corras, o la campaña de los helados Häagen-Dazs en el Reino Unido: el anuncio en cuestión anima a sacar el bote de la nevera y esperar 12 minutos antes de meter la cuchara. Entonces, y sólo entonces, habrá alcanzado el punto perfecto de suavidad y placer. El nuevo Volkswagen Beetle se vende en Japón con un reclamo en inglés: “Go slow”. Orange, la empresa de telefonía recién estrenada en España, ha basado su campaña británica de este año en la idea de que las cosas buenas de la vida, como jugar con los hijos o enamorarse, pasan cuando el teléfono está desconectado.
Palafrugell es un pueblo de la Costa Brava donde recala los fines de semana la gente que sale huyendo del tumulto urbanita de Barcelona. Allí se vive un poco más despacio, aunque sigue habiendo mucho coche, a criterio de algunos vecinos. Es una de las cuatro ciudades españolas que aspiran a la marca Cittá Slow; las otras son Pals y Begur, también en la Costa Brava, y Mungia, en Vizcaya. Cittá Slow es una red de ciudades que apuesta por desacelerar, reducir al mínimo la presencia de coches, recuperar la calle para el ciudadano y hacer la vida más fácil. Bra, una pequeña ciudad italiana, es el búnker de la corriente, pero ya hay más de 60 cittá slow en el mundo, y otras tantas están pujando por entrar.
Uno de los requisitos indispensables es tener menos de 55.000 habitantes. Además, las aspirantes deben hacer una apuesta fuerte por el pequeño comercio, la agricultura sostenible y las tradiciones locales. Deben contar con un sistema eficiente de depuración de aguas y una recogida diferenciada de basura. Pero lo más difícil, y es condición indispensable para plantar la bandera de Cittá Slow, es poner freno a la desmedida ambición urbanística que campa en todas partes. En Palafrugell esperan la visita de la comisión italiana que decidirá si dan la talla. ¿Los puntos débiles? “No se nos da del todo bien lo del reciclaje de residuos y falta implicación popular, pero no queremos quemar a la gente antes de tiempo”, explica Joan Aliu, concejal de Turismo, que cree que si consiguen la marca Cittá Slow tendrán más fuerza para animar a los vecinos. Aliu también reconoce una fuerte presión urbanística que habrá que parar. “Es un pueblo de costa donde no deja de crecer la venta de segundas residencias; lo mismo pasaba en Abbiategrasso, que está al lado de Milán, y allí han conseguido una ciudad tranquila”, explica animado. Abbiategrasso es una cittá slow italiana donde llegó Aliu en una autocaravana para comprobar las bondades del movimiento antes de importar la moda a la Costa Brava. Pero la norma en Palafrugell es clara: el litoral no se toca, caiga quien caiga. ¿Realmente es Palafrugell un remanso de paz y lentitud? Carmen es alicantina, pero ha vivido ocho años en el pueblo, y aunque dice que ella se siente “agobiada por los coches como en cualquier sitio”, reconoce que se cuidan algunas cosas. “En verano te daban una bolsa de tela en la panadería que llevabas cada día para no usar las de plástico. En la pescadería te dan puntos si llevas el aceite usado para reciclar; luego, con esos puntos te puedes llevar un carro de la compra. La gente lleva su capazo al mercado de frutas y verduras. A su niña de ocho años le enseñan en el colegio a reciclar el envoltorio del bocadillo”. En el pueblo esperan el veredicto de la comisión. “Antes eran muy estrictos, la selección la validaba una empresa; pero ahora lo importante es que vayas por el buen camino”. El concejal cree que “hay voluntad” para que los cuatro municipios españoles consigan la marca Cittá Slow. “Ellos saben qué somos y qué no somos”.
Cittá Slow es una de las secuelas de la rabieta que tuvo el cocinero Carlos Petrini cuando comprobó que los tentáculos del gigante McDonald’s llegaban al corazón de Roma, a la mismísima plaza de España. Al restaurador no le bastó con desbarrar contra la comida basura: organizó a su gente y fundó el movimiento Slow Food. Como colofón escogió a un caracol, símbolo por excelencia de la lentitud, como insignia de su rebeldía. Slow Food cuenta con más de 100.000 seguidores en 50 países, España entre ellos. Sus miembros se reúnen para disfrutar de lentas y largas cenas elaboradas según las recetas tradicionales, sin saltarse un paso de los rituales culinarios y, si es posible, regadas con un buen vino y una charla tranquila, sin prisas. “Nos gusta comer bien, la comida bien guisada”, admite Pascual Moreno, ingeniero agrónomo de una convivium en Valencia. No niega el ramalazo hedonista del movimiento y lo justifica de manera muy convincente: “La gente ha perdido el sentido del gusto, lo veo cuando organizo catas de queso en la universidad. Le das a un chico joven un queso buenísimo y resulta que le gusta más el de plástico”. Pero Slow Food tiene otra cara, si se quiere más madura, de protección de las especies y de la biodiversidad. Han creado el sello Baluarte para salvar tesoros que están a punto de desaparecer. Pascual descubrió en un mercado de pueblo un bote de tomate conservado en aceite con hierbas aromáticas: lo fabricaban dos hermanos que sumaban 150 años entre los dos.
El bote de tomate terminó en El Arca del Gusto, una especie de tribunal del sabor con sede en Italia y creado por Slow Food, que tiene la última palabra. Si merece la pena conservar la tradición culinaria, el tomate de los abuelos se salvará; si no, se mantendrá hasta que ellos lo puedan seguir fabricando. Así se ha recuperado el azafrán del Jiloca, del que sólo quedaban 1,5 hectáreas cultivadas y que se usaba todavía como moneda de cambio en los matrimonios; una manzana valenciana que en unos veinte años estaría en proceso de extinción; un moscatel de Sitges del que quedaban pocas hectáreas cuidadas por unas monjas; el cerdo vasco extacarri, o las alubias del Ganxet. “El límite para decidir que un producto es Baluarte es su calidad y que queden pocos productores”, señala Pascual.
Más de una vez, Amador Sánchez Bea ha hecho muchos kilómetros para probar un queso. Lo hace por amor a la buena mesa. Por supuesto, fue de los primeros españoles en apuntarse al Slow Food. ¿Qué hay que hacer cuando un queso te da buen feeling? “Probarlo. A veces hay sorpresas, pero normalmente los quesos no aparecen, los busco. Hay una documentación previa, y una vez que se me despierta la curiosidad los persigo por tiendas especializadas, ferias o viajes a su lugar de origen. Hay muchos quesos que no se comercializan fuera de su territorio”.
Contrario a lo que mucha gente cree, los adeptos a esta corriente no son fundamentalistas ni antimicroondas. La mayoría tiene un trabajo, cumple un horario laboral y no puede darse el lujo de bajarse del carro, pero sí de parar de vez en cuando. “No somos tan ilusos para creer que se puede cocinar como en el siglo pasado; se puede comer lentamente y muy mal, y deprisa y muy bien”, tercia Juan Bureo, presidente de Slow Food en España. Pascual Moreno cree que estas corrientes son y serán minoritarias. “No sólo porque una cena pueda ser más o menos cara, sino porque todo esto entra en contradicción con la filosofía del sándwich, con la comida precocinada que te comes mirando la tele sin saber qué comes ni con quién”. Un acto que para los seguidores del Slow Food está más cerca de repostar que de comer.
Fuera del núcleo duro de los militantes antiprisas, de forma intuitiva alguna gente se busca la vida y se sale de la dictadura del reloj como puede. Los más radicales han vendido su piso y se han marchado al campo, unos a 15 kilómetros de la ciudad y otros a 50. Los hay que cultivan la huerta y los hay que se conforman con comprar en el mercado del pueblo y hacer una barbacoa en el porche. Hace siete años, Paco Ibáñez puso en marcha un sueño adolescente. Vendió su piso en Murcia y se compró una casa abandonada en el campo. Entre los placeres que le proporciona la vuelta al campo menciona “pisar el verde”, “encender la chimenea”, “ver la luna” y “cocer de vez en cuando una hogaza de pan en un horno de leña”. Aunque mantiene su trabajo en la ciudad y no come sólo de lo que da el campo, cultiva una pequeña huerta con tomates, acelgas y habichuelas.
Hasta en las más enloquecidas ciudades, la gente busca un respiro. En el centro de Tokio, con su ritmo trepidante y sus extensísimas jornadas laborales, se ha abierto el salón del buen sueño. Nada nuevo para nosotros. Los japoneses acaban de descubrir la siesta, y están dispuestos a pagar unos seis euros por echar una cabezadita de 20 o 30 minutos. En España, la cadena Masajes a Mil ofrece un servicio similar, con manta y masaje incluido, por cuatro euros. Ahora, en Estados Unidos llaman a nuestra siesta de toda la vida power nap, y viene avalada por los estudios del doctor James B. Maas, psicólogo de la Universidad de Cornell, que demostró que una siesta de 20 minutos aumentaba la productividad y reducía los errores y los accidentes en el trabajo. Desde entonces, empresas como Levi Strauss, Ben & Jerry o Mac World Magazine han estrenado sus nap lounges, unos salones en penumbra con sillones acondicionados para remolonear un poco después de la comida. Pero en España, donde hasta un alcalde en Plasencia (Cáceres) dictó un bando que obligaba a guardar silencio de tres a cinco, la siesta queda para los domingos. Sólo el 24% de los españoles sigue esa sana costumbre.
“Una consulta médica transcurre a una excesiva velocidad: cinco minutos por paciente. Se quedan demasiadas cosas en el tintero, posiblemente las más importantes”. Lo dice Rafael de Pablo, médico de familia y coordinador de la Plataforma Diez Minutos, un movimiento que reclama que el médico dedique a cada paciente, al menos, 10 minutos. Otro médico, Javier González Medel, lo explica de un modo muy ilustrativo: “Nadie te cuenta sus problemas importantes con el cronómetro detrás de la oreja. Convencer a alguien para que deje de fumar lleva tiempo, y quizá es lo mejor que puedes hacer por su salud”.
El cambio a marchas más bajas se ve muy claro en los gimnasios de las grandes ciudades. Hay cada vez menos público dispuesto a machacarse en la cinta. Los expertos lo definen como el tránsito del fitness al wellness, y en la realidad se traduce en el triunfo por goleada del yoga, las técnicas orientales, el pilates y los spa. Si en 2000 el 90% de las clases eran puro fitness, hoy sólo representan el 60% de la oferta de los gimnasios. La palabra wellness (bienestar) está presente y funciona como una promesa no escrita: “La gente viene a romper la realidad del día a día y quiere salir con una sensación de bienestar”, explica Juan Manuel Estévez, director técnico del centro Wellsport, en Madrid.
Casi 300.000 visitantes diarios tiene la web del Rincón del Vago (www.rincondelvago.com) en tiempos de exámenes. Según cuenta su creador, Javier Castellanos, la misión de su empresa es reunir apuntes, trabajos y todo lo que pueda ahorrar tiempo a su cliente-tipo: un estudiante de entre 16 y 23 años con cierta urgencia para entregar un trabajo. “La gente no está dispuesta a perder tiempo en hacer cosas que ya están hechas”.
Al movimiento gay también le ha salido un ejército de perezosos: los osos, que siguen la estética de la pereza. “Vamos en plan cómodo, llevamos los vaqueros rotos y nos gusta comer bien, ni dietas, ni gimnasios”, asegura Javier Vergara, al frente de MadBear, la asociación de osos de Madrid, creada hace seis años.
Es duro ser militante de la pereza 24 horas al día. Y no es eso lo que pretenden las corrientes antiprisas. “Yo no soy un fundamentalista de la lentitud, creo simplemente que necesitamos recuperar el arte del cambio de marchas. A veces la velocidad es necesaria y a veces la lentitud es la mejor política. Mi lucha no es contra la velocidad en sí misma, sino contra la adicción a la velocidad”, explica Carl Honoré, autor de Elogio de la lentitud, convencido de que somos muchos los que necesitamos “volver a conectar con nuestra tortuga interna”.
Los teóricos de la lentitud apuestan por impulsar un cambio de prioridades y conseguir que los bienes materiales sean menos importantes que contar con tiempo suficiente para disfrutar de la vida. “Mucha gente asume que bajar el ritmo quiere decir trabajar menos horas, ganar menos dinero y consumir menos. Ése puede ser el caso de algunos, pero no el de todo el mundo. Se puede ser más eficiente haciendo las cosas más despacio”, tercia Carl Honoré, y recuerda que los trabajadores con una mayor productividad por hora son los franceses, que han estado varios años con la semana de 35 horas. Del mismo argumento tira Ignacio Buquera, creador de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles: “España está a la cola de la productividad en Europa y somos los últimos que nos vamos de la oficina”. En su libro Tiempo al tiempo (Planeta, 2006) defiende la flexibilidad de horarios de entrada y salida y la puesta en práctica de la política de luces apagadas en las empresas. “La cultura de calentar la silla es un tema decimonónico; en el siglo XXI debe primar la eficiencia sobre la presencia”. Se trata de que en torno a las cinco de la tarde todo el mundo se vaya a su casa. “Muchos empresarios creen que vamos a por una reducción de la jornada laboral, pero hablamos de cumplir lo que ya está escrito en los convenios colectivos y que las horas que se pasen en las empresas sean productivas”.
Carl Honoré se concede una vez al día una pausa tecnológica, libre de móviles y ordenadores. “No se puede estar conectado todo el tiempo”. Curiosamente, la idea la copió de un gerente de la tecnológica IBM que lanzó un movimiento por el slow e-mail. Se trata de reducir las veces al día que revisamos nuestro buzón para ser, asegura, “más felices y más creativos”.
Carl ha conseguido superar el momento crítico del día: la hora de leer el cuento a su hijo. Ha dejado de usar reloj, pero, incluso antes de comenzar, tapa el despertador del cuarto del niño. “No quiero saber qué hora es”. Hace un año, mientras Carl preparaba sus maletas para un viaje, Benjamin le regaló una postal. “¿Para la buena suerte?”, preguntó Carl. “No, es por ser el que mejor cuenta los cuentos del mundo”.
Bigastro y el paraíso
Por Vicente Verdú
Bigastro es una pequeña localidad alicantina en la Vega Baja del Segura que, como todas sus vecinas, se encuentra asaltada por la máxima especulación. No cualquier especulación, sino una patología que ha multiplicado los habitantes de poblaciones vecinas por un 3.000 por 100 o más en un periodo de diez años.
Prácticamente ningún municipio en ese entorno dulce que llega hasta el mar ha quedado libre de los fabulosos campos de golf y su apretado cinturón de adosados que van trenzándose como una delirante expansión celular hasta cubrir zonas donde ya no existe nada de nada: ni mar, ni sierra, ni vegetación, ni monte que otear. Sencillamente crecen y se reproducen ofreciendo, a extranjeros especialmente, un modo de vida fuera del tiempo y el mundo. Los supermercados, las farmacias o los gimnasios se dirigen a esta población de jubilados británicos o alemanes que hallaron acaso en este clima alicantino, en sus comidas y en sus gentes el sitio ideal para desmaterializarse sin fin.
El fenómeno ha resultado ser tan importante que en muy poco tiempo ha logrado componer una tipología urbana impensada e insólita en el mapa de España. Bigastro y su huerta, el pueblo y su alcalde, Jorge Hernández, se alistaron el 19 de octubre pasado a la red de resistencia contra esta formación salvaje y desangelada que no sólo consternan el paisaje tradicional, sino que proyectan deterioros de todo orden -ecológicos y económicos- sobre todo el entorno.
Localidades españolas como Pals, Begur, Palafrugell, Munguía, Lekeitio, Rubielos de Mora, Bigastro y Pozo Alcón forman parte de esta red denominada de città-slow nacida en Italia hace unos diez años y en contra de la ciudad destructora, neurótica y especulativa.
La città-slow o ciudad lenta preconiza la vida vecinal, la degustación del tiempo y las funciones, la relación sosegada con los otros, la oposición al estrés y los apremios del progreso. Su grupo de coalición natural es el movimiento de la slowfood o comida lenta que defiende el valor cultural de los alimentos y el humanismo de la cocina natural.
Se calcula que habría en España 3.000 clases de tomates hace unos años, pero ahora sólo se consumen 12 especialidades; se registraron hasta 200 clases de perejiles en el pasado, y en la actualidad sólo se habla de un perejil. Enseñar a los niños a distinguir la buena lechuga de la guarnición en la hamburguesa, apreciar la carne sin hormonas, el pescado sin conservantes, el pollo sin proteínas o el auténtico aroma del azafrán forman parte del programa para crear prosélitos.
Una y otra organización celebran encuentros periódicos para fortalecerse o multiplicarse, y en sus estatutos se recalca el factor humano como sentido final de esta microutopía comunitaria. Aunque sus miembros, de profesiones muy dispares, son mucho menos angélicos de lo que pudiera creerse. En Bigastro, por ejemplo, la recuperación de la huerta abandonada por sus tradicionales agricultores se realiza mediante un canje de campo por edificabilidad. Los constructores son autorizados a levantar un ático más, fuera de los planes, a cambio de entregar una hectárea agrícola que formará parte de los llamados “huertos de ocio”, parcelas donde se ocupan gentes ahora mayores con sus nietos y quien pase por allí.
En el encuentro de Bigastro prestaron su adhesión unos 20 alcaldes de media docena de provincias españolas y algunos incluso acudieron a la sesión. En conjunto se trata de una menudencia si se compara con la necesidad de nutrición política para avanzar, pero ¿qué duda cabe que la tendencia social operará en su favor? ¿Quién no asentirá crecientemente a esta iniciativa que devuelve sentido a la lucha colectiva y personal?
Los manifiestos, los estatutos, el calendario de eventos, las maneras de anexionarse se encuentran en la red con sólo invocar las palabras mágicas del città-slow o slowfood. Todo el mundo entiende enseguida de qué se trata y quiénes pueden ser los enemigos. Las fuerzas enemigas que nos enferman y nos matan con la velocidad, el estrés, la comida basura, la aglomeración en viviendas sin arquitectura y sobre espacios informes, arrasados, sin identidad.
Lectura entre líneas
28/Febrero/2009
Patricio Araya G. / The Clinic / Nadie podría haber imaginado en noviembre pasado, ni en los meses que siguieron al incidente protagonizado por el senador (PPD) Guido Girardi Lavín -a propósito de una infracción por exceso de velocidad en la ruta 68, y todo el drama moral que desató su posterior telefonazo a la subsecretaria de Carabineros-, que una situación, por muy diferente que fuera a esa repudiable demostración de poder, podría ser repetida por otro funcionario público de alta alcurnia, o por algún representante de la soberanía popular, bajo los mismos códigos de los telefonazos que articulan el poder, hasta que ocurrió lo impensable: una guagua de dos años cayó a la piscina de su casa de veraneo, dejando tras de sí una estela de dolor familiar y de reflexión pública. El accidente en la piscina de su casa de Zapallar, de la menor de las hijas del ministro de Hacienda, Andrés Velasco, y de la periodista de TVN, Consuelo Saavedra, reflota el tema sobre el uso o abuso de las redes del poder.Pero, si un senador lo hizo “en mala”, ¿por qué un ministro de Estado no podría hacerlo “en buena”?, ¿quién podría ver en el actuar del ministro Velasco un abuso de poder, como sí lo fue la pachotada de Girardi, sobre todo si ése acto quedaba cubierto por la adrenalina de una emergencia? Es aquí entonces donde conviene separar la paja del trigo. Lo del vicepresidente del PPD fue una demostración de poder per se. “Yo soy senador y qué, me siento en los demás”. Diferente es el caso de un padre desesperado frente al riesgo inminente de perder a un hijo. Eso lo libera de enjuiciamientos morales. El Derecho no le exige actos heroicos a las personas, nada más nos impone el deber de actuar en conciencia, y supone acciones en uso de la libertad de decidir entre lo bueno y lo malo; Velasco no tuvo esa opción, ni siquiera pensó en si era o no correcto telefonear desde sus vacaciones a su secretaria, para que lo ayudara en un momento de tanta premura; él sólo responde a su condición de padre desesperado, devastado -cualquiera de nosotros lo haría-, él coge el teléfono y pide ayuda a quien primero se le viene a la mente; tampoco duda en dejar de lado sus pergaminos académicos y ayudar a los carabineros a empujar una ambulancia mal equipada, que se resbala sobre la gravilla de la costa, mientras su pequeña hijita lucha por su vida, a través de los pulmones auxiliares de una doctora ecuatoriana que la asiste.
Tal vez no sea la hora de ponerse a separar la paja del trigo. Tal vez deberíamos esperar que la pequeña Ema se recupere, y que sus padres recobren el aliento. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿quién tendrá el valor de lanzar de manera pública y notoria, la primera piedra?, ¿quién será capaz de representarle al ministro Velasco su capacidad para poner en marcha el aparato del poder? Aunque muchos quisieran hacerlo, nadie se atreverá. Nadie lo hará porque Chile es un país de cobardes y pusilánimes. Nadie entrará al asunto de frente, ni pondrá en entredicho lo que circula a nivel de cuchicheo: que, a diferencia de los chilenos comunes y corrientes, el ministro y su esposa, dispusieron de todos los medios posibles para salvar a su hija. No obstante, uno puede leer en la prensa de este domingo 22 de febrero, artículos en clave de inteligencia, que bien podrían satisfacer la perversión de muchos, como el publicado en Reportajes de La Tercera, anunciado en portada de ese cuerpo como “Las horas críticas de Andrés Velasco”, y luego, desarrollado en su interior bajo el título “Las horas más largas de Andrés Velasco”.
Durante la dictadura, alguna vez los disidentes utilizaron una técnica en clave para comunicar ciertos actos políticos, refiriéndose a ellos en términos distantes y neutrales; se informaba que tal o cual acto, había sido suspendido o prohibido de frentón, y que la fecha y el lugar, así como los respectivos desplazamientos, y sus convocantes, y etcétera, quedaban en nada. La idea era que la gente se enterara de manera precisa sobre el cuándo, dónde, y quiénes convocaban. Bueno, en democracia, esa técnica parece no haber perdido vigencia.
Al leer la referida crónica sobre la tragedia de Ema Velasco Saavedra, resulta imposible no recordar la mentada técnica, o de asociarla con esa costumbre tan chilensis de tirar la piedra y esconder la mano. Porque insinuar, equivale a afirmar de manera velada lo que no se quiere o no se puede decir. Tras la redacción de los periodistas Andrea Pérez, Paula García y Juan Pablo Sallaberry, se pueden leer en clave ciertos datos o resquemores respecto al uso de dos helicópteros, uno de Carabineros y otro de la Fach, o la puesta en marcha de un desenfrenado operativo de salvataje, que involucró a dos despachos ministeriales (Hacienda y Salud), a una seremi de Salud, a un médico y a una enfermera del hospital Naval de Viña, y de paso, la crónica deja en evidencia (denuncia) la falta de recursos de los hospitales de La Ligua y Luis Calvo Mackenna; el primero sin UTI pediátrica, el segundo, sin camas disponibles en esa unidad; o sea, otra más del Minsal, o que tenía que tocarles a ellos (el establisment) para que se dieran cuenta de las carencias. Sin contar con los primeros auxilios de un precario Sapu atendido por una extranjera (profesionales bastante discriminados por sus pares chilenos, en todo caso), ni mucho menos, con la suspicacia de subtítulos como “Un ministro al teléfono” o “Se necesitan helicópteros”, tras lo cual es posible percibir un cierto interés de relevar el poder de ambos padres; de él, en particular.
El reportaje la deja dando bote, como diría Carcuro. El lector sólo tiene que empujarla y convertir en el arco de la Concertación: sus altos funcionarios pueden disponer -incluso en sus lugares de veraneo- de todos los recursos públicos a su alcance, de manera gratuita, a diferencia de la señora Juanita, que si se lo cae el cabro chico a la pileta, suena nomás. Por otra parte, evidencia que, ni el consultorio, ni la ambulancia destartalada, ni el hospital de La Ligua, habrían salido a la luz de no haberse cruzado en el destino de la hija de un ministro. La crónica de los periodistas de La Tercera es mucho menos inocente de lo que podría pensarse. En ella se dicen verdades contendidas, se lanzan espolonazos directos al mentón de la Presidenta Bachelet y su gobierno, lo cual no es malo, sólo que suena cobarde.
La idea de esta columna no es defender a Velasco, ni muchos menos a su gobierno, o a la colega Saavedra, ni mucho menos, a su noticiario; sólo es alertar sobre lo mucho y lo poco que se puede decir en un reportaje de prensa. Porque, entre otras consideraciones, deberíamos reflexionar en torno a la cuestión de, si un medio puede poner semejante cuña en el portón principal del palacio del poder político, sin reconocerlo, ¿qué lo limitaría entonces a poner palos ardientes sobre la hoguera en que se queman los inocentes sin voz ni poder? ¿Por qué un medio como La Tercera no asume que se equivocó con este reportaje, y le pide disculpas al matrimonio Velasco Saavedra?, como sí lo hizo un diario neoyorkino que hace unos días publicó una caricatura racista, contra Barak Obama. ¿Por qué el diario no enfrenta el tema del uso de recursos públicos de una, sin refugiarse en una narración pueril?
No lo hace, ni lo hará, porque en Chile, la impunidad es una forma muy frecuente de hacer periodismo, y porque siempre habrá otros medios más arrojados que serán capaces de poner a rodar la nieve, hasta convertirla en una bola que cauce estragos en su rodada. Pero, también es un modo de decir cosas entre líneas, como destacar que la conducta de Girardi -de dar telefonazos cuando se está en apuros y de poner en movimiento la maquinaria tripoderosa del Estado-, bien puede ser una cultura bastante asentada de entender el poder, de usarlo, para bien o para mal. ¿O acaso la conducta girardista acabó por desatar la desvergüenza del gobierno? Mejor esperemos que la lucidez de Vidal, nos aclare la película. Y que Ema se mejore.
Recordando a Camilo Henríquez
28/Febrero/2009
Hernán Miranda Casanova / Primer vicepresidente del Círculo de Periodistas / Discurso en el día de la Prensa / En un día como hoy en 1812, hace 197 años y en pleno proceso revolucionario de la Independencia, de una pequeña prensa manual emergían los ejemplares olientes a tinta fresca de “La Aurora de Chile”, bajo la dirección de Fray Camilo Henríquez y por iniciativa de José Miguel Carrera, un hecho que marca el nacimiento del periodismo nacional y constituye el motivo central que hoy nos convoca. Para el Círculo de Periodistas de Santiago, que viene conmemorando esta fecha desde inicios del siglo 20, el 13 de febrero constituye, por cierto, una instancia de reflexión acerca de nuestro compromiso y responsabilidad social como comunicadores, y es, al mismo tiempo, un momento propicio para evaluar la situación de nuestra profesión, de nuestras organizaciones y del futuro profesional.Camilo Henríquez puede considerarse un modelo de intelectual comprometido con los desafíos de su tiempo. Además de haber sido director de “La Aurora de Chile”, ocupó igual cargo en “El Monitor Araucano”, fue diputado suplente y senador en la Patria Vieja, y redactor de La Gaceta de Buenos Aires, además de ensayista y difusor de las ideas más avanzadas de su tiempo. También tendríamos que tomar nota de que a la vuelta del exilio, en 1822, Camilo Henríquez continuó una activa labor periodística, incluida la fundación de otro periódico. Pero pocos años después un dato que hoy cobra plena actualidad, quedó en el abandono, sin fuentes de subsistencia (hoy diríamos en la cesantía) y murió en 1825, a la edad de 56 años, según refiere la historia, “en la más terrible pobreza”.
Como se sabe, nuestro Círculo fue creado en 1907 bajo la noble inspiración de Camilo Henríquez como una pequeña agrupación entre pares, cuando el periodismo recién empezaba a definirse como una actividad profesional autónoma y específica. Décadas más tarde, una generación ilustre, encabezada por Juan Emilio Pacull, refundó nuestra institución con el objetivo de convertir al periodismo en una profesión universitaria, junto a otros objetivos gremiales como la creación del Colegio de Periodistas de Chile.
En este Día de la Prensa del año 2009, nos inclinamos una vez más en homenaje y reconocimiento de las diversas promociones de hombres y mujeres que han dejado su huella en el ejercicio ilustre de nuestra profesión, a veces al precio de sus vidas, como lo evidencia, por ejemplo, la treintena de nombres incluida en el Memorial de periodistas caídos durante la Dictadura, que se ubica en el tercer piso del edificio de Amunátegui 31.
Digamos para terminar que el periodismo de hoy enfrenta una realidad contradictoria. La tecnología ha permitido un despliegue de posibilidades que habrían sido inimaginables hace cien o cincuenta años, mientras que, en contraste, la prensa nacional tiende a jibarizarse, y el periodismo, de cuarto poder como pudo haber sido considerado en algún momento, ha pasado a ser una actividad dependiente en buena medida de los intereses y caprichos comerciales de unos cuantos grupos económicos.
Por ello, hoy levantamos nuestra voz en apoyo de quienes enfrentan dificultades tanto en el ejercicio de sus labores informativas como en una situación laboral en muchos casos precaria y desmedrada. Ante esto, consideramos imprescindible un llamado a fortalecer nuestras organizaciones, la principal herramienta ayer y hoy para la defensa y vigorización de nuestro gremio, y, por extensión, para hacer posible la prensa de calidad que el país requeriría. Por eso, al rendir homenaje hoy a Fray Camilo Henríquez, a Juan Emilio Pacull y muchas de nuestras figuras tutelares, el Círculo de Periodistas de Santiago reafirma una vez más sus principios en favor de la democracia, la libertad de expresión, la tolerancia, el pluralismo informativo, la solidaridad y la dignidad profesional.
La fotografía científica se toma Madrid
28/Febrero/2009
Este viernes 27 de febrero la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología -Fecyt- y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Csic- entregaron los premios fotciencia 2008 en la sede madrileña del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. En el concurso participaron más de 300 autores, que presentaron 650 fotografías.
El jurado falló las imágenes ganadoras y la muestra consta de un total de 49 obras, seleccionadas tanto por su valor científico como divulgativo y artístico.
28 pertenecen a la categoría general (objetos de más de 1 mm) y 21 a la categoría micro (objetos de hasta 1 mm o imágenes captadas con técnicas microscópicas). Las fotografías se acompañan, además, de un texto explicativo, escrito por los propios autores, de los hechos científicos que ilustran.
A continuación una muestra de las imágenes ganadoras:
El perro tiene su olfato 10.000 veces más sensible que el gusto. Posee 220 millones de células olfativas en las cavidades nasales, contra 5 millones de células receptoras de olores en el ser humano. Es por ello que registra, como en un inmenso archivo de ordenador, la emanación especial de cada emisor, de cada cosa que presente una particularidad olfativa. Un perfumista especializado y con mucha experiencia podría distinguir entre 30.000 matices aromáticos, pero un perro puede discernir una molécula entre un millón de otras diferentes. Los más modernos y sensibles aparatos de detección de sustancias olorosas no han podido superar la capacidad olfativa del perro.
La apoptosis se puede considerar como una muerte celular “programada”, un evento celular natural y controlado, el cual también puede ser inducido por condiciones patológicas. Las células en proceso de apoptosis se deshidratan, se fragmentan y sus núcleos encogen. De esta manera, pueden ser eficientemente englobadas vía fagocitosis y sus componentes ser reutilizados por células del tejido adyacente. En la imagen se puede observar un macrófago procedente de una línea monocítica humana que está muriendo por apoptosis, y ha ido perdiendo los puntos de unión con el substrato, lo cual se puede apreciar por la disposición radial de los “filopodios” que emite la célula y la intensa lobulación de su superficie. La fotografía se realizó en un microscopio electrónico de barrido (SEM) Hitachi S-570.
Secuencia del eclipse total de Sol de 1 de agosto de 2008, desde Yiwu, China. Tomas del comienzo del eclipse, cada 5
minutos. Las de la salida están más espaciadas debido a la presencia de nubes, que ocultaron la fase final del eclipse y se han representado en una toma real del horizonte. Los ejes del eclipse están respetados: la secuencia, de izquierda a derecha sigue la inclinación de la trayectoria del Sol, respecto a la referencia del horizonte. El ángulo relativo de la entrada de la Luna y la inclinación del disco y de la corona solares son los reales, relativos al horizonte y a la trayectoria aparente del Sol. El equipo óptico utilizado fue una cámara Minolta Dimage7, de 5.7 Mpixels, con focal de 200 mm, con multiplicador x2.5, con focal equivalente a 500mm. El filtro usado era de mylar especial de alta densidad y uniforme. Las tomas de la parcialidad se hicieron a 1/125, para la composición del desarrollo del eclipse, a f/8. La fotografía central, de la totalidad, se ha compuesto a partir de 18 tomas, desde 1/2000s a 4s de exposición.
Listo el reality show al planeta Marte
28/Febrero/2009
Agencias / Seis voluntarios simularán por 105 días un viaje al vecino de la Tierra / Finalmente se confirmaron los nombres de los dos participantes europeos que acompañarán a cuatro rusos en la misión Mars500, en la que se recrearán las condiciones de un viaje espacial al planeta rojo.
El ingeniero del ejército alemán Oliver Knickel y el piloto francés de aviones de línea regular Cyrille Fournier fueron elegidos por la Agencia Espacial Europea (ESA) para participar en un ejercicio de simulación de un viaje a Marte junto a otros cuatro rusos.
Knickel y Fournier, así como la pareja formada por los franceses Cédric Mabilotte y Arc’hanmael Gaillard -que oficiarán de sustitutos en caso de algún problema- fueron escogidos entre los 5.600 candidatos que se presentaron para este ejercicio de 105 días en que tendrán que vivir en condiciones equivalentes a las de un traslado al planeta rojo, explicó la ESA en un comunicado.
La experiencia bautizada Mars500, que se iniciará a partir del próximo 31 de marzo, se llevará a cabo en unas instalaciones especiales del Instituto Ruso para Problemas Biomédicos con los cuatro miembros rusos de la tripulación que han sido designados.
Durante esos 105 días los seis permanecerán aislados poniendo a prueba todos los elementos simulados de una misión a Marte, lo que incluiría el trayecto hasta el planeta, el vuelo en órbita, el aterrizaje y el retorno a la Tierra.
Contacto limitado
Así los seis miembros de la tripulación sólo tendrán contacto directo entre ellos y un contacto sonoro con un centro de control simulado, con la familia y los amigos con un retraso en la audición de una veintena de minutos.
En cuanto a su alimentación, será la misma utilizada por los astronautas de la Estación Espacial Internacional.
Esta misión experimental precederá otra programada para fin de año, que en ese caso se prolongará durante 520 días para equipararse al período real de una misión de ida y vuelta a Marte.
Aunque aún no se define quiénes participarán de esta segunda etapa del experimento, sus organizadores reconocieron que podrían ser los mismos seis tripulantes de la primera etapa del ensayo.
Los voluntarios aclararon que la motivación no es económica -cobrarán 18.500 dólares (cerca de 12 millones de pesos) por los 105 días- sino convertirse en “una pequeña parte de una gran cadena que ayudará a que en el futuro el hombre deje la Tierra” camino a Marte, explicó Oliver Knickel, el candidato alemán.
En el experimento se abordarán aspectos relacionados con la sicología, fisiología, inmunología, microbiología y telemedicina para abordar los que serían los mayores retos de una hipotética misión tripulada a Marte, tales como la gravedad, la radiación y el aislamiento.
La estructura del día será muy similar al de cualquier persona normal: trabajarán ocho horas al día; otras ocho dormirán y las últimas ocho serán de ocio.
Los periodistas chilenos llaman a la unidad y al freno de los despidos
26/Febrero/2009
EFE | Los profesionales de los medios de comunicación chilenos celebraron el pasado 13 de febrero el Día Nacional de la Prensa con llamados a la unidad del gremio y el freno a los despidos en los medios como denominador común.
Atrapados en una de las crisis más duras que recuerdan los comunicadores de este país, las asociaciones profesionales, sindicatos y organizaciones de estudiantes de periodismo conmemoraron el nacimiento hace 197 años de ‘La Aurora de Chile’.
El primer periódico chileno vio la luz en plena efervescencia revolucionaria de la independencia y se convirtió en tribuna de la libertad de expresión, un hecho que los profesionales de la comunicación subrayaron hoy por la trascendencia que adquiere en las circunstancias actuales.
El acto -que reunió a un centenar de reporteros, fotógrafos, camarógrafos, sindicalistas y autoridades en un céntrica plaza de la capital chilena- fue convocado por el Círculo de Periodistas de Santiago, los Consejos Nacional y Metropolitano del Colegio de Periodistas y la Federación de Trabajadores de los Canales de Televisión.
El ministro portavoz en funciones de Chile, Neftalí Carabantes, aseguró que el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet está comprometido en la defensa de la libertad de información y pidió a los responsables de los medios de comunicación que hagan un esfuerzo para conservar los puestos de trabajo.
El Día Nacional de la Prensa “es una jornada de reflexión y rechazo frente a la difícil situación abierta por la decisión de los ejecutivos de los medios de comunicación de reducir los equipos de prensa en diarios, radios y televisoras”, señalaron las organizaciones profesionales convocantes.
“Es el momento de señalar, con claridad y fuerza, nuestra crítica a la solución que los medios están dando a los problemas macroeconómicos”, agregaron.
En opinión del gremio periodístico chileno “la política de racionalización de los recursos humanos está impactando seriamente, no sólo en la estabilidad laboral de quienes trabajan en los medios, sino también en la calidad de la información que se está entregando a la población”.
Sigue crisis de diarios en EEUU
26/Febrero/2009
El ‘San Francisco Chronicle’, un diario con casi 150 años de historia y cabecera de referencia en la bahía de San Francisco, se suma a la larga lista de periódicos de EEUU con graves dificultades financieras y amenazados por el cierre.Hearst Corporation, propietaria del diario conocido popularmente como el ‘Chronicle’, ha anunciado esta semana que deberá “recortar significativamente” su plantilla lo antes posible y que se verá obligada a vender o cerrar el diario si no logra reducir gastos.
El ‘San Francisco Chronicle’ lleva perdiendo dinero desde la crisis de las ‘puntocom’ a comienzos de la década y ni el reciente aumento de su precio ni el éxito nacional de ‘SFGate’, su versión online, han logrado sanear su cuenta de resultados.
Los problemas del ‘Chronicle’ son un ejemplo de las dificultades que atraviesa todo el sector de la prensa escrita en EEUU, afectados por la competencia de los sitios gratuitos de noticias en internet, el descenso en la circulación y la caída en los ingresos publicitarios.
La actual crisis económica ha empeorado las cosas y la reducción en el número de anuncios ha provocado en muchos casos la paradoja -como ocurre con el ‘Chronicle’- de que el precio del diario no cubre los costes de edición, impresión y reparto a domicilio.
Otros casos en EEUU
El ‘Washington Post’, uno de los principales diarios del país, ha comunicado un descenso en sus beneficios trimestrales debido a una bajada del 21% en los ingresos publicitarios.
El diario ganó en el último trimestre 18,8 millones de dólares (14,7 millones de euros), frente a los 82,9 millones (62,1) del mismo periodo del año anterior y la noticia provocó una caída en bolsa de sus acciones del 3%.
Por su parte, Media General Inc, que publica varios diarios en todo el país como el ‘Tampa Tribune’ y el ‘Richmond Times-Dispatch’, ha alertado también de que sus ingresos caerán y de que se verán obligados a congelar salarios y suspender el pago de dividendos hasta fin de año.
El pasado octubre, el grupo Gannet, primer editor de periódicos del país con cabeceras como el ‘USA Today’, anunció un recorte del 10% de su plantilla y ‘Los Ángeles Times’ comunicó el despido de 75 miembros de su equipo de redacción.
Pero para otros periódicos, los recortes de gastos no han sido suficientes para evitar la suspensión de pagos.
El riesgo del cierre
La firma Journal Register Co., que publica 20 diarios en EEUU, se declaró en bancarrota este sábado y un día después era seguida por los editores del ‘Philadelphia Inquirer’ y el ‘Daily News’.
Hearst, editora del ‘Chronicle’, también tiene problemas con otra de sus cabeceras, ‘Seattle Post-Intelligencer’, que tendrá que cerrar si no se encuentra un comprador para el periódico antes de marzo.
Para algunos periódicos la solución a los problemas financieros ha sido suspender sus ediciones en papel y pasar a publicarse únicamente ‘on line’.
Éste es el caso del legendario ‘Christian Science Monitor’, que desde comienzos de año puede leerse únicamente en Internet.
Los responsables de ‘The San Francisco Chronicle’ quieren evitar a toda costa llegar a este punto y, sobre todo, impedir el cierre, que convertiría a San Francisco en la primera gran ciudad de EEUU sin periódico local.
“El Chronicle desempeña un papel importante en nuestra vida cívica y no queremos ver esta querida institución cerrando sus puertas”, ha expresado el alcalde de la ciudad, Gavin Newsom, tras conocer la noticia
Wikipedia: ¿ángel o demonio?
26/Febrero/2009
El Mundo / Por si alguien dudaba del poder de Wikipedia, una enciclopedia gratuita ‘on line’ que se ha convertido en una de las páginas web más visitadas del mundo, un estudiante de periodismo alemán realizó un experimento. Como en Wikipedia cualquier persona con un ordenador y conexión a internet puede configurar sus contenidos, el avispado alumno modificó el nombre de un aristócrata de rancio abolengo que los rumores situaban como nuevo ministro de Economía.Al infinito nombre del futuro ministro, compuesto por nada menos que 12 palabras, le añadió un sustantivo más: Wilhem. A las pocas horas, cuando Merkel le asignó la cartera al aristócrata, las principales cabeceras del país incluyeron “Wilhem” en su nombre. El ‘Bild’, el diario de más tirada de toda Europa, incluso se preguntaba en su portada irónicamente: “¿Debemos aprendernos todos estos nombres?”. Cuando el estudiante hizo saltar la liebre, se abrió un intenso debate en Alemania sobre la calidad del periodismo, y la fiabilidad de Wikipedia.
Sin embargo, no es la primera vez que sucede algo parecido. A pesar de su indudable éxito, el proyecto de Wikipedia ha sido muy criticado por el hecho de que no ofrece ninguna garantía de veracidad, y se han detectado algunos errores importantes. A menudo, éstos no están motivados por la ignorancia sino por la voluntad de realizar una gamberrada -durante horas, en el artículo sobre Tony Blair se decía que de niño colgaba pósters de Hitler en su habitación-, de realizar activismo político, o simplemente de definir cuestiones que afectan a uno mismo de forma interesada.
Por ejemplo, se ha sabido que desde ordenadores de instituciones públicas, como el Congreso de los EEUU y la CIA, así como de algunas empresas privadas, se han manipulado entradas relativas a estas organizaciones, o a asuntos de interés de éstas, lo que demuestra hasta donde ha llegado la influencia de Wikipedia.
No obstante, el padre de la criatura, Jimmy Wales, asegura a EL MUNDO que el sistema consigue ir corrigiendo todos estos errores poco a poco: “Si se echa una ojeada a las definiciones de hace cuatro o cinco años, y a las actuales, la mejora es notable. A la larga, los errores se corrigen”. Por ejemplo, cuando se detectan manipulaciones interesadas o gamberradas hechas desde un ordenador, se bloquea de forma temporal la posibilidad de que se hagan ediciones desde esa terminal. “La última en ser bloqueada ha sido la del Departamento de Justicia de los EEUU”, cuenta Wales.
Tan fiable como los volúmenes más prestigiosos
Además, el fundador recuerda que varios estudios que han comparado artículos de Wikipedia con los de enciclopedias tradicionales y prestigiosas, como la ‘Británica’, han concluido que su cantidad de errores es parecida. Curiosamente, el estudio más completo lo realizó la Universidad de Fráncfort, y halló que Wikipedia contenía un 25% de errores menos que la más prestigiosa enciclopedia en lengua alemana.
Otra de las críticas más comunes es la falta de rigor a la hora de determinar la importancia de determinadas entradas, de forma que los iconos de la cultura pop reciben una atención desmesurada. Por ejemplo, en la versión en inglés, el artículo de Federico García Lorca tiene sólo 1.500 palabras, mientras que el de Britney Spears supera las 5.200.
“Wikipedia no es perfecta. Tampoco lo es internet, pero tras más de siete años hemos conseguido un grado de excelencia satisfactorio”, comenta su fundador mientras se termina su ensalada orgánica. “Los errores son mínimos. Nuestro objetivo, democratizar el conocimiento, se ha cumplido”.
Y es que, a pesar de sus imperfecciones, en el siglo XXI, gracias a la progresiva extensión del uso de internet, muchos sostienen que puede haber nacido un nuevo templo del conocimiento que sustituya los tradicionales, como bibliotecas o universidades: Wikipedia.
















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