21 puntos por una ley de la radiodifusión de la democracia en Argentina
30/Abril/2009
Fueron integrados en la nueva propuesta de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina.
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El crítico Justo Pastor Mellado publica sus más selectas diatribas
30/Abril/2009
El polémico especialista lanza el libro compilatorio “Textos de batalla”, donde dedica varias páginas al análisis del diario el Mercurio. “En el inconsciente mismo de ese diario hay una técnica mercurial, una manera de encubrir, de omitir, de desplazar, de abordar la palabra y de aniquilar los discursos, para finalmente programar la agenda simbólica del país. El Mercurio produce una noción de la oficialidad, y en ese sentido es abyecto y al mismo tiempo tremendamente elaborado”, plantea Mellado en referencia al décano de la prensa nacional, en una entrevista publicada por LUN. Rodrigo Castillo R. / Lun / Una foto de “La pequeña gigante” ilustra la portada de Textos de batalla , libro donde Justo Pastor Mellado -sin dudas, el más polémico crítico de arte del país- ha reunido cien artículos, escritos entre marzo de 2006 y enero de este año, donde entrega su cáustica visión de las políticas culturales del gobierno.
El teórico, que originalmente publicó esos escritos en su sitio en internet, opina que la imagen (donde la gigantesca muñeca articulada aparece en pleno paseo por Santiago, rodeada por decenas de minúsculos ciudadanos) resulta “maravillosa” y sumamente adecuada.
“Esa estampa es genial, es toda una metáfora de la política cultural de este gobierno. Ahí te das cuenta de que la marioneta, que es algo destinado a ser infinitamente pequeño, aparece como infinitamente grande, mientras que los transeúntes son pequeños, como ocupando el lugar de la marioneta y siendo reconocidos como liliputienses”, dice.
En el volumen, que circula bajo el sello de Ediciones Metales Pesados, el especialista ofrece una crónica de su fallida relación con la Trienal de Artes Visuales, iniciativa que contribuyó a desarrollar en una primera etapa y de la que, finalmente, fue marginado.
“Las primeras dos tentativas para plantear una posible bienal terminaron en fracasos, y luego la autoridad política cometió el error de armar equipos poco profesionales y de una gran incompetencia, dejando de lado al mismo tiempo a los que síéramos profesionales del ramo”, resume.
Uno de los muchos temas derivados de esa preocupación central es el análisis de la cobertura que la prensa nacional otorga al ámbito de la cultura, asunto que ocupa varios capítulos del libro y que, según el mismo crítico reconoce, se ha convertido en uno de sus temas favoritos.
“Considero que las páginas de un periódico son como las huellas de un coyote en las arenas del desierto, huellas que al día siguiente deberán ser interpretadas por un chamán”, asegura.
-Usted dedica varias páginas del libro al análisis del diario “El Mercurio”.
-Creo que El Mercurio es un organizador colectivo, un organizador político. En el inconsciente mismo de ese diario hay una técnica mercurial, una manera de encubrir, de omitir, de desplazar, de abordar la palabra y de aniquilar los discursos, para finalmente programar la agenda simbólica del país. El Mercurio produce una noción de la oficialidad, y en ese sentido es abyecto y al mismo tiempo tremendamente elaborado.
-¿En qué posición quedan los otros diarios?
-La Tercera todavía no ha logrado instalar su discursividad, y en ese sentido Las Últimas Noticias y La Segunda son como diarios satélites, porque ambos son parte del gran sistema mercurial. Podríamos decir que Las Últimas Noticias es como la guachaquización programada de El Mercurio , mientras que La Cuarta ya es la lumperización del asunto, al extremo de que funciona como un crisol de la transformación del lenguaje. Si El Mercurio está próximo a la Academia de la Lengua, La Cuarta está próxima a la academia del lunfardo y del coa.
Robert McKee en Chile: “Spielberg necesita tomar mis clases”
30/Abril/2009
Erenesto Garratt / Wiken / Peter Jackson, Carrie Fisher, David Bowie y una constelación de estrellas han tomado el curso de este gurú de los guionistas. De paso por Chile, él explica por qué sus estudiantes han ganado 30 premios Oscar y 114 premios Emmy y hace un descarnado análisis de Hollywood.Lunes, 20 horas. Robert McKee, el gurú y leyenda de los guionistas de Hollywood, el profesor que durante los últimos 25 años ha tenido de estudiantes a figuras como Peter Jackson (”El señor de los anillos”), Kirk Douglas y David Bowie, estalla en una risa. Aunque sus gruesas cejas y pequeños ojos pueden parecer el refugio de un hombre con pocos amigos, por un momento su serio y amenazador semblante se doblega ante lo que es, para él, una loca idea:
“Puede que yo parezca un rock star después de todo”, admite.
En una mesa del restaurante Rivoli, dulcemente tomado de la mano de su esposa Mia, Robert McKee (68 años, dos hijos y un Jaguar negro esperando en casa) no puede dejar de sorprenderse por la acalorada recepción que ha tenido desde que el sábado pasado inició por primera vez en Chile su intensivo y famoso curso de guiones de cuatro días de duración. Ese que le ha enseñado a la crème de la crème hollywoodense cómo ganarse un Oscar – 30- y un Emmy – más de 114- : Eso es lo que han obtenido sus estudiantes a lo largo de los años. De seguro, algo de eso quieren lograr los cerca de 750 chilenos que se inscribieron en su curso: casi todo – por no decir todo, a secas- el mundo audiovisual local se ha reunido bajo un mismo techo: el Teatro Oriente para escucharlo. Ahí estaban Luciano Cruz-Coke, Ricardo Larraín, Gustavo Graef-Merino, el director Sebastián Leilo, que se va a Cannes con su película “Navidad”, Matías Bize, Pablo Illanes, Tiago Correa, Ignacia Allamand y un largo etcétera.
“Me puedo sentir un rock star porque de verdad nunca me había tocado algo así, pero, en serio, soy muy humilde”, dice perplejo McKee primero por el amplísimo número de participantes (”Son las clases más llenas de mi vida, nadie se ha ido en el medio”), y segundo por el máximo respeto que, él dice, le han mostrado (”anotan y escriben con tal concentración que se nota lo enfocados que están”). Sin mencionar los autógrafos y las fotos que vienen al final de las sesiones de parte de los fanáticos. Que, inevitablemente, los tiene. Es verdad, no es una celebridad hot, no sale en la TV en las secciones de chismes, pero este viejo sabio tiene miles de seguidores.
“Algo está pasando en Chile, veo las cosas llenas de pasión y siento que hay ganas de hacer cosas, hay hambre por aprender”, dice mientras sacia su propia hambre con un plato de tallarines, una copa de vino tinto y una siempre nutritiva conversación sobre arte y cine, guiones y personajes en constante cambio. Porque para este maestro no hay historia si no hay cambio en los personajes. Y en su propia historia la gran alteración comenzó hace cerca de tres décadas cuando era un aplicado guionista de la TV gringa y un aún más aplicado “doctor story”, es decir, un profesional que diagnosticaba qué tan malo o bueno era el guión de otro tipo. El joven McKee ya había presentado más de un guión a un estudio fílmico, más de una vez le habían comprado su trabajo y más de una vez había tenido que reprimir la frustración, pues ninguna de sus historias era llevada a la pantalla. Ni nunca lo sería – salvo el telefilme “Abraham”.
Pero vino el cambio y recibió una llamada telefónica para hacer algo distinto a escribir: “Me ofrecieron hacer una clase de escritura de guiones para unas treinta personas en San Diego. Tenía ganas de hablar con otros escritores como yo y bueno, a la semana siguiente, en vez de 30 estudiantes tenía cien y luego recibí invitaciones para ir a Nueva York, Roma y después esto se apoderó de mi vida”, cuenta. Robert McKee entonces se convirtió en el tipo de profesores que enseñan un aspecto del arte sin él mismo haber hecho una poderosa demostración de su pericia en ese registro: Empezó a enseñar cómo hacer un guión sin haber escrito uno que fuera filmado. “¿Me preguntas si no me siento exitoso siendo profesor?”, me reclama directo y fuerte frente a una pregunta a medio terminar y con un tenedor de tallarines en la boca. Robert McKee, dice, ha escuchado todas las posibles preguntas que le pueden hacer y claramente se pone incómodo con eso de que predica algo que no practica. Pero asegura que se siente en lo suyo: educando nuevas y viejas generaciones de guionistas. “Mi ego está bien”, dice.
LA PELEA DE UN LOBO SOLITARIO. Para este hombre chapado a la antigua, con un incesante dolor a las rodillas y otro dolor por una hernia cervical que puede dar pie a un explosivo mal genio, en el Hollywood actual hay una severa resistencia a las buenas historias: “No quiero pelar a Hollywood, pero se filma cualquier porquería”, dice. “Y no es sólo en EE.UU. También tienes ese problema en Europa, donde hay un catálogo de clichés hermosamente filmados, con bonita ambientación y todo lindo. En Hollywood, tienes un catálogo de clichés, pero con efectos especiales y mucho espectáculo”.
Histriónico, poseedor de una cavernosa voz, Robert McKee estudió teatro en su juventud, fue director de una compañía teatral y montó más que nada comedias (”Si no se ríe la gente estás frito. Con el drama puede ser más fácil porque es más ambiguo”) y, por eso, conoce como pocos oradores el espacio del escenario: Sobre él, los focos lo iluminan durante sus clases magistrales y ese escaso terreno luce como su hogar. Se mueve como pez en el agua, con pausas, se sienta, se para, lanza bromas (”¿Saben que hace un hombre solo en el bosque sin una mujer al lado? Pues deja de estar equivocado”), reta a algún desprevenido (”Caballeros, dejen de reírse en mi clase, o tendré que pedirles que se larguen”), garabatea de lo lindo (”Que historia más fucking mala”) y toma mucho café: fuerte y con endulzante para aguantar de 9 de la mañana a 7 de la tarde hablando sin parar. Monologando sin interrupciones, como si fuera su propio stand up comedy de larga duración, una clase que, básicamente, no ha variado en el último cuarto de siglo.
“Lo que más quiero que les quede claro a los asistentes es que escribir películas, novelas, series de TV, lo que sea, es un trabajo jodidamente solitario. Esto no es un excitante mundo de ensueño, con fiestas y glamour, no, nada de eso, esto es un jodido trabajo y se hace con uno mismo. Con nadie más”. Cortés, pero cortante, dice que casi nunca hace amistad con sus estudiantes después de sus seminarios porque “lo que menos quieres es que te llamen a las 3 de la mañana preguntándote ‘Oye Bob, cómo puedo resolver este conflicto en mi guión”‘.
A lo más, uno puede contratar los servicios de Mr. McKee como “doctor story” y saber qué anda mal con el guión/novela/serie/videojuego o lo que tenga un argumento y que a uno, en teoría, lo tenga preocupado. Por ejemplo, el legendario Kirk Douglas, a finales de los 80, asistió a su curso de guiones, asintió con la cabeza los cuatro días de clases y le pidió al final que le ayudara con su primera novela, “Wisdom of Elders”.
¿Kirk Douglas escribe novelas?
“Sí, el tipo es toda una inspiración. Lo conocí antes de que sufriera el ataque que lo dejó mal. Fue muy agradable y puede escribir muy bien, es un hombre de increíbles talentos, ha sido productor, actor y a veces director. En su juventud era un deportista de lucha libre, un luchador universitario, siempre ha estado en una gran forma y aún sigue trabajando su cuerpo con un personal trainer. Cuando iba a mi clase, él tenía cerca de 80 años y siempre me decía que no había hecho demasiado con su vida”.
?¿Y cuál fue el primer famoso que entró a su clase? ¿Fue ese un logro para usted?
“Como he estado haciendo esto por cerca de 25 años, la gente famosa ha tomado mi clase antes de que se hiciera famosa (risas). No en serio. Recuerdo, ¿cómo se llamaba esta actriz que hizo de princesa Leia en ‘Star Wars’: ¡Carrie Fisher! Vino a mis clase con unos 20 años, recién había hecho ‘Star Wars’ y dijo que había escrito un libro biográfico llamado ‘Recuerdos de Hollywood’ (’Postcards from the Edge’) y dijo ‘quiero llevar este libro a un guión de cine, pero no sé que es lo que debo hacer’. La revolvió por todo el lugar y le dije por qué no te sientas y escuchas, y al final de la clase ella sabía exactamente qué hacer. Entonces escribió el guión de la película que protagonizaría Meryl Streep y que relata la vida y luchas de Carrie contra sus adicciones y malos ratos. Así es como debió de convertirse en una de las primeras alumnas famosas’.
?Bueno y el británico John Cleese, uno de los cerebros del grupo humorístico de culto Monty Python, ha hecho su curso cuatro veces.
“Muchos guionistas notables como John Cleese (’Los enredos de Wanda’) toman el curso una segunda o una tercera vez no porque no sepan, sino porque lo encuentran útil y lo usan como un check list, para ver qué les falta a sus propios guiones y para estimular su pensamiento (…) Y aunque te dije que no tengo amigos después del curso, la verdad es que conservo unos pocos: el mismo Cleese y el actor británico Brian Cox (el malo de ‘X-Men 2′, el primer Hannibal Lecktor que vimos en ‘Manhunter’)”.
?En la película “El ladrón de orquídeas” el actor Brian Cox hace de usted, Robert McKee: ¿Qué piensa de ese papel?
“He sido amigo de Brian Cox mucho tiempo y yo lo elegí para que me interpretara. En esta película escrita por Charlie Kaufman, yo aparezco como personaje, como un profesor de guiones. Y una de las condiciones para que el director Spike Jonze me usara como personaje fue que me debía elegir al actor que haría de mí. Me presentaron 10 opciones y en la lista estaban Christopher Plummer, Albert Finney y al final estaba Brian y dije, ‘lo quiero’. Me preguntó Jonze que quién era él y le expliqué: ‘El mejor actor inglés que tú no conoces”.
“NADA DE LISTAS, ¿ME OÍSTE?”. Robert McKee vive y respira cine, novelas y ficción. Historias, en una idea. Y aunque lleva agotadoras doce horas de trabajo continuo, disimula en el Rivoli su cansancio detrás de una copa de vino, una risa estoica y una convicción absoluta de lo que él llama “las películas que le sirven para su curso”. Él odia hablar de sus películas favoritas. En unos segundos más me quedará claro el porqué. Mientras tanto, cuenta que tiene dos hijos, a quienes saca a colación en el curso a la hora de hablar de buen gusto: Uno de ellos tiene gusto; es compositor musical de documentales y series de TV. El otro es un personal trainer. “Pero le gusta leer mucho, incluso quiere hacer un libro de Fitness, puede que algún día lo haga”.
McKee deja escapar un humor ligeramente negro a veces. El hombre que amó “The reader” (”Porque me sirve para mis propósitos académicos”) y odió hasta la médula “El extraño caso de Benjamin Button” (”que tonta película para hablar de viajes en el tiempo, no puedo creer que sea el mismo director de ‘Los siete pecados capitales’), está harto de que todo el crédito se lo lleven los directores de cine. “Pásale a un director de cine 120 páginas vacías de un guión y dime ¿qué es lo que va a dirigir? (….) Sabes, si un escritor se convierte en director seguramente hará película grandiosas, como Francois Truffaut o Bergman. Pero al revés, cuando el director se convierte en el guionista, sólo pasan desastres. Ahí es necesaria gente como los consagrados guionistas William Goldman o Ruth Prawer Jhabvala para solucionar las cosas’.
?Alfred Hitchcok siempre usaba guionistas, él nunca escribía los guiones porque eran su defecto…
“¿Quieres escuchar el intento de Hitchcok por escribir? Una vez les muestra a sus colaboradores una idea para una película: Es una una línea de ensamblaje de autos y van moviéndose las piezas del auto, el chasís, las ruedas y la ventana. Hasta que el auto termina con sus piezas todas juntas y está armado y, de pronto, alguien abre la puerta y aparece un cadáver. ‘¿De quién es el cuerpo? ¿Quién lo mató?, pues es una pregunta que no puedes contestar así. Alfred Hitchcok podía pensar en términos de imágenes como esa, una muy buena idea, pero no importa cómo encuentras el cuerpo, importa quién lo mato y por qué”.
“Cuando Ernest Lehman estaba escribiendo ‘Intriga internacional’ (’North by Northwest’) tuvo sólo tres reuniones con Hitchcok: La primera fue cuando tuvo la idea de la película. En la segunda, Hitchcok le dijo que sería buena una escena afuera y, finalmente, Hitchcok le señaló que debía cortar un poco el final. Y he leído monografía tras monografía de esta película y jamás he visto el nombre de Ernest Lehman. Él escribió, ideó y creó la historia de la película, los personajes y Hitchcok sólo le dio un par de indicaciones al guionista, pero de todas formas Hitchcok se adjudicaba todo el crédito de ‘Intriga internacional’. Es tan injusto, por Dios. Después de 100 años de cine sigue siendo injusto”.
?¿Y es justo que Steven Spielberg aún no haya tomado su curso de guiones? Es de los pocos famosos que nunca ha ido.
“Y vaya sí que Spielberg necesita mi curso de guiones desesperadamente. Y lo dije en clases, casi todo lo que le importa a Spielberg es un Deux ex Machina (una serie de coincidencias que son el final), no importa descubrir un final verdadero en ‘La guerra de los mundos’ ni en nada. No sé que hay en la cabeza de Spielberg, realmente no lo entiendo, no es el dinero, pero cómo puede estar satisfecho haciendo eso. En realidad no me importa lo que haga o no haga Steven Spielberg, pero sí que los jóvenes cineastas en las escuelas vean y piensan que Spielberg se sale con la suya. Los Angeles Times una vez me preguntó por ‘Titanic’, y dije que era una porquería. Y me dijeron que la película esa había hecho un billón de dólares, entonces mi respuesta fue: ‘malos guiones también hacen mucho dinero’, y es verdad. Spielberg hace mucho dinero, Shyamalan o como quiera que sea su nombre también hace mucho dinero con ese horrible filme ‘La dama del agua’. Todo lo que puedo hacer es tratar de subir el estándar, pero la gente joven no ve esas cosas, no aprecia mucho las cosas’
?Y hablando sobre a quién seguir: ¿quién sería la persona correcta si Spielberg no lo es?
“No creo que nadie debería ser seguido, no debes imitar a nadie. Cada escritor debe seguir su propio gusto en drama, y si digo que me gustó ‘The reader’ es irrelevante. Lo que tú quieres como periodista es que yo te dé una lista, quieres que yo nombre ciertos filmes, que nombre ciertos directores, que nombre ciertas estrellas para que puedas llenar tu artículo de estrellas (con tono enojado). Pues no quiero hacer eso por ti, no quiero hacer una lista, porque no importa, no importa cuán exitosos sean, no importa ese asunto, lo único que importa es aprender. No quiero hacer nada de listas, no estoy en el negocio de copiar ideas. Es bueno que algunos de mis alumnos tengan éxito. Pero no son modelos para ser copiados, porque la copia es lo que tiene jodidamente mal a Hollywood: La gente copia el último hit del verano y eso está mal. Personas en Sudamérica y Europa copian a Godard a Buñuel y copian y copian y no hacen sus propios filmes. No son originales”.
Pero él si lo es con esta clase que si bien ha repetido por los últimos 25 años siempre hace que sus alumnos-seguidores puedan entender el cine desde otra perspectiva: la propia. Y eso sí que es original.
El valor de un fragmento
29/Abril/2009
Carmen Luz Parot* / Asociación de Documentalistas de Chile / Hacer un documental puede tomar varios años en la vida de un director. Captar un momento histórico puede tomarle toda la vida a un camarógrafo independiente. Sin embargo, sus trabajos hoy están a punto de ser desmantelados y apropiados por los canales de televisión gracias a las modificaciones que se han hecho en el parlamento a la Ley de Propiedad Intelectual.
El Movimiento Documental Chileno representado por la Asociación de Documentalistas de Chile (ADOC), organismo de representación gremial con ocho años de antigüedad y que hoy trabaja en acuerdo con la Asociación de Directores (ADG), ve con enorme preocupación una serie de excepciones que actualmente contempla el proyecto que modifica la actual Ley de Propiedad Intelectual y que nos afecta seriamente.
Se trata del llamado “derecho a cita”, es decir, el uso de extractos de obras protegidas, sin pago ni autorización explícita de sus autores, “con fines de crítica, ilustración, enseñanza e investigación, siempre que se mencione su fuente, título y autor”, según explica el artículo 71B del proyecto de ley 17.336, actualmente en el Congreso. El concepto, que puede sonar perfectamente razonable para un académico que rememora brevemente los textos de otros autores en sus escritos, se vuelve particularmente alarmante para los documentalistas si consideramos una indicación introducida a esa ley por los senadores Nuñez, Ominami, Naranjo y Navarro (artículo 71P), en el que se considera que “el uso justo de las obras protegidas por el derecho de autor con el propósito de crítica, parodia, comentario, información de noticias, enseñanza, o interés académico, no constituye una infracción al derecho de autor”.
Entendemos que en 1970, cuando la actual ley fue redactada, el derecho a cita tenía sentido para textos de carácter cultural, científico o didáctico asegurando el derecho a la educación como el avance y debate de las ideas. Sin embargo, estas recientes modificaciones afectan notoriamente la normal explotación comercial de la obra audiovisual, aquello de lo que viven camarógrafos y documentalistas en Chile.
No es que estos abusos sean nuevos. Por décadas los canales de TV y otros medios de comunicación, todas empresas privadas con ánimo de lucro (o en el caso de TVN, empresa pública con obligación de autofinanciamiento) han ocupado impunemente extractos de nuestras obras sin pagar ni pedir autorización alguna. La pobre legislación que hemos tenido hasta ahora nunca fue explícita en la defensa de estos derechos de autor; en adelante, se pretende que, además, sea explícita en socavarlos.
No es lo mismo citar un poema en un libro de castellano que exhibir un fragmento de un documental en un noticiario. Las aulas de las escuelas públicas se parecen poco a las oficinas de prensa de las estaciones de televisión.
Ocurre en los documentales de naturaleza y en los históricos. Conseguir la imagen de la migración de un grupo de ballenas o de un grupo de huemules puede costarle años de trabajo, esfuerzo y recursos económicos a un equipo documental; las últimas palabras de un artista o líder político obtenidas en una entrevista, o la confesión en cámara de un torturador es el resultado de una larga investigación y trabajo persistente. Sin ir más lejos, es todavía invaluable el material registrado en los años ochenta por camarógrafos independientes como Pablo Salas o Raúl Cuevas, quienes arriesgaron su vida en obtener imágenes que hoy es la fuente de sus ingresos a través de la venta de su archivo.
No es lo mismo citar un poema en un libro de castellano que exhibir un fragmento de un documental en un noticiario. Las aulas de las escuelas públicas se parecen poco a las oficinas de prensa de las estaciones de televisión.
En el mundo de la televisión internacional se paga por esos archivos, por minuto y hasta por segundo. La protección de ese archivo es parte del patrimonio de países desarrollados, y se entiende que la titularidad de esos derechos es retribuida cuando existe un ánimo comercial de su uso. Que una ley considere que estas imágenes son meros “fragmentos” y las ponga a disposición de cualquier medio de comunicación en forma totalmente gratuita pone en peligro todo nuestro trabajo y es simplemente un situación de despojo institucionalizada.
Por cierto, en todos estos casos, esas imágenes no son meramente fragmentos: pertenecen a una obra en su totalidad.
El documental chileno ha logrado un enorme reconocimiento nacional e internacional. Como laboramos de manera independiente, nos ocupamos de una realidad que los medios de comunicación evitan y registramos temáticas, personajes, mundos y conflictos que la televisión chilena rechaza por su carácter “anticomercial”.
Ya se trate de temas polémicos que critican la impunidad del poder (”El Diario de Agustín”, “El Despojo”), de denuncia ecológica (”Ciudad de Papel”), de admiración a personajes olvidados por nuestra historia (”La Colorina”), de atención a la pérdida de nuestra identidad (”La Última Huella”) o de rescate de nuestra memoria histórica (”La Batalla de Chile”, “Actores Secundarios”, “Estadio Nacional”, etc.), todos nuestros trabajos comparten el hecho de ser realizados en forma independiente, con una dedicación que se extiende a años de paciente seguimiento e investigación, con un punto de vista claro y sólido, y que habitualmente son omitidos por los medios masivos y censurados por la televisión.
Por nuestra convicción habitualmente estamos donde la televisión no está dispuesta a ir, y sin embargo, cuando pasan los años y ese material toma valor para la televisión, es cuando se nos exige que lo entreguemos gratuitamente y sin nuestro consentimiento.
Más paradójica es la situación si lo vemos desde la perspectiva opuesta. Las estaciones de televisión tienen conciencia del valor de su archivo y cobran por él. Si un documentalista desea utilizar las imágenes que son propiedad de un canal de televisión para ocuparlo en una película documental la tarifa de ese uso sobrepasa los dos mil dólares por minuto. Eso es lo que efectivamente cobra TVN por usar un minuto de su archivo. Pero cuando TVN ofrece comprar documentales para su exhibición ofrece la misma cantidad o menos: dos mil dólares, por toda una película como máximo. Es decir, para la televisión pública el valor de un documental como “Calle Santa Fé” de Carmen Castillo u “Opus Dei, una cruzada silenciosa” de Marcela Said, por dar ejemplos recientes y confirmables, no tiene más valor que la venta de un minuto de su archivo, aunque sea éste el material de cámara de un choque registrado por prensa esta misma mañana.
No queremos que se entienda equivocadamente nuestra demanda: creemos que en el espíritu los parlamentarios pretenden legislar pensando en casos concretos como la educación pública, la sobrevivencia de medios locales y alternativos y en el libre acceso de los consumidores de Internet a contenidos culturales e informativos con el objeto de fortalecer la democracia y la libertad. Pero en este afán pueden lograr exactamente lo contrario: beneficiar finalmente a las grandes empresas y consorcios monopólicos.
Es este un enorme perjuicio que pone en riesgo todo nuestro quehacer.
Nos sentimos impotentes cuando año a año los mismos canales que nos censuran nos roban nuestro trabajo sin remuneración ni reconocimiento alguno, amparados por lo difícil y oneroso que significa llevar estos casos a tribunales y por una ley que considerará que nuestro trabajo en un bien público de uso ilimitado.
Estamos cansados de ver cómo gigantescas universidades privadas, con matriculas de altísimo valor, que no pagan impuestos, pueden programar nuestras obras para muestras gratuitas, gastando enormes cifras en publicidad en diarios y vía pública, servicios de banquetería, inserción pagada de fotos en páginas sociales, pago por equipos de proyección y de sonido, sin considerar el más mínimo pago al autor de la obra con la cual se publicitan.
Por otro lado el documental es una declaración del punto de vista del autor frente la realidad. A los medios de comunicación no les importa esta postura ética, política y social presente en un trabajo artístico autoral. Les interesa el valor del fragmento en sí. De esta manera el proyecto ampara casos comunes como la utilización para prensa de un segmento de un documental sobre el alcoholismo para “ilustrar” la proliferación de “curaditos”en sus simpáticas notas dieciocheras o de imágenes de una ficción para “comentar” la infidelidad femenina.
Queremos agregar que esta la ley también consagra otra serie de excepciones que en definitiva permitirán a museos, bibliotecas y ciertos establecimientos culturales difundir y exhibir nuestro trabajo sin pagar ni pedir autorización. Es un grave problema, por ejemplo, para el documental con fines educacionales. En otros países el pago por parte de universidades es una importantísima fuente de financiamiento para el mundo documental. Además el museo moderno, histórico, se construye en base a exhibición de material audiovisual, como son los museos temáticos post Guerras Mundiales, cuyas exhibiciones son en gran medida materiales documentales. ¿Tampoco deben retribuir nuestro trabajo?
Entendemos que a la hora de legislar, los parlamentarios tienen en mente situaciones como la exhibición de un documental en una sala de clases de una escuela pública. Queremos decirles que nunca hemos prohibido algo así, y que no está en nuestro ánimo hacerlo. Por el contrario, constantemente los directores estamos dictando charlas gratuitas en innumerables aulas de clases.
Pero estamos cansados de ver cómo gigantescas universidades privadas, con matriculas de altísimo valor, que no pagan impuestos, pueden programar nuestras obras para muestras gratuitas, gastando enormes cifras en publicidad en diarios y vía pública, servicios de banquetería, inserción pagada de fotos en páginas sociales, pago por equipos de proyección y de sonido, sin considerar el más mínimo pago al autor de la obra con la cual se publicitan.
Por cierto, también estamos alarmados ante la continua proliferación de sitios de internet que “gentilmente” ponen a disposición de todo público nuestros documentales y películas. El alto precio que cobran los proveedores de internet a sus consumidores va de la mano de campañas de publicidad que incentivan a “bajar lo que quieras”.
Son estos casos, habituales, comunes e injustos los que facilita este proyecto de ley. Queremos que sociedad tome conciencia que promulgar algo así significará un enorme daño para el movimiento documental en particular, y para los creadores audiovisuales en general. Pero por sobre la demanda de un sector, es este un grave daño a la construcción de la memoria audiovisual de un país.

Lucas Sierra. Reforma Legislativa de la Televisión ante el futuro digital: un paso adelante, uno atrás
29/Abril/2009
Este trabajo analiza críticamente la propuesta de reforma a la legislación televisiva que el Gobierno ha enviado al Congreso, a fin de prepararla para la tecnología digital. La reforma está conformada por dos proyectos de ley: uno se refiere a la Ley 18.838, general de televisión, y el otro a la Ley 19.132, sobre Televisión Nacional de Chile. Ambos proyectos son analizados aquí. El primero, se sostiene, propone un avance interesante: la incorporación de la categoría de servicios “intermedios” de telecomunicaciones a la futura radiodifusión televisiva digital. Este es un paso en el sentido de la convergencia que la tecnología digital impulsa entre los distintos servicios de telecomunicaciones. Este avance, sin embargo, se ve empeñado por otras propuestas del proyecto, como, por ejemplo, el establecimiento de “campañas de utilidad o interés público” obligatorias para los canales, lo que representa una intervención estatal injustificada. El segundo proyecto, sobre Televisión Nacional de Chile, también es criticado. La razón fundamental es que extiende y difumina el giro de esta empresa del Estado, echando una sombra de duda sobre el criterio de subsidiariedad estatal que inspira nuestra regulación económica. En síntesis, se concluye, esta reforma legislativa da un paso adelante, pero, también, uno atrás.
Autor: Lucas Sierra. Centro de Estudios Públicos
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Se inicio discusión sobre proyecto de ley del CNTV
29/Abril/2009
OBSERVATORIO / El miércoles 29 de abril se inició la discusión, en la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, sobre el proyecto que modifica la Ley del Consejo Nacional de Televisión -CNTV- y en el cual se define, entre otros temas relevantes, el futuro régimen de las concesiones televisivas.
Nuestro Observatorio está empeñado en que se le hagan importantes indicaciones al proyecto, y, en ese sentido, espera que la ministra Secretaria general de Gobierno Carolina Toha asuma plena responsabilidad en la materia, recogiendo todas las observaciones que se le propongan. Al parecer el Gobierno le ha encomendado al ministro René Cortázar esta misión, lo que parece bastante extraño ya que este proyecto no es prerrogativa exclusiva del Ministerio de Trasporte y Telecomunicaciones.
En términos generales, nuestro Observatorio cree que la digitalización de la TV representa una oportunidad única para corregir el sistema televisivo y fortalecer el carácter público de TVN, en el entendido que la TV es portadora de identidad, valores y sentido y su programación no debiera ser considerada como un bien de consumo común y corriente. En este sentido el envío al Congreso de los proyectos que reforman la ley de la televisión pública y del CNTV, de manera integrada, responde a la necesidad de garantizar una televisión pública sólida, reforzando sus prerrogativas comerciales y con sus posibilidades de emisión multiplicadas y diversificadas.
Además, en el entendido que la multiplicación de la oferta no trae, necesariamente, aparejada una mayor diversidad, la reforma de los proyectos considera disposiciones que permiten eliminar barreras de acceso a la propiedad a sectores que no cuentan con recursos económicos para la instalación de grandes redes de transmisión y que hoy carecen de expresión a nivel nacional, regional y local.
En lo referente al proyecto que modifica la ley 18.838 del CNTV, y que se empezará a discutir, hay dos reformas que nuestro Observatorio considera primordiales. La primera tiene que ver con las condiciones para atribuir una concesión televisiva. Al parecer el proyecto enviado por el Gobierno no habría considerado la propuesta del Observatorio de cambiar la exigencia de un proyecto técnico como única condición para asignar una concesión de TV. Creemos en este sentido que se debe agregar a los requisitos técnicos un compromiso del concesionario con la ciudadanía -dueña del espectro radioeléctrico- en cuanto a los objetivos de servicio público que tendrá en su programación. La segunda reforma, implica, a nuestro juicio, re definir qué se entenderá por correcto funcionamiento de un canal de televisión, precisando el carácter de interés público del bien concesionado. A pesar de que la redacción del artículo vigente en la ley es considerada por todas las corrientes políticas representadas en el Consejo Nacional de Televisión como insuficiente y obsoleta, no fue considerada su modificación en el proyecto enviado por el Gobierno. Por ello, consideramos crucial insistir en que el “correcto funcionamiento” debiera establecer obligaciones se servicio público a los operadores, definir criterios de eficiencia espectral para aprovechar de mejor manera la transmisión de contenidos televisivos, y corregir imperfecciones del sistema de asignación, modificación y renovación de concesiones en base a criterios de cumplimiento de la misión de la TV. Tal como lo hemos planteado en diversidad de documentos, incluido el Manual para el Uso de Legisladores, que acabamos de publicar, el correcto funcionamiento de los servicios debería implicar “el permanente respeto, a través de su programación, de la dignidad de las personas, la protección del medio ambiente, la diversidad cultual, el pluralismo, además de la protección de la infancia y la adolescencia”.
Proyecto de TVN se votará en Sala
En cuanto al proyecto que modifica la ley de Televisión Nacional de Chile estaría a punto de ser votado en la Sala con las indicaciones de la Comisión. Según fuentes de dicha Comisión, ya se habría redactado el informe definitivo que, luego de discutirse y votarse en la Sala, se hará público. Posteriormente será enviado al Congreso para su aprobación definitiva.
En dicho debate parlamentario han estado en juego aspectos cruciales para la TV pública, como la posible ampliación de su directorio, las alternativas para superar las limitaciones que acarrean el autofinanciamiento y la re definición de la misión social de TVN, entre otros aspectos relevantes.
Ambos proyectos forman parte de la propuesta de reformas a la TV que envió el gobierno para el tránsito a la televisión digital terrestre: uno que modifica la ley de TVN y el otro que redefine las funciones, objetivos y atribuciones del Consejo Nacional de Televisión.
Para conocer la posición del Gobierno en esta materia, es preciso recordar la intervención del actual ministro de Defensa y en ese entonces ministro Secretario General de Gobierno, Francisco Vidal, ante la Comisión, el 3 de diciembre de 2008.
Lea a continuación la versión taquigráfica de la intervención de Vidal:
LA POSICIÓN DEL OBSERVATORIO SOBRE EL TEMA ESTÁ DISPONIBLE EN LA SECCIÓN “NUESTROS DOCUMENTOS” DE ESTE SITIO.
El irritante estilo de Mr. Simpson
28/Abril/2009
Felipe Saleh / El Mostrador / Vasco Moulián y la esquizofrenia programática de Canal 13 / Al principio se rieron de sus estrategias, después lo imitaron, pero ahora la molestia va desde los detractores internos hasta los avisadores, que ven como ha perdido valor la marca Canal 13. Con todo, el ejecutivo más lúdico de nuestra televisión sigue ajustando la parrilla a la velocidad que corren los puntos de sintonía. Para sus cercanos una muestra de su impúdico pragmatismo. Para la competencia “el principio del fin” o simplemente “pan para hoy y hambre para mañana”.En septiembre del año pasado Vasco Moulián tuvo su primera reunión como director de programación de Canal 13 con el resto de los ejecutivos y los equipos de producción. A la vista no tenía el laptop ni el blackberry de los que ahora no se despega. La audiencia que tenía al frente en su mayoría lo conocía. Durante cuatro años, antes de ese momento, Moulián, que llegó como parte del equipo de Enrique García, había sido director del área infantil. En ese puesto demostró que tenía buenas ideas para la masa como “Pulentos” -la serie animada que se convirtió en franquicia al tiempo que llenaba teatros- y también una profunda obsesión por los puntos de rating. Quienes trabajaron con él en esa época recuerdan que siempre mencionaba por cuántos puntos había ganado Cubox (el bloque infantil del 13) sobre Tronia de TVN.
A pesar de su perfil lúdico ampliamente conocido, nadie esperaba lo que realmente sucedió en esa primera reunión oficial. “Ahora les voy a mostrar cual es mi plan de programación para los próximos dos años”, dijo. Abrió la puerta y contra todos los pronósticos entra un mago. “Magia!, eso es lo que quiero hacer con la programación”, dice, mientras el mago le pasa una carta a cada uno de los presentes, hace algunos trucos y como cierre saca un conejo del sombrero. Algunos de los que estaban ahí pensaron que era el camino al despeñadero y se tomaron la cabeza. Mercedes Ducci, la directora ejecutiva, en cambio, estaba muy emocionada.
De la RDA a los fina sangre
Vasco Moulián es un tipo pragmático, “si hay algo que tiene claro es que quiere ganar y en eso no ha fallado, no se ha equivocado”, afirma un ex colaborador y para reafirmarlo agrega: “¿Has visto algún director de teatro infantil que se haya hecho millonario?, él si”. En efecto, la Compañía Kerubines facturó cerca de cinco millones de dólares y él, por cada obra, ganaba cerca de US$ 500 mil. Y fueron al menos tres montajes a tablero vuelto. Desde el 2000 que tiene una amplia casa en Chicureo y 16 caballos fina sangre, uno de ellos Schackleton, en copropiedad con el economista Fernando Coloma, ex consejero del canal, y con el presidente del colegio de abogados, Enrique Barros.
Proveniente de una familia de intelectuales de izquierda, su tío es el sociólogo Tomás Moulián, su padre fue historiador de la Universidad de Chile y estuvo exiliado en la RDA, de donde “le quedó el terror a ser pobre”, según un amigo ya distanciado. Quienes lo conocen parafrasean su clásico enunciado: “Sé que soy menos inteligente que tú, pero mi idea es esta”, y después lanza lo que tiene en la cabeza, que casi siempre le ha dado buenos resultados, al menos en lo que a números se refiere.
Cuando el canal perdía plata a raudales (cerca de 2 mil millones) por culpa de la pretenciosa teleserie Don Amor, con locaciones en Puerto Rico, y no había presupuesto para nada, él propuso poner al aire Los Simpson, que cuestan 1,5 millón y le dejan 12 millones de ganancia al canal por capítulo. Gracias a su obsesión con el people meter se dio cuenta que la audiencia prendía el televisor cerca de las 22:40, entonces en vez de empezar el prime a las 22, como todos, él puso “El 13 y tu”, nada más que un recocido de humoristas, que dejaban unos 10 millones por capítulo y sólo costaban $3 mil, que es el precio de las cintas.
Actor las 24 horas
Las dos cosas fueron motivo de sorna entre los “intelectuales” de la industria. Y Moulián, a quién un amigo describe como “un actor las 24 horas del día”, siempre lo supo. Por eso en el último Festival de Viña se puso una enorme camiseta de Los Simpson y adornó su credencial con motivos de la serie, mientras no paraba de reír al ver que los otros canales rescataban en masa sus archivos de humor y sobre todo al darse cuenta que los números cuadraban tan bien que no necesitaría hacer despidos masivos. Y así lo hizo saber en su estilo lúdico, parado en el patio del canal, cuando hace algunas semanas reunió a gran parte de los funcionarios para explicarles, planilla en mano, que “Gracias a los Simpson, en este canal no vamos a despedir a nadie”. Aunque no lo pudo evitar del todo, porque en abril Canal 13 cerró dos filiales en Antofagasta y Temuco.
Cuando se estrenó Machuca en 2004, Vasco Moulián después de verla llegó al canal diciendo “volví a ser comunista mientras duraba la película”, haciendo reír al resto del equipo con el que trabajaba. Parte de su pragmatismo incluye cambiarse de vereda en política: apareció en un afiche de la campaña de Ricardo Lagos en 1999 y ahora es amigo de Joaquín Lavín y cercano a su entorno de confianza en la Universidad del Desarrollo donde trabajó. La UDI incluso le ofreció ser candidato a diputado, oferta que rechazó. “Se dio cuenta que la derecha tiene un vacío de artistas y él se puso ahí para llenarlo”, dice un productor de televisión que lo conoce.
Moulián ha dado golpes de timón que han enfurecido a los más conservadores dentro de la industria. Primero, adelantó sin avisarle a nadie la teleserie “Cuenta Conmigo”, rompiendo un pacto tácito de años entre los canales, que mandaba empezar la guerra todos al mismo tiempo. Ya antes había convencido al canal de reinstalar el rating online, otro pacto implícito que el actor secundario de “Cerro Alegre” hizo añicos. Luego, para potenciar la teleserie, que finalmente terminó perdiendo contra “Los Exitosos Pells” de TVN, decidió retrasar la partida del noticiero a las 21:15 causando molestia en el equipo de Prensa y logrando artificiosamente quedarse en el segundo lugar de sintonía, delante de Chilevisión.
La esquizofrenia daña la marca
Estos movimientos poco quirúrgicos lograron que Canal 13 se instalara como primero en sintonía con 8,9 puntos promedio en el primer trimestre de 2009.
Eso hasta el martes, cuando la esquizofrenia programática alcanzó su punto más alto. Teletrece volvió a las 21:00 para transmitir el fútbol Sub 17 de Chile contra Argentina. Pero TVN le dio un poco de su propia medicina y estrenó su teleserie nocturna “¿Dónde Está Elisa?”, sin previo aviso. Moulián ordenó entonces retrasar el fútbol, dándole la espalda a una de las grandes ayudas que tuvo para ser primero en sintonía, gracias a las Eliminatorias, y tiró al aire un capítulo de “1810″, el reality que ha vuelto a llenar las arcas de la estación.
La ANFP envió un comunicado expresando su molestia: “Hechos como este entorpecen los esfuerzos por mantener relaciones cordiales con dicho medio de comunicación”. El canal respondió con otro pronunciamiento oficial diciendo que todo se hizo siguiendo “el compromiso fundamental que es con las audiencias”. Todo un contrasentido si se piensa que más de un asado se quedó a medio hacer sin el ingrediente fundamental que era el fútbol. “Es el principio del fin” dice un antiguo ejecutivo de otro canal, al referirse al estilo Moulián, que tiene detractores al interior de la propia estación, incluyendo a Verónica Saquel directora del área dramática y otros directores que como antiguos estandartes de la industria aseguran que “es necesario respetar los hábitos de la gente y aunque ahora las cifras lo acompañen, es pan para hoy y hambre para mañana”. Con todo, la programación seguirá moviéndose sin previo aviso, como ya se hace en Argentina donde se pagan multas que los canales asumen sin reclamar. En Chile ya hay molestia en los avisadores que se están expresando en el Power Rate Show, que es técnicamente el valor de la marca donde se publicita. Canal 13 hasta ahora ha tenido el más alto con 1,4, seguido de TVN con 1,2. Actualmente los papeles se invierten y Canal 13 está por debajo del 1,2 mientras TVN y Chilevisión suben a paso firme. Y es que nadie puede ganarlas todas.
CEP critica a Piñera por no incluir a Chilevisión en fideicomiso
28/Abril/2009
Claudia Rivas Arenas / El Mostrador / Las críticas desde el Centro de Estudios Públicos -CEP- que incomodan al piñerismo / Las opiniones vertidas por Arturo Fontaine y Lucas Sierra en algunos medios, en orden a que existiría un conflicto de intereses si el abanderado opositor insiste en no deshacerse de la estación privada, fue recibida con molestia por ciertos personajes piñeristas. Tan sorprendidos se sintieron que incluso una fuente del entorno cercano al empresario aseguró que le iban a pedir al CEP, a través de Harald Beyer, que les explicaran el sentido de los dichos de su director.
Cuando Sebastián Piñera concretó su fideicomiso ciego voluntario, para la Concertación tuerto, en su entorno comenzaron a respirar más tranquilos, pues preveían un proceso de campaña mucho más despejado en relación con el perfil de empresario del abanderado de la derecha. Para sus adversarios, lógicamente, esto no es suficiente y, tal parece, que para el Centro de Estudios Públicos (CEP) tampoco, dado que algunos de sus integrantes, entre ellos su director Arturo Fontaine, han planteado que existe un conflicto de intereses entre ser Presidente de la República y ser dueño de un canal de televisión, industria altamente regulada, que en los próximos años pasará por cambios potentes en materia legislativa. Esto, además, queda de manifiesto en el estudio que elaboró Lucas Sierra, investigador del mismo think tank ligado a la derecha liberal, y en el que analiza en profundidad el proyecto que reforma la Ley General de Televisión y que modifica también la normativa que rige a TVN.
Durante el fin de semana pasado, en diversas publicaciones Fontaine y Sierra plantearon este eventual conflicto de intereses. El primero en el marco de una entrevista en Que Pasa, señaló que “Si Piñera es electo presidente, debería desprenderse de la estación privada, porque la televisión es un sector regulado de alta importancia política y donde pueden surgir conflictos de interés”. Y añade que “tanto por temas de fondo como por cuestiones políticas, habría sido más sabio incorporar Chilevisión al paquete que le entregó a Celfin para vender si es que es electo”.
El domingo, hizo lo propio Sierra en una columna en el Cuerpo de D de El Mercurio: “Piñera debería perfeccionar su voluntad política disponiendo para Chilevisión lo anunciado para LAN: si es electo, vende. Ambas compañías son parecidas en cuanto son densamente reguladas, y es razonable que tengan un trato análogo”, sostiene.
Como era de esperar, estos comentarios no cayeron nada bien en el piñerismo. Mientras un grupo se refugió en la postura de que “no se entienden estas críticas, porque el canal es lejos lo más pluralista que hay”, eludiendo el tema de fondo al que apuntan los comentarios, que no tiene que ver con la libertad de expresión; otros, buscaron la razón de tales posturas en rencillas de tipo más bien personal. Es conocido que en su calidad de empresario, Piñera nunca fue un regalón del CEP y nunca fue invitado a integrar su Consejo Directivo, presidido por Eleodoro Matte L., y compuesto por influyentes empresarios como Roberto Angelini R., Juan Claro G, Guillermo Luksic C. y Bruno Philippi I.. Uno de los argumentos esgrimidos para ello es que el abanderado de la derecha no es percibido por la mayoría de sus pares como un empresario de tomo y lomo, sino más bien como un inversionista. “Acá están los empresarios que piensan el país de los próximos 20 años”, señalaba uno de los investigadores hace algún tiempo en la prensa.
Quienes creen que esa antigua postura ha cambiado, lo hacen en virtud de que en los grupos Tantauco participan el coordinador académico del centro, Harald Beyer, el consejero Oscar Godoy y el investigador Salvador Valdés. Los más escépticos sostienen que la relativa cercanía del CEP a Piñera, se debe sólo “a que es el único candidato del sector”.
Hay un punto
En este contexto las reacciones a los comentarios de Fontaine y Sierra fueron recibidas con ópticas diversas en RN y la UDI, pero con una premisa única: que si el gobierno hubiera tenido reales intenciones de aprobar el proyecto sobre fideicomiso ciego, se habría evitado cualquier discusión acerca de cuáles son las empresas que Piñera debiera incluir o cuáles no, y los reales alcances de la normativa.
Así, el diputado gremialista Julio Dittborn, una de las figuras que se dijo podría ingresar al comando en reemplazo de Pablo Longueira, señaló que “sí hay un punto que el CEP ha levantado que no deja de ser importante, que es que si vamos a vivir en los próximos años un período en que va a haber legislación que va a afectar la industria de la televisión de manera importante, obviamente, el Presidente de la República no debiera ser dueño de uno de los canales. Porque tiene, evidentemente, un conflicto de interés. Por lo tanto, yo creo que éste es un tema a debatir”.
Aunque aclaró que dicho debate “se acabaría, y no existiría si la Concertación le pusiera urgencia al proyecto de fideicomiso ciego legal y tuviéramos que discutirlo y votarlo, porque eso zanjaría toda esta discusión”. Pero añadió que “obviamente, la Concertación no quiere hacerlo, porque quiere seguir enrostrándole a Piñera que no separa la política de los negocios”. A diferencia de quienes centran la polémica en el tema del pluralismo, Dittborn cree que no tiene sentido este debate, pues “eso está garantizado”.
“Yo creo que es válido el punto del CEP y, probablemente, el mismo Sebastián Piñera en algún momento, a lo mejor, reevalúa el hecho de no haber incorporado a Chilevisión en el conjunto de empresas que estarían en este fideicomiso ciego voluntario”, concluye.
En el piñerismo se mostraron sorprendidos por los comentarios de Fontaine y Sierra y centraron el tema en la libertad de expresión que, según sostienen, es “evidente que Chilevisión es el canal más pluralista que hay, ¡porque no hablemos de TVN!, dicho hasta por los propios trabajadores” de la estación. Tan sorprendidos se sintieron que incluso una fuente del entorno cercano al empresario aseguró que le iban a pedir al CEP, a través de Beyer, que les explicaran el sentido de los dichos de su director.
En una actitud más incendiaria otra fuente del piñerismo planteó que se le está pidiendo demasiado a Piñera, ya que “es candidato no más pues, todavía no es presidente, cómo quieren que venda desde ahora”. Y agrega que “con lo que le gusta el billete (a Piñera) lo del fideicomiso voluntario es un gran logro”.
Por otro lado, en el entorno del candidato se cuestionan el origen de las críticas. En este escenario, una fuente se pregunta si “ellos hablan por sí mismos o en representación del CEP, porque dudo que sea lo segundo”.
Tironi, el mentalista
27/Abril/2009
Arturo Arriagada / Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales / Aunque dio explicaciones el asesor de Frei está en una posición donde tiene que elegir entre la política y los negocios. No puede abrir un flanco fácil para que la derecha le dispare. En un contexto de desconfianza ciudadana ante las relaciones entre políticos, empresas y Estado, Tironi está en el momento justo para dedicarse de lleno a la campaña de Frei y recuperar su poder dentro de la Concertación.
“A la derecha le falta un Tironi”. Ese es el diagnóstico al que llega la Alianza cada vez que pierde una elección presidencial. El eterno asesor comunicacional de la Concertación se ha encargado de leer con éxito la mente de los chilenos para levantar o salvar campañas presidenciales. Ahora el desafío de Tironi está en interpretar a un país cansado después de un matrimonio de 20 años con la coalición de gobierno, mientras la derecha sigue buscando cómo hacer esa pega.
En política, los asesores comunicacionales son como los mentalistas. Su tarea es leer e interpretar las ideas y los sentimientos de los ciudadanos para llevarlos a una campaña política. Eugenio Tironi ha hecho lo mismo con la Concertación y su forma de enfrentar las campañas presidenciales. Desde la vuelta a la democracia, Tironi ha sido una pieza clave para que la coalición de centro-izquierda -que cumplió la mayoría de edad en el poder- interprete los sueños y aspiraciones de los chilenos.
Como uno de los cerebros de la campaña por el No, desembarcó en La Moneda como director de comunicaciones en el gobierno de Patricio Aylwin. En una época donde todo lo que decía el gobierno tenía que ser entendido en un contexto de negociación permanente con Pinochet y sus boys, el asesor comunicacional se encargó que los chilenos no perdieran la confianza en la alegría prometida. Para ello, apeló cuando pudo a la idea del “fin de la transición” aunque la memoria colectiva seguía con Pinochet y las instituciones comenzaban recién a funcionar de manera independiente.
Con la tarea cumplida -ya que la de Frei en 1993 era una carrera corrida- Tironi se refugió en el sector privado para leer la mente de los consumidores y asesorar a empresas desde su propia consultora. Tras su salida de la política contingente fue el blanco favorito de aquellos concertacionistas “autoflagelantes”. Por ser uno de los defensores del “transar para avanzar” con Pinochet para luego convertirse en asesor de empresas, a Tironi le enrostraban la pérdida de identidad de una coalición que ya no operaba sólo con el fantasma de la dictadura a cuestas, sino con sus propias e iniciales desavenencias.
Fuera de las tormentosas aguas de La Moneda, Tironi reapareció nuevamente en tiempos de campaña. Fue en 1999 para salvar a Ricardo Lagos de su propio funeral en la segunda vuelta de su campaña presidencial. Mientras los lavinistas creyeron haber encontrado en el “cambio” el mejor slogan para ganar una elección, Tironi hizo lo suyo para empapar a la Concertación y al país del espíritu de la campaña del No. Si Lagos se veía a sí mismo como un dios del Olimpo que aterrizaba en La Moneda, Tironi le arremangó la camisa, lo hizo sonreír ante las cámaras y le propuso que hablara de un “Chile mucho mejor”. Como en una pelea de niños por quedarse con el mismo juguete, Tironi lograba una vez más dejar llorando a la derecha.
Pero no todo ha sido éxito para el mentalista de la Concertación. En la que sería su gran derrota comunicacional, Tironi vio el derrumbe de la campaña presidencial de Soledad Alvear ante el cariño popular hacia Michelle Bachelet. Y como esta última desconfiaba de las elites concertacionistas, la entonces candidata del “estoy contigo” optó por marginar a Tironi de su equipo de campaña. En esa época, Tironi anunciaba el fin de la cultura de la Concertación.
En la misma campaña, con Bachelet al frente representando el verdadero cambio y en la búsqueda por tener a su propio Tironi, el candidato de la UDI, Joaquín Lavín, nombró como jefa de campaña a Cristina Bitar. Hasta ahora, esa fue la única vez en que la derecha se atrevió a darle cabida a una persona que -si bien no tenía experiencia en la trinchera de las campañas políticas- fue convocada para interpretar las aspiraciones y deseos de los ciudadanos. Pero la irrupción de Piñera y los conflictos de poder dentro del propio comando lavinista, terminaron por marginar a Bitar de un comando que nunca le dio la posibilidad de ejercer el rol de mentalista de la derecha.
En la actual campaña de Frei, Tironi ha vuelto a aparecer en un escenario adverso para la Concertación y con Piñera liderando en las encuestas. Su desafío es doble. Por un lado, probar que la experiencia adquirida en interpretar los deseos de la ciudadanía está intacta. Por otro, reencantar a los chilenos con la Concertación y su candidato que lo que menos representa es el cambio al que el país aspira. La llegada de Tironi al comando de Frei no fue fácil. En ese momento su empresa de comunicaciones asesoraba a Salcobrand, una de las cadenas farmacéuticas acusadas por colusión de precios. Aunque dio explicaciones -y guardando las proporciones con la situación de Piñera- el asesor de Frei está en una posición donde tiene que elegir entre la política y los negocios. No puede abrir un flanco fácil para que la derecha le dispare. En un contexto de desconfianza ciudadana ante las relaciones entre políticos, empresas y Estado -que él ha representado como pocos- Tironi está en el momento justo para dedicarse de lleno a la campaña de Frei y recuperar su poder dentro de la Concertación.
La marca Tironi ya se notó en la inclusión de Sebastián Bowen -un ex Techo para Chile- al comando del ex presidente. Esta maniobra nuevamente le enrostró a la derecha las diferencias de hacer campaña con y sin Tironi cerca. En la misma semana que Piñera daba bote con cada una de sus apariciones mediáticas, Frei presentaba mediáticamente un comando que reflejaba la mezcla entre experiencia y cambio requeridas para un futuro gobierno concertacionista. Si bien esos jóvenes estarán rodeados de los mismos de siempre de la Concertación, será Tironi quien tendrá que darles la cabida necesaria ante los medios y el propio comando.
En la vereda del frente, Piñera y la Alianza todavía no se animan a darle la pasada a las nuevas generaciones en el equipo de campaña cuando los sub-35 lo piden a gritos. Aunque para eso no necesita un Tironi, ya que es más propio de sus conflictos de identidad, la Alianza sí lo requiere para salir del clóset y dar a conocer el país que sueñan dejarle a sus nietos. ¿Más mercado y menos Estado? ¿Management o política? ¿Chorreo o salario justo? ¿Gobernar con los mejores o con los semilleros partidistas? ¿Construir sin destruir?
Ahora las campañas están entrando en la fase donde se develan las ideas y los relatos de los candidatos. De la mano de Tironi, con la inclusión de Bowen al comando de Frei, la Concertación aspira a renovarlo y convocar a la fundación de una “Patria Nueva”. Aunque la confianza que otorgan las victorias pasadas son un capital al que no podrá volver a echar mano fácilmente, Tironi tiene que lograr interpretar las ansias de un Estado fuerte y eficiente de los chilenos. Mientras, y en la que puede ser la última oportunidad de los actuales líderes de la Alianza para llegar a La Moneda, Piñera tiene que preocuparse de construir un relato atractivo y que refleje sus reales intereses de cambiar Chile, de qué forma y con quiénes aspira a lograrlo. En caso contrario, Tironi otra vez los dejará llorando.
*Arturo Arriagada, Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales.
Resumen de ley de Transparencia
27/Abril/2009
Resumen -proporcionado por el Ministerio Secretaría General de la Presidencia- de la ley número 20.285 sobre Acceso a la Información Pública. Se abordan los aspectos generales de la ley, los ámbitos de aplicación de la misma, el concepto de transparencia activa, el derecho de acceso a la información, las causales de reserva o secreto y el Consejo para la Transparencia, entre otros tópicos relativos a la ley recién puesta en marcha.

















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