Vasco Moulián se va de Canal 13
30/Junio/2009
Observatorio / La reciente difusión de la entrevista a María del Pilar Pérez (“La Quintrala”) en Canal 13 fue el último episodio de una serie de acontecimientos que terminó con la caída de hombre fuerte en la programación del Canal católico, Vasco Moulián, quien, gracias a su infinita capacidad de reconversión, se dedicará ahora a la política, postulando a un cargo senatorial por la UDI.
El empresario de teatro infantil, promotor eterno de Los Simpson e inventor de la llamada “parrilla flexible” que tuvo en vilo a las audiencias de Canal 13 durante varios meses, se habría puesto en la línea de fuego de la directora ejecutiva de esa estación televisiva Mercedes Ducci que le solicitó su renuncia con el apoyo del Consejo del canal.
Lea a continuación dos notas de Emol sobre el tema: una sobre la renuncia y otra sobre la trayectoria de Moulián:
EMOL / Era un rumor que se venía escuchando hace bastante tiempo, hasta que hoy se hizo realidad: Vasco Moulian deja su cargo como director de programación de Canal 13, un puesto desde el que logró levantar la sintonía de la estación, pero también más de una polémica.
El hombre que impuso la cuestionada “programación flexible” en el canal católico, con maratones de “Los Simpsons” como emblema de esa apuesta, había presentado hace unos días su renuncia, la cual fue aceptada hoy por el Consejo de la Corporación de la estación católica.
El futuro inmediato del también empresario teatral infantil estaría en la política. Según se ha señalado, Moulian aceptó postular al Senado representando a la Unión Demócrata Independiente (UDI).
Los trascendidos de que habría presentado su renuncia el lunes fueron publicados hoy por “El Mercurio”: “La semana pasada Moulian renunció ante la directora ejecutiva, Mercedes Ducci, quien ayer (miércoles) planteó el tema ante el Consejo del Canal, que no tomó una resolución. Trascendió que en la cita los más altos ejecutivos de la estación plantearon sus argumentos y se evidenciaron las diferencias entre Ducci y Moulian, responsable de la ‘programación flexible’ “, señala la nota.
De acuerdo con fuentes de Canal 13, el Consejo se encontraba dividido en torno a esta cuestionada forma de diseñar la parrilla programática impulsada por Moulian. Pero lo que finalmente habría inclinado la balanza hacia su salida fue su decisión de “empujar” la emisión de un adelanto de la entrevista realizada a la principal inculpada por el crimen de Diego Schmidt-Hebbel, María del Pilar Pérez (”La Quintrala”), en el programa “Nadie está libre”. La puesta al aire de ese testimonio fue duramente cuestionada por la familia del asesinado joven.
“El programa presentó la versión de la imputada de ser ‘víctima’ del abandono de sus familiares sobrevivientes (que en realidad fueron las víctimas de los asesinatos e intentos de asesinato por la ‘Quintrala’) y de la prisión preventiva a la que la somete (correctamente) el sistema judicial chileno durante la actual etapa de investigación de sus crímenes, previa a la realización del juicio”, escribió en carta a “El Mercurio” Klaus Schmidt-Hebbel, el padre de Diego.
El comunicado que informa oficialmente sobre la salida de Vasco Moulian está siendo redactado por Canal 13 en estos momentos.
El trabajo de Moulian en el más alto cargo de programación en Canal 13, se considera marcado por la lucha en que embarcó para liderar en sintonía, y que tuvo en la “parrilla flexible” su política principal.
En esa lógica se inscribieron decisiones que no siempre fueron compartidas en la estación, como las largas tandas de “Los Simpson”, los resúmenes de “1810″, las repeticiones de viejas rutinas de humor, y los cambios sobre la marcha, como la decisión de no emitir en directo un partido ya anunciado de la selección sub-17.
EMOL / El ascendente y marcado paso de Vasco Moulian por Canal 13
El ex director de programación llegó a la estación católica en los 90, para ser uno más en el elenco de una teleserie. Una década más tarde ocuparía uno de los más altos puestos editoriales, desde el cual tomó decisiones que levantaron más de una polémica.
A diferencia de otros directivos, la carrera televisiva del recién renunciado Director de Programación y Eventos Estratégicos de Canal 13, Vasco Moulian, no se inició en el mundo ejecutivo, sino en pantalla.
La teleserie “Amor a domicilio”, en 1995, fue el primer vínculo formal que el actor estableció con la estación católica, a la que llegó como un integrante más de su elenco dramático, para encarnar al secundario Justo en esa producción.
Era la forma lógica con que alguien con su formación teatral podía integrarse a un canal, veta que siguió explotando con nuevos papeles en siguientes producciones (”Adrenalina”, “Amándote”), pero también dando vida a personajes complementarios en programas de la estación.
De este modo, Moulian también encarnó al reportero de la ficticia revista “Pelotazo”, encargado de hacer notas lúdicas y “divertidas” con los futbolistas, para el programa “Futgol”.
Pero el trabajo frente a cámaras no era lo único que llamaba la atención del actor. Ya reconocido como un exitoso e innovador director de teatro infantil, Moulian también decidió apostar por el trabajo para ese público desde la televisión.
Amparado en su reconocida labor en obras como “El libro de la selva”, “Planetas” y “Océano”, Moulian comenzó a escalar en la plana ejecutiva, primero en Canal 13 Cable, y luego, en 2005, como encargado de la naciente área infantil. Allí marcó hitos como la franja “Cubox”, la serie “Amango” y la producción animada “Pulentos”.
La consolidación del área, el éxito de sintonía logrado por programas que encerraban apuestas, y su buena llegada con Mercedes Ducci, le permitieron dar su mayor salto cuando ella asumió como directora ejecutiva de la estación. En abril de 2008, Moulian fue nombrado gerente de Pantalla y Eventos Estratégicos, que implicaban ponerse a la cabeza de toda la programación y de eventos tan resonantes como el Festival de Viña del Mar.
Desde ese puesto logró cumplir con la meta de llevar al Canal hasta los primeros lugares de sintonía, pero no sin sembrar una serie de cuestionamientos en el camino.
La estrategia del actor se orientó netamente a lo competitivo, lo que le llevó a terminar con la estricta conformación horaria de la parrilla, para abrirse incluso a los cambios sobre la marcha. Fue la denominada “programación flexible”, su medida más cuestionada.
En esa lógica se inscribieron decisiones como las maratones de “Los Simpson”, las constantes revisiones a “1810″ y las repeticiones de viejas rutinas de humor, además de medidas coyunturales, como la decisión de no emitir en directo un partido ya anunciado de la selección chilena en el Sudamericano Sub 17, entre otras.
La última polémica, y que habría terminado de agitar el clima dentro del Canal, fue la emisión (17 de junio) de fragmentos de una entrevista a la principal inculpada en el crimen de Diego Schmidt-Hebbel, María del Pilar Pérez, realizada por el programa “Nadie está libre”.
La emisión provocó el público malestar en la familia del joven. Su padre, el economista Klaus Schmidt-Hebbel, escribió a El Mercurio: “El programa presentó la versión de la imputada de ser ‘víctima’ del abandono de sus familiares sobrevivientes (que en realidad fueron las víctimas de los asesinatos e intentos de asesinato de la ‘Quintrala’) y de la prisión preventiva a la que la somete (correctamente) el sistema judicial chileno durante la actual etapa de investigación de sus crímenes, previa a la realización del juicio”.
De todos modos, los rumores sobre una renuncia de Vasco Moulian a su cargo habían comenzado con anterioridad, y se mantuvieron vigentes hasta hoy, cuando Canal 13 finalmente aceptó su salida. Ahora, está por verse si sus medidas continúan traduciéndose en pantalla por un tiempo, o si la estación optará por agregar algo de rigidez a la famosa “programación flexible”.
Canal 13 oficializa salida
Cerca de las 13:30 horas, Canal 13 oficializó la salida de Vasco Moulian a través de un comunicado, que aclara que dejará su cargo definitivamente el viernes 10 de julio, para asumir “desafíos ligados al servicio público”, en clara alusión a la postulación parlamentaria.
El documento destaca que el actor haya “llevado a Canal 13 del cuarto al primer lugar en rating en ocho meses. Moulian implementó estrategias de programación con mayor flexibilidad, sustentada en una mayor sintonía con la audiencia”.
El comunicado también señala que “en la búsqueda permanente por mejorar su pantalla y asentar el liderazgo en la televisión de calidad, Canal 13 seguirá en la priorización de contenidos, sin que esto implique de ninguna forma una renuncia a la masividad ni rentabilidad”.
Adiós Moulián, ¿adiós flexibilidad?
30/Junio/2009
Sebastián Montecino / La Nación / No-TV / La flexibilidad programática de Moulián demostró que la televisión chilena es producto de la improvisación, las circunstancias y la extrema vocación comercial de sus administradores. Nunca antes el director de programación de un canal había levantado tanta polvareda. El despido-renuncia-cumplimiento-de-un-ciclo de Vasco Moulián de Canal 13 ha sido comentado casi como si se tratara de la partida de una estrella de culebrón o de un conductor de noticias. Un puesto ejecutivo que antaño casi se perdía en el anonimato burocrático, adquirió notoriedad debido a los errores, horrores y aciertos de un tipo que intentó ser visionario, pero que terminó entrampado en su propio discurso, convirtiendo a Canal 13 en la más pragmática de las televisoras comerciales.
A la hora de las evaluaciones la frase que dicta la buena crianza dice que el actor recibió al canal en el cuarto lugar de sintonía y lo dejó en el primero. El análisis es acertado, pero tiene demasiados matices. A Canal 13 ya no le va tan bien como hace algunos meses y de no mediar otra “genialidad” es probable que se termine cayendo del liderato el segundo semestre. Es que la flexibilidad programática impresionó, pero terminó relativizando los raitings y despreciando la fidelidad de los televidentes más duros, a favor de la voluble masa adicta al zapping.
El extremismo de la postura de Moulián era insostenible en el largo plazo y si le fue bien, no fue por los aciertos propios, sino por aprovechar los errores ajenos (único mérito del engendro teórico creado por el niño símbolo de “Los Simpson”). El problema es que si la competencia empieza a dar en el blanco (como aparentemente lo está haciendo TVN en el segundo semestre), ya no bastan las 3 horas diarias de Homero, ni el estiramiento de un reality hasta el infinito. Hay que proponer, y fue en la etapa propositiva que la estrategia demostró su vacío conceptual.
La celebración de sus detractores (que en la internet hicieron nata con sorprendente virulencia) aparece por ahora como una fiesta demasiado anticipada. La flexibilidad programática no se acaba con Moulián, ni se limitó a Canal 13. Por mucho que quieran asignarle las culpas, las consecuencias de su política se notaron e influyeron en toda industria.
Es este sentido, la víctima más sentida del período Moulián ha sido la innovación, que como en cualquier actividad comercial, cuesta mucho dinero y es arriesgada, pero cuando tiene éxito asegura casi siempre un liderazgo sostenible a largo plazo.
La visión más pesimista del futuro nos deja con una programación altamente sensible al gusto popular y con una planificación montada de cara al rating en prácticamente todos los canales del espectro. En principio, eso no tiene porque ser negativo, sobre todo si existe una visión de largo plazo que entregue un marco dentro del cual moverse. Pero si algo demostró la flexibilidad programática es que ese marco no existe y que la televisión chilena es producto de la improvisación, las circunstancias y la extrema vocación comercial de sus administradores
Para qué queremos periodistas
30/Junio/2009
Por Luis Argandoña y Andrés Azócar* / Todas las labores son vulnerables a la sospecha. Pero en el caso del periodismo la confianza y la fe son elementos extremadamente críticos, porque la prensa es la materia prima de lo público. De seguro todos los periodistas retratados tratan de ser “objetivos” en sus coberturas. Pero precisamente porque la objetividad es un mito inútil, importa ser creíble.
Robert Fisk, corresponsal de The Independent, describe en su libro “La Gran Guerra por la Civilización” la poca sobriedad de algunos periodistas que acompañaron al ejército estadounidense en la primera Guerra del Golfo. A Fisk le molestaba que arriba de los tanques o camiones militares, los profesionales poco a poco olvidaban que su rol no era liberar Kuwait ni crear héroes militares, con quienes muchos incluso se retrataban. Ellos estaban ahí, indica Fisk, para contar la historia no oficial, aquella que es mucho más dura, cruel e injusta. La que las autoridades no están dispuestas a contar.
La reacción que provocó la foto -pero sobre todo el video- de los periodistas chilenos en la Casa Blanca no sólo es justificable. Es también muy necesaria. En una época en que los medios y el rol de los periodistas están en crisis, es importante dilucidar qué es lo esencial del oficio y cuál es su real valor.
Por cierto, a todos nos encantaría fotografiarnos con el presidente más popular del planeta. Obama es un ícono pop y una foto con él es un pedazo de historia. Pero el contexto y el rol importan. ¿Qué habríamos dicho si Michelle Bachelet termina la cita en el salón Oval pidiéndole un autógrafo para su hija a Obama? Los periodistas estaban ahí cubriendo la gira de la presidenta, no haciendo en un tour privado por la Casa Blanca.
Incluso la foto en sí no es grave. Lo poco presentable es el modo de pedirla, el arrebato escolar, la actitud de hincha y la disociación del rol y el momento. Es cierto que minutos antes hubo una pregunta incómoda para Obama -hecha por Amaro Gómez-Pablos -, pero el espectáculo posterior la vuelve frívola en retrospectiva. De hecho, un periodista estadounidense de Reuters se dio el gusto de titular así su nota del chascarro: “¿No hay disculpas por la conspiración golpista de la CIA? Bueno, ¿entonces qué tal una foto?”
El sólo revuelo que generó basta para saber que fue un error. Esta profesión, como todas, exige ciertos costos que cualquier periodista conoce. No podemos pasar por fans aunque admiremos; ni por amigos de las fuentes aunque queramos; ni por estrellas aunque la industria lo pida. El valor de los periodistas es también esos viejos intangibles: la reputación y la credibilidad.
Hoy el periodismo ve con incertidumbre su futuro, y el valor percibido del oficio es cada vez más escuálido. Con Internet, todos son de alguna manera periodistas, y la gente se vuelve implacable frente a quienes reclaman para sí el profesionalismo.
Todas las labores son vulnerables a la sospecha. Pero en el caso del periodismo la confianza y la fe son elementos extremadamente críticos, porque la prensa es la materia prima de lo público. De seguro todos los periodistas retratados tratan de ser “objetivos” en sus coberturas. Pero precisamente porque la objetividad es un mito inútil, importa ser creíble. Y para ello, las formas son cruciales. Ser y parecer. Necesitamos estar seguros de que nuestros periodistas van a ser implacables cuando deban cuestionar a la autoridad, independiente de su cercanía, simpatía o adhesión popular.
No hay ningún periodista que no haya transitado por esta línea delgada. Por cierto, también los medios estadounidenses que hicieron un festín con el “Say Cheese” de los profesionales chilenos. Pero los tiempos no permiten mirar hacia el lado para evitar el mote de tontos graves. En el largo plazo, en esta profesión como en otras, la seriedad y la consistencia siempre pagan más que la fama.
*Luis Argandoña es gerente de estudios de Conecta Media Research. Andrés Azocar es director de la Escuela de Periodismo de la UDP.
Nuevos programas intentan revertir la crisis de la TV infantil
30/Junio/2009
Soledad Gutiérrez / El Mercurio / En julio se estrenan los sucesores de “31 minutos” y “Pulentos”. Pero el Consejo Nacional de TV está preocupado por la baja de la producción para niños. Tulio Triviño y Juan Carlos Bodoque, de “31 minutos”, junto a “Diego y Glot” y a Walala, de “Pulentos”, vuelven a la carga en una batalla muchas veces emprendida. Estos personajes son los rostros del auge que tuvo la TV infantil en Chile a mitad de la década, un área que actualmente vive una situación muy distinta. La programación para niños tuvo una brusca caída en los últimos años, según datos del informe estadístico del Consejo Nacional de Televisión: durante 2008 ocupó el 7,8% de la oferta general, evidenciando una baja de casi cinco puntos en relación con 2007. El análisis del Consejo también hace notar que los programas infantiles están prácticamente relegados a los fines de semana, con escasas opciones de estar en pantalla de lunes a viernes. Además, la programación para niños de origen nacional alcanzó sólo el 15,7%, cayendo nueve puntos desde 2007.
Julio, tiempo de vacaciones escolares, promete un nuevo aire. El sábado 11, TVN estrenará espacios propios: “Experimento Wayápolis”; un segmento para preescolares, con espacios como “Yo solito” y “Alfonso descubre”, y “Las vacaciones de Tulio y Patana”, un spin off (serie derivada) de “31 minutos”, enfocado en temas de ecología y ciudadanía. Desde el lunes 13, UC-TV también tiene novedades: la serie de Walala (en la foto central), un personaje de “Pulentos”, y el segundo ciclo de “Diego y Glot”. Mega seguirá apostando por “BKN” y estrenaría “Papá por siempre”, otra serie infantil-juvenil. En CHV no hay programación infantil en pauta y se reconoce una deuda en este aspecto.
Entre 2001 y 2008, la producción infantil ha recibido $2.220 millones del CNTV. Por eso, en el Consejo hay preocupación. Su presidente, Jorge Navarrete, declara: “Hemos destinado sumas considerables a la producción de programas para niños. En una primera instancia tuvimos una respuesta favorable de parte de los canales (?) Pero en el último año, y tal como lo indican nuestros estudios, la televisión infantil ha bajado considerablemente. Por eso es que hacemos nuevamente un llamado a la industria a tomarle la importancia que se merecen los niños, ya que finalmente son ellos los espectadores del futuro”. Actualmente, el organismo participa de un estudio que hará una radiografía de la TV infantil en Chile, Perú, Brasil, Argentina, Colombia y Cuba.
Los encargados de las áreas infantiles de TVN y Canal 13, Felipe Vera y Juan Ignacio Vicente, respectivamente, desmienten que exista una crisis. “No hemos abandonado el tema infantil, que además lo tenemos como misión y mandato. Pero enfrentamos una competencia muy compleja, que son los canales de cable consagrados a los niños”, dice Vera. “No coincido en que haya disminuido toda la programación infantil. Sí ha bajado la cantidad de animaciones, pero eso se ha compensado con programas de live action (con actores). Nosotros tenemos un compromiso editorial con los niños, pero es muy difícil mantener la oferta porque son programas caros y que no van en horario estelar”, agrega Vicente.
La “privatización” del diario La Nación
30/Junio/2009
Observatorio / En la edición de hoy de El Mostrador la periodista Alejandra Matus publica el tercer capítulo de un largo reportaje investigativo que revela facetas desconocidas respecto a la propiedad de La Nación, en el cual se pone en duda su carácter estatal y se sugiere que, dada su estructura accionaria, no sería posible privatizarlo como ha anunciado el candidato Piñera que sucederá en un eventual Gobierno suyo.
El Mostrador / Alejandra Matus
Las redes políticas y personales tras la entidad controladora del diario
La Nación Gate III: todo el poder de Colliguay S.A.
Mientras avanzaba la transición, la sociedad privada dueña de las acciones preferentes fue consolidando su posición dominante en La Nación S.A. Se modificaron los estatutos, aumentaron sus atribuciones y redujeron al mínimo las del Estado. Con la oposición de la Contraloría, en 2004 separaron el millonario negocio de la imprenta, creando Puerto Madero S.A, donde se reprodujo el mismo modelo de propiedad. Hoy, el origen de Colliguay, que según un peritaje especializado pagó en 1991 un precio 27 veces menor al real por las acciones que le dieron el control, es objeto de una disputa judicial que se ventila en la Corte de Apelaciones.
Por Alejandra Matus
El paquete de acciones preferentes de la Empresa Periodística La Nación que estaban en poder de Radio Nacional aumentaron drásticamente su valor comercial tras el perdonazo tributario que benefició a la primera en febrero de 1991. Sin embargo, las autoridades designadas en la emisora estatal, aparentemente, desconocían ese hecho cuando se las vendieron, en septiembre del mismo año y a precio de huevo, a Enrique Alcalde Undurraga.
El perdonazo tributario, que convirtió a La Nación en una empresa próspera, se aprobó y se publicó mientras Myriam Fliman era todavía la gerente general del diario. Luego, ella se trasladó a Radio Nacional donde le correspondió rubricar la venta de las acciones a Alcalde.
Aunque resulte inverosímil, Fliman afirmó, en un proceso judicial, que desconocía el verdadero valor de ese paquete accionario, liquidado en apenas 16 millones de pesos.
El empresario Santiago Agliati compró Radio Nacional al fisco y descubrió, al poco asumir su administración, que la emisora había prácticamente regalado el paquete accionario de La Nación. En 2002, Agliati presentó una demanda de nulidad de derecho público, en contra de Colliguay S.A., alegando que hubo tales vicios que ese traspaso debía anularse.
La justicia civil rechazó la demanda, declarándola prescrita, pero Agliati apeló y la decisión de la Corte de Apelaciones está aún pendiente.
En ese proceso, Myriam Fliman declaró que en el tiempo en que ocurrió el traspaso de acciones, ella estuvo recuperándose de un accidente que la mantuvo ajena al proceso.
Sin embargo, según consta en las actas del directorio de Radio Nacional, Norma Acevedo, la mano derecha de Fliman, le pidió un informe al abogado de la radio, César Mattar, antes de realizar la venta, para que este evaluara la importancia y valor de esas acciones.
El informe del asesor está firmado el 5 de septiembre de 1991, cinco días antes de que Tironi informara al directorio sobre la primera propuesta de Alcalde.
Mattar aclaró que el valor de las acciones era muy superior a cero:
“Radio Nacional de Chile es propietaria de 11.440 acciones preferidas de la Empresa Periodística La Nación S.A., de un total de 98.400 acciones emitidas, lo cual representa cerca del 12 por ciento del total del capital social (…) La situación económica de la empresa, solucionados los problemas de impuestos que la afectaban, se ve sana, y si bien este año su resultado será negativo, el próximo año tendrá que tener resultados mejores. El valor de esta empresa es muy superior a su valor libro”.
Y, como para despejar dudas, agregó:
“La condición de Radio Nacional como accionista preferente le permite nombrar un director de la empresa y esta sola circunstancia valoriza en gran medida su paquete accionario, por sobre el valor normal de las acciones ordinarias”, agregó.
Sin embargo, por razones no aclaradas judicialmente, el presidente del directorio de Radio Nacional, Eugenio Tironi, y Norma Acevedo, aparentemente desconocían el informe de Mattar.
El informe tampoco llegó a conocimiento de los representantes de las Fuerzas Armadas en el Consejo Directivo.
El Consejo Directivo de Radio Nacional volvió a reunirse en forma extraordinaria para tratar exclusivamente este tema, el 23 de septiembre de 1991. Allí, Tironi y Acevedo informaron que Alcalde había subido su propuesta a 16 millones. Para decidir, los consejeros estudiaron el balance de La Nación de 1990 en que, como se ha dicho, la empresa aparecía con números rojos. El balance no mencionaba el perdonazo tributario que había revertido su situación financiera y disparado su precio de mercado.
Según las actas de la sesión, el informe del abogado Mattar no estuvo sobre la mesa.
“No recuerdo haber tenido a la vista el informe solicitado a la señora Acevedo, pero se nos informó que este paquete de acciones no tenía valor comercial, no podía ser transado en la bolsa y que tenía un valor nominal de un peso. Además, que no afectaba al fisco, porque éste era dueño del 70 por ciento de las acciones y porque este era un paquete extraordinariamente chico”, declaró a la justicia el oficial de Marina (R) Gustavo Marín.
Marín también recuerda que les llamó la atención que Alcalde subiera su propuesta inicial de 12 a 16 millones, pues no estaba compitiendo con nadie, pero, afirma, Tironi los tranquilizó diciéndoles que él había logrado ese mejor precio, aprovechando “el interés que tenía el comprador, quien ya poseía acciones del Diario La Nación y pretendía tener una mayor participación en esa empresa, y ratificó que la venta no afectaría los intereses del fisco”.
Sin embargo, en ese momento, sí los afectaba, pues el Estado, con ese paquete podía nombrar a uno de los dos accionistas preferentes. Ese voto, sumado a los tres que le correspondían por las acciones ordinarias, le permitía al Estado (y más concretamente, al gobierno de turno) retener el control económico y administrativo de la empresa.
En su testimonio judicial, Norma Acevedo no recordó muchos detalles de este traspaso, pero sí la situación de emergencia que vivía la radio, en que todos los días tenía que echar mano a algún activo de la emisora para pagar sueldos y deudas. Eso explicaría la desprolijidad de la venta: no se llamó a licitación, ni se informó a Contraloría, que debía fiscalizar las operaciones de la radio, por tratarse de una empresa estatal.
El acuerdo del Consejo fue vender al contado. El día de la firma de la escritura, sin embargo, Alcalde pagó con un cheque de Colliguay que, encima, ¡salió protestado! No obstante, Radio Nacional esperó pacientemente un mes para que el comprador reuniera el dinero prometido y con eso pagó dos meses de sueldos a los empleados de la emisora.
Tironi insistió en la entrevista para este reportaje: “Mirados a la distancia estos hechos, se pudiera pensar que se le pudo sacar un mejor precio a las acciones y a muchas otras cosas que vendimos en la radio, como los terrenos en Quilicura y que hoy costarán quizás cuánto. Pero es lo que pasa cuando alguien está en la quiebra y apurado de plata. No tiene tiempo para esperar vender en el momento en que pueda obtener mayor ventaja”.
En esas circunstancias, el que se beneficia es el comprador. Según un peritaje ordenado por el Primer Juzgado Civil de Santiago, el precio pagado por Colliguay por las acciones de Radio Nacional fue 11 veces inferior al valor que esas acciones tenían en el mercado en aquel momento. O quizás 27 veces más bajo, si se hace caso del informe de una consultora privada, que consta en el mismo tribunal.
El fisco, que fue el perjudicado con esta operación, no la impugnó.
Hombres de confianza
Paralelamente, y poco antes de que Colliguay adquiriera las acciones de Radio Nacional, hubo un segundo movimiento que terminó por consolidar la posición de la recién creada sociedad en el diario La Nación.
Juan Jorge Lazo también le vendió sus 17.608 acciones preferentes a la sociedad creada por Enrique Alcalde, quien, hasta ese momento, había sido su representante en el directorio de La Nación. Estas acciones, según dijimos en el primer capítulo de este reportaje, las adquirió Lazo a la sucesión Herud y al actual director del Servicio Electoral, Juan Ignacio García, cuando el régimen militar usaba a sus funcionarios como palos blancos para ejercer el control en la empresa periodística.
Según lo que consta en la escritura pública, Colliguay pagó apenas un poco más de tres millones por las acciones de Lazo. Es decir, 171 pesos por acción.
De acuerdo a lo afirmado por una fuente ligada a la sociedad, a condición de anonimato, en realidad, bajo cuerdas, se pagó una suma superior que no se registró públicamente para ahorrarle el pago de impuestos a Lazo. En cualquier caso, cualquiera haya sido el precio real, el comprador lo pagó a sabiendas de que los beneficios compensarían la inversión.
Alcalde sabía, pues era parte del directorio de La Nación, que comprar las acciones de Jorge Lazo sólo tenía sentido si Colliguay podía adquirir, además, las de Radio Nacional. Sólo con ambos paquetes podría competir con el fisco en el control de la empresa.
Así, cuando Colliguay compró a Lazo lo hizo apostando a que también podría comprar el paquete de Radio Nacional.
Juan Cavada, uno de los socios originales de Colliguay, prefirió no hablar del tema de Radio Nacional, mientras esté pendiente el juicio sobre nulidad de la venta de esas acciones. No obstante, dijo estar convencido de que él no participó en la compra de bienes fiscales: “Yo entiendo que lo que compramos fueron acciones a un particular”, dijo en una entrevista para este reportaje.
Las escrituras demuestran que las acciones de Lazo las compraron, en persona, Alcalde, Cavada y Ricardo Halabí, los primeros socios de Colliguay, pues la sociedad era tan nueva que aún no había elegido a su representante. Para el traspaso de las acciones de Radio Nacional, en cambio, la escritura la firmó Alcalde en calidad de representante legal de Colliguay.
En ese momento, el Gobierno ya había decidido sanear las deudas de la radio, a través de un proyecto de ley, y luego llamar a licitación para su venta. Es obvio que, por cálculo político, convenía traspasar las acciones de Radio Nacional en La Nación, a gente de confianza, antes que dejarlas en manos de un comprador desconocido. En Colliguay estaban bien representadas las dos principales corrientes concertacionistas: la DC y el Partido Socialista.
La bendición de palacio
Fuentes de la administración de La Nación de aquel entonces, afirman, a condición de anonimato, que detrás de la formación de Colliguay estuvieron las manos del ministro del Interior de Aylwin, Enrique Krauss, quien era el hombre de los medios en la DC, y las del secretario general del Gobierno, el PS Enrique Correa.
Juan Cavada negó esa ingerencia. “A Correa dejé de verlo antes de que asumiera su cargo en el gobierno”, afirmó. No obstante, admitió que su motivación personal para participar en esa sociedad fue política: impedir que La Nación se privatizara y quedara en manos de la derecha.
Otra visión sobre este tema la brinda uno de los socios actuales de Colliguay, quien pidió hablar a condición de anonimato: “Aquí no hay platas políticas. Estas compras de acciones se hicieron con dineros nuestros, pero obviamente que recibimos la bendición del Gobierno para meternos en esto. El ministro Enrique Correa no participó en la operación, pero nos instó a hacerla”.
Pero, ¿era confiable una sociedad representada por el abogado Alcalde, un partidario de la UDI, cercano al Opus Dei, que ha colaborado en las campañas políticas de Joaquín Lavín y Hermógenes Pérez de Arce?
En los tiempos en que reinaba el espíritu de la transversalidad, por qué no. “Enrique Alcalde es un hombre liberal que tiene muy clara su opinión en contra de las violaciones a los derechos humanos”, lo defendió uno de los actuales socios de Colliguay. “Por sobre todo, es un hombre de negocios”, lo definió Juan Cavada.
Así, el viernes 20 de Septiembre de 1991, la Empresa Periodística La Nación S.A., emitió el Título Nº 51, certificando que las 17.608 acciones preferentes, que hasta esa fecha pertenecían a Juan Jorge Lazo, pasaban a ser de dominio y propiedad de Colliguay S.A.
Pocas semanas después, el 23 de octubre de 1991, se emitió el Título No. 52, reconociendo la propiedad de Colliguay sobre las 11.440 acciones que habían sido de Radio Nacional.
Los certificados los firmó, en nombre de La Nación, Raimundo Valenzuela de la Fuente, el hombre que fue designado presidente del directorio en representación de las acciones del fisco tras la recuperación de la democracia. Los recibió Enrique Alcalde, en nombre de Colliguay S.A.
No mucho después, Valenzuela y Alcalde se convirtieron en socios.
Aterrizaje silencioso
Entre septiembre y octubre de 1991, con sólo 19 millones de pesos, Sociedad de Inversiones Colliguay se hizo de los dos paquetes más importantes de acciones preferentes, con lo que se convirtió en la titular de un tercio de la Empresa Periodística La Nación S.A., que, en ese entonces, además, poseía el Diario Oficial y una moderna imprenta, instalada en su propio edificio.
Con esos títulos, Colliguay adquirió el derecho a nombrar dos integrantes de los cinco que componían el directorio hacia fines de 1991. Y, sin embargo, se abstuvo de hacerlo.
Enrique Alcalde abandonó el asiento que ocupaba en nombre de Juan Jorge Lazo, y Juan Irarrázaval perdió el puesto que le había concedido Radio Nacional. Pero en vez de poner a hombres suyos en reemplazo, Colliguay permitió que el gobierno designara a los nuevos integrantes. (Alcalde, por cierto, podría haber continuado en el directorio, ahora como socio de Colliguay, pero tampoco lo hizo).
Fue así como en 1992 subieron al directorio el DC Carlos Figueroa y el periodista Fernando Villagrán. Gracias a la gentileza de Colliguay, el gobierno tuvo mayoría absoluta en el directorio de La Nación hasta que concluyó el mandato de Patricio Aylwin.
El periodista y ex director de La Nación, Abraham Santibáñez, fue protagonista de algunos hechos que explicarían este arranque de modestia de Collliguay. Santibáñez recordó, en entrevista para este reportaje, que cuando asumió su cargo en 1990, Raimundo Valenzuela le permitió asistir a las reuniones de directorio como un gesto de cortesía. Así, el director periodístico se mantenía al tanto de las discusiones sobre el manejo de la empresa, aunque legalmente no tenía derecho a voto.
Sin embargo, pronto comenzó a tener discrepancias con Valenzuela, principalmente por asuntos editoriales. “Un día, a mi regreso de vacaciones, sin mediar ninguna explicación, se me informó que ya no podría asistir a las reuniones del directorio”, recordó Santibáñez.
Paralelamente, percibió movimientos raros. Oyó rumores. No de aquellos que escucha cualquier persona en la calle, sino del tipo que escuchan los directores de medios: información que no se publica, pero que, la mayoría de las veces, se demuestra cierta. Santibañez escuchó que habría un vuelco en la propiedad del diario, un traspaso poco transparente de las acciones del fisco. Se decía que el ministro Correa operaba en las sombras, aunque de eso no había constancia, ni evidencia. (Él, por lo demás, siempre lo ha negado).
“Yo expresé mi preocupación por el destino del diario a alguien del Gobierno. No puedo decir a quién, pero era una persona de mucha importancia y con capacidad de decisión. Después de ese encuentro, apareció en el directorio Carlos Figueroa, que se sabe que simpático no es”, relató Santibáñez. “Yo interpreté que su nombramiento era la respuesta del Gobierno a mis planteamientos y pensé que con eso se había frenado la cosa”.
Santibáñez dejó el cargo al terminar el mandato de Patricio Aylwin, en 1994, convencido de que el gobierno retenía el control accionario de la empresa periodística. Muchos años después, se sorprendió al enterarse de que Raimundo Valenzuela había pasado a ser integrante de Colliguay y representante en el directorio, no ya a nombre del fisco, sino de los accionistas privados.
“¿Cómo llegó ahí? ¿Por qué? No sé. ¿O es que todo lo que intuí en un momento efectivamente ocurrió?”, se pregunta Santibáñez ahora. “Yo encuentro poco presentable que una persona que tuvo una ingerencia tan fuerte en una empresa del Estado, después tome parte en la propiedad en ella como accionista privado. No lo logro entender”.
Lo que Santibáñez ignoraba es que la designación de Figueroa y Villagrán permitió salvar las apariencias, pero no detuvo el avance de Colliguay.
Traje a la medida
En cuanto se instaló Colliguay como el principal socio del fisco en la propiedad de la Empresa Periodística La Nación, comenzaron una serie de reformas a los estatutos, movimientos imperceptibles, pero fundamentales para otorgar más facultades a las ya poderosas acciones preferentes.
En una Junta General Extraordinaria de Accionistas, celebrada el 30 de Abril de 1992, se determinó que las preferencias de las acciones “Serie A” mantendrían su vigencia hasta el 31 de diciembre del año 2042, fecha en la que probablemente los actuales accionistas de Colliguay habrán fallecido.
Además, los accionistas preferentes obtuvieron poder de veto sobre el nombramiento del presidente del directorio y, quizás más importante, sobre la conducción editorial del diario La Nación y del Diario Oficial, y cualquier otro medio que la empresa pudiera fundar.
“También se requerirá el voto favorable de a lo menos uno de los directores elegidos por las acciones preferidas para la designación y remoción del Presidente del Directorio, del Director o Directores de él o los medios de comunicación de la sociedad y de él o los gerentes de la misma”, reza la reforma aprobada.
Anteriormente, la designación de estos cargos se resolvía por simple mayoría, lo que significaba que el Estado, con los tres representantes que tenía en el directorio, podía decidir sin consultar el parecer a sus socios privados.
El 2 de abril de 1993, emergió una reforma dictada a última hora, que despojó al fisco de una facultad indispensable para quien posee casi el 70 por ciento de la propiedad en la empresa: la de disponer y transferir libremente sus acciones. En el Artículo Noveno de los mencionados estatutos, se estableció que cualquier accionista con más de tres mil acciones que quisiera venderlas, deberá primero comunicar su intención al directorio y dar derecho preferente a los demás socios para comprárselas. Si no llegasen a acuerdo en el precio, un árbitro determinará el valor.
Esta reforma se aplica sólo al fisco y a Colliguay, porque, aunque una pequeña porción de acciones está en manos de particulares, ninguno supera la barrera de las tres mil acciones.
En realidad, el único perjudicado por esa modificación fue el Estado de Chile, pues Colliguay tiene abierta una puerta que para el fisco está cerrada: puede modificar internamente su composición. O sea, cada socio de Colliguay puede vender su participación a un tercero, sin necesidad de comunicárselo al fisco.
A la Junta de Accionistas en que se resolvió este delicado aspecto no fue invitado el presidente del Sindicato Mixto de La Nación, Pedro Guzmán. Su voto pudo evitar que se produjera este pacto.
Otras reformas posteriores dejaron aún más desmedrada la posición del fisco: se aumentó el número de integrantes del directorio de 5 a 7 (cuatro por las acciones ordinarias y tres, por las preferentes), estableciéndose que el quórum mínimo para sesionar sería de cinco miembros. Es decir, para resolver cualquier asunto debe estar presente, al menos, un integrante de Colliguay. Antes, cuando el directorio era de cinco integrantes, el quórum para sesionar era de tres y, por lo tanto, el fisco podía tomar decisiones en ausencia de los privados.
También se dispuso que para asuntos de implicancia en la vida económica de la empresa sería necesario contar con los votos de al menos dos de los directores preferentes. Además, se estableció el mismo quórum especial para decidir sobre la designación y remoción del presidente del directorio, de los directores de los medios de comunicación de la empresa y de los gerentes.
Antes, para decisiones de este tipo, el fisco necesitaba sólo uno de los votos de los accionistas preferentes y, mientra mantuvo la propiedad de las acciones de Radio Nacional, tenía garantizado el quórum a su favor.
De esta manera el Estado, pese a mantener el 69,3 % de las acciones, perdió el control de su empresa. O dicho de otra manera: pasó a ser cuantitativamente mayoritario pero cualitativamente minoritario.
Por último, el 25 de febrero de 1994, poco antes de que asumiera el Presidente electo Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se puso la guinda a la torta: una Junta Extraordinaria de Accionistas determinó que, en adelante, el monto mínino de distribución de utilidades cada año aumentaría del 30 al 40 por ciento.
Amigos y fortuna
En mayo de 1994, con Frei ya en La Moneda, se dio forma al nuevo directorio de siete integrantes de la Empresa Periodística La Nación. Por las acciones del fisco, asumieron, respetando los equilibrios de la alianza gobernante: Marco Colodro, Román Alegría y el director del diario oficial, Florencio Ceballos. Por los privados, asumieron los tres socios de Colliguay, en pleno: Enrique Alcalde, Ricardo Halabí y Juan Cavada.
Raimundo Valenzuela cedió su puesto de presidente del directorio a quien había sido su gerente general, Sergio Granados, pero no tenía intenciones de alejarse de la vida del diario.
En aquél tiempo comenzaron a circular rumores que atribuían la presencia de Colliguay en el directorio de La Nación a una operación del Partido Socialista.
En los ambientes políticos se comentaba con suspicacia el destino que los dirigentes de esa colectividad podían darle a las ganancias que entonces generaba, principalmente, el Diario Oficial. Muchos se preguntaban cómo, funcionarios de gobierno, se habían convertido en accionistas privados del diario estatal.
A tanto llegaron los comentarios que el gobierno le encargó una investigación al ministro secretario general de Gobierno, Víctor Manuel Rebolledo. Según cercanos al ex ministro, Rebolledo le habría representado a los socios de Colliguay el malestar de La Moneda por la forma en que habrían tomado el control del diario. Sin embargo, se impuso la idea de que los inversionistas actuaron de manera “legal” y no hubo intentos por parte del fisco de reclamar irregularidades en el proceso. Rebolledo, en tanto, no duró mucho en el cargo.
Sin embargo, el comidillo afectó el ánimo de Juan Cavada, quien decidió salirse de Colliguay, a mediados de los 90.
“Mi trabajo en Mideplán es evaluar proyectos de inversión social y uno de los aspectos más importantes de mi pega es la ética”, afirmó en 2006, en una entrevista para este reportaje (Cavada ahora trabaja en el Ministerio de Educación). “Aunque podía demostrar que, en mi caso, las platas que aporté eran personales y no políticas, no podía tolerar que esos rumores de café pusieran en duda mi integridad como persona”.
Además, a Cavada le parecía que los peligros de privatización del diario, por los cuales había entrado a Colliguay, ya habían desaparecido y mantenerse allí para gozar de las utilidades de su inversión no era algo que le atrajera. “Soy economista de profesión, pero lo mío no son los negocios. Yo estaba ahí por otras razones”, dijo.
Cavada vendió su parte en Colliguay a una sociedad creada por Raimundo Valenzuela. Según afirma el funcionario de Mideplán, el precio que cobró por su participación le permitió recuperar los dineros invertidos y, tal vez, un poco más, “pero nada para hacerse rico”.
Personeros de la Concertación afirman que Cavada decidió salirse de la sociedad por discrepancias profundas con Valenzuela, pero él niega esas versiones. “Aunque hace mucho que no nos vemos, seguimos siendo amigos”, afirmó.
Desde ese momento, entonces, Valenzuela pasó a ser accionista privado del diario.
Otro cambio se produjo en el asiento ocupado por Ricardo Halabí, quien del Ministerio de Agricultura había pasado a dirigir el Fondo de Inversión Social, Fosis. Según cercanos al ex funcionario, Halabí también sentía que su cargo público era incompatible con su condición de socio en Colliguay. Del Fosis pasó a la Junaeb y por último a Indap, precisamente porque se le juzgaba un hombre probo, que podía enderezar entuertos dejados por antiguos directores de esos servicios. Además, según un cercano suyo, a mediados de 1990 tenía dificultades para pagar la deuda que había contraído para participar en Colliguay.
Justo en ese entonces, Luis Eduardo Thayer, amigo personal de Ricardo Halabí -muy cercano también a Raimundo Valenzuela, pues ambos trabajaron juntos en Odeplán en los años 60- se ganó el Loto y aceptó invertir parte del premio comprando a Halabí su participación en Colliguay.
Thayer no era ajeno a la historia del diario pues, de hecho, Valenzuela le había ofrecido primero a él el lugar que, en 1992, ocupó Halabí. Pero, en ese tiempo, Thayer pasaba por dificultades económicas. Este abogado laboralista se destacó en los años 80 por defender a dirigentes sindicales que poco y mal pagaban su trabajo (Thayer es considerado el “creador” de la figura de Rodolfo Seguel) y su especialidad tampoco fue favorecida con el advenimiento de la democracia. Sin embargo, con el premio del Loto la rueda de la fortuna giró a su favor y, en 1996, entró al directorio de la Empresa Periodística La Nación como representante de Colliguay.
Según cercanos a Thayer, el abogado entró a Colliguay a través de una sociedad. Aunque la fuente mantuvo en reserva el nombre de esa entidad, coetáneamente con su ingreso a Colliguay, Thayer se asoció con Francisco Feres, el actual gerente general del diario y otro de los buenos amigos de Valenzuela.
De acuerdo a registros públicos, el 4 de julio de 1996, Feres y Thayer crearon la Sociedad Inversiones y Rentas Atlántida S.A., cuyo giro es, entre otros, la inversión de capitales en acciones, promesas de acciones y bonos.
Esta sociedad nació el mismo año en que Francisco Feres asumió un asiento en el directorio de La Nación, representando el papel que le correspondía a Raimundo Valenzuela, como socio de Colliguay.
Con la llegada de Ricardo Lagos al gobierno, en el año 2000, Valenzuela se despojó de los pudores y se integró al directorio de La Nación, como representante del socio privado del fisco, Colliguay. Feres se incorporó a la empresa como gerente general. El experto electoral del PS, Mahmud Aleuy, siguió como presidente del directorio.
Más que amigos
Desde la llegada de Feres al directorio de La Nación, se convirtieron en rito los encuentros entre socios de Colliguay y miembros del directorio en el Club Sportman, ubicado en el centro, donde hasta hace poco no se permitía el ingreso a las mujeres. No era difícil encontrarse un día viernes allí a Francisco Feres compartiendo con Raimundo Valenzuela, Luis Eduardo Thayer, Enrique Alcalde y el notario Pedro Reveco.
Pero las relaciones entre ellos y con otros conspicuos personajes de la vida nacional son mucho más que sociales. Veamos:
Al comienzo de los 90, Raimundo Valenzuela era socio del ex ministro de Obras Públicas Carlos Cruz, en la Consultora EFES Ltda.
Cruz era el gerente general de esta empresa cuando, a fines de 1994, la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) le encargó que preparara las bases de licitación para la privatización de Radio Nacional de Chile. Para estos efectos, EFES nombró a Enrique Alcalde como consultor responsable, encargado de diseñar todos los aspectos legales de la operación.
El domicilio que EFES registró en esas bases de licitación coincidía con la oficina de Alcalde. El número de fax, era el mismo de ICATEL, una ONG creada a fines de los años 80 para recibir fondos de la Cooperación Italiana y que la justicia de ese país investigó por posible desvío de las donaciones hacia actividades políticas. Los fundadores de Icatel fueron, entre otros, Enrique Correa, Carlos Cruz, Carlos Ominami, Fernando Bustamante y Jaime Estévez.
El 28 de septiembre de 1995, poco antes de asumir un cargo en el Ministerio de Obras Públicas, Carlos Cruz transfirió sus acciones en EFES a Enrique Alcalde y entonces la empresa se dividió, en partes iguales, entre Alcalde y Raimundo Valenzuela.
Según versiones de prensa, Cruz conoce a Alcalde desde la década de los 80. De hecho, cuando el ex ministro estaba preso, La Tercera anotó que Alcalde lo visitaba y publicó un reportaje bajo el título: “El amigo UDI de Carlos Cruz”.
El 20 de junio de 2002, en la notaría de Pedro Reveco, Carlos Cruz reingresó a la sociedad, después de su accidentada salida del Ministerio de Obras Públicas. En esa ocasión, también se hizo parte de la sociedad el ex ministro Enrique Correa.
Cuando la prensa, que andaba tras el caso MOP-GATE, le preguntó a Correa por esta asociación a EFES, el ex ministro reveló que la consultora “trabajó con una fundación alemana en los años 80″.
Probablemente, Correa se refería a la Fundación Friedrich Ebert, de la que Raimundo Valenzuela fue representante en Chile y que canalizó recursos para el plebiscito de 1988. De hecho, Correa afirma que fue Valenzuela quien lo invitó a participar en EFES. Sobre el giro de la empresa, Correa respondió que era: “Básicamente, hacer consultorías a empresas que puedan interesarse en transacciones con la Unión Europea”.
Valenzuela, además de su cargo en La Nación, presidió el directorio del Puerto de Arica hasta su privatización en 2003 y, es miembro del directorio de la Empresa Portuaria Austral, aún dependiente de Corfo.
Puerto Madero
Desde 1991, la Empresa Periodística La Nación S.A. no ha dejado de generar utilidades. Hasta el año 2000, sólo en dietas a los directores se repartieron casi 5.900 UF. En cada período presidencial ha habido personas que reciben sueldos por tareas que no cumplen o que están sobrevaloradas. Los expertos electorales de los partidos de la Concertación han trabajado en el diario. Se han impreso volantes y dípticos de los partidos políticos a bajos precios y con amplias facilidades de pago.
Pero ningún gasto ha mermado las utilidades de la empresa. El producto Diario La Nación continúa arrojando pérdidas, pero bajo el ojo atento de los socios de Colliguay, sus costos se han ido recortando progresivamente.
El Diario Oficial sigue siendo la fuente principal de recursos, pero ha ido cediendo espacio a los negocios generados por la imprenta que, en 1998, se modernizó y se trasladó a un local propio en Pudahuel.
En la imprenta de La Nación se imprimen hoy, a precios convenientes, la mayoría de los medios independientes y alternativos -hecho que los socios de Colliguay resaltan en respuesta a cualquier asomo de crítica-, pero también se imprimen medios de gran tiraje.
Tal vez estimulados por este éxito, a fines del 2004 el directorio de la Empresa Periodística La Nación S.A. aprobó convertir a la imprenta en una empresa aparte, bajo el nombre de Puerto Madero S.A. Para su funcionamiento, se replicó la estructura de propiedad de La Nación: 70 por ciento para el fisco, 30 por ciento para los privados, y con los mismos privilegios que las acciones preferentes ejercen sobre el accionista estatal.
Puerto Madero tiene su propia estructura de mando: un directorio y una gerencia general separada de La Nación S.A. La decisión se redujo a escritura pública en la Notaría de Pedro Reveco, en vísperas de Año Nuevo, el 31 de diciembre de 2004.
Esta división fue cuestionada ante los tribunales por el Sindicato No. 2 de la empresa, que todavía dirige Carlos Ponce (el hombre que junto a Pedro Guzmán impidió la privatización del diario en las postrimerías del régimen militar).
“Nuestra sospecha es que la división es el primer paso para la privatización total de la imprenta y, por lo tanto, la antesala de los despidos masivos. Si no permitimos que esto pasara en dictadura, ¿Por qué lo vamos a tolerar ahora”, explicó Ponce.
Ponce recibe sueldo, pero no tiene asignada ninguna función en la empresa.
Según él, la organización que dirige ha sido objeto de maniobras, razón por la cual de los 200 socios con los que contaba en los 80, en la actualidad tiene sólo 14.
A pesar de su debilidad, el sindicato de Ponce obtuvo un pronunciamiento de la Controlaría General de la República que declaró nula la división de la empresa entre La Nación S.A. y Puerto Madero S.A., por ilegal e inconstitucional.
En un dictamen emitido el 12 de septiembre de 2005, el contralor Gustavo Sciolla ordenó retrotraer la situación de la empresa al momento previo a su división.
Sin embargo, la administración de La Nación consideró que el fallo del contralor era una simple “opinión” y consiguió un pronunciamiento de la Corte de Apelaciones que bendijo la legalidad de la creación de Puerto Madero S.A.
Fuera de época
El primer director del diario La Nación en democracia, Abraham Santibáñez, es uno de los que piensa que no se justifica que el Estado tenga un diario. Cree que en los primeros años de democracia, el periódico cumplió un papel necesario, pero ahora no le ve sentido. “En ningún país democrático el Estado tiene diarios. En algunos, mantiene estaciones de radio y de televisión, con objetivos sociales, pero los diarios estatales sólo se han dado en dictaduras africanas”, opinó en una entrevista para este reportaje.
Sin embargo, cree que ningún proceso de privatización debió hacerse a escondidas y otorgando participación en la propiedad a los mismos que gestionaron la empresa a nombre del Estado. “Esto recuerda las privatizaciones del tiempo de Pinochet, en que funcionarios de gobierno se quedaron con Endesa y Chilectra. Los gobiernos democráticos no debieron seguir ese mismo modelo”, dijo.
“Yo estoy de acuerdo con que La Nación debió privatizarse al término del gobierno de Patricio Aylwin, pero cualquier acción debió considerar algo que es una parte muy esencial de esa empresa: la opinión de los trabajadores”, continuó. “Ellos han desarrollado por más de 30 años una cultura de defensa del diario, y se resistieron a la privatización en dictadura. Ellos tienen una vinculación emotiva con la empresa sólo comparable a la que tienen los campesinos con la tierra. Aunque no tengan derechos patrimoniales, por tratarse de una empresa constituida con recursos del Estado, cualquier decisión sobre el destino del diario debió considerarlos”.
Sin embargo, la cruzada de Carlos Ponce por defender la integridad y el carácter estatal de la empresa no cuenta siquiera con el apoyo de los demás sindicatos. Pedro Guzmán, el hombre que lo acompañó en la oposición a los intentos privatizadores de Pinochet, fue despedido en 1998 por necesidades de la empresa.
El propietario de Radio Nacional, Santiago Agliati, dio una batalla en solitario por anular el traspaso a Colliguay del paquete accionario que la emisora tuvo en La Nación, y consiguió en 2008, después de mucho bregar, comprar una acción del periódico. Estaba feliz porque pensaba que de ese modo podría obtener la información sobre las operaciones de La Nación que siempre se le negó por los canales normales. Sin embargo, un violento cáncer consumió su vida en un par de meses y falleció.
Los socios de Colliguay siguen disfrutando de las ganancias que produce una empresa constituida originalmente con dineros fiscales. La Radio Nacional, que Agliati nunca logró sacar del fondo del pozo, sigue operando en una pequeña habitación en la calle Santa Helena. Por sus ondas, los pocos auditores que oyen radio en frecuencia A.M., escuchan el horóscopo de Yolanda Sultana y los tangos de Aníbal Troilo.
El discreto encanto del poder
29/Junio/2009
Carlos Peña / El Mercurio / Uno de los desafíos del periodismo es que debe relacionarse con quienes ejercen el poder (de otra manera habría información que quedaría fuera de su alcance); pero, al mismo tiempo, hacer su escrutinio crítico (esta es una de las razones por las que se considera que un periodismo independiente es básico para la salud de la democracia).
En otras palabras, para ser el cuarto poder -como lo llamó Burke-, el periodismo debe tomar distancia de todos los otros poderes.
Así, quienes ejercen el oficio deben ser capaces de vincularse con políticos, empresarios, funcionarios, obispos y figuras públicas; pero no deben dejarse cooptar, ni seducir, en modo alguno por ellos.
Para lograrlo, el periodista no debe olvidar que políticos, funcionarios y personajes públicos son el objeto de su oficio y no el destino de sus sentimientos. Debe tratarlos sin amor y sin odio. Y a la hora de relacionarse con ellos ha de hacerlo desde la más estricta hipocresía. Es imposible que sea de otro modo. ¿Cómo podrían hacer el escrutinio del poder si en vez de tomar distancia se dejaran seducir por su discreto encanto?
Suena grave o serio de más; pero no lo es.
Después de todo, los ciudadanos que han confiado en los periodistas la tarea de ver lo que ellos no pueden mirar, confían en que, puestos ante el desafío, no se dejen confundir. Por eso, los periodistas (como enseñaba Janett Malcom) en vez de dejarse seducir, deben ser capaces, cuando ello sea necesario, de engatusar a los personajes públicos o poderosos para luego traicionarlos (aún a riesgo de que no los hablen o miren nunca más).
Por eso, la foto con Obama causó esa ubicua e inefable incomodidad.
Y es que esa foto mostró cuán fácil es dejarse anestesiar, cuántas tentaciones aparecen en el camino, qué fácil es asimilarse siquiera en el breve lapso de lo que dura una foto.
Por eso, el problema no es la foto, sino lo que ella involuntariamente evoca: la abundancia de conflictos de interés y tentaciones con que en Chile tropieza el oficio de periodista.
Misiones periodísticas pagadas por quien ha de ser objeto de escrutinio (como ocurre con las giras presidenciales); políticos que hacen de panelistas y ejercen de amigos de aquellos que comentan su quehacer (algo que parece estar de moda en las radios); políticos que forman parte de directorios o consejos en la prensa escrita (ocurre en casi todos los diarios); candidatos presidenciales que son dueños de medios (como ocurre con Chilevisión); periodistas por aquí y por allá que aceptan invitaciones empresariales (y luego pasan propaganda por noticias); periodistas que con facilidad se entusiasman allí donde deben mantenerse circunspectos (es cosa de oír esas entrevistas casi familiares que se hacen a los políticos por las mañanas); medios que postergan, luego de dos o tres conversaciones, la emisión de programas (como el que anunció Contacto sobre los parlamentarios); periodistas que hacen de ghostwritter de políticos (ha habido varios, y sin duda por estos meses habrá más); preferencias editoriales que no se revelan pero que influyen (un pecado de todos); obispos que llaman a los canales (y éstos los escuchan).
Y así.
Todas las profesiones padecen, por supuesto, esos conflictos y otros todavía peores; pero los de la prensa son los que poseen repercusiones sociales más dañinas.
Y es que cuando un abogado experimenta conflictos de interés son sus clientes los directamente dañados, y cuando un terapeuta confunde los sentimientos espontáneos con la transferencia es él, o el paciente, quien se perjudica. Pero cuando los periodistas hacen de fans, de subordinados de quienes deben vigilar, de amigos o de perdonavidas, lo que se triza es la ilusión de los ciudadanos de que al mirar la televisión, abrir el diario o escuchar la radio se asomaban siquiera un poco, como dice un eslogan por allí, a la verdad de los hechos.
Y cuando esa trizadura se produce, y cuando la confianza en los periodistas se estropea, es la democracia -que no consta de tres poderes, sino de cuatro- la que resulta, no lo olvidemos, dañada.
Documentales contra la estupidez
29/Junio/2009
Rodrigo Quiroz Castro / La Nación / TVN, gobierno y CNTV renuevan apuesta por el género / Pasó desapercibido en los medios con la muerte de Michael Jackson, pero el mismo día que el “Rey del Pop” estiraba la pata, en TVN se firmaba un acuerdo que apuesta por programación de calidad en la televisión pública.
Mónica Rincón, quién ofició de maestra de ceremonias, citó al documentalista Patricio Guzmán para dar inicio a la segunda convocatoria para DOCTV IB II. En la sala de directorio del canal público, habló de la necesidad de preservar la memoria y comparó al género con las fotografías familiares. Dijo que lo que más lamentaría si su casa ardiera, sería la perdida de las fotografías. La pérdida de la memoria.
A su lado, Daniel Fernández, Paulina Urrutia y Jorge Navarrete en representación de Televisión Nacional de Chile (TVN), el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) y el Consejo Nacional de Televisión (CNTV), respectivamente. Siguieron sus palabras con atención y luego se refirieron a esta iniciativa. Renovaron su compromiso para apoyar la producción y transmisión televisiva de documentales. Lo hicieron a través de un convenio que permite a TVN seguir integrando el Polo Nacional de Producción y Teledifusión. Con la firma Chile forma parte del II programa DOCTV Iberoamerica de la Conferencia de Autoridades Audiovisuales y Cinematográficas de Iberoamérica (Caaci), donde participan 14 países en el proyecto de producción de documentales para ser transmitidos por las televisiones públicas de los países iberoamericanos.
Buenas noticias
Las buenas noticias para la industria audiovisual, que se encontraba representada en la reunión por dirigentes del gremio, son que desde el 23 de junio y hasta el 7 de agosto, se puede postular a un concurso de proyectos documentales inéditos, dirigido a realizadores independientes y cuyo premió será el financiamiento con US$70.000 de su obra audiovisual.
Orgulloso de la iniciativa, Fernández dijo que “este año cumplimos 40 años y estamos en un proceso de análisis de nuestro rol de televisión pública y en un contexto futuro de televisión digital todo este material servirá mucho”. Navarrete complementó que la televisión “necesita más documentales”, porque la misión del CNTV, además de “sancionar”, es mantener la calidad de la televisión.
Paulina Urrutia finalizó diciendo que desde el punto de vista del gobierno, esta iniciativa se enmarca en una “política sustentable de compromiso de la TV pública con la generación de contenido de calidad”.
Y mientras los asistentes aplaudían ante la firma del trato, algunas preguntas asaltaron al cronista: ¿no es paradójico citar a Patricio Guzmán para dar el vamos a esta iniciativa cuando la televisión publica chilena todavía no da por sus pantallas “La batalla de Chile”? ¿Alguien vio “La venganza de Ramón Ramón”, cinta ganadora del primer DOCTV IB por la pantalla de TVN? ¿Podría nuestra TV pública poner alguna de esas cintas a pelear con los culos y las tetas de “Yingo”? ¿O están nuestros documentales condenados al sótano de la parrilla? ¿Cómo diablos salvamos nuestras fotos de la hoguera del rating, estimada Mónica?
La otra televisión
29/Junio/2009
Bárbara Muñoz y Ernesto Garratt / Wiken / Este año se cumple una década del fin del mítico canal Rock & Pop. A modo de homenaje, buscamos dónde se están haciendo esos programas que nadan contra la corriente. Esos que no funcionan con el people meter on line ni tienen altos ratings, pero sí mucha inventiva. Y corazón. Y también calidad. Es la TV que nos gusta.
Cadena Nacional
El camino recorrido de Ignacio Franzani Va a cumplir tres años conduciendo “Cadena Nacional”. Esto es: cuatro temporadas al aire, más de 600 capítulos emitidos y casi 37 mil minutos en pantalla. Nada mal para alguien de 30 años. Por eso, hoy, el periodista Ignacio Franzani se siente (y se ve) más maduro. Más seguro frente a sus entrevistados. Más sólido en las contrapreguntas. Y más suelto en la improvisación. Tiene un camino recorrido. Él también lo sabe, y lo siente. En “Cadena Nacional”, el late show que conduce en Vía X, cada noche entrevista a dos figuras de la política, la cultura o el espectáculo. Y lo hace con relajo: tiene una hora para hincarles el diente a los temas que le interesan. Eso es un lujo y él lo tiene claro. En la TV abierta actual es muy raro dedicarle ese tiempo a la conversación. Por eso, aunque han intentando “levantarlo”, él no ha querido emigrar. “La TV por cable permite correr más riesgos, ofrecer cosas distintas, hacer contraprogramación. En la TV abierta una buena idea tiene que pasar demasiadas barreras para llegar a puerto, entonces se va diluyendo en el camino. Aquí es más fácil, hay más libertad y todo es a escala más humana”, explica. Aplicado y riguroso ?aunque a veces un poquito sobreactuado?, Franzani es considerado por la crítica como uno de los conductores con más futuro de la TV. L a V, 22 horas. Repeticiones: martes a sábado, 01:30 horas; sábado, 22 horas, y domingo, 15 horas. Por Vía X.
City tour
Federico Sánchez: genio y figura Federico Sánchez (45 años, arquitecto, director de la Escuela de Diseño de la Universidad Diego Portales) puso una sola condición para conducir “City tour”: no quería saber nada de planes de producción o de estructuras. El sistema de grabación sería el siguiente: el equipo se juntaría a tomar un café (los lunes a las 13:30 horas), discutirían cosas que les parecieran interesantes, luego tomarían el auto y partirían hacia donde el destino los llevara. Cuando algo les llamara la atención (una señalética, una casa fea, un espacio sin sentido), pararían. No tendrían una pauta previa. Y así fue. “Esto es como un jam session. No sabemos lo que vamos a tocar, pero de que sabemos tocar, sabemos. Eso sin duda”, dice. “City tour”, que transmite Canal 13 Cable, es un fiel reflejo de la personalidad de Sánchez: extraño, pero genial. Y en él, el humor y la cultura se mezclan de maravillas. En cada capítulo, Sánchez sale a recorrer la ciudad junto a Marcelo Comparini, pero este último no se ve en pantalla, sino sólo se escucha como voz en off. La idea es que la cámara sean sus ojos, los ojos de un tipo normal, que se hace preguntas normales sobre la ciudad. Sánchez responde esas inquietudes con ironía, humor y sin pelos en la lengua. “Tengo susto. Nunca me había acercado tanto a un monstruo”, dijo una vez, mientras la cámara se movía y mostraba una casa. Una casa real. Y fea. El programa, que surgió de la amistad que Comparini y Sánchez arrastraban desde el tiempo de “Plaza Italia”, ya tiene la categoría de “culto” y cientos de televidentes que lo siguen. Basta ver los blogs y foros de internet. ¿Tendría, un programa así, cabida en la TV abierta? “Chuta, no sabría qué decirte. Es que no sé nada de televisión. No veo nada de televisión abierta”, dice él, “para mí esa es una pregunta irreductible”. Viernes, 22 horas; sábado, 19:30 horas; domingo, 21:30 horas, y lunes, 2, 8 y 18 horas. Por Canal 13 Cable.
Música Maestra
Sebastián Errázuriz: El debutante Sebastián Errázuriz (33) confiesa que ve televisión tarde, mal y nunca. Sólo las noticias y “¿Dónde está Elisa?”. Nada más. Tampoco tiene TV cable. Para poder mirarse a sí mismo, tiene que ir a la casa de su papá. Desde abril, este compositor ?autor de la ópera “Viento blanco”? conduce “Música Maestra” en el canal Artv. Ahí despliega su expertise e intenta desmarcarse del típico programa de música clásica, modernizando tanto el contenido (con conciertos más recientes) como la “forma”. Lo dirige Verónica Calabi y se graba en la azotea de un edificio, con la cordillera como paisaje de fondo. Aunque es evidente que Errázuriz no tiene experiencia en TV (a veces no sabe qué hacer con los brazos o qué postura tomar), su incomodidad pasa a un segundo plano gracias a los datos que aporta acerca de la biografía del compositor o de la obra, o bien gracias a los “tips” en los que dice en qué fijarse durante los conciertos. “Le entrego al público elementos que sirvan para guiarlos. La gente disfruta mucho más si le explicas el contexto de una obra. Eso produce un auditor más activo y ése es mi gran desafío. Quiero que la gente no piense en la música clásica como una música de fondo y nada más”, dice Errázuriz. Miércoles, 23 horas. Repetición: viernes, 22 horas y domingo, 19:30 horas. Por ARTV.
El lado C
Comparini: El que no se da por vencido Marcelo Comparini ha tenido una relación de amor/odio con la TV. Va y vuelve, entra y sale, la deja y lo dejan. Pero siempre hace lo que le gusta. Ahora conduce “El lado C”, en Canal 13 cable, un late show con el que homenajea a Conan O?Brien, uno de los rostros más graciosos de la TV gringa. “Conan tiene un sentido del humor muy rápido y, bueno, me identifico con él”, dice. “El lado C” es un valioso espacio que exprime, a base de buenas preguntas, humor y agudeza, a figuras como Rafael Gumucio, Diana Bolocco y Fabrizio Copano. Imperdible. Lunes a sábado, 00 horas. Por Canal 13 Cable.
Chicas
El ángel de Catalina Silva Catalina Silva (25) tiene ángel. Ángel y suerte. Primero, un fotógrafo la “descubrió” y ella, con esa figura envidiable y ese rostro encantador que tiene, se convirtió en modelo. Luego, saltó a la TV abierta. Fue parte de “Invasión” (CHV) pero el programa se acabó y ella, que le había agarrado el gustito a la pantalla, se las arregló para volver. Aprovechó una invitación a “Canal Copano”, en Vía X, para decir que le gustaría trabajar ahí, y a los días la llamaron para conducir el noticiario “X-Press”. ¿Suerte? Sí, pero sobre todo, ángel. Y frente a eso, no hay nada que hacer. Catalina Silva y la pantalla chica, se llevan bien. En “Express” demostró que tenía potencial para los informativos, pero el canal decidió probarla en otro formato: junto a Nara Back, conduce “Chicas: no nos vienen con cuentos”, un magazine orientado al público adolescente femenino. No es un espacio que rompe esquemas, pero tiene cosas interesantes. “Me gusta porque no es mamón y tampoco tiene una connotación sexual como la mayoría de los programas juveniles de hoy día”, dice ella. Y en eso, tiene razón. “Chicas” es una apuesta diferente, alternativa. 100% contraprogramación. Un espacio donde se conversa y se ríe. Nada de ombligos al aire ni reggaetón. Y aunque ella sabe que los contenidos son frívolos, no le importa: “Me gusta la apuesta por la superficialidad que tanto nos gusta a las mujeres. Hablar del mejor esmalte para las uñas, de la última de Kate Moss o Agyness Deyn”, comenta. Aunque se la echa de menos en el formato más informativo, ella está feliz con el cambio. “Me encanta no estar perfilada para una sola cosa”, dice. L a V, 21 horas. Repetición: L a V, 05:30 horas y sábado: 07:30 y 16 horas. Por Vía X.
SEPTIMO VICIO
El cine personal de Frías Es el único programa respetable de TV dedicado al cine. Reportajes, documentales, mucho making of y harta opinión es lo que tiene este espacio que lleva 10 años al aire, y que es conducido por el periodista Gonzalo Frías, hijo del guionista del clásico del cine nacional “Julio comienza en Julio”, Gustavo Frías. Frías hijo ha logrado imponer un estilo personal a la hora de hablar de cine, entregando una especializada y completa información de cineastas como el norteamericano Michael Mann o del género documental o cosas que no son nada de masivas, pero sí muy interesantes. Porque en Vía X, “Séptimo vicio”, ha encontrado la libertad para funcionar y no morir ante los dictámenes del mercado al que nos tiene sometido la TV abierta. Martes a sábado, 00 horas. Por Vía X.
X-press central
Humberto Sichel y su futuro No se deje engañar. El periodista Humberto Sichel puede tener cara de novato, de cabro chico, de alguien inofensivo. Pero con cerca de 30 años, sus entrevistas y comentarios en el informativo diario “X?Press Central” de Vía X dejan en claro que se trata de un animal de la TV atinadamente peligroso. Rápido, informado, sin esa presión que se palpa en los canales por el rating, Humberto Sichel se desenvuelve a diario de tú a tú con protagonistas de la noticia y sin sonar impostadamente incisivo, como muchos de sus colegas, es capaz de cordialmente apretar a Marco Enríquez?Ominami sobre su campaña presidencial y hablar de él tanto de política dura como de su arista más “farandulera”. Lunes a viernes, 23 horas. Por Vía X.
Bárbara Muñoz y Ernesto Garratt.
Cámara envía carta con críticas a TVN
28/Junio/2009
Alejandro Trujillo / El Mercurio / Texto con reclamo formal fue entregado al director ejecutivo, Daniel Fernández / Misiva acusa que capítulo de “Informe Especial” sobre los legisladores fue “sesgado” y contribuyó a la “desacreditación del Parlamento”. Hace poco más de una semana, justo cuando la atención mediática comenzaba a centrarse en la investigación que la fiscalía sigue, por presunto fraude al fisco, en contra del diputado Maximiano Errázuriz, la mesa directiva de la Cámara llegó hasta TVN para sostener un reservado encuentro con el director ejecutivo de la estación, Daniel Fernández.
El único propósito de la cita era hacer entrega personal de una carta de dos carillas redactada por los jefes de las distintas bancadas, y que recoge la dura crítica que los diputados acordaron representar a la estación televisiva por la emisión del programa “Informe Especial”, que cuestionó la actuación de algunos parlamentarios y terminó desatando una serie de otras denuncias.
Según ha trascendido, el texto afirma que el reportaje exhibido el miércoles 3 de junio fue “sesgado” y tuvo como único propósito el mostrar una “dimensión negativa” de la labor parlamentaria, desconociendo el trabajo legislativo y de fiscalización que efectivamente se realiza.
En esa línea, si bien reconoce el rol fiscalizador de los medios de comunicación, y admite la existencia de algunas prácticas “no deseables”, la carta acusa a TVN de haber contribuido a la “desacreditación del Parlamento” ante la opinión pública, generándole un “perjuicio”.
El texto subraya que desde antes de la emisión del programa, tanto a través de la mesa que actualmente encabeza el diputado UDI Rodrigo Álvarez, como por la anterior administración que presidía el DC Patricio Walker, la Cámara ha iniciado un proceso que involucra avanzar sustantivamente en transparencia.
Defendiendo la presentación del reclamo, el diputado y subjefe de bancada PPD, Enríque Acorsi, explicó que la molestia de los parlamentarios se debe a la “falta de equilibrio” con que actuó el programa. “La molestia fue muy grande porque no se tomó en cuenta nada de la labor que cada parlamentario realiza tanto en términos legislativos como en sus regiones”, dijo.
“La molestia fue muy grande porque no se tomó en cuenta nada de la labor que cada parlamentario realiza tanto en términos legislativos como en sus regiones”.
ENRIQUE ACCORSI
Diputado PPD
Diario La Nación denuncia campaña en su contra
26/Junio/2009
En su página editorial el diario La Nación responde al Consejo de Transparencia que acusó a ese periódico de no hacer pública la información sobre los sueldos de su directorio. La Nación aclara que los datos solicitados por dicho Consejo están publicados en su sitio web y plantea la tesis de que un sector político está en campaña contra “el único diario que no es de derecha en Chile” y que el periódico electrónico El Mostrador sería cómplice de esa maniobra.
Lea a continuación la editorial de La Nación y el artículo publicado hoy por El Mostrador sobre el tema:
EDITORIAL DE LA NACIÓN
Por qué la derecha ataca a La Nación
Sobre la base de una equivocación del Consejo de la Transparencia, un medio de comunicación on- line, “El Mostrador”, ha montado una operación a todas luces malintencionada y funcional a los intereses políticos más reaccionarios.
Los medios de comunicación deben tener siempre como principio el compromiso con la verdad y el pluralismo. Ese debe ser el norte de todo diario, canal de televisión o plataforma multimedial. La búsqueda de la verdad es un camino complejo, que siempre dependerá de la visión editorial de cada medio y que admite tropiezos, avances y retrocesos. Lo que no se puede aceptar es la mentira descarada sin el más mínimo reconocimiento del error. La Nación es un medio que, por decir la verdad, está hoy enfrentado al ataque sistemático de la derecha política y de sus “tontos útiles” mediáticos.
Gracias a informaciones de La Nación se ha conocido en los últimos meses los negocios poco claros de diversos personeros de la derecha política. Gracias a nuestro trabajo periodístico se ha desenmascarado en el último tiempo el origen de la fortuna del candidato presidencial de la derecha (reportaje conocido como el caso Banco de Talca), se han aclarado las circunstancias de crímenes como el de Víctor Jara y se ha dejado en evidencia la forma en que un diputado del partido de Sebastián Piñera usaba de manera irregular recursos públicos, al punto que se ha visto obligado a renunciar a la colectividad.
Se puede considerar hasta cierto punto natural que los medios de comunicación que defienden los intereses de los herederos políticos de Pinochet ataquen a este diario. Están dolidos porque su aspirante a la presidencia cae en las encuestas y ahora están dispuestos a usar toda su artillería en contra de La Nación.
Sobre la base de una equivocación del Consejo de la Transparencia, un medio de comunicación on-line, El Mostrador, ha montado una operación a todas luces malintencionada y funcional a los intereses políticos más reaccionarios.
La intención, manifiesta o encubierta ha sido poner en duda la transparencia de la editora del diario La Nación. Se trata de una sociedad anónima. Por esa razón, la Empresa Periodística La Nación S.A publica una memoria anual. Toda la información requerida por la Ley de Transparencia está allí.
Los antecedentes citados, junto con el balance de la empresa y todos los detalles relevantes de su operación, se encuentran en el sitio web www.lanacionsa.cl desde el 16 de abril pasado. Curiosamente, ni “El Mostrador” ni el Consejo de la Transparencia pudieron encontrar la información que cualquiera de los niños que recibieron recientemente notebooks en las escuelas públicas del país podrían haber ubicado sin dificultad.
Hemos hecho ver tanto a la institución como al medio de comunicación su error, sin que hasta el momento hayan rectificado o considerado nuestro punto de vista.
Como nuestros lectores saben, no se trata de una situación aislada: el candidato presidencial de la derecha ha amenazado que cerrará el único diario que no es de derecha en Chile si llega a ser Presidente. No pasa un día sin que algún parlamentario de la Alianza profiera un ataque contra este medio, a pesar de que ellos son continuamente entrevistados en nuestras páginas y hemos ofrecido reiteradamente espacios de Opinión para que expresen sus puntos de vista. Sólo demuestran su falta de convicciones democráticas al responder a la práctica del pluralismo con burdas operaciones comunicacionales, que hacen recordar aquellas montadas por Manuel Contreras en los tiempos de la DINA.
ARTÍCULO DE EL MOSTRADOR
Directorio de la empresa defiende estatuto jurídico que la eximiría de transparentar
La Nación en picada contra el Consejo de la Transparencia
En una declaración emitida ayer y firmada por su gerente general, Francisco Feres, el diario de gobierno pide explicaciones al CDT, indicando que los dineros que reciben los altos directivos sí están publicados en la web. En dicha entidad, sin embargo, comentan que los datos están “casi escondidos” en la memoria anual. La vocera del gobierno, Carolina Tohá, señaló que el medio debe cumplir lo ordenado “como todos los organismos de la administración del Estado”.
Por Jorge Molina Sanhueza
Mientras la ministra secretaria general de Gobierno, Carolina Tohá, aseguró ayer que el diario La Nación debe cumplir la orden del Consejo de la Transparencia (CDT) y publicar los sueldos de los directores y sus viáticos, entre otros tópicos, el gerente general de la firma periodística, Francisco Feres, fue categórico en señalar que “todo está en nuestra web, incluso sobre informado”.
Feres explicó, reaccionando a una nota publicada el jueves por El Mostrador, que los datos se encuentran en la página 34 de la memoria financiera y manifestó su extrañeza por el oficio enviado por el CDT que lo obligaba a cumplir la normativa de transparencia, so pena de aplicar sanciones de hasta 50 por ciento del sueldo al presidente del directorio, Manuel Valenzuela Bejas.
Las palabras de Feres contrastaron con las emitidas en la mañana de ayer por Tohá en La Moneda al ser consultada por este medio: “Es una ley que tendrá que aceptar La Nación y someterse a esos lineamientos como todos los organismos de la administración del Estado”, afirmó.
Sin embargo, el ejecutivo insistió que existe un desconocimiento de los Informes en Derecho encargados por la empresa periodística para enfrentar la decisión del organismo que vela por el cumplimiento de la normativa estrella de la administración Bachelet.
Al respecto, Feres fue categórico para entrar en el tema que él considera de fondo: “Recurriremos a todas las instancias para que quede claro que la legislación de la transparencia no puede aplicarse a nosotros, porque somos una empresa privada con el apoyo del Estado y los estudios en derecho que encargamos así lo dicen. Somos una empresa que tiene una naturaleza jurídica única dentro el Estado”.
La Nación tiene la posibilidad de apelar tanto a la Corte de Apelaciones como al máximo tribunal, y eventualmente al Tribunal Constitucional (TC) para defender sus derechos, donde podrá esgrimir que la Ley de Transparencia no le es aplicable.
Feres incluso fue más allá y criticó al CDT, “ya que nos enteramos del oficio a través de la prensa, en vez de haber sido notificados, por lo que pedimos explicaciones al organismo, ya que el documento que me enviaron no me dice cómo tengo que informar esto en la página web”.
De hecho, ayer pasadas las 19:00 horas, previo mandato del directorio de la empresa, publicaron en el sitio web del diario una declaración exigiendo “explicaciones al Consejo de Transparencia”, a través de la cual cuestionaron al organismo encargado de fiscalizar el cumplimiento de la Ley de Transparencia.
La empresa acompañó la declaración con un oficio enviado al CDT con copia a los ministros José Antonio Viera-Gallo y Carolina Tohá, que podría leerse como una declaración de guerra contra la entidad debido a que acepta las atribuciones del CDT pero por otra parte las cuestiona. De hecho, la declaración de La Nación S.A. equivale a un rayado de cancha de lo que viene en materia judicial:
“Quiero reiterar a usted, que la Empresa Periodística La Nación S.A. no renunciará, por motivo alguno, a defender su naturaleza jurídica y los legítimos derechos que le corresponden a sus accionistas. Entendemos que dicha materia no es de vuestra competencia, motivo por el cual nos hemos allanado a cumplir con la normativa legal, la que a nuestro juicio es inaplicable por inconstitucional a nuestra empresa. Es bien sabido por dicho Consejo, que la Empresa Periodística La Nación S.A. tiene sólidos fundamentos constitucionales, legales y jurisprudenciales los que haremos valer, en su oportunidad, ante los órganos jurisdiccionales competentes”.
El Mostrador se comunicó con uno de los asesores de prensa de Tohá -la responsable de la relación del gobierno con el medio de propiedad público-privada- y este afirmó que pasadas las 20:00 horas la ministra aún no recibía ninguna notificación por parte de la empresa periodística, ya que la secretaria de Estado se hallaba en una actividad en terreno, por lo que recién podría emitir alguna opinión hoy.
No words
Pese a lo anterior, el CDT señaló también señaló claramente en su web cuáles eran los tópicos que debían estar a la vista de los usuarios, los cuales son similares a los itemes publicados por Televisión Nacional, canal que junto con publicar el detalle de los integrantes de su directorio incluye información sobre las remuneraciones del presidente de su directorio, los miembros del directorio y enumera la cantidad de trabajadores de la estación y las remuneraciones totales.
Este medio intentó obtener una versión oficial del CDT pero prefirieron no polemizar reafirmando que “la información contenida en el oficio es los que se pidió”.
Fuentes del organismo indicaron, en todo caso, que el problema de La Nación es que los datos están “casi escondidos” en la memoria anual.
Se explicó que dicha empresa debiera tener, en un acceso “fácil y visible”, la información detallada tal y como lo ordenó el organismo y como lo señala la ley. Un ejemplo a seguir, se indicó, es la web del Banco Estado donde se usó la fórmula que tienen el resto de los organismos del Estado.

















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