Adiós Moulián, ¿adiós flexibilidad?

 moulianSebastián Montecino / La Nación / No-TV / La flexibilidad programática de Moulián demostró que la televisión chilena es producto de la improvisación, las circunstancias y la extrema vocación comercial de sus administradores. Nunca antes el director de programación de un canal había levantado tanta polvareda. El despido-renuncia-cumplimiento-de-un-ciclo de Vasco Moulián de Canal 13 ha sido comentado casi como si se tratara de la partida de una estrella de culebrón o de un conductor de noticias. Un puesto ejecutivo que antaño casi se perdía en el anonimato burocrático, adquirió notoriedad debido a los errores, horrores y aciertos de un tipo que intentó ser visionario, pero que terminó entrampado en su propio discurso, convirtiendo a Canal 13 en la más pragmática de las televisoras comerciales.

A la hora de las evaluaciones la frase que dicta la buena crianza dice que el actor recibió al canal en el cuarto lugar de sintonía y lo dejó en el primero. El análisis es acertado, pero tiene demasiados matices. A Canal 13 ya no le va tan bien como hace algunos meses y de no mediar otra “genialidad” es probable que se termine cayendo del liderato el segundo semestre. Es que la flexibilidad programática impresionó, pero terminó relativizando los raitings y despreciando la fidelidad de los televidentes más duros, a favor de la voluble masa adicta al zapping.

El extremismo de la postura de Moulián era insostenible en el largo plazo y si le fue bien, no fue por los aciertos propios, sino por aprovechar los errores ajenos (único mérito del engendro teórico creado por el niño símbolo de “Los Simpson”). El problema es que si la competencia empieza a dar en el blanco (como aparentemente lo está haciendo TVN en el segundo semestre), ya no bastan las 3 horas diarias de Homero, ni el estiramiento de un reality hasta el infinito. Hay que proponer, y fue en la etapa propositiva que la estrategia demostró su vacío conceptual.

La celebración de sus detractores (que en la internet hicieron nata con sorprendente virulencia) aparece por ahora como una fiesta demasiado anticipada. La flexibilidad programática no se acaba con Moulián, ni se limitó a Canal 13. Por mucho que quieran asignarle las culpas, las consecuencias de su política se notaron e influyeron en toda industria.

Es este sentido, la víctima más sentida del período Moulián ha sido la innovación, que como en cualquier actividad comercial, cuesta mucho dinero y es arriesgada, pero cuando tiene éxito asegura casi siempre un liderazgo sostenible a largo plazo.

La visión más pesimista del futuro nos deja con una programación altamente sensible al gusto popular y con una planificación montada de cara al rating en prácticamente todos los canales del espectro. En principio, eso no tiene porque ser negativo, sobre todo si existe una visión de largo plazo que entregue un marco dentro del cual moverse. Pero si algo demostró la flexibilidad programática es que ese marco no existe y que la televisión chilena es producto de la improvisación, las circunstancias y la extrema vocación comercial de sus administradores