Animal Nocturno: no más vergüenza ajena

felipeJimena Villegas / El Mercurio / Pregunta: ¿quién invita a otra persona a su casa para hablarle de sí mismo y, peor aun, para tener la descortesía de mostrarle un video casero con una parodia que imita al convidado? Respuesta: Felipe Camiroaga, en la actual temporada de “Animal nocturno”. Chileno privilegiado como ningún otro, el animador tuvo, justo hace una semana, sentada en el living de su programa estelar en TVN a una de las grandes voces del pop y también mito erótico de los años 80: la cantante Olivia Newton John. En vez de aprovechar la oportunidad para dejarnos conocerla un poco más, el conductor nos ofreció un diálogo sujeto a la trivialidad que aderezó con un minuto de sí mismo jugando a ser John Travolta en “Grease”.

¿Puede permitirse un canal chileno hacer tal ejercicio de “ombliguismo”? Sí, puede. De hecho lo hizo. El tema es si los espectadores nos lo merecemos y si un conductor está ahí para, con dos décadas de experiencia televisiva a cuestas, apenas cumplir con el estándar de la nota 4. La respuesta es no.

Camiroaga, un animal televisivo que partió como comparsa en un programa juvenil de CHV, es —qué duda cabe— uno de los rostros fundamentales de la TV chilena. Su canal ha invertido años en transformarlo en una figura sólida y rentable, poniéndolo a trabajar con los equipos indicados y dándole una oportunidad tras otra. Hoy su estación lo valora mucho: en una temporada llena de grúas y volteretas entre canales, consiguió retenerlo. El conductor acaba de rechazar la posibilidad de dar un salto cualitativo en su carrera, evitándose de paso los riesgos que esa apuesta consideraba: optó por quedarse en Chile en vez irse Univisión, que lo invitaba a unirse a su staff de conductores.

Es evidente que en las razones del animador chileno hay motivos serios, profundos, personales y entendibles para tal elección. Pero ya que eligió seguir aquí deleitándonos con su carisma y considerando que su canal lo considera un bien no transable, tal vez éste es un buen momento para que dé vuelta la hoja y apunte hacia la evolución: el cheque más abultado y el respaldo de su empleador tienen que tener un correlato de pantalla, tienen que significar un esfuerzo redoblado, tienen que ser algo más que simpatía o el chiste blanco en el momento preciso. Por el bien del propio Camiroaga y por nuestro propio bien: los telespectadores no queremos seguir pasando vergüenzas ajenas.