Así es el libro póstumo del escritor Alfonso Calderón

alfonso calderónJavier García / La Nación / Lila Díaz, nieta del prolífico autor, recopiló las crónicas de La Nación, volumen que trabajó junto a su abuelo y que se cerró sorpresivamente a la muerte del autor en agosto del año pasado. Próximamente saldrá otro libro de crónicas literarias.

La crónica que le da el título al volumen parte de la “inquietud” de una dama por saber en cuánto tiempo alguien escribía un libro. Punto de partida para que Alfonso Calderón hablé de Flaubert, Balzac y Proust.

El martes 4 de agosto del año pasado Lila Díaz Calderón llegó a la Universidad Diego Portales a defender su tesis que había preparado durante un año para el Magíster en Edición.

La tesis era un libro sobre las crónicas de su abuelo, el escritor Alfonso Calderón, y juntos habían tenido largas conversaciones hasta llegar al título definitivo. “El vicio de escribir”, conformado por columnas publicadas en el diario La Nación, saldría por Editorial Catalonia.

Pero sorpresivamente cuatro días después, la mañana del sábado 8 de agosto, el Premio Nacional de Literatura (1998) falleció producto de un infarto al miocardio a los 78 años.

“A través de su escritura en la prensa se comunicaba porque era muy tímido y retraído del medio literario. Él decía de quien era capaz de escribir una crónica podía entender muchas cosas del mundo, porque había que informarse y manejar distintos factores”, cuenta Lila Díaz, quien trabajó en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, de donde seleccionó cerca de 300 crónicas para “El vicio de escribir”, que a partir de la próxima semana estará en librerías.

MIRADAS CON LUPA

Alfonso Calderón comenzó su labor de cronista en diferentes medios escritos de la ciudad de La Serena a inicios de 1950, y ya en la década del 90 escribió crónicas para este diario, que llevaban el nombre de “Miradas”. “Eran de lectura muy agradable, fácil e informadas, para todo público, donde se permitía hablar de cosas graciosas y diversas”, comenta Díaz.

El libro se compone de nueve capítulos, donde el que abarca más páginas es sobre el oficio de escribir. “Lo obsesionaba la problemática del escritor ante la página en blanco, las bibliotecas, los autores antiguos”, dice Díaz. Otros apartados son relativos a la pintura, el cine y los medios de comunicación.

Carla Cordua, quien realizó el prólogo, anota en el volumen que “las crónicas de Calderón se leen rápidamente, captan nuestro interés de inmediato, tal como su conversación, vienen al caso, como se dice de lo pertinente, tienen gracia, son informativas sin pedantería y están compuestas con inteligencia”.

Profesor de castellano, Alfonso Calderón fue director de la revista Mapocho, del Centro de Investigaciones Barros Arana y de la Biblioteca Nacional, y trabajó en míticas editoriales como Nascimento y Quimantú.

Una de sus labores más titánicas tuvo que ver con el rescate de la obra periodística de Joaquín Edwards Bello, y sus últimas publicaciones fueron “Oficina de mujeres extraviadas” y “Venturas y desventuras, de Eduardo Molina”.

Autor de antologías de poesía, diarios de viajes, novelas y ensayos, Calderón seguirá visitándonos este año. En lo más inmediato, Lila Díaz ya tiene preparado otro libro de crónicas, esta vez estrictamente literarias, recogidas de las revistas Pluma y Pincel, Cauce y Apsi.

Luego vendrá una selección de crónicas que dejó listo el propio escritor sobre el alcohol y sus múltiples efectos. Y, el más particular, un libro de perfiles de doctores que aparecieron en la Revista Médica de Chile.