Baja la tensión en caso Doggenweiler

Observatorio / La prensa recoge en estos días el giro en el caso de la conductora Karen Doggenweiler cuestionada por participar en la campaña presidencial de su esposo Marco Enríquez Ominami. En el comando de Frei  intentaron bajarle el perfil a las críticas, mientras que el directorio de TVN entregó un  respaldo unánime a la animadora y  dio por cerrado el caso ya que ella no ha “transgredido ninguna norma interna”. Posteriormente, desde la gerencia de comunicaciones del canal público, se informó que “el directorio reitera su política de varios años que busca resguardar la libertad de opinión de sus miembros dentro del ámbito de sus responsabilidades profesionales”.

Lea a continuación el artículo de El Mercurio sobre la última postura del comando de Eduardo Frei en torno al tema:  

karen 4Francisco Torrealba / El Mercurio / Frei ordena a su comando retroceder y evitar críticas a Doggenweiler / Burgos rectificó postura de Bowen y Narváez. “Jamás ha sido su opinión que ella tenga que tomar una opción distinta”, afirmó en nombre del ex Mandatario.

La mañana de ayer fue agitada en el comando de Eduardo Frei. Temprano se reunió, en la oficina destinada a Jorge Burgos, parte del equipo de comunicaciones que dirige Pablo Halpern.

Hasta allí también llegaron el coordinador de la campaña, Sebastián Bowen, y la vocera Paula Narváez. Ambos habían apuntado en la víspera al rol que la animadora de TVN Karen Doggenweiler desempeña en favor de la candidatura de su esposo Marco Enríquez-Ominami.

“Entendemos que cuando hay un personaje que es un rostro importante de un canal, el cómo eso puede influir en una campaña política yo creo que merece revisión institucional de parte de TVN”, señaló Narváez el miércoles.

Tras la cita, Burgos escoltó a la vocera y a Bowen, quienes intentaron explicar el sentido de sus anteriores palabras.

“Si para alguien esto puede ser efectivamente un tema, es para la institución a la que ella pertenece. Este comando no está emplazando ni pidiendo explicaciones a nadie”, afirmó Narváez.

Bowen reforzó los dichos, señalando que “es un tema de TVN y ellos tendrán sus procedimientos… nosotros confiamos plenamente en esa institución”.

La arremetida contra Doggenweiler encontró una dura crítica en parte importante del comando, en el entorno del candidato y en el propio Frei. El ex Mandatario, de hecho, pidió a sus voceros aclarar sus palabras y Burgos dijo que “jamás ha sido opinión de Frei que Doggenweiler tenga que tomar una opción distinta (…) las personas que tengan una opinión distintas es legítimo, pero son opiniones personales”.

Pocos en el comando no sostuvieron ayer que el episodio había sido un grueso error en la campaña. El asesor Eugenio Tironi señaló que “puede haber habido un error, pero prefiero voceros que cometan errores antes que autómatas a los que no se les cree y que no son capaces de rectificar cuando corresponde”.

La participación de la animadora de TVN es uno de los activos de la campaña de Enríquez-Ominami, del que están conscientes tanto en el comando de Frei como en el de Sebastián Piñera.

Sin embargo, en el equipo del ex Mandatario se descartó que existiera una división sobre la manera de abordar su desempeño en campaña -dada su exposición mediática- y que lo ocurrido el miércoles no dejó de ser un “error no forzado”.

 El cambio entre el miércoles y ayer

“Es complejo para una institución, y creo que lo tienen que resolver, tener un rostro emblemático de su pantalla, al mismo tiempo rostro emblemático de una respectiva campaña”.

“Es un tema de TVN y ellos tendrán sus procedimientos. Cualquier problema que pudieran tener con respecto a este tema, tendrán que ver la forma en que lo solucionan”.

SEBASTIÁN BOWEN

COORDINADOR GENERAL COMANDO DE FREI

“Cuando hay un personaje que es un rostro importante de un canal, el cómo eso puede influir en una campaña política, yo creo que merece revisión institucional de parte de TVN”.

“Este tema está en un espacio institucional, que no corresponde a este comando (…). No es el interés ni la motivación de este comando emplazar y pedir explicaciones a nadie”.

PAULA NARVÁEZ

VOCERA DEL COMANDO DE FREI

Directorio de TVN respalda participación de animadora en campaña

“TVN tomó en consideración la polémica sobre la participación de una de sus figuras en la campaña presidencial en curso y a este respecto reitera su política de varios años que busca resguardar la libertad de opinión de sus miembros, dentro del ámbito de sus responsabilidades profesionales”.

Con esta frase, emitida a través de un comunicado de la Gerencia de Comunicaciones, el directorio de TVN respaldó la participación de la animadora Karen Doggenweiler en la campaña de su marido, el presidenciable Marco Enríquez-Ominami.

Tal como lo expresó tras el encuentro el presidente de la entidad, Mario Papi, este caso no estaba dentro de la tabla, pero el debate a través de la prensa motivó que el directorio lo incluyera en el ítem “Varios”, al final de la reunión. Incluso, miembros del propio directorio comentaron que no se trató de un debate extenso, sino una discusión que contó con el apoyo unánime de todos los integrantes.

“TVN reitera su política de varios años que busca resguardar la libertad de opinión de sus miembros”.

COMUNICADO DEL DIRECTORIO DE TVN

Enríquez-Ominami: Frei tiene “una manera grosera de hacer política”

Aunque ayer el propio Frei se encargó de dejar claro -a través de su comando- que él no tiene ningún inconveniente con la participación de Karen Doggenweiler en la campaña de Marco Enríquez-Ominami, el candidato igual arremetió contra el senador. “Es preocupante que alguien que aspire a presidir Chile esté a favor de la censura. Alguien que está en el fondo diciendo que cuando lo apoyan a él los artistas, eso se llama apoyo, y que cuando me apoyan a mí, ni más ni menos que mi señora, eso se llama farándula. Ésa es una manera grosera de hacer política”, dijo.ç

Carlos Peña / El Mercurio / FAMA CONTRA FAMA

 ¿Es justo quejarse porque una conductora de televisión participa en una campaña presidencial?

Las reglas no establecen prohibiciones de ninguna índole para que cualquiera, gastando su tiempo y su dinero, lo haga. El oficio (salvo el de las armas) no debe ser motivo para inhibirse de manifestar, incluso en forma altisonante, las propias preferencias.

En suma, el derecho de una persona a participar en una campaña es independiente de la forma en que se gana la vida.

Por eso las críticas que insinuó el comando de Frei por la participación de Karen Doggenweiler en la campaña de Enríquez-Ominami no sólo fueron erróneas (puesto que no había ninguna razón que las amparara) sino que además fueron torpes (no parece sagaz maltratar a quien es mecida por la cultura de masas).

Lo que se dice de Doggenweiler vale también, sin embargo, para los funcionarios públicos.

Si no emplean los recursos del Estado -si hacen campaña en sus horas libres y no usan su cargo para extorsionar a nadie a favor de su candidato- esos funcionarios tienen todo el derecho de hacer campaña. Al final, no hay mucha diferencia entre un funcionario cuya influencia deriva del hecho que participa del aura y del poder del Estado, y una figura de televisión cuya popularidad y capital simbólico deriva del hecho que participa en programas de alta audiencia.

Bajo este respecto Karen Doggenweiler y un ministro de Estado deben ser tratados igual.

En una sociedad abierta usted puede hacer con su tiempo libre lo que le place. Invertirlo en actividades filantrópicas, egoístas, religiosas o lo que fuere. Es su tiempo. Y entonces también puede, si así lo decide, donarlo a la campaña política de su preferencia. Pero si una persona común y corriente puede dedicar parte de sus horas a una campaña ¿por qué no podrían hacerlo los funcionarios públicos o las figuras de la televisión?

Lo que ocurre -suele decirse- es que las figuras públicas poseen una reputación que no les pertenece. Su prestigio y su influencia son el resultado de un conjunto de recursos, publicitarios o de otra índole, que les son ajenos. Por lo mismo, cuando esas personas utilizan su prestigio para favorecer una opción política, estarían usando, se dice, recursos que no son suyos. Un rostro de televisión sería fiduciario de las audiencias, del mismo modo que un ministro sería custodio de los recursos de todos. Y ni la figura de televisión podría aprovechar la confianza del público a favor de sus opciones personales, ni el funcionario la inevitable aura del Estado a favor de la suya.

Suena plausible; pero no lo es.

Como nadie puede separar qué parte de su reputación es suya y cuánto de ella se debe a la institución donde se desempeña (Doggenweiler no puede saber cuánto de su reputación es talento y cuánto resultado del embrujo televisivo, ni el ministro cuánto de su prestigio se debe a él y cuánto al aura del Estado), el alegato anterior conduce a algo inadmisible: para evitar del todo que se usen recursos ajenos, habría que prohibir que ciertas personas, en razón de su oficio, participaran activamente en política ¿Habrá alguien dispuesto a defender eso que, en el extremo, obligaría a enmudecer al mundo de la cultura y el entretenimiento?

No hay duda. Todos (salvo los que van armados) tienen derecho a participar activamente en las campañas. Es parte del derecho que asiste a los ciudadanos de apoyar con sus recursos (sea dinero o sea prestigio) a la opción de su preferencia.

Pero si no cabe duda de que todos pueden participar, tampoco la hay que el gasto electoral no puede ser ilimitado.

La regla vigente (la misma que permite que un ministro o una animadora participen) exige que el gasto electoral no exceda un cierto límite. Por ello el Servicio Electoral está obligado a avaluar en dinero el trabajo del personal de campaña (artículo 2, letra i, Ley 19.884) ¿Deberá incluir el valor del tiempo de las figuras televisivas echando mano, por ejemplo, a los valores del mercado publicitario?

Parece justo; pero no es sensato.

Como el tiempo de cada uno vale distinto (en el mercado el tiempo de un obrero, por ejemplo, es más barato que el de un profesor) si esa regla se aplicara a ultranza, el resultado sería ridículo: habría que valorar el trabajo de quienes participan en campañas atendiendo a su oficio. Algo así es posible; pero es infernal.

Y la política ya es suficientemente parecida a un infierno.