Bajo el Agua: El hijo no reconocido de Chilevisión

tolerancia ceroJuan Costeau/ La Nación Domingo / El nuevo paso de “Tolerancia Cero” debería ser la inclusión de minorías políticas. Al panel le falta un comunista y un indígena. Cuando eso pase, veremos en pantalla al Chile real. Un país tan verdadero como las ramadas del dieciocho.

Lo he pensado muchas veces. Quizás es porque me fastidia ver por enésima vez a Camiroaga de sex symbol, en un jacuzzi y creyéndose atrevido porque le pregunta a una mujer “¿arriba o… abajo?”.

Quizás es porque me causa repulsión y patetismo observar a Roberto Dueñas en un reality. Quizás es porque mirar ese humor con respirador artificial llamado “C.Q.C.” realmente deprime. O, quizás, porque es el único programa de Chilevisión -canal que ganó 3.200 millones de pesos en el primer semestre- que no gira en torno al sexo, los cuerpos jóvenes y la delincuencia.

Por eso sigo “Tolerancia cero”. No tengo información sobre lo que produce en la ciudadanía, pero los periodistas comentamos, como lo hacemos con el fútbol del fin de semana, lo que se discute en cada emisión.

Principalmente, porque existe una subvalorada cualidad que el rating y el dinero lograron exterminar: la opinión. Los espectadores podemos pensar que Eicholz es un genio o un estúpido, que Del Río es un pusilánime o un asertivo. Pero da lo mismo.

En el programa se confrontan ideas, pensamientos y se genera un clima de verdadera sociedad republicana.

La celebración, hace pocos meses, de los diez años al aire también validó un saludable ejercicio.

Todos los candidatos a la Presidencia están pasando por su mesa. Y es aquí donde los panelistas han mostrado su peso específico. Juan Carlos Eicholz representa a la derecha chilena contemporánea: es muy ambicioso e intelectualmente poco preparado.

Fue tan zalamero con Piñera que el candidato le lanzó un chiste para que dejara de adularlo. O tuvo una lamentable discusión con Marco Enríquez-Ominami para justificar que era una persona con experiencia televisiva. Matías del Río es un caso difícil de abordar.

Es de esos periodistas que no generan confianza. Que habla como si fuera un progresista, pero es neoliberal a ultranza.

Que se parece a una cueca: parece que se te va a ir encima, pero después recula. Fernando Villegas es un tipo preparado al que el único síntoma de rebeldía que le queda es su corte de pelo.

Está cómodo y sabe que una pequeña frase incorrecta significa permanencia eterna en el panel. A Piñera le regaló sonrisas y no lo quiso incomodar y cometió un error garrafal: minimizar a Marco Enríquez-Ominami llamándolo Marcos.

No tenía sentido. Y cuando tuvo enfrente a Frei lo trató como si fuera el abuelito de Heidi. Ni siquiera lo apuró. Fernando Paulsen, en tanto, retrata al periodista de viejo cuño. Ágil, directo y con preguntas prácticas. Que no hace diferencias entre el hombre que le paga el sueldo -Piñera- y sus contrincantes -Alejandro Navarro, Marco Enríquez-Ominami, etc.- y que respeta la independencia como herramienta de trabajo.

El nuevo paso de “Tolerancia cero” debería ser -como le falta al Congreso- la inclusión de minorías políticas.

Que en el futuro al panel se sumen, por ejemplo, un comunista -ojalá que no sea Teillier ni su séquito de colaboradores que todavía creen que estamos en plena revolución bolchevique- y un indígena. Cuando eso pase, veremos en pantalla al Chile real. Un país tan verdadero como comerse unas empanadas en el dieciocho.