Cabezazo contra la historia

The Clinic / René Naranjo / Estamos en un tiempo de plena revisión del rol de los medios de comunicación durante la dictadura y los ingratos lazos que éstos mantuvieron con el poder y la represión. El asunto aflora de manera tibia en programas como “TV o no TV”, de Canal 13, y de forma más contundente en este documental netamente moral, sobrio e inapelable, que es “El diario de Agustín”.Bajo ese título juguetón, que parece aludir más a recuerdos simpáticos de infancia que a la pesada estructura de un auténtico centro de poder de la vida chilena de los últimos 100 años, se agrupan testimonos y documentos recogidos por un grupo de estudiantes de periodismo, en la búsqueda de un pasado escondido que aflora como si se tratara de alguna terrible maldición de la Antigüedad.

Sin embargo, más allá de la valiosa investigación histórica, hay un momento extraordinario en esta película, que escapa a todo lo planeado en el guión. Y este es el sorprendente cabezazo que se da contra un micrófono Arturo Fontaine Aldunate, director de El Mercurio durante los años más conflictivos de su historia, desde Allende hasta 1982.

Molesto por lo que él considera una serie de preguntas excesivamente políticas de los estudiantes, Fontaine se pone de pie imprevistamente para dar por finalizada esta conversación que juzga insolente. Pero con la prisa no advierte el contundente micrófono que cuelga sobre su cabeza y se da contra éste un cabezazo de antología, que saca carcajadas pero que, además, dado el contexto en que ocurre, adquiere un inesperado carácter metafísico.

Por esas maravillas de significación que sólo el cine es capaz de producir, el golpe de Fontaine Aldunate contra el micrófono parece expresar toda la impotencia de su persona -y, probablemente, de toda una generación- por evitar que muchos temas que durante años se trataron bajo siete llaves se ventilen hoy a través de los medios de comunicación e impacten a una sociedad completa. Es como si el juicio de la historia llegara ahora a través de este aparato tecnológico, frío e imparcial, y contra él no quedara más que estrellarse de forma estrepitosa, darse cabezazos respecto a una verdad que se abalanza, inexorable.