Calidad de la televisión III

tv freakNuevamente el ingeniero y ex presidente del Metro, Blas Tomic, arremete en cartas al director de El Mercurio, contra la calidad de la televisión. Compara la oferta  y demanda televisiva con lo que sucede en el micro tráfico donde los consumidores habituales piden más del mismo veneno.

Lea la carta a continuación:

Calidad de la televisión

Señor Director:

El tema de fondo es muy sencillo: primero, es ceguera negar que la televisión pública en Chile “educa” al público televidente; segundo, no es cierto, por lo tanto, que la programación chabacana y truculenta que inunda nuestros hogares día y noche sea nada más que el inocente reflejo de “lo que la gente quiere ver”.

Como esta “educación” es un proceso largo y acumulativo, que en Chile lleva varios años, hay ya mucha gente que se ha acostumbrado, o incluso vuelto adicta, a la pésima calidad de lo que le ofrecen en la pantalla. Se parece a lo que sucede con los microtraficantes de droga: los consumidores habituales les piden a aquéllos que sigan proveyéndoles su producto, pero no por ello los microtraficantes están libres de polvo y paja. Por cierto hay que distinguir entre los que producen y ofrecen chabacanería de alto rating, y lo que hacen los distribuidores de la droga. Pero hay algunas similitudes inquietantes: en ambos casos hay un mercado de oferta y de demanda; en ambos casos la transacción ocurre en democracia; en ambos casos el consumidor tiene supuestamente la posibilidad de “cambiarse de canal”. ¿Alguien propone permitir que los microtraficantes queden regulados nada más que por la ley de la oferta y la demanda?

Este no es un problema de izquierda o de derecha. Yo, al menos, no propugno la censura y valoro sobremanera la libertad de elegir. El problema radica en que cuando casi todo lo que se transmite es de una enorme pobreza cultural, ya no hay en la práctica “libertad de elegir”, y quedamos todos los chilenos sometidos forzadamente a una educación farandulera decidida por apenas un puñado de personas. Es en el fondo una cuestión de “poder”. Quienes quieren seguir transmitiendo chabacanería y truculencia, quienes consideran que esa receta no hace daño, tienen más “poder” que los que no estamos de acuerdo con este lamentable menú televisivo. Hay que encontrar alguna fórmula civilizada y democrática para cambiar esta dinámica.

Blas Tomic