Calidad de la televisión

Columna Daniela Gutiérrez, Investigadora Observatorio de Medios Fucatel, publicada en La Tercera.

Media concept

LA QUEJA por la mala calidad de la televisión aumenta y para las audiencias disconformes hay pocas señales de mejora en el corto plazo. Sería un error, sin embargo, responder sugiriendo que apaguen la tele, contraten Netflix o vean TV de pago, porque no se resuelve con soluciones individuales un problema colectivo.

Las narrativas, representaciones y contenidos que se transmiten por televisión se caracterizan por estar al alcance de todos y entregar claves de comprensión de la realidad tanto general como personal. La TV abierta es un centro de socialización familiar y social que nos permite construir sentidos comunes sea cual sea nuestra condición económica. Además, los sectores geográfica y socialmente más marginados del país tienen la TV gratuita como uno de los pocos medios de información, distracción y conocimiento.

Concibiendo la televisión desde esta perspectiva colectiva, y recogiendo la queja por su mala calidad, tenemos dos opciones: o asumir la derrota o continuar peleando porque mejore. En el segundo caso, cabe reflexionar sobre cómo se mejora la televisión.

Lo primero que hay que tener claro es que la demanda por calidad no se trata de pedirle a la TV que se desnaturalice. La gente recurre a la televisión principalmente buscando entretención, y quienes la hacen pueden y deben buscar audiencias masivas.

Lo anterior no significa que se desconozca la inteligencia transversal de las audiencias. Hoy ocurre que la programación, concebida como bien de consumo, está entregada a lógicas de mercado en que la eficiencia dice relación con bajar costos y subir utilidades, por lo que el riesgo económico de innovar y la urgencia de la rentabilidad llevan a que se resuelva de manera poco creativa. Esta es la explicación de la  uniformidad de la oferta y exceso de farándula.

Pero los lenguajes con los que se llega a grandes públicos merecen una reflexión más sofisticada, que esté en relación con una reflexión sobre el interés público de la televisión. Es ahí donde el rol de TVN es clave. Los canales públicos en el mundo tienen como misión complementar la oferta comercial con contenidos de interés para la sociedad y la democracia, contando con el financiamiento necesario para que esta misión no dependa de la venta publicitaria.

Hoy estamos acostumbrados a ver siempre a los mismos haciendo lo mismo, y eso nos empobrece. Por esto, la necesidad que debe satisfacer TVN es clara: promover mayor diversidad de contenidos, estéticas y puntos de vista en los programas existentes, e incluir géneros hoy ausentes, como debates, infantiles o documentales que enriquezcan nuestra experiencia televisiva.

En los inicios de la transición, TVN marcó pauta sobre cómo hacer buena TV con programas innovadores y formatos atractivos, la cual otros canales siguieron. Su desafío hoy es el mismo: sin abandonar su vocación masiva, debe liderar las apuestas programáticas que prueben que la televisión se trata de entretener, pero también de innovar y de arriesgarse sin subestimar a las audiencias. TVN debe confiar en que nos merecemos una mejor televisión y que la vamos a valorar y elegir cuando tengamos acceso a ella. Será el primer y necesario paso camino a la calidad.

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