“Cárceles, un mundo adentro” : Presidiarios en acción

chilevisionFrancisco Aravena / Wiken / En la globalizada TV de nuestros días, esa donde las copias han dado pie a las adaptaciones legales, los formatos importados en el género del “docu reality” funcionan como medida estándar para capturar, empaquetar y entregar contenidos inevitablemente locales.

Para un buen resultado, por lo tanto, no sólo se necesita una adaptación obediente, sino una aplicación atenta, eficaz y creativa en el aterrizaje local. De eso puede dar fe el equipo de “Cárceles, un mundo adentro”, programa que transmite Chilevisión y que produce la filial chilena de la productora internacional Endemol, con la dirección de Carlos Moena. Es el mismo equipo tras “Policías en acción” (otra serie creada por Endemol Argentina).

Con la promesa de mostrar la vida penitenciaria desde un punto de vista más optimista, el efectivo relato de “Cárceles” roza las tragedias personales pero elige no profundizar en ellas más que lo necesario para contornear la humanidad de los reclusos. Con eso logra un tono que escapa a la brocha gorda y la caricaturización burda con la que solemos ver a los reos y delincuentes en TV: sin exculparlos ni trivializar el entorno, el relato logra generar simpatía y a veces directamente momentos de comedia. Para eso se requiere oficio, y claramente Moena y su equipo lo tienen. A veces lo lúdico está en el relato de los protagonistas del episodio, a veces en secciones como “Me gustaría estar en…” (donde los reos describen dónde querrían estar y tras suyo se proyectan imágenes del lugar en cuestión), a veces se asoma en secciones como “Avisos clasificados” (que se presta para asuntos serios como reos que aparecen pidiendo un abogado o pidiendo perdón a su familia, y para otras ofertas como la mujer futbolista que saldrá pronto y quiere probarse en un club), o como el “Diccionario canero”.

La inclusión del recurso del karaoke, sin embargo, es una humorada arriesgada que no termina de convencer.

Aunque la narración no lo necesita, el programa es conducido por Leo Caprile, un animador que demuestra su contundente oficio y empatía con el mundo popular y que se involucra lo suficiente como para no parecer un explorador en “Animal Planet”. La misma figura de un famoso (en el original argentino es un actor) es, sin embargo, causa de ese pequeño vicio que parece inherente a la televisión: cuando se involucra demasiado, el relato cambia de foco y deja de ser sobre los reclusos para ser sobre el conductor interactuando con ellos. Afortunadamente estos momentos son pocos; la producción parece tener claro que no es Caprile el que determina cuánto vale este show.

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Nota 6.0