Chilevisión y la campaña de Sebastián Piñera

chilevision-vanLa Nación / Editorial / Resulta grave que un candidato utilice una frecuencia de TV que pertenece a la Universidad de Chile para hacerse autopropaganda y atacar a otros medios. Los canales de televisión chilenos fueron concebidos en su origen como un servicio público que se entregaba en concesión a instituciones académicas para efectuar comunicaciones que fortalecieran el pluralismo, dando cabida a las más variadas opiniones de la ciudadanía. Se consideró entonces pertinente que las universidades eran las encargadas de velar por la calidad de las programaciones. Tras el golpe de Estado se cambió la legislación de televisión y emergieron las emisoras privadas con fines de lucro. La TV se transformó en una industria de alta facturación, cuyos contenidos son definidos directamente por criterios de mercado. Desde esta perspectiva, los canales exitosos son aquellos que tienen mayores ratings y, por lo tanto, captan una porción más elevada de la torta publicitaria.

Los criterios del mercado no son siempre los que contribuyen de mejor manera al desarrollo cultural y la existencia de espacios comunicacionales plurales. Por el contrario, muchas veces llevan a recurrir al contenido fácil del sexo y la violencia. Como está demostrado por diversos estudios, ese tipo de contenidos que apuntan a las funciones más instintivas de los seres humanos son inevitablemente atractivos para un público masivo.

Si a estos criterios meramente mercantiles se suma el riesgo de la manipulación política mediática nos encontramos ante un doble riesgo, como se puede constatar en el último tiempo en el caso de Chilevisión. El canal de televisión del candidato presidencial ha tenido como costumbre efectuar entrevistas periódicas al aspirante de la Alianza por Chile en las que jamás es interpelado y es tratado con guante de seda por sus empleados.

Un paso más en esta escalada de parcialidad son los ataques perpetrados por algún comentarista de Canal 11 en contra del diario La Nación. En una muestra extrema de obsecuencia e intolerancia se pretende que este medio se uniforme con los demás diarios como instrumento de propaganda del señor Piñera y se cuestiona que cubramos en nuestra portada la campaña presidencial del senador Frei.

Nuestra política editorial ha sido la de incluir las opiniones de todos los candidatos presidenciales de manera equilibrada y en función de lo que ellos efectivamente representan como foco de interés de la ciudadanía. Paradójicamente, el dueño de Chilevisión ha vetado a nuestro diario de la cobertura periodística de su campaña. A pesar de esta actitud abiertamente censuradora, nuestros lectores pueden encontrar información detallada de las actividades del inversionista candidato.

Resulta extraordinariamente grave que un candidato presidencial utilice una frecuencia de televisión que pertenece a la Universidad de Chile para hacerse autopropaganda y atacar a otros medios de comunicación que no le son obsecuentes. Es de esperar que la petición que han hecho algunas autoridades de la casa de Bello en el sentido de recuperar la frecuencia de Canal 11 fructifique, para que ese espacio radioeléctrico esté al servicio de todos los chilenos y no sólo del señor Piñera.