Ciudadanía comunicativa

adictosaClaudio Avendaño, director magíster en Comunicación Universidad Diego Portale / Existen muchos caminos y casos de “ciudadanía comunicativa”. ¿Tiene algún caso que compartir? Usemos el espacio de mi blog en este medio para encontrarnos.

Oficialmente se ha dado inicio a las actividades de celebración del bicentenario y, como toda acción ritual, supone un “detener” el tiempo y mirar hacia el pasado, también al presente y soñar con un futuro mejor. Desde el punto de vista comunicativo, la agenda debería estar poblada de temas relevantes: política nacional de comunicación; fomento al pluralismo y la diversidad, transparencia, mayor acceso a las tecnologías digitales (TI), desarrollo de competencias comunicativas, contenidos mediáticos que mejoren la calidad de vida, entre otros.

No obstante, hay un tema que comienza a abrirse paso: la ciudadanía comunicativa. Dado que gran parte de la información que recibimos -más allá de nuestra experiencia- es mediatizada, es dable suponer que la participación en la vida pública (además del voto, por supuesto) pasa por la información recibida de los medios masivos y frente a la cual podemos aceptarla, oponernos o “negociar su significado”. En cualquier caso, tendemos a apropiarnos de la misma, aunque a veces no disponemos de los conocimientos y datos para “negociar significado”, en general tendemos a aceptar lo que nos indican. Cuando los conocimientos son insuficientes para apropiarse de la información, conversar con otros, ayuda.

Por ciudadanía comunicativa se entiende el conjunto de competencias comprensivas y expresivas de los sujetos para participar simbólicamente en la vida pública, a partir de su domicilio sociocultural y sus características individuales.

El acceso y usos de la información es, entonces, vital para nuestro desempeño como ciudadanos. Esto no implica sólo una dimensión electoral o la participación en organizaciones. El sujeto contemporáneo participa en la política (con P y p) a través de la información que recibe y utiliza: la ciudadanía tiene una dimensión comunicativa. La Unesco ha publicado las actas del seminario Libertad de prensa, acceso a la información y empoderamiento ciudadano (http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001831/183171s.pdf), en que intervinieron especialistas de la región y se abordaron temas a partir de aspectos y contextos nacionales, lo que ayuda a comprender más acertadamente nuestra propia realidad.

A modo de lista enunciaré algunos aspectos de la ciudadanía comunicativa para este momento: en primer lugar, los ciudadanos debemos entender los mecanismos de construcción de las campañas electorales en su dimensión comunicativa. ¿Qué elementos se incluyen en su diseño? ¿Qué aspectos “ocultan” y resaltan? ¿Qué recursos conllevan? ¿Qué es viable y cuáles promesas son del tipo “golondrinas electorales”? Esto nos llevaría a des-construir los mecanismos del discurso, a tener más elementos para actuar con libertad, independiente de los recursos de todo tipo que se utilizan y, por tanto, tener criterios para “leer” las campañas.

El Estado en sus diversos niveles ha desarrollado un importante número de políticas sociales para los grupos más vulnerables. ¿Conozco los beneficios que me corresponden? ¿Tengo la información suficiente respecto de mis necesidades específicas? ¿Nos hemos organizado para acceder a las fuentes adecuadas? Si bien las personas han desarrollado sus propias estrategias informales para disponer de la información necesaria, en especial respecto del municipio u otros organismos, son muchos los casos de beneficios que se “pierden” por falta de información.

Un tercer aspecto es potenciar las voces públicas de los sujetos y colectivos sociales. Hoy es posible, a través de las TI, en particular sus redes sociales y también de medios locales o comunitarios de comunicación, dar a conocer diversidad de opiniones y estructurar demandas y otras maneras de cooperación y solidaridad. Es cierto que tenemos limitaciones en el acceso a las TI, pero podemos fomentar su uso en estos sentidos. Algunos medios masivos también han abierto espacios para que los ciudadanos participen. Se han creado, además, medios ciudadanos en internet. Y en el caso de la televisión, muchas personas y grupos han aprendido que, si se organizan y manifiestan en el horario de los noticiarios matutinos, lograrán convocar a una cámara para así avanzar en la solución de sus problemas.

Existen muchos caminos y casos de ciudadanía comunicativa. ¿Tiene algún caso que compartir? Usemos el espacio de mi blog en este medio para encontrar-nos.