CNTV: ¿seré yo maestro?

CAL-F-008206-0000Sebastián Montecino / La Nación / Resulta innoble y francamente de mal gusto que el poder político, en este caso representado por el Consejo Nacional de Televisión (CNTV), se pelee con un payaso. También es cierto que la comedia es subversiva por naturaleza, como bien lo resaltaba ese notable personaje de “El nombre de la rosa” de Umberto Eco llamado Jorge de Burgos, un monje y bibliotecario ciego capaz de asesinar para ocultar el poder de la risa.

Pero como se muestra en la misma novela, la comedia no corroe sino hasta que la tomamos en serio, es decir, hasta que la sacamos del contexto humorístico y la colocamos en el ideológico.

Eso es justamente lo que acaba de hacer el CNTV al decidir levantar cargos contra “El Club de la Comedia” y sus sketches dedicados a Cristo (quien por cierto, también usó el humor en sus enseñanzas).

Es sintomático y muy revelador de nuestra estructura social el hecho de que la denuncia se haya originado por un comentario “a la salida de misa”. Más aún la decisión y argumentación de los cargos, sesgados por la idea de proteger a una supuesta “mayoría” ofendida por el programa.

Y es curioso que los cargos levantados por ofender y menoscabar la figura de Cristo se den contra un programa que basa el 90 por ciento de su “valiente comedia” en burlarse de los homosexuales.

“El Club de la Comedia” es homofóbico y racista en muchos pasajes, pero eso no le importó a nadie hasta ahora. Si fuera por quitar todo contenido ofensivo de la televisión, nos quedamos sin programas.

Los cargos del CNTV son tan débiles que han provocado el efecto contrario al buscado, otorgando injusta fama a un programa francamente malo.

Además, contar chistes sobre Jesús es un derecho que aprendí a ejercer por imitación cuando estudié en un colegio católico y nada cambiará esa realidad cultural. El que orina contra el viento siempre termina mojado.