Cobertura de rescate de los 33: los descargos del director de TV de Piñera

 OBSERVATORIO / Invitado por Viernes de Medios, iniciativa de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica que convoca a personalidades de la prensa, la radio y la TV, el director de televisión que estuvo a cargo de la transmisión oficial del rescate de los 33 mineros, negó cualquier politización en el tratamiento audiovisual y en la edición de esa larga cobertura que captó el interés de los medios de Chile y el mundo. En conversación con académicos y alumnos, Reynaldo Sepúlveda dice no haber dimensionado el impacto mediático que iba a tener la transmisión adjudicada a TVN y conducida por él, “para evitar el caos” entre los más de 3 mil periodistas presentes en la cobertura.

Si bien pueden ser atendibles las razones que da Sepúlveda (encargado desde la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda de la transmisión de eventos donde participa el Presidente Piñera) para que el gobierno decidiera hacer una transmisión oficial del impactante suceso, también es cierto que resultó muy evidente la manipulación de las imágenes para favorecer los planos del Primer Mandatario y demás autoridades presentes, convirtiendo la transmisión en una cadena nacional que rendiría nutritivos frutos a la imagen del Ejecutivo y sus rostros más protagónicos.

En su momento tanto el Observatorio de Medios como el columnista Rafael Gumucio se refirieron a este episodio de burda utilización política de un medio público.

Lea a continuación la nota del Observatorio, la columna de Gumucio y los descargos de Sepúlveda en un reporte de la Facultad de Comunicaciones de la UC:

Una transmisión a la medida de Piñera

Observatorio / Rafael Gumucio aborda en su última columna de The Clinic la puesta en escena del Gobierno durante la cobertura del rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José. Destaca Gumucio, en su crudo análisis, que la persona a cargo de la transmisión única del momento mismo del rescate y sus pormenores fue el director televisivo de la Presidencia de la República, Reinaldo Sepúlveda, quien usando a TVN como señal oficial seleccionó cada plano que salió al aire tanto en Chile como en el extranjero. El canal público, con este episodio, dejó al trasluz su endeble autonomía al tener que subordinar la transmisión a una persona que respondió, obviamente, a los intereses propagandísticos del Gobierno y nos ofreció una edición tapizada por las sonrisas, abrazos y genuflexiones del Primer Mandatario en su momento de gloria.

Lea, a continuación, la columna de Gumucio:

El desjueves

Por Rafael Gumucio / The Clinic

En los noventa fue el jaguar: “Viva el Lunes”, celulares de palo, censura feliz, dominio sin fin del Opus. Un jaguar que convivía con la culpa de los crímenes no resueltos, el dolor de las victimas, la impunidad de los victimarios. Esa fiesta sin fondo y sin horario tenía al menos la tersura de un secreto, el olor de un pecado oculto. Nos liberábamos a gritos del pasado, de puro miedo al recuerdo. Nos agitamos esperando un destape que nunca vimos: “No tenemos destape pero al menos tenemos desjueves” —gritaban Gnecco, García Huidobro y Poblete. ¿Es un azar que el director de ese mismo Desjueves, el programa de TV que mejor representaba esa fiesta de amnesia, frustración y cocaína que fueron los noventa, sea el que switchea los actos del presidente ahora? ¿No huele a la televisión de entonces, esa de Tony Camo haciendo comer cebolla a Zalo Reyes, todo el rescate minero, con la cámara en el fondo del agujero y el presidente en cada plano que pudo sonriendo a todo evento? Un presidente que aprendió todo lo que sabe de política en esa misma época. Puro brillo y pocos escrúpulos, el sueño de una derecha sin Pinochet que éste destruyó como pudo. No un destape, que hubiese implicado sacar los trapitos al sol, y quedar desnudo e incomodo, pero sí un desjueve. Una fiesta bullanguera entre amigos con sobrepeso que gastan lo que no tienen, y se ríen y se quieren y se agitan para no despertarse incómodos.

El desjueves piñerista es impúdico sin ser revelador, es informal sin ser realmente irreverente, carece de vocabulario, de sutileza, es lo que se ve, lo que se muestra, todo el rato y a cualquier hora hasta perder el quicio, como de hecho muchos de los protagonistas de los años noventa lo perdieron. Piñera, que como el polaco Bruno Schulz madura hacia la infancia, tiene como único programa resucitar esa fiesta de los noventa que terminó con crisis asiática y Pinochet en Londres, esos acontecimientos en que apenas tomó parte, esas lecciones de humildad y rabia de las que apenas tomó nota.

Sin la culpa ni el miedo de los años noventa, Piñera puede imponer de lleno una nueva forma de sentirse chileno: el hincha. El patriota de cara pintada, el vientre a punto de estallar de comida mal digerida, de odio a la Argentina, de orgullo ajeno que compensa su impotencia multitudinaria. Cesantes o mal pagados completamente seguros de vivir en el primer mundo, endeudados hasta las cachas, gritando cada vez que se sienten ahogados en uno de los países más desiguales del mundo, donde el orden colonial rige aún sus vidas sin apellidos. Chilenos de un bicentenario carente de dudas, llenos de noticias eso sí, de adjetivos también con que rellenar una conversación de sordos que parece será la nuestra por muchos años.

Un gobierno sin programa que tiene justamente ese, el desprecio por toda duda, por toda pregunta, por todo matiz. Los mineros están vivos gracias al dinero y el trabajo de la empresa estatal más grande del país, la más criticada también. La fortuna de Piñera, que ha dependido del todo del Estado, que invirtió en aviones y canales de televisión que vendió a tres veces su valor. La chilean way que ha sido en gran parte esa: la construcción de un Estado, de un país, de una comunidad burocrática, gris, socializante que pasa de ser de todos a ser de algunos, los mismos, los pocos que luego se atribuyen el éxito total del intercambio. El mito de un país que se siente orgulloso de su entereza ante los desastres, que se deshace sin embargo en incoherencias y depredación cuando la rueda de la fortuna para de su lado. Completa decadencia de un país que tenía como única gracia hasta hoy su humildad y su humor. País que ha perdido, en un largo proceso del que Piñera es sólo la culminación, esas dos gracias, para entrar del todo en la desgracia del orgullo y el desprecio. Argentinoides compradores de baratija, ignorantes internacionalizados, expertos en dar lecciones de las que no saben nada, analfabetos universitarios, abusadores recalmones, tan resentidos que no soportan ni un segundo el resentimiento de los demás, generales después de la batalla, soberbios sin motivos, pobres pelotudos chilenos que salvaron a treinta y tres mineros de la muerte pero dejaron moribunda su dignidad y su sonrisa mucho más abajo.

Director de la transmisión oficial del rescate de los 33: “No fue una transmisión politizada”

Francisca Gubernatis / Facultad de Comunicaciones PUC

En Viernes de Medios, Reynaldo Sepúlveda relató la historia tras bambalinas de la salida de los 33 mineros y compartió vídeos inéditos de la situación.

“Nunca dimensioné el impacto mediático que esto tuvo”, afirmó Reynaldo Sepúlveda, director de la transmisión oficial de la salida de los 33, la que a su juicio marcó un hito a nivel mundial.

En una nueva versión de Viernes de Medios mostró imágenes inéditas del rescate de los 33 mineros el que fue seguido por más de mil millones de personas en todo el mundo.

Entrevistado por la profesora de la Facultad de Comunicaciones UC, Soledad Puente, Reynaldo Sepúlveda recordó cómo fueron arribando miles de personas a las afueras de la mina San José tras el anuncio de que los mineros se encontraban con vida: “Todos los corresponsales comenzaron a llegar en hordas, el aeropuerto de Copiapó estaba colapsado permanentemente. No había dónde dormir. No había un auto que arrendar (…) No había comida. Llegaron más de tres mil periodistas más todos los familiares, en menos de una semana”.

Ante tal revuelo, el director recalcó que la situación comenzó “a transformarse casi en un reality y a producirse caos. Los periodistas estaban por todos lados, entrevistando a cualquier persona que encontraran. Tú no podías caminar por el campamento, porque te entrevistaban y también al payaso que había allí”, reafirmó.

Fue por ello que Sepúlveda y su equipo de ocho personas decidieron hacer una señal oficial para transmitir las imágenes, porque consideraron que aquella era la única manera de ordenar la situación. Licitaron la transmisión, la que fue adjudicada al canal TVN.

Según el director, otra decisión fundamental fue si las imágenes del rescate se iban a transmitir en directo. En este punto, aseguró que existían muchas discrepancias: “Había algunos que decían que había que diferirla un rato por si venía un gallo medio muerto o lo que fuera. Había otros que no, que nada en directo. Y estoy hablando de altas autoridades”.

“Tuve la suerte de que [el Presidente] llegó a la cabaña al lado de la que yo estaba, porque ya no había otra más, y le dije que esto había que hacerlo en directo, para no ocultar nada de ninguna manera, porque si no te acusan de manipulación. Y el Presidente decidió que así tenía que ser,» recordó respecto del tema.

En la misma línea, para asegurar que la audiencia no sintiera que la información había sido tratada, en la transmisión del rescate prohibió usar elementos como la música. “Pude haber puesto cámaras lentas, fundidos, pero no hay ninguno. Porque ahí ya habría un manejo distinto del lenguaje […] Eso a mi juicio ya es manipular”, sostuvo.

Durante el desarrollo de este Viernes de Medios, el director mostró material inédito, como la primera filmación que hicieron los mineros estando en el refugio, donde se puede ver cómo iluminan un papel con instrucciones para aprender a usar la cámara, mientras uno de ellos lee “Para grabar, apretar botón rojo”.

Una transmisión sin plan B

“No había un plan B. Si un gallo se moría, teníamos que mostrarlo muerto”, afirmó Reynaldo Sepúlveda ante una pregunta del público asistente al Viernes de Medios. “Pero, también teníamos certezas. Estaba todo preparado […] Era poco probable que existiera una emergencia terrible”, agregó con firmeza, asegurando que habían hecho estudios previos y poseían toda la información que podía ser necesaria.

“Se hizo un diseño en que los primeros y los últimos mineros que salieron, estaban mejor. Al medio, los que tenían dificultades. Yo sabía que el minero X tenía problemas de cierto tipo, nosotros estábamos informados”, declaró el director.

Además, Sepúlveda aseveró que contaban con medidas preventivas: “Teníamos una cámara en primer plano, la otra en plano un poco más abierto y la otra con un plano mucho más abierto. Entonces, si se presentaban dificultades, podíamos abrir más el plano”.

“Un guión perfecto”

Sepúlveda aseguró que la mayoría de las noticias muestran situaciones negativas (asaltos, muertes, entre otros), por lo que cuando aparece una historia positiva, ésta llama la atención. “Generalmente, las noticias del mundo son todas malas. Puedo mencionarte la llegada del hombre a la luna es una linda y gran noticia. Y [la historia de los mineros] fue impresionante, con un guión perfecto”, aseguró el director, quien remarcó que esto se debe a que posee todos los elementos necesarios: protagonistas, antagonistas, un escenario llamativo; pero, por sobre todo, porque tiene un desenlace exitoso.

Los políticos y la transmisión

“Estoy en desacuerdo de que haya sido una transmisión politizada, porque hubiese sido el Presidente que fuera, el Gobierno que fuera o la tendencia que fuera, da lo mismo”, enfatizó el director ante una pregunta de los asistentes.

Referente al tema, Sepúlveda aseguró que el Presidente Sebastián Piñera jamás le pidió tener un espacio determinado dentro de la transmisión. “Él aparecía nomás. A él le gusta la cámara. Hablando en serio, esto es su proyecto personal: él tomó esta decisión, él se jugó la vida por esto”, manifestó.

Con respecto a las apariciones del ministro de Minería, Laurence Golborne, no dudó en reafirmar que “es una de esas personas que la cámara le sonríe, él es muy talentoso al presentarse en los medios. Cada vez que salía, tenía una conexión importante”.

El marketing

Reynaldo Sepúlveda recordó cómo en la mañana del día del rescate, una serie de marcas comerciales (de bebidas y automóviles) comenzaron a posicionarse con carpas y un lienzo detrás de la máquina T-130, además de ofrecerles sus productos. “Eso, chao. No hubo ningún asomo de nada en ninguna toma. Entonces, también era dificultoso, porque te empiezas a transformar no en un director de televisión, que era la pega fui a hacer, sino en una especie de autoridad que empieza a ordenar”, enfatizó.

Proyecto futuro

Ante la gran cantidad de material que poseen sobre el rescate, Reynaldo Sepúlveda, su equipo y Eduardo Bertrán, están revisando la posibilidad de hacer una obra audiovisual. “Yo creo que hay que hacer algo para el aniversario, a mí me gustaría hacer una película, porque tenemos mucho material. Hay que comenzar de a poquito, pero es complicado”, aseveró.

“Más que contar la historia, debería reflejar las enseñanzas que hay detrás de esto, que sea didáctico. Me gustaría que lo vieran los niños, en el colegio”.