¿Colaborar o ser estrella múltiple?

Nicolás Luco / El Mercurio / Mauricio Amster fue el único profesor que me rajó en todo mi camino educacional, en «Técnica gráfica». Hoy se le venera como a un maestro. Sé que escribía muy bien. Pero en clase, a mí me aburría hasta el sueño.

El caso es que Amster fue el artífice de mi matrimonio.

Para preparar mi examen de repetición supe que en Arte de la UC habían abierto una carrera rara: «Diseño gráfico». Pedí ayuda y conocí a la que sería mi mujer, que me enseñó algunas cositas.

Entre otras, me infundió el respeto por el diseño gráfico. Admiré los blancos de las páginas, reconocí el aporte de Saul Bass en los títulos de las películas magistrales, como la impresionante «La vuelta al mundo en 80 días» que vimos con mi polola en el cine Ducal, en pantalla gigantesca, no recuerdo si tomados de la mano.

Y descubrí que no todos teníamos que saber de todo. Que era mejor que un periodista colaborara con una diseñadora gráfica para hacer las cosas bien.

Todo esto viene porque, para que las cosas queden en familia, el martes pasado un sobrino de mi mujer, Raimundo Illanes, desplegó su talento en uno de los salones del Sheraton. Se presentó como un GPS de Adobe (no eran esas las siglas exactas, pero es como ser Order of the Bath; Adobe es la empresa que crea los softwares gráficos más usados y tal vez más pirateados). Raimundo tenía su Mac encendido, flanqueado por dos pantallas con enigmáticos diseños.

Entre él y un colega, presentaron la versión 5.5 del paquete de programas «Creative Suite». Hablaban a una velocidad parecida a las frases radiales que la Superintendencia de Bancos obliga a poner en los anuncios de inversión en fondos mutuos. Que tal programa conseguía esto, que apretando tal botón surgía tal otra cosa, que para importar una imagen a una película bastaba con arrastrar de tal modo, que si uno quería enmendar la estabilidad de un video, el software lo hacía por sí solo si uno apretaba el comando indicado, que bastaba pinchar un botón y la página web creada funcionaba en un laptop , un iPad, un Galaxy, un Android, un iPhone. Lo máximo de la tarde fue cuando hubo que ponerse anteojos 3D y ver cómo el software lanzaba hacia uno, los objetos de un video (yo pensaba hasta ese momento, que las películas 3D se hacían con dos cámaras ubicadas a la distancia de los ojos. Ahora me entero que se puede hacer por software también).

Me sentí muy triste, no sólo por el precio del software , sino que porque supe ahí mismo que yo ya no tendría la capacidad de aprender tanta maravilla. Igual, le pregunté a Raimundo si no había que tener distintos especialistas, a un libretista, un especialista en sonido, uno en video, otro en fotografía para que la obra fuera perfecta. Me parecía lo más lógico, dada mi experiencia colaborativa con la tía de Raimundo.

No.

La idea es que todo lo pueda hacer la misma persona. En la punta de los dedos tenemos toda la complejidad para producir una obra, me dijo.

Pensé en Miguel Ángel y sus ayudantes. También en los proyectos de páginas web en que estoy involucrado. Hay otros que me ayudan. Tal vez, pensé, si compro esto les podría abrir horizontes. Pero jamás soñé en seguir los consejos de Raimundo, de esperar que una sola persona hiciera todo.

Salvo que fuera él. Él hace todo. Es GPS de Adobe. A mí, en cambio me ha ido de lo más bien colaborando con su tía, que me sacó bien en el examen de Mauricio Amster. Cada uno en lo suyo. Igual, me gustaría ser como Raimundo.