Concentración mediática y lavado de cerebros en América Latina

antenaUn artículo publicado por la web “Sala de Prensa”, firmado por el periodista mexicano Jenaro Villamil, analiza la concentración de la propiedad de  los medios en Latinoamérica  y las redes tejidas por las grandes empresas comunicacionales que manejan la prensa, la TV y la radio en el mundo, como principales amenazas a la libertad de pensamiento y al surgimiento de un nuevo orden mundial en las comunicaciones.

Sala de Prensa / Jenaro Villamil *

Hace casi tres décadas, en 1980, el político irlandés Sean Mac Bride, fundador de Amnistía Internacional, elaboró para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) un informe que constituyó el diagnóstico más puntual sobre la concentración mediática en el mundo hasta esa fecha.

El Informe Mac Bride advertía que “la industria de la comunicación está dominada por un número relativamente pequeño de empresas que engloban todos los aspectos de la producción y la distribución, están situadas en los principales países desarrollados y sus actividades son trasnacionales” (Un solo mundo, voces múltiples, Comunicación e Información en Nuestro Tiempo, FCEUNESCO, México, 1980).

Cuando se elaboró el informe, su autor identificó a 12 grandes grupos mediáticos, entre empresas televisivas, consorcios periodísticos, editoriales y corporativos de entretenimiento. A 20 años de distancia, la concentración que diagnosticó Mac Bride como principal amenaza para la libertad de pensamiento y principal obstáculo para llegar a un nuevo orden mundial de la información y la comunicación, ha aumentado: son ahora sólo seis grandes corporativos multinacionales y multimediáticos (manejan televisión, cine, sistemas de cable, sitios online, periódicos y revistas) los que controlan más de 60 % de los contenidos y de la distribución informativa, de entretenimiento y de comunicación.

Otro elemento difícil pronosticar hace casi 30 años era el surgimiento de los grandes canales globales de noticias, al estilo CNN o Fox News, que han creado un nuevo “género” periodístico: las Mc Noticias o la información chatarra, como las hamburguesas de Mc Donalds.

Estos grandes canales globales, como CNN en Español que desde la ciudad estadunidense de Atlanta dicta en gran medida la agenda informativa a América Latina, proponen un empaquetamiento poco reflexivo de noticias, siempre orientadas ideológicamente.

Más de 50% del contenido de sus noticiarios está dominado por este nuevo subgénero conocido como infoentretenimiento, una mezcla de noticias sobre la farándula, la moda, la decoración de interiores, la gastronomía, las nuevas tecnologías en boga, los chismes sobre la vida privada de celebridades del show business o el deporte, las promociones publicitarias embozadas sobre las películas de Hollywood, la industria automotriz estadunidense o la industria farmacéutica y sus “recetas” para complacer a los eternos Narcisos o Narcisas que según ellos conforman las audiencias globlales.

Ni qué decir de Fox News, la cadena perteneciente a Corps. News, la cadena del magnate australiano Rupert Murdoch, quien trasladó a la pantalla el amarillismo y sensacionalismo de sus periódicos tabloides en Gran Bretaña y Australia. La agenda conservadora de esta cadena, apenas disfrazada por talk shows contradictorios y una cobertura informativa aparentemente “profesional”, la transformó en “buque insignia” de los neoconservadores de George W. Bush.

Tanto CNN como Fox News forman parte de los dos grandes corporativos globales que encabezan la lista de grandes concentradoras multimediáticas. CNN, empresa creada por Ted Turner para exportar el punto de vista estadunidense ante la primera guerra del Golfo Pérsico en 1991, forma parte ahora de Time Warner, corporativo que domina los estudios de la Warner Bros., la productora HBO y maneja más de 150 títulos de revistas de espectáculos, finanzas y geopolítica, como Time, Fortune, Expansión o People.

Por su parte, Fox News, forma parte de News Corp, dueño de más de 200 periódicos de habla inglesa, accionista mayoritario del sistema de televisión satelital Sky y propietario de los estudios Twentieth Century Fox.

La lista de los seis grandes grupos que controlan la industria mediática, informativa y de entretenimiento en el mundo se completa con Walt Disney, Viacom-CBS, Vivendi-Universal y Bertelsmann. De ellos, cuatro son mayoritariamente anglosajones (Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia), y dos son una mezcla de capital francés y estadunidense, y uno alemán.

Así como las “cuatro grandes hermanas” del mundo petrolero definieron a principios del siglo XX las reglas del juego de la economía mundial, estas “seis grandes hermanas” definen ahora la dinámica de la percepción global de nuestra realidad cotidiana. Ellas deciden lo que hay que ver, cómo entretenerse y cuál es la agenda noticiosa importante en todo el mundo: de Japón a China, de América Latina a África, de Medio Oriente a Europa oriental y, por supuesto, en los países más desarrollados (Estados Unidos, Canadá, Australia y los de la Unión Europea) que constituyen 60% de su mercado.

Concentración y uniformidad

Controlan los contenidos audiovisuales (televisión, cine, Internet) y las redes de distribución (televisión terrestre, cable y satelital), pero también los medios impresos (periódicos, revistas), la radio y la publicidad exterior. Serán recordadas como las inventoras del infoentretenimiento –mezcla de información “dura” con soft news– y la telerrealidad –género de ficción que logra convencer al televidente de que lo que ve es verdadero, y así involucrarlo en la dramaturgia que se le propone. Al primer género se le ha llamado Mc Noticias. Sus contenidos son básicamente autorreferenciales: sus noticias hablan de los productos de sus mismas compañías de cine, de los chismes que se difunden en sus revistas de espectáculos y, por supuesto, de su agenda política y diplomática.

La hegemonía de las “seis hermanas” es indudable, aún cuando existan iniciativas públicas (como la británica BBC) o empresas alternativas (como la cadena árabe Al Jazeera, que copió el modelo de CNN una década después, pero para dar informaciones y análisis desde el punto de vista del mundo árabe).

En América Latina, esta concentración global se refleja a escala. Son nueve grandes grupos los que definen el futuro de la industria mediática continental: los mexicanos Televisa y TV Azteca; los brasileños O’ Globo y Folha; el argentino Clarín; el chileno Mercurio; el venezolano Grupo Cisneros; los colombianos Bavaria y Tiempo.

A estos consorcios se suma un par de grandes grupos españoles: PRISA y Recoletos, que se han convertido en los dos más importantes inversionistas de la pasada década, en lo que consideran el “nuevo desembarco”, es decir, la reconquista ibérica del mercado de la información, la comunicación y el entretenimiento en América Latina.

Más de 60% de los contenidos de entretenimiento e informativos de estas empresas latinoamericanas reproducen y replican lo generado por las “seis grandes hermanas” globales.

Quizá sólo el Grupo Televisa tiene una capacidad de producción propia, que la convierte en el consorcio más importante de habla hispana: 53 mil horas anuales de programación (entre 2007 y 2008), de las cuales, 67% se exporta hacia el resto del continente, Estados Unidos y España (Reporte F-20 de Televisa ante la Securities Exchange Commision, 2008).

Sólo el grupo brasileño O’ Globo rivaliza con el tamaño y la expansión de Televisa. El consorcio multimediático de Roberto Marinho posee 107 emisoras televisivas en su país, pero también es propietario del periódico de mayor circulación, O’ Globo, con un tiraje promedio de 350 mil ejemplares diarios, y posee la red radiofónica más grande de Brasil, con 20 emisoras afiliadas.

Sin embargo, la capacidad exportadora de O’ Globo es mucho menor que la de Televisa, en parte por la barrera idiomática y también por las dimensiones del mercado brasileño, que permiten al grupo desarrollarse internamente sin límites y lo convierten en mercado de autoconsumo.

En exportación y distribución, el grupo Venevisión, del venezolano Gustavo Cisneros, es el mayor en Sudamérica y expande su influencia por conducto de Caracol Televisión, la empresa colombiana más grande de medios electrónicos.

Estos grupos mediáticos tienen algo en común: todos defienden una agenda conservadora en lo moral, neoliberal en lo económico, mercantilizada y santificadora del rating. La creatividad y la credibilidad no son valores para ellos. Por lo contrario, han infantilizado a las audiencias regionales y han sobrexpuesto sus intereses, poniendo en riesgo su credibilidad. En ciertas partes de América Latina, esta “involución” empieza a provocar reacciones negativas.

Un estudio elaborado por el Consejo Nacional de Televisión de Chile, realizado en mayo de 2007, demuestra que entre los años 2002 y 2005 el nivel de insatisfacción de los televidentes por los contenidos de la pantalla creció de manera dramática. (1)

Este incremento coincidió con la “apertura” de la televisión chilena a los formatos y contenidos de los grandes grupos mediáticos mundiales, incluyendo la sobreexplotación de los nuevos géneros televisivos, como los talk shows o los reality shows, modelos de “telerrealidad” que algunos críticos denominan “telebasura”.

La principal característica de esos contenidos es la uniformidad en los contenidos, ya sea en los programas para las audiencias infantiles, en las telenovelas, los programas de espectáculos y, sobre todo, los noticiarios.

Paul Walter, coautor del estudio del Consejo Nacional de Televisión de Chile, afirmó que los adultos se quejan de que los noticiarios contienen poca variedad y se concentran en la delincuencia y en los hechos de sangre. La idea de que “la nota roja genera rating” ha agotado parte de las audiencias.

Desafortunadamente, existen pocos estudios similares en otros países de América Latina, debido, en buena medida, al veto de los grandes grupos televisivos para la creación de instancias autónomas encargadas de vigilar los contenidos y defender los derechos de las audiencias.

Este proceso ha sido particularmente grave en México. Televisa y TV Azteca han vetado desde 2001 hasta 2009 la posibilidad de una reforma profunda a la ley de medios electrónicos que permita la competencia y la existencia de un organismo de monitoreo autónomo. Para alcanzar ese propósito, en 2006, con el beneplácito de la mayoría de diputados y senadores de todos los partidos, impusieron una contrarreforma legal, conocida como Ley Televisa. El escándalo generado por esta legislación fue enmendado, parcialmente, por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que declaró anticonstitucionales aspectos sustanciales de esta legislación.

Hasta el momento, no se ha podido aprobar una nueva ley. “Nadie quiere pelearse con Televisa”, afirma el senador Carlos Sotelo, del Partido de la Revolución Democrática, quien se quedó aislado en su intento de reforma. Y el ex senador del Partido Acción Nacional Javier Corral, quien no ha dejado de insistir en los efectos perniciosos del monopolio televisivo en México y la docilidad de la clase política ante este fenómeno.

Un mercado estadunidense dominante

De los 20 mercados más grandes en la industria de la comunicación y entretenimiento a escala mundial, Estados Unidos concentra más de 40 por ciento de un total de 1 billón 428 mil 334 millones de dólares generados anualmente, según el reporte de 2006 de Pricewaterhouse Coopers (Global Entertainment and Media Outlook 2006-2010, junio 2006).

En un lejano segundo sitio está Japón (107 mil 407 millones de dólares, mdd), seguido por Gran Bretaña (95 mil 462 mdd), Alemania (82 mil 306 mdd), China (74 mil 178 mdd), Francia (56 mil 506 mdd), Italia (41 mil 593 mdd) y Canadá (33 mil 388 mdd).

Los dos únicos mercados latinoamericanos registrados en esta lista de los 20 más grandes son Brasil (16 mil 70 mdd) y México (10 mil 911 mdd). En total, América Latina apenas representa 3.6% del mercado mediático global.

De esta actividad, 75% se concentra en las industrias televisivas, radiofónica y en la edición de periódicos, tal como apunta Francisco Vidal Bonifaz, autor del libro Los dueños del poder (Editorial Planeta, 2008).

De estas industrias, la televisiva es la que sigue concentrando el mayor volumen. Entre la televisión abierta y la restringida se generaron 245 mil millones de dólares en 2006, según las mismas cifras de Pricewaterhouse, casi la quinta parte del total. Este segmento ha crecido anualmente de 7% a 8% en 2008, pero se espera que en 2011 baje a 6.9%.

En segundo sitio está la edición de periódicos, que generó 184 mil 45 millones de dólares, y en tercer sitio la edición de revistas, con 102 mil 5 millones de dólares. La caída de estos dos últimos sectores será pronunciada, debido a la crisis. En 2006 crecieron 3.1% y 3.6%, respectivamente. En 2008, la edición de periódicos bajó a 0.4% y se proyecta una caída de 0.3% en 2009. La edición de revistas disminuyó 1.9% en 2008 y se prevé una baja de 1.5% en 2009.

Debemos notar también que en esos grupos los ingresos –dependiendo de la publicidad y el acceso a Internet–, van remplazando paulatinamente las utilidades de los sectores de radio y cine.

Esta apretada síntesis de los ingresos generados por cada uno de los segmentos más importantes en la industria explica la estructuración multimediática de los seis grandes corporativos globales. Prácticamente todos parten de una posición muy fuerte en la industria televisiva y a partir de ahí expanden su influencia a otras áreas del infoentretenimiento.

Son los casos de Time Warner, que pasó del cómic Bugs Bunny al control de CNN, el emporio informativo de Atlanta, pasando por la poderosa compañía productora y distribuidora de televisión HBO y la empresa de Internet AOL. Time Warner registró ventas anuales por 44 mil 788 millones de dólares en 2006, con utilidades por 6 mil 552 millones de dólares, según la revista Fortune, de su propiedad.

Su división de televisión por cable tiene 11 millones de hogares afiliados, HBO cuenta con más de 40 millones de suscriptores en Estados Unidos y una distribución en 50 países. CNN es visto por 2 mil millones de personas en todo el mundo, al grado que se ha convertido en la agencia por antonomasia del imperio estadunidense.

Su revista más célebre, Time forma parte de un conglomerado de 150 títulos, cuyo tiraje rebasa los 170 millones de ejemplares. Entre esas publicaciones están People, Sports Illustrated, Life, Fortune, Expansión, Popular Science.

Si el famoso conejo del cómic logró construir un emporio, Mickey Mouse, quintaesencia de la cultura estadunidense, ha consolidado la segunda compañía de información y entretenimiento más grande del mundo: Walt Disney. En 2006 tuvo ventas por 34 mil 285 millones de dólares y utilidades por 3 mil 374 millones de dólares.

En Estados Unidos posee la segunda cadena televisiva comercial, ABC, más 22 estaciones de radio y 40 sitios de Internet. Entre sus canales de televisión de paga más célebres están el deportivo ESPN, así como A&E, Disney Channel, Lifetime Network. En la industria cinematográfica posee los estudios Walt Disney, Touchstone Pictures, Hollywood Pictures, Miramax Films, Buena Vista Home y Pixar.

De los periódicos amarillistas hasta el control accionario de The Wall Street Journal, el magnate autraliano Rupert Murdoch ha construido un imperio anglosajón, de contenido fuertemente conservador y alineado con las políticas del gobierno de George W. Bush, con ventas anuales por 25 mil 327 millones de dólares y ganancias de 3 mil 253 millones de dólares en 2006.

En televisión posee la cadena Fox Broadcasting, la tercera más importante en territorio estadunidense, y es el amo de la televisión satelital a través de BSkyb, DirecTV y Foxtel, y la compañía productora de cine más poderosa: Twentieth Century Fox y sus derivados en español, en caricaturas y en deportes.

Viacom-CBS es por su parte el resultado de la fusión entre la corporación Viacom, de Summer M. Redstone, y de la cadena televisiva CBS, la primera en rating en Estados Unidos, con un producto estrella: los premios MTV, vistos por una audiencia global de 480 millones de personas en 25 idiomas. Controla los estudios Paramount, DreamWorks, Nick Movies, y tiene la productora de televisión infantil Nickelodeon, que rivaliza con los creadores de Bugs Bunny y de Mickey Mouse.

Coherencia ideológica

Con el amparo de la gran trasnacional estadunidense General Electric y del grupo francés Vivendi Universal Entertainment, el grupo NBC-Vivendi se consolidó en 2004. NBC Universal se encuentra entre los 10 mayores grupos de comunicación del mundo, con la cadena NBC, la segunda en audiencia en Estados Unidos, y Telemundo, asociada con Televisa en 2008, después de una frustrada batalla para fundar la “tercera cadena” en México. Posee los estudios cinematográficos Universal y los estudios musicales Universal Music.

Por fin, el consorcio alemán Bertelsmann es el único gran grupo de capital mayoritariamente europeo, con 170 millones de televidentes de su división RTL Group. En España posee la cadena Antena 3. Su área editorial abarca la compañía Random House Mondadori y los periódicos The Financial Times y Sächische Zeitung. En la industria musical, su filial BMG absorbió a Sony Music.

La concentración de la industria en pocas manos, la variedad de los géneros propuestos y la profunda coherencia ideológica de los contenidos propicia un control intelectual, moral y social de las audiencias, es decir, de las sociedades sometidas permanentemente a un verdadero “lavado de cerebro”.

Nadie en la clase media latinoamericana escapa a la influencia de las “seis grandes” desde que las cableras locales y los sistemas satelitales Sky y Direct TV han logrado apoderarse de ese mercado, difundiendo masivamente sus contenidos e imponiendo el sueño americano como referencia única de pensamiento. Sus noticiarios y programas especiales privilegian la información propiciada por “los mercados”, la preocupación obsesiva por las “finanzas personales” y los hobbies y hábitos (inaccesibles para la mayoría de los televidentes) de la “clase ejecutiva”. En complemento, series inspiradas por el concepto de “telerrealidad”, como ER, Desperate Housewives, Sex and the City, Friends o Los Soprano, desde entonces moldean los comportamientos de una parte cada vez más importante de la población de la región, en particular la juventud.

La gran masa latinoamericana que no puede pagar por el servicio de cable o el satelital, no escapa por ello a dicho control mental, pues los grandes emporios multimediáticos de la región que controlan la televisión abierta (presentes también en la porción de cable y satelital), toman localmente el relevo de las “seis grandes”.

Dependencia de la programación extranjera

Si los personajes de Mariana, El derecho de nacer o del Chavo del ocho siguen viéndose en toda América Latina, y las películas de Cantinflas se transmiten aún en distintas televisoras del continente, es por la influencia determinante que Televisa tiene en el continente, al grado que se ha convertido en la “marca” mexicana para la región.

En ninguna otra parte del mundo una cadena televisiva comercial posee un nivel de concentración tan grande en su país de origen como Televisa, que tiene 65% de las frecuencias de televisión abierta (225 estaciones repetidoras de sus cadenas nacionales –canales 2, 5 y 9– y la metropolitana del canal 4), 68% de las audiencias (el canal 2 es el más visto en el país), 70% de la publicidad en medios electrónicos y 58% de la publicidad en todos los medios.

Por si fuera poco, controla casi 50 por ciento de la televisión por cable –a través de Cablevisión y sus recientes adquisiciones de TVI y Cablemás–, y controla 95% de la televisión satelital, mediante su inversión mayoritaria (58%) en el sistema Sky.

Su división de radio, donde Televisa está asociada en Radiópolis con el Grupo PRISA, controla 17 estaciones. En su informe de 2008 a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el consorcio mexicano define como “otros negocios” su reciente incursión en el mundo de las apuestas, así como en el área editorial –especialmente revistas de espectáculos–, que en conjunto suman entre 4.7% y 6% del total de sus ventas.

Su expansión hacia América Latina se ha realizado por conducto de la empresa distribuidora de contenidos Intermex, con presencia en Chile, Argentina, Colombia, Panamá, Ecuador y Perú.

Lejos del poder de Televisa, pero en una segunda posición muy fuerte en México y en el continente, TV Azteca, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, cuenta con 43 estaciones locales que difunden la señal de sus dos cadenas nacionales, canales 13 y 7. Además, es propietaria de Azteca America Network, cadena televisiva creada en 2001 y destinada al mercado hispanohablante de Estados Unidos. En 2001 adquirió el canal 12 de El Salvador, hasta entonces uno de los pocos espacios de libertad editorial en ese país.

La dependencia de la programación extranjera en Televisa y TV Azteca es fuerte, a pesar de que ambos producen casi 65 mil horas anuales de televisión (53 mil de Televisa y 12 mil de TV Azteca). En 2005, 40% de la programación de ambas compañías fue de origen foráneo, básicamente de alguno de los cinco grandes grupos mediáticos de Estados Unidos.

La dependencia se acentúa en la televisión de paga, donde Televisa es dominante. Alrededor de 80 de las 162 señales más vistas en Cablevisión y Sky son extranjeras.

El grupo brasileño O’Globo es el más grande de Sudamérica, aunque su influencia se concentra fundamentalmente en su país de origen. Posee la Rede Globo, con 107 emisoras de televisión que alcanzan una cobertura de 90 por ciento del territorio brasileño. El grupo es propietario del periódico de mayor circulación O’Globo y posee 20 emisoras radiofónicas afiliadas a la Central Brasil de Noticias (CBN). Su expansión internacional se ha realizado por conducto de TV Globo Internacional.

Los dos grupos que concentran la mayoría de la industria multimediática sudamericana de habla española son el argentino Clarín y el venezolano Venevisión, ambos han tenido una gran expansión.

El Grupo Clarín es una compañía holding que creció en torno a su principal producto: el periódico del mismo nombre, cuya circulación promedio es de 553 mil ejemplares diarios. Se asoció con el diario La Nación, de Buenos Aires, y con el grupo español Vocento para fundar la Compañía Inversora en Medios de Comunicación, propietaria de los principales periódicos de las grandes ciudades argentinas.

En el sector audiovisual, el grupo controla el Canal 13 y, asociado con Disney y la española Telefónica, creó la empresa cinematográfica Patagonik Film Group. Su expansión hacia otros países se ha realizado por conducto de Multicanal, un operador de televisión por cable con cerca de 1.5 millones de afiliados en Uruguay, Paraguay y la propia Argentina.

En Venezuela, el grupo dominante está encabezado por Gustavo Cisneros, propietario de Venevisión, la única cadena latinoamericana que rivaliza con Televisa en producción de telenovelas en español. El grupo posee Venevisión Internacional, compañía de entretenimiento, y Venevisión Continental, red de televisión de pago con programas de Caracol, de Colombia, así como Chilevisión y Univisión.

El imperio mediático de Cisneros es uno de los más grandes a escala continental. Fue socio, junto con la familia Azcárraga, de Univisión, la cadena televisiva de habla hispana más grande de Estados Unidos, es accionista de Imagen Satelital, de Argentina, y Playboy TV Internacional, y en 1995 se asoció con AOL, el principal proveedor de Internet en la región, y con Hughes Electronics, para crear DirecTV Latinoamérica, empresa de televisión restringida con presencia en 28 países.

Todos los gobiernos progresistas de Sudamérica han sufrido, en mayor o menor medida, el embate de los grandes grupos televisivos estadunidenses o regionales: CNN en español, Venevisión y las televisoras mexicanas no escondieron su simpatía por la oposición venezolana que terminó organizando un golpe de Estado contra Hugo Chávez.

Desde hace algunos meses, CNN y el grupo Clarín abren su antena de manera desproporcionada a los líderes el agro argentino en su lucha contra el gobierno de Cristina Fernández.

Surge un fantasma

La misma concentración, la misma desinformación afecta a América Central, aunque de manera solapada. Fenómeno poco estudiado y documentado es el caso de Remigio Ángel González González, el enigmático empresario mexicano, oriundo de Monterrey, que se ha convertido en uno de los grandes inversionistas de la televisión centroamericana y de la zona andina.

Con el auspicio de las dictaduras militares en la región durante la década de los 80, Remigio González, mejor conocido como El Fantasma, se convirtió en propietario de cuatro de los cinco canales de televisión abierta en Guatemala, posee una red de dos canales en Nicaragua, tres en Costa Rica, dos en Ecuador, dos en Perú, dos en Paraguay y, en 2007, adquirió el canal 9 de Argentina, provocando una airada protesta de los trabajadores.

El Fantasma hizo grandes negocios de la nada, a partir del broadcasting –distribución y venta de películas y telenovelas, la mayoría producidas por Televisa–, por medio de un sistema conocido como “empaquetamiento”, que le permite difundir un mismo producto en todos sus canales.

Ángel González no figura públicamente en ninguna de sus empresas, para evadir cualquier responsabilidad fiscal y política en sus canales de televisión.

En enero de 2008, la Unión Nacional de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires lo acusó de aplicar “métodos utilizados durante la dictadura militar, al censurar, despedir, filmar, encerrar e impedir que actúen libremente los delegados (sindicales) de la emisora.

“El actual dueño de canal 9, de ser un simple vendedor de publicidad y de programas de televisión de los canales mexicanos, se ha convertido, en dos décadas, en un magnate de los medios, comprando la mayoría de ellos en América Central”, abundó la unión gremial.

Organismos como Reporteros sin Fronteras, la Sociedad Interamericana de Prensa y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han acusado a El Fantasma de tener el control de “monopolios disfrazados” de radio y televisión, y de no respetar la libertad de expresión. La revista Fortune calculó su fortuna en 2 mil millones de dólares.

El “empaquetamiento” promovido por El Fantasma y su compra de medios al sur de México prolonga en América Central y en la región andina el “control de los espíritus” ejercido por las “seis grandes hermanas” y los emporios mexicanos.

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1) En 1999, 43.4% de los ciudadanos encuestados opinaba que los contenidos televisivos le gustaban “poco o nada”. En 2002, este porcentaje se elevó a 44.7%. En 2005, se incrementó a 58.8%.

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* Jenaro Villamil es reportero del semanario mexicano Proceso y colaborador de SdP. Este texto lo publicó en Le Monde Diplomatique México de mayo de 2009 y se reproduce con autorización expresa del autor