Concentración radial, monopolio musical

Sergio Paz / Wiken / Hay una noticia buena y una mala. La buena es que, según un estudio del Centro de Estudios Universitarios de UNIACC, en conjunto con la SCD y Adimark-GFK, pese a la masificación de reproductores MP3 entre los jóvenes, la radio sigue siendo uno de los medios favoritos para escuchar música. La mala es que, como nunca antes, las emisoras se han concentrado en un par de gigantescos grupos económicos que, finalmente, no sólo dominan el negocio sino que imponen lo que se escucha y debe escuchar.

El trabajo – Sintonía Joven: un estudio sobre música, comunicación y jóvenes- concluye que, entre los 12 y 30 años, la gallada descarga música desde internet y, luego, escucha lo seleccionado. Lo curioso es que, en este nuevo imperio del supuesto fanatismo personal, lo que arrasa en las preferencias es lo mismo que se escucha en las radios.

En Chile la música que más escuchan los jóvenes es el reggaetón. De cerca le sigue la música romántica en español y los ritmos tropicales. O sea, por más que proliferen los fantásticos teléfonos con sofisticados MP4 o lo que sea, aquí lo que se está escuchando es desde Wisin & Yandel, a Camila, a Tito el Bambino, a Daddy Yankee, al grupo tropical La Noche, a 2K & Crac MC. Chile, es verdad, está cada vez más cyber, más tecno-digital, pero en el fondo es un país cyber-guarro. Neo tropical. Cyber-espacio-cumbianchero. “Papá, por fa, para la Pascua, cómprame un MP3”. ¿Para qué? ¿Para escuchar el último descubrimiento de rock independiente o electrónico en internet? No: para escuchar a Don Omar. En esto no hay nada malo, aunque sí un pequeño problema: la promesa de la diversidad, que parecía ser la gran diferencia de internet y la era digital, no fue tal. Y si una extensión de los grandes dictámenes de la mass-media. ¿Por qué? Porque en Chile las pequeñas radios fueron fagocitadas por los gigantes de la industria. Y, así, poco espacio queda para un mundo verdaderamente individual donde, en la memoria de cada MP3, haya universos personales, tan diversos como lo es la propia música.