Consejo de Transparencia: una buena y una mala

Domingo A. Lovera Parmo, profesor de Derecho UDP / Es una buena señal que la audiencia de ratificación sea pública. Abre a los ojos de la ciudadanía las presentaciones y las respuestas de los candidatos. Comenzaron las audiencias en el Senado para ratificar (o rechazar) los nombres propuestos por la Presidenta Michelle Bachelet para el Consejo de la Transparencia. La audiencia, ahora sí, estará abierta a los ojos de la ciudadanía.

Y la verdad sea dicha, es al menos de sentido común -un sentido al que a veces cuesta apelar- que la audiencia que elegirá a los integrantes del consejo que se encargará de velar, entre otras cosas, por los reclamos ciudadanos en materia de acceso a la información, esté abierta al escrutinio ciudadano.La audiencia, sin embargo, no sólo nos permite apreciar las condiciones de quienes son propuestos para el cargo de consejeros para la transparencia. Además, nos permite conocer la forma, la seriedad, la preparación y el interés con que nuestros representantes asumen su rol. Nos permite, dicho de otra forma, evaluar a nuestros senadores también, toda vez que, ahora sí, vamos a ver qué tipo de preguntas formulan. Vamos a saber, por ejemplo, si acaso nuestros senadores prefieren indagar en los estudios y capacidades de quienes son propuestos por la Presidenta al cargo, o si, por el contrario, prefieren utilizar esta instancia como una en que afloran pasadas de cuentas y reproches varios; no sería la primera vez (Carlos Cerda, Alfredo Pfeiffer).

Sólo mirando a la forma en que nuestro Senado encara la tarea del escrutinio de los candidatos, para insistir en esto, sabremos si nuestros representantes tienen interés en indagar sobre el perfil técnico de quienes son propuestos al consejo, o si acaso el Senado no es más que un buzón al que llegan los acuerdos ya alcanzados entre Concertación y Alianza en cualquier otro lugar, menos en el Congreso. Tampoco sería la primera vez: la práctica de las ratificaciones de los ministros de la Corte Suprema, directores de TVN, y los integrantes del Tribunal Constitucional ha probado funcionar de esta manera. Los acuerdos sobre el nombre se logran fuera del Congreso, y el Senado, en ese contexto, sólo visa el consenso alcanzado en un restaurante, un bar o la casa de algún parlamentario. De hecho, el Senado, varias veces ya ha puesto el grito en el cielo reclamando ser consultado por los nombres de los posibles candidatos, antes de la audiencia de ratificación (!).

Por todo lo anterior, que la audiencia de ratificación sea pública es una buena señal. Abre a los ojos de la ciudadanía a las presentaciones y las respuestas de los candidatos, y nos permite apreciar cómo se comportan nuestros representantes, indagando sobre las cualidades de los primeros. Pero no todas son buenas noticias. El Senado ha anunciado, también, que la votación de los nombres propuestos se hará en bloque, esto es, el Senado votará la ratificación o el rechazo de los candidatos en conjunto, de los cuatro nombres propuestos al mismo tiempo. Es decir, es posible que el Senado se encuentre con tres muy buenos candidatos, y uno muy malo, y, sin embargo, los ratifique de todas formas a efectos de cumplir con el mandato de voto en bloque.

Que la votación se haga en bloque impide apreciar las cualidades específicas de todos quienes son propuestos para el consejo. Hasta cierto punto las cualidades de unos, y los errores de otros se oscurecerán por la votación en bloque, tornando la audiencia -cuyo propósito era justamente el de escrutar los nombres propuestos- en irrelevante. Porque al final de la audiencia lo que en verdad importará al Senado es el acuerdo logrado fuera del Congreso. La cámara alta, mirando a las pasadas de cuenta anteriores, ha preferido amarrarse ante esa posibilidad, ideando un sistema de votación en conjunto que hace -qué duda cabe- primar los consensos alcanzados fuera del Congreso, antes que asumir, de una vez por todas, su papel en serio. Una buena y una mala en materia de acceso a la información, publicidad y transparencia. El problema es que la buena, con esta nueva fórmula, es bastante más cosmética de lo aconsejable