Crisis en la prensa, incertidumbre en Internet

El Observatorio recomienda este profundo análisis al estado de la prensa tradicional en los días que corren, al impacto de los medios digitales y a la incertidumbre que genera el control de los dominios de Internet desde Estados Unidos. Lidia Baltra presentó el ensayo durante la reciente Asamblea Anual de la Corporación de Periodistas de la Universidad de Chile.

Léalo a continuación:

Con el cierre del diario La Nación en nuestro país a fines del año pasado y su supervivencia solamente como diario digital, Chile se ha sumado a una inquietante corriente para la prensa impresa: la amenaza que se cierne sobre ellos por la aparición de los diarios digitales.

 En 2007, la revista norteamericana Life, que medio siglo atrás había sorprendido al mundo apostando a que la fotografía reemplazaba al texto, decidió clausurar su edición de papel y valerse sólo de páginas virtuales. En 2009, el histórico The Christian Science Monitor cerró sus páginas y anunció que sólo funcionaría con las virtuales en su sitio digital. En América Latina, el Jornal do Brasil dejó de aparecer en papel en 2010, y al igual que los otros, sólo subsiste en su sitio web. Tres hitos del periodismo se han subsumido en el ciber espacio.

 La invasión de los diarios digitales ha comenzando a probar su fuerza y ya se contabilizan por decenas en el mundo los diarios impresos caídos en el campo de batalla. Y es que través de aquéllos se puede acceder – en la mayoría de los casos, todavía gratuitamente – a un mundo de ideas e informaciones provenientes de los más variados puntos del planeta, idiomas o ideologías. Y el tema se ha ampliado enormemente con la aparición de las redes sociales, o web 2, como Facebook o Twitter. Allí todos escriben lo que se les canta.

 La primera señal de esta inesperada libertad de expresión fue la explosión de los weblogs, o simplemente blogs. Aunque hay limitaciones en algunos países, fue el primer espacio de libertad que ofreció la Internet. En ellos, cualquier persona puede crear su propio diario digital como antes diarios murales o boletines. Sólo que son más individuales y personales. Hoy, los blogs han pasado a segundo plano, en vista de la aparición de otras herramientas como las mencionadas Facebook o Twitter, pero hace diez años o más, surgió una apreciable cantidad de blogs muy bien escritos, con ideas originales o comentarios que aportaban a los hechos de la realidad o al conocimiento en determinada materia. Existieron algunos tan buenos que a veces competían con los diarios digitales. En enero de 1998 en Estados Unidos, Matt Drudge reveló en su blog personal, el Drudge Report, la pista que desencadenó el escándalo Clinton-Lewinsky, adelantándose a los medios tradicionales.

 Decían lo que la prensa tradicional no se atrevía y eso ya justificó su existencia. Hasta un período reciente, fueron la comunicación alternativa de los nuevos tiempos.

 La diferencia entre la Gran Red como transmisora de informaciones con el periodismo impreso es abismal. En la prensa escrita, son muy pocos – los propietarios de esos medios, los editores – los que pueden emitir su versión de los hechos a muchos lectores limitados a sólo recibir la información. Y esos pocos emisores, en Chile y en el mundo, transmiten en una misma frecuencia. La mayor carencia de la prensa de papel es la diversidad de puntos de vista. Por el contrario, la uniformidad predomina. Hay una pauta prefijada de qué podemos conocer y bajo la misma óptica.

 Entonces, tal vez debiéramos alegrarnos de la caída en las ventas de periódicos en el mundo, y al revés, del incremento de los diarios digitales, porque esos diarios digitales parecieran expresar lo que los diarios impresos callan.

¿Será que con los diarios digitales se pueda romper la uniformidad actual de la información de los medios escritos? ¿Y que con Facebook y Twitter – donde todo el que quiera puede escribir o publicar fotos, videos o textos sin que nadie lo restrinja -, se habría ganado la batalla final por la libre expresión? ¿Cuánta libertad hay en el ciberespacio para emprender esta tarea? Veamos.

 Comencemos por los diarios digitales: la mayoría de los grandes diarios impresos tiene su versión digital que sigue la misma línea editorial que el diario madre. Su equipo directivo y su personal, generalmente son los mismos. Entonces, las restricciones subsisten en la versión del ciberespacio. Nadie diría que Emol o La Tercera.cl publican visiones distintas a las que exhibe su diario impreso. Aunque sí aparecen informaciones distintas, divergentes, la web con Ciper Chile o en El Mostrador.

 En los últimos meses hemos visto cómo a través de las redes sociales se han levantado los pueblos oprimidos de varios países árabes, como Egipto, Túnez, Libia, Yemen, Bahrein y ahora Siria. Pero también hemos sabido cómo el gobierno de Moubarak en Egipto bloqueó las Internet porque a través de sus ondas electromagnéticas comenzó la insurrección que finalmente lo derrocó. Pero lo que aquí nos importa es fijarnos que esos gobiernos autoritarios, como el de Túnez, como el de Libia, logran someter a los proveedores de servicio de Internet, a quienes les basta cortar la conexión. Así, el 93 % de las redes de los egipcios fue desconectada (lo que no fue óbice para el derrocamiento del gobierno porque la lucha continuó en las calles).

 Hace poco se difundió que la Secretaria de Estado Hilary Clinton anunció que su cartera ha destinado 25 millones de dólares para apoyar a “activistas digitales” y a crear tecnología y aplicaciones diversas para liberarse de esta represión gubernamental en países autoritarios. Pero ello prueba de que se ha transformado en un problema para la libertad de expresión y el desarrollo democrático.

 Amnistía Internacional denunció hace algunos años que no existe plena libertad de expresión en Internet. Y acusó también a las grandes empresas de servicios como Microsoft, Google y Yahoo de colaborar con los países censuradores facilitándoles bloquear páginas que esos gobiernos consideran inconvenientes para sus internautas, como es el caso de China. Serían a lo menos unos 25 los países que restringen la libre expresión en la red. Entre los que aplican “filtros” están Azerbaiyán, Bahrein, Birmania, Etiopía, India, Paquistán, Irán, Marruecos, Corea del Sur, Cuba y Arabia Saudita, por citar algunos. En Egipto, Túnez y Siria hasta se encarcelan a bloggeros por sus opiniones contrarias al régimen. Y aunque Cuba no ha encarcelado a una famosa bloggera que, con la ayuda de Estados Unidos, difunde por el mundo su columna crítica de la vida en su país, Amnistía Internacional acusa a ese gobierno de imponer «límites físicos, legales y económicos» a los ciudadanos que quieren acceder a Internet y limita la propiedad de computadores. El gobierno cubano explica que es su homónimo norteamericano con su bloqueo, el que le impide tener Internet como el resto del mundo, que disponen de sólo de una entrada para todo el país, la que deben bajar desde un satélite, lo que la encarece e impide entregarla a todos los ciudadanos. En entrevista con una periodista de “La Jornada” de México el año pasado, el ex Presidente Fidel Castro contó que EE.UU. le niega a Cuba acceder a Internet a través de un cable submarino de fibra óptica que pasa por sus costas, con lo cual no tienen el ancho de Banda que les permitiría entregarla a más usuarios y a la velocidad normal en todo el mundo.

 Estados Unidos tampoco es modelo de plena libertad de expresión en la Gran Red por cuanto, como veíamos, permite que sus grandes empresas privadas de telecomunicaciones, contradiciendo los principios de su Constitución, concilien con las dictaduras y son cómplices en la censura que imponen a sus pueblos, con tal de no perder un cliente.

Por otra parte, la sociedad civil norteamericana organizada está constantemente reclamando para que Internet se mantenga libre de las presiones de los grandes grupos empresariales telefónicos o de TV cable, que hacen lobby en el Congreso para que éste apruebe proyectos de ley para gravar con diferentes “peajes” la supercarretera de la información, donde quienes paguen más tendrán rutas más rápidas. Esos grupos estiman que la Gran Red Mundial no puede ser gratis y por lo tanto, se restringiría su acceso según el poder del dinero. De hecho, ya los países del mundo en desarrollo tienen un tránsito más lento en la Banda Ancha porque no pueden pagar los altos costos de aquellas vías más rápidas.

Algo similar piensan muchos propietarios de diarios digitales de Chile y del mundo. No conciben que una parte de sus lectores lean las noticias en forma gratuitas y dejen por ello de comprar el diario impreso, con lo cual disminuyen sus ganancias. Para sustentar los costos de sus redacciones digitales – que la mayoría de las veces son las mismas que las del ejemplar impreso – han ensayado el sistema de suscripciones, y los no abonados sólo llegan a los titulares de la primera página.

 Pero la realidad señala otra cosa. Si bien Chile lidera en conectividad en América Latina, las últimas cifras que se barajan de personas que navegan habitualmente por Internet hablan de 6 millones, es decir, más de un tercio de los habitantes del país. Pero de ellos, según otros estudios, un 18 % jamás visita un sitio de noticias. Los chilenos preferimos la televisión para informarnos. Pero, según el mismo estudio (realizado por la Escuela de Periodismo de la U. Diego Portales), la mayoría de los chilenos que SI navega no está dispuesta a pagar por acceder a un sitio de noticias, es decir, no se suscriben a los diarios digitales.

 La otra manera de financiarlos es mediante avisos (banners) para sufragar los costos del equipo humano y técnico. Pero el traslado de publicistas y avisadores al ciberespacio ha sido lento porque aún no es suficiente la cantidad de ciber-lectores en el mundo en desarrollo. Y cuando esto suceda, el ciberespacio perderá gran parte de su libertad y los diarios digitales, la autonomía para enfocar las informaciones porque – al igual que en los medios impresos – siempre habrá temas que podrán molestar a los avisadores, que forman parte de los grupos del poder económico.

 También puede transformarse en problema la libertad que ofrece Internet para que mentes inescrupulosas y criminales cometan ciber-delitos, como las redes de pederastas, el tráfico de mujeres y niños, las estafas, los hackeos (intervención de terceros en sitios ajenos) para cometer delitos. El internauta necesita también una cierta seguridad para realizar operaciones en el e-commerce (compraventas a través de Internet) y también para expresarse con confianza en algunas redes sociales donde sus datos personales podrían utilizarse en su contra.

 Pero hay un problema mayor con la libertad de emisión en el ciberespacio. Se trata nada menos de quienes manejan los hilos de Internet a nivel global.

 La Internet ha sido administrada desde sus inicios por ICANN (Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números), entidad privada sin fines de lucro, creada por Estados Unidos en 1998 y con sede en Washington para manejar dominios y números IP a quienes los soliciten y compren o arrienden. Conceder “dominios” equivale al otorgamiento de “concesiones” para las transmisiones de televisión o radio. Pero aún esto último lo hace cada Estado dentro de su país y no una empresa privada extranjera, como es la norteamericana ICANN para todo el mundo.

 Desde la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI) convocada por Naciones Unidas y realizada entre 2003 y 2005 se viene pidiendo una mayor participación de sus países asociados y más transparencia en la “gobernanza” de este crucial poder de emisión. No se ha logrado avanzar. El imperio del Norte quiere continuar manejando Internet indirectamente a través de ICANN porque a su juicio en manos de una empresa privada y no de los gobiernos de los distintos países, se asegura mejor la libertad de expresión. Situación que reproduce para el gran medio del ciberespacio la situación de los audiovisuales o los impresos, es decir, aumenta la gran concentración del poder en manos de una empresa estadounidense más. Y esto, sin contar que como ICANN debe regirse por la legislación norteamericana, puede ocurrir que negara el servicio a ciertos países con los cuales Estados Unidos estuviera en conflicto, como Cuba o Irán.

La inquietud se planteó directa y claramente en Túnez 2005, en la segunda fase de la Cumbre de la Sociedad de la Información. A partir de allí, la sociedad civil – luego de conquistar su participación en ese foro de la ONU donde por estructura sólo hay representantes de gobiernos – comenzó a agitar el tema de que el manejo de la Internet no podía estar en manos de un solo país ni menos de una empresa privada. Su control debía ser compartido por múltiples países y sectores sociales, informado y transparente. La red mundial de la sociedad civil APC (Asociación para el Progreso de la Comunicación) resume así el objetivo final de esta gobernanza multinacional y multisectorial: “un mundo donde la gente tenga un acceso más fácil, igualitario y asequible al potencial creativo de las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación) para mejorar sus vidas y construir sociedades más democráticas y justas”.

 Terminado aquel congreso de la UIT, algunos países latinoamericanos convocaron a varias reuniones para analizar el tema. Organizaciones sociales emitieron manifiestos por la democratización de la Internet en Quito, Ecuador; Brasil tomó el liderazgo como país en una reunión preparatoria de la Cumbre de Túnez donde se lanzó oficialmente la campaña continental por los Derechos de Comunicación con el lema “la comunicación es un derecho, no una mercancía”. Y propuso a la ONU la realización de un espacio donde se discutieran mejores formas para la administración de Internet.

 Así, al alero de la ONU nació el Foro para el Gobierno de Internet (FGI) con un plazo de cinco años para emitir una propuesta consensuada, el que terminaba en 2010. Se realizaron cuatro reuniones (Grecia, Brasil, India y Egipto) donde participaron unos 200 países. En ellas se han discutido todos los temas relacionados con las nuevas tecnologías y cómo ocuparlas para que favorezcan el desarrollo de los pueblos, pero el tema principal ha sido la administración o “gobernanza” de Internet. La de Egipto en noviembre de 2009, contó con la participación del director de ICANN y en ella se logró aprobar que representantes del FGI conversen con el gobierno norteamericano acerca de cómo mejorar las condiciones del manejo de la Internet. Algunos sugieren que sea gobernada por la ONU; otros no, porque en esta organización no está representada la sociedad civil y por reparos a la administración de la ONU, donde algunos países gozan de poder de veto que distorsiona la voluntad de la mayoría.

 ¿Se conseguirá un manejo ampliado de la Gran Red? Los expertos de países participantes de los FGI lo dudan y por eso – y porque al menos en estas reuniones todos pueden opinar y sugerir cómo manejar la Gran Red – han pedido a la ONU que alargue la vida del organismo por otros cinco años, pues es el único espacio donde se pone en discusión y se efectúa una simulación de la anhelada administración multinacional de la Internet.

 Nada de esto se consiguió en la última reunión del FGI en Vilnius, Lituania, en septiembre. En las discusiones se abogó, entre otros temas, por mayor diversidad de lenguas en la Gran Red, no a los filtros que ponen los gobiernos a ciertos contenidos y que la voz del Tercer Mundo sea incluida en el aparato a través del cual Internet se gobierna y administra. Si bien consideraron que estos foros han sido útiles para progresar en los temas, los participantes estimaron que sólo han ofrecido una plataforma de diálogo, pues ni siquiera pueden hacer recomendaciones a los organismos que están en la administración interna actual de Internet. Tampoco lograron prolongar por otro período al FGI, aunque algunos países prometieron pedirlo en la Asamblea General de la ONU, en vistas a la preparación de la próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información planeada para 2015.