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Crítica de TV: “Esto no tiene nombre”

17 octubre 2008 • Columnas de opinión

Esto sí tiene mérito / Francisco Aravena / Wiken / Una de las mejores noticias salidas del departamento de prensa de TVN llegó hecha programa. La existencia de “Esto no tiene nombre” reafirma la fe no sólo en la TV pública, sino también en el género llamado “periodismo de servicio”. Las comillas de la frase se explican porque en realidad es una redundancia (el periodismo es un servicio).

Pero la etiqueta se ha venido usando para definir aquellos trabajos que pueden ayudar al público a defenderse como consumidor. Y es ahí donde ha encontrado -y es un fenómeno mundial- su principal trampa: a menudo no pasa de la cámara escondida fácil, el subtitulado a falta de un mejor audio y con intención de lograr la caída de microtraficantes, proxenetas o charlatanes.

“Esto no tiene nombre”, en cambio, llegó para mostrar cómo se hacen las cosas: denunciando en serio, investigando e involucrando a esas grandes empresas que suelen disfrutar de una relativa inmunidad en los medios, porque son grandes avisadores. Antes, en programas como “Informe especial” y “Contacto”, se habían logrado trabajos de similar envergadura, pero “Esto no tiene nombre” fue creado con la misión y la obligación de dedicarse sólo a eso. Y, ya en su tercera temporada -y la segunda de este año- se puede considerar un espacio consolidado. El logro de este programa va desde su impecable trabajo de investigación -la selección de casos, la búsqueda de fuentes, la cobertura de todas las aristas e involucrados posibles en cada uno-, pasando por su producción técnica hasta la prolija presentación en pantalla. En cada denuncia el espectador es guiado por la investigación del equipo, pero queda claro que no hay afán de protagonismo, sino la convicción de que en los procesos -las llamadas no contestadas, las respuestas a medias, las evasivas, etcétera- está la mejor descripción. Las cámaras escondidas son sólo un recurso, y para nada el más usado. El manejo de la imagen parece una obra planificada, y la musicalización y la locución de las notas son efectivas y concretas, pero no literales. Acá el gran valor del fondo no sacrifica la forma, y eso es una gran diferencia con lo que suele verse en televisión.

Iván Núñez hace un buen trabajo como ancla del programa: presenta los casos y al final hace su aparición para confrontar a quienes deben dar una respuesta. Pero lo hace sin eclipsar el trabajo de los periodistas, y sin esas exageraciones de periodista mártir que abundan hasta en las notas de farándula (del tipo “no nos contestaron, pero seguimos tocando el citófono”). A veces hay un par de detalles que llaman la atención (¿por qué mandaron a una mujer a una automotora, si los denunciantes eran casi todos hombres?, ¿hay una intención de mostrar discriminación o sencillamente una discriminación?), pero en suma “Esto no tiene nombre” llegó para elevar el estándar de lo que deberíamos esperar del periodismo y de la TV pública. No tendrá nombre, pero vaya que tiene nivel.

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