Cultura de la calle

blogero2Manuel Tironi / Blogs / La propuesta de Sebastián Piñera de plebiscitar los fondos para la cultura y las artes causó gran revuelo. Artistas e intelectuales de lado y lado se apuraron en criticar (o matizar, dependiendo del lado) los dichos del candidato y, evidentemente, aprovecharon de elaborar sendas reflexiones sobre el valor de las artes y cómo promocionarlas.

Llama la atención que en todas estas reflexiones no haya salido el gran tema de fondo, el que de verdad debería estar quitándole el sueño a un presidenciable: que de nada sirve llenarnos de arte y cultura si no hay audiencias que las consuman, y que para formar audiencias un requisito fundamental es “salir a la calle”. Pueden multiplicarse los museos y los artistas, las bibliotecas y las obras de teatro, pero encerrados en el confort de nuestras casas de poco servirán.

Chile es un país anti-urbano. Preferimos la intimidad del hogar que la incertidumbre de la ciudad. El “sueño de la casa propia” sigue siendo el sueño de la casa con parrón y jardín, una suerte de minifundo del cual ojalá no tener que salir nunca. Tenemos pocos amigos (según la encuesta EcoSocial tenemos, en promedio, cuatro amigos cercanos, uno de los promedios más bajos de la región) y tendemos a preferir la compañía de nuestros familiares. Para los chilenos quedarse en la casa es un buen panorama. Es cierto que en los últimos años se han multiplicado los eventos culturales en Santiago y que la industria gastronómica y del ocio vive un boom, pero su escala sigue siendo marginal. Sólo unas cifras: en Santiago existen 1.333 bares, cafés y restaurantes; en Barcelona hay 11.109. Es decir, mientras que en la ciudad catalana hay uno de estos locales por cada 270 habitantes, en nuestra capital hay uno por cada 4.539.

Confinados en la comodidad del hogar y con pocos amigos con los cuales compartir, salir a un evento cultural es muy poco atractivo. Si a esto le sumamos pocos eventos (y caros), poca difusión, poca educación y mucha TV, la probabilidad de salir se vuelve mínima. Sin más, la última encuesta de Percepción de Calidad de Vida Urbana realizada el 2007 por el INE muestra cifras asombrantes. El 59% de los chilenos que habita en grandes ciudades -donde en principio está la oferta cultural- declaran que nunca o casi nunca van a eventos culturales, incluyendo el cine. Y no sólo eso. El 79% de esta población no asiste nunca a lugares de encuentro comunitario (junta de vecinos, multicanchas, centros juveniles, etc.) y un impresionante 57% no va nunca a plazas o parques. O sea, nosotros, los habitantes de grandes ciudades, no sólo no asistimos a eventos culturales, sino que lisa y llanamente no salimos a la ciudad.

¿Cómo invitar a la gente a que se apropie de la ciudad y, de este modo, que consuma y produzca cultura? Antes de discutir el modo de financiamiento de las artes, creo que es necesario invertir en la creación de una “cultura de calle”: hacer que el salir al “afuera”, al espacio público, sea una experiencia enriquecedora, segura y diversa. Para esto habrá que construir centros culturales, apoyar obras artísticas y subsidiar galerías de arte, sí, pero también habrá que generar las condiciones para que en la calle haya niños jugando, skeaters, cafés, malabaristas, plazas y ferias libres. O sea, hacer que en la calle “sucedan cosas”, pero no de esas que te hacen arrancar a la seguridad de lo privado, sino que de esas que te animan a explorar la ciudad, a usarla y, finalmente, a quererla.

Manuel Tironi es sociólogo y Master en Desarrollo Urbano por la P. Universidad Católica de Chile, Master en City and Regional Planning por la Universidad de Cornell .