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Debatir en TV sobre la calidad de la TV es posible: “Mentiras Verdaderas” de La Red invita a expertos para evaluar nuestra televisión actual

19 diciembre 2012 • Actividades, La Opinión de FUCATEL

El día Lunes 17 de diciembre en horario Prime, en el programa de La Red “Mentiras Verdaderas” conducido por Eduardo Fuentes se realizó un amplio debate sobre la calidad de la televisión actual. Participaron de la conversación María Olga Fernandez, ex animadora del Festival de Viña, el periodista de espectáculos Rene Naranjo, el periodista experto en audiencias Luis Breull, y el abogado Cristóbal Bellolio.

El Programa tuvo una buena recepción de sintonía, y el Hashtag #DebateMV fue Trendic Topic (tema más comentado) en Twitter durante la media hora que duró el debate.

El observatorio celebra  la iniciativa de La Red por abordar el tema de la calidad de la TV con visiones expertas y críticas, dándole el tiempo necesario para profundizar temas nunca antes tratados en la televisión abierta como, por ejemplo,  la concepción de la TV como negocio, la responsabilidad social y el impacto de los contenidos de la TV en las audiencias, la uniformidad de la oferta televisiva, la falta de diversidad, la necesidad de un canal estatal con financiamiento que pueda cumplir con sus misiones públicas, etc. Tal como indicó el animador, es un tema interesante que está lejos de llegar a una solución o acuerdo, pero que sin duda debe continuar discutiéndose, y no hay mejor espacio que la misma TV en horario Prime.

Debate sobre Calidad de la TV

El debate comenzó con la exposición de María Olga Fernández, quién escribió una carta a El Mercurio el 11 de diciembre denunciando su sorpresa, impresión e impotencia por los niveles de vulgaridad y morbosidad de la TV actual, y preguntándose hasta dónde llegará la TV transgrediendo estos límites. Rene Naranjo consideró que correr los límites de lo permitido y lo posible en la TV no está mal, sino que lo cuestionable es que estos límites sólo se muevan a favor de más morbo y más vida privada “No necesariamente más morbo significa más audiencia, sin embargo hay un hábito de transgredir por más: cada vez más peleas, cada vez más desnudos, cada vez más insultos y más sexualmente explícitos”. Naranjo puso atención en la contradicción de la concepción de la TV como negocio: si bien los canales y las franquicias son privadas, el espacio de la TV es público, por lo que una empresa (o canal de televisión) no puede  alegar libertad de negocio cuando los mensajes transmitidos por TV llegan a una gran cantidad de gente, y su impacto es enorme ya que es un medio muy penetrante en todos los sectores sociales.

Cristóbal Bellolio expresó su adhesión a la crítica por la baja calidad de la TV, pero se manifestó contrario a una regulación estatal básicamente porque, si bien la TV crea realidades, es un síntoma de lo que somos nosotros como país y, para él,  esconder o regular el síntoma no asegura un mejoramiento de la sociedad. Por otra parte, se manifiesta favorable al sistema de mercado de los canales privados, y no considera prudente que el estado intervenga el encuentro entre ofertantes y demandantes, y menos cuando el órgano regulador -Consejo Nacional de Televisión- tiene un directorio designado por el Presidente de la República y el Senado, y por lo tanto es básicamente un cuoteo no representativo de la sociedad, el cual tiene la capacidad de decidir por todos nosotros lo que debemos o no debemos ver, afectando la libertad de expresión.

Con respecto de la posibilidad de migrar a la TV paga para obtener mejores contenidos, Rene Naranjo recordó que la oferta del cable no es accesible para todos los chilenos, y cuestionó que ofrezca necesariamente programaciones de gran calidad.  Para Breull, el tema central es la oferta de TV abierta, gratis, que permita optar por ver lo que uno más quiera ver, oferta que en la actualidad está restringida por la uniformidad de la programación. “Hoy no existe esa alternativa, y el dejar los contenidos a la liberta de la oferta, lleva a la concentración en un cierto tipo de contenidos más rentables para el negocio de los canales”.

Todos los invitados coincidieron que el fracaso “Las Argandoña” marcó un hito del choque entre las decisiones programáticas tomadas entre cuatro paredes, y las sensibilidades de las audiencias, quienes rechazaron este producto. Para Breull, existe un sobreentendido sobre lo que es masivo y entretenido. Naranjo, por su parte, considera que lo interesante del fenómeno es que la gente decidió antes que lo iba a castigar, interviniendo de esta forma la programación.

En este sentido, surgió el tema de la necesidad de arriesgar en la TV abierta, y la mala señal interna para los canales que, ante un fracaso televisivo, los equipos son despedidos “Esto rigidiza los formatos posibles para la TV, impidiendo la expresión de la creatividad”.

Con respecto de la aparente contradicción entre la demanda por mayores contenidos culturales, y el bajo rating de estos programas, Rene Naranjo considera que es la misma televisión la que no genera audiencias para programas diferentes, y en cambio sólo se dedica a crear público para farándula y deportes, particularmente fútbol.

La discusión terminó destacando que, finalmente, la importancia de la televisión radica es que cumple una función socializadora: acompaña, genera temas de conversación, dicta agenda sobre lo que es relevante y lo que no, entrega versiones de la realidad e informa, y es precisamente en torno a estas funciones que debe evaluarse su situación actual, y no sólo en torno a las cifras del rating.

EL Observatorio considera que la conversación fue un gran aporte para avanzar en un tema de tanta relevancia social como es la calidad de la TV, y espera que el debate se amplíe y extienda a otros programas,  para que adquiera la masividad y amplitud que requiere y merece.

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