Diario del ogro: Se busca televisión pública

tv ruinasFredy Cancino / La Nación /  TVN puede servirse de los recursos publicitarios siempre que contribuya para sus propios fines de servicio público. ¿Cuáles fines? Aquéllos de una institución hoy día fundamental del Estado, tan esencial como la salud, la educación, el aire o el agua, o sea, depositaria de otro bien público como la información, la cultura, el crecimiento civil del país.

La designación de Mauro Valdés como director ejecutivo de TVN confirma la política de las cuentas azules que el canal público observa compulsivamente desde hace 20 años. Valdés, al igual que Daniel Fernández, su antecesor, es un hombre que viene del mundo del business. Fernández, de la empresa estatal ENAP; Valdés, de la minera privada BHP Billiton. Ambos con la misma misión en la vida: hacer fructificar la inversión, lo que en sí no tiene nada de malo, al contrario, malas inversiones dañan finalmente la economía nacional. El problema es otro: TVN es un canal público, que debe velar primeramente por la calidad de la emisión televisiva que produce.

¿Cuándo TVN abrazó esta lógica de mercado? A comienzos de los ’90, momento de grandes acuerdos pero también de transacciones poco felices, algunos clarividentes quisieron sustraer la TV pública de futuras manipulaciones de gobiernos o, peor aún, de regímenes monolíticos; la solución fue la de imponer a TVN el autofinanciamiento, para eludir el condicionamiento del poder mediante una supuesta autonomía basada en sus propios recursos económicos. En otras palabras, el “canal de todos” fue lanzado a la arena de la competencia comercial, un territorio reconocidamente brutal. Ahora, en las opciones valóricas de TVN pesan prioritariamente los aspectos comerciales, de retorno de la inversión. Éstos son los nuevos, únicos y verdaderos valores de esta empresa pública.

Palabras del ayer, como ética, responsabilidad civil, crecimiento cultural, fueron reemplazadas por teleaudiencia, rating, publicidad. Es el precio de “estar en el mercado”. Un mercado que desde años abandonó todo escrúpulo a la hora de elevar los índices de espectadores, indispensables para disputar los apetecidos bocados publicitarios, principal fuente de financiamiento (o de ganancia) de la televisión abierta. Vengan entonces los modelos de narcisismo de masa, fuera los valores de solidaridad social, de calidad cultural; bienvenidos el oportunismo y la agresividad, la futilidad y la diversión compulsiva. En las pantallas se impone el teatro de estrellas venidas de la nada, de personajes alumbrados por la habladilla popular, consagrados por los aplausos grabados. Los expertos de marketing saben desde hace mucho tiempo que para seducir a las masas se requiere gran espectacularidad, de gladiadores o de bufones. Todo vale ayer como hoy, distraer y elevar la audiencia es lo mismo. Lo vulgar, lo grotesco, los abusos, las fanfarronerías y mezquindades de todo tipo allegan puntos del rating, arrebatados a la competencia. Es la gran barraca mediática de la televisión chilena, en la cual TVN representa al Estado.

TVN puede servirse de los recursos publicitarios siempre que contribuya para sus propios fines de servicio público. ¿Cuáles fines? Aquéllos de una institución hoy día fundamental del Estado, tan esencial como la salud, la educación, el aire o el agua, o sea, depositaria de otro bien público como la información, la cultura, el crecimiento civil del país. A nadie se le ocurriría que los consultorios o las escuelas públicas se autofinanciaran y produjeran ganancias. Son inversiones que el Estado realiza “a pérdida”, sin esperar retornos ni dividendos que no sean los de solventar los derechos ciudadanos a la salud y a la educación. La información pluralista y de calidad, la buena cultura, los valores cívicos y políticos, deben ser considerados igualmente derechos de todos los chilenos. La telebasura dejémosela al mercado.