Director de «Etiqueta Negra» en Chile

Carmen Sepúlveda/ Nación.cl / Vino por Lollapalooza y se quedó enredado conversando sobre su obsesión: cómo contar buenas historias. Julio Villanueva Chang, editor fundador de la revista “Etiqueta Negra” habló de las elecciones peruanas y de su gran anhelo: hacer un perfil de Ricardo Arjona.

A su e-mail llegan cientos de mensajes de periodistas que quieren publicar en “Etiqueta Negra”, revista peruana donde es editor y fundador, y que este año cumple diez años. Pero lo cierto es que son muy pocos los que logran moverle una ceja que lo impulse a decir: “ok, esta es una buena historia”.

Villanueva es casi un ícono pop del periodismo latinoamericano, en nuestro país tiene muchos fans que lo siguen en cuanto taller imparte enseñando cómo escribir buenos perfiles. Estuvo en Santiago porque vino a Lollapalooza y, de paso, armó una pequeña charla en la Universidad Finis Terrae para presentar su libro “Elogios criminales” de la editorial Random House Mondadori.

Los estudiantes de la Finis Terrae lo escucharon con paciencia, porque es un chorro de anécdotas, apreciaciones y datos donde cuenta lo difícil que es llegar a los personajes y de todo el backstage que hay detrás de un texto.

Villanueva es un apasionado en describir su método que hace de “Etiqueta Negra” un referente estético y literario de crónicas periodísticas. Contó que su oficio lo define como contar historias que nadie cuenta, buscar personajes paralelos a los protagonistas inalcanzables, ser riguroso en la búsqueda, en la observación, en el justo punto medio donde coincide la curiosidad con la inteligencia. Tambuén destacó el buen principio de selección que hace que la mirada de las cosas y de las personas finalmente convierte una crónica común y corriente en un texto memorable. Según Villanueva, no hay nada peor que perder el tiempo leyendo, las historias tienen la obligación de dejar una experiencia.

Como buen observador aterrizó en nuestro país y minutos antes del descenso, un tripulante anunció por el micrófono del avión que el capitán se jubilaba en este vuelo: «Tal vez este sea el aterrizaje más difícil de la vida de nuestro piloto, porque es el último». Son ese tipo de datos domésticos los que agarra y los pone como si fueran escenas en reportajes que terminan siendo documentales literarios.

Villanueva habló de todo hasta a aquellos emprendedores que se quieran atrever a armar un proyecto literario. A ellos les dice que lo esencial del éxito es elegir un buen título que los empuje y los entusiasme, seguir el instinto y tener un muy buen diseño.

-¿Cuál es su candidato en las próximas elecciones peruanas?

-Toledo es el mal menor, parece que puede ser un buen administrador de la economía, los peruanos votamos al mal menor. No hay nadie en quien creer, no hay un proyecto, no hay ideas, casi toda la campaña se basa en insultos, en desacreditar al otro, casi todo lo que se discute son cosas de farándula y ese es el público electoral que va a decidir.

-¿A quién te gustaría hacer un perfil?

-A Ricardo Arjona, porque me parece un desafío intelectual entender por qué tanta gente le puede gustar un tipo tan cursi.

-¿Te gustaría rastrear a algún chileno en particular?

-Piñera me parece interesante, pero más interesante es el hermano, es una responsabilidad contar cómo un tipo que pasa por el loco de la familia no es tan loco como parece.

-¿Con qué grupo te quedaste en Lollapalloza?

-The National me gustó. Chico Trujillo me sorprendió.

¿Por qué te sorprendió Chico Trujillo?

-Me hizo pensar en cómo los grupos orbitales peruanos a su lado terminan siendo demasiado estilistas y poco auténticos. Saben cómo transmitir música a masas, tiene mucho de Kusturica, con elementos sinfónicos en ritmos populares, con letras de amor, tipo bolero, me gustó. Yo voy ahora mismo a comprar un disco de Chico Trujillo porque me dan ganas de escucharlo, frente al camino popular que usan las bandas, estos tipos han usado cierto sentido épico, la orquestación gigante que no puedes resistir porque el cuerpo empieza a moverse. Chico Trujillo me parece una buena orquesta hecha para bailar, que funciona en un país de gente que no sabe bailar. Lollapalloza es una buena oportunidad para volver a Chile, juntarme con viejos amigos… el Parque O’Higgins está algo descuidado, pero es bonito, es un gran espacio para recuperar.