“¿Dónde está Elisa?” El supositorio contra la flexibilidad programática

donde-esta-elisaSebastián Montecino / NO TV / La Nación / El producto de TVN cuaja gracias a un muy buen guión y a una tensión dramática sostenida con arte. No se trata de una obra maestra, no presenta mayores innovaciones, pero aprovecha los recursos de la historia al máximo. Sacando partido de la paranoia, la desconfianza y el miedo, presenta una galería de personajes que varían de la complejidad al estereotipo funcional.

Tiene un ritmo endiablado. Ese es quizás el mayor mérito de “¿Dónde está Elisa?”. Los cuarentitantos minutos de cada episodio se pasan volando.

A ratos, parece que los capítulos regulares fueran el resumen de toda una semana. La mayor parte del tiempo nos sumergimos en una historia de suspenso tan bien manejada, que poco importa la originalidad del caso y de la historia.

El producto de TVN cuaja gracias a un muy buen guión y a una tensión dramática sostenida con arte. No se trata de una obra maestra, no presenta mayores innovaciones, pero aprovecha los recursos de la historia al máximo.

Sacando partido de la paranoia, la desconfianza y el miedo, presenta una galería de personajes que varían de la complejidad al estereotipo funcional, pero que tienen el mérito de la identificación siempre vigente, en parte por los diálogos y en parte también por las actuaciones, que ya son un estándar en las nocturnas de TVN.

Acá el temor de perder a un hijo es el cimiento más básico sobre el que se sostiene el fenómeno. Casi como el miedo infantil al abandono (aprovechado tan bien por escritores como J.K. Rowling en la saga Harry Potter), las ansiedades de los padres son estrujadas con eficiencia.

A poco andar todos son sospechosos, el mundo es una amenaza y lo que creíamos saber sobre nuestros seres queridos era una mentira contada por nosotros mismos para poder dormir tranquilos.
Otro factor importante y más evidente de éxito: hay un equipo maduro, con experiencia y que además juega sólo en esto de las teleseries nocturnas.

También hay una seguidilla de hits y fenómenos (“Alguien te mira”, “El señor de La Querencia”) que generan expectativa.

Pero cuando la victoria es sostenida y sin rivales, siempre hay gente esperando que tropieces. Está vez no fue el caso. TVN pasó corriendo y sin desgastarse.

El caos en la programación de inicios del 2009 y el dominio chicloso y autocomplaciente que la telerrealidad farándula venía ejerciendo sobre el prime también hizo lo suyo.

La irrupción sorpresiva de “¿Dónde está Elisa?”, colgada de la misma estrategia con la que TVN fue sorprendido hace algunos meses, terminó devolviendo la mano al televidente, derrumbando el castillo de naipes de la trasnochada flexibilidad programática.

Nada menos flexible para la parrilla que una teleserie exitosa: un programa diario, emitido siempre a la hora y con un rating estable por sobre los 20 puntos.