El cine ha muerto… ¡Viva la TV!

Soledad Gutiérrez y Fernando Zavala / El Mercurio / La función va a comenzar y el espectador se sienta en la sala oscura. Pero ya no hay silencio. Suenan celulares, las voces de quienes los contestan, el crujido de las palomitas. La experiencia de ir al cine ha cambiado radicalmente, pero en los últimos días se han levantado voces que aseguran que el problema es aún mayor, llegando a declarar, sin rodeos, la muerte del cine.

Lo hizo James Wolcott, de la revista Vanity Fair, quien en una amarga columna escribió: “Antes, mi hora favorita para ir al cine era al final de la tarde. Ahora, casi nunca. Por estos días, en la oscuridad del teatro rogamos, no para que la película nunca termine, sino para que al fin empiece, para que la historia diga algo, y hora y media después, para que, por favor, se acabe”.

Wolcott no está solo. Lo acompaña en su funesto análisis un grande del cine, Peter Greenaway, responsable de “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”, quien incluso le puso fecha a la muerte del cine: el 31 de septiembre de 1983. Ese día, según él, “el control remoto llegó a los hogares del mundo y la TV se hizo interactiva. Algo que el cine nunca podrá ser”.

Para algunos afirmar que el cine ha muerto puede ser exagerado, pero los reclamos sobre una crisis en la pantalla grande no son recientes. El guionista de “En la cama”, Julio Rojas, dice: “No creo que el cine esté completamente muerto, sino en un proceso de transformación gigante”.

Aquella transformación se ha acentuado con la aparición de un contrincante duro y cada vez más hábil: la televisión. Ya en 2006, Jeremy Irons le decía a “El Mercurio”: “Viendo las películas que hay en este país, creo que los mejores trabajos se hacen en la televisión y no en el cine”. Series como “Los Soprano”, “Mad men” y la migración de varias estrellas de cine, como Glenn Close y Sally Field, han levantado la calidad de la antes llamada “caja tonta” (ver nota relacionada).

El director Ricardo Larraín dice: “La TV ha proliferado mucho en sus formas de exhibición y siento que esa industria ha tomado la iniciativa y ha empujado proyectos de ficción audiovisual que antes los desarrollaba el cine”.

No es el único argumento para hablar de muerte o agonía. El altísimo costo de las películas es una amenaza. “Batman: El caballero de la noche” tuvo un presupuesto de US$ 185 millones y la nueva entrega de la saga de Harry Potter, que debuta en 2009, supera los US$ 200 millones. Cierto, la película en la que Heath Ledger interpretó al Guasón fue todo un éxito; y todo hace sospechar que la nueva aventura del niño mago será tan taquillera como las cinco anteriores; pero ante la siempre amenazadora piratería y una de las crisis económicas mundiales más complejas de los últimos tiempos, la pregunta es si en el futuro habrá fondos para resistir tales presupuesto y público para recuperar las inversiones. La revista Variety publicó esta semana que los estudios de Hollywood tienen asegurados los recursos para sus superproducciones, como “Alicia en el país de las maravillas” o “Robocop”, sólo hasta 2011. Algunos en Hollywood ya están buscando dinero fuera de su país. El ejemplo más sonoro es Steven Spielberg, quien se acaba de asociar con el titán de las comunicaciones indio Reliance ADA Group para la producción de películas de su estudio, Dreamworks.

Hay más: Las huelgas están generando un clima de desconfianza en Hollywood. Los guionistas paralizaron la industria por tres meses a fines del año pasado y ahora hay una nueva movilización en el horizonte, la de los actores, pospuesta por varios meses pero cuya realización es cada vez más probable.

Pero no todo el cine es Hollywood. ¿Está muriendo también el de Europa, Asia o incluso Latinoamérica? Tal vez no, pero su difusión en el resto del mundo es escasa en comparación al cine norteamericano y su público es menor. El director Matías Bize afima: “Yo sigo viendo muchas películas buenas en festivales por el mundo, pero no llegan acá, no son distribuidas”.

Alex Doll, distribuidor chileno de cine arte, explica: “Creo que el cine de calidad siempre se podrá ver, al menos en festivales, pero ese es un público erudito. Sin embargo, yo sigo luchando por traer cine latino o europeo a las salas comerciales, porque creo que es la única manera de ampliar los cánones culturales de la gente”.

Grandes estrellas en pantalla pequeña

Al Pacino, Meryl Streep y Emma Thompson, dirigidos por Mike Nichols. Suena como el equipo ideal para una película con serias posibilidades de ganar el Oscar. Pero no, estos cuatro grandes del cine se reunieron para la exitosa miniserie de HBO “Angels in America”, en 2004. Ese ejemplo ya era una muestra de que la televisión estaba opacando al cine; y con el tiempo, los casos han aumentado.

“La caja tonta es más lista”, decía la semana pasada la revista española El País Semanal. Y es cierto. Desde hace una década, varias series de televisión estadounidenses están cosechando aplausos y fanatismos en el mundo. “Los Soprano”, “The west wing”, y la reciente “Mad men” son algunas de ellas. Ricardo Larrín cuenta: “Voy a ocupar una metáfora anticuada, pero creo que en las series de TV, curiosamente, aparece algo como ‘la gran novela’. Por ejemplo, ves 12 capítulos de ‘Dr. House’ y es como si te hubieras leído un tomo de 200 páginas. En ese sentido, aparece ahí una forma de expresión súper atractiva, porque permite un abordaje más en profundidad de ciertos temas. Y la película está ceñida a la hora y media”.

Una prueba rotunda se dio en septiembre pasado, en la última entrega del premio Emmy, el Oscar de la televisión. Nominadas a Mejor Actriz en una serie dramática estaban cuatro estrellas de cine: Sally Field, Holly Hunter, Glenn Close y Kyra Segdwyck. Las dos primeras incluso han recibido el Premio de la Academia. Ganó Close, por la serie “Damages”, una de las más recientes en encontrar éxito en la TV. En esa misma gala, Tom Hanks se llevó un Emmy por haber producido la miniserie “John Adams”, de HBO, una historia sobre el segundo Presidente de los Estados Unidos, que nunca encontró cabida en la pantalla grande.

La televisión pasa por un buen momento y el principal responsable es HBO. A fines de los 80, los cerebros de ese canal de cable apostaron por fichar grandes nombres, se la jugaron por propuestas arriesgadas que resultaron exitosas y obligaron a su competencia a levantar el nivel de calidad. La comedia “The Larry Sanders show” fue una de las primeras, y la consagración de su señal vino con “Los Soprano”. Luego, el canal siguó acaparando premios y audiencias con “Sex & the city” y “Curb your enthusiasm”.

La competencia respondió. La NBC fichó a Martin Sheen para ser el Presidente de los EE.UU. en “The west wing”; la ABC, a Sally Field para “Brothers & sisters”, y Glenn Close actuó en una temporada de la serie “The shield” antes de obtener una propia con “Damages”, de la señal FX.

Showtime es otra señal que se ha impuesto, gracias a la provocación. Series como “Queer as folk” y, recientemente, la comedia “Californication”, protagonizada por David Duchovny, han sido bien recibidas por el público y los críticos.

AMC se anotó un triunfo este año con “Mad men”, que en Latinoamérica exhibe HBO. El programa ganó el Emmy a Mejor Serie Dramática, la primera vez para un canal de cable del paquete básico.

El camino que falta en la TV chilena

El cine y la TV en Chile están relacionándose: ya a fines de los 90, TVN fichó a cineastas para sus “Cuentos chilenos”, y este año el realizador chileno más imternacional, Raúl Ruiz, hizo dos series para ese canal. En Canal 13 han trabajado con Ricardo Larraín, Cristián Galaz y Gustavo Graef Marino, entre otros, para su Proyecto Bicentenario, y hoy debuta “Los 80” (en la foto), con Boris Quercia como director y Andrés Wood como uno de los productores.

Pero más allá de estos ejemplos, ¿es posible sentenciar el triunfo definitivo de la TV por sobre el cine en el ámbito local? Al parecer, acá falta mucho. Los proyectos de calidad en la TV son contados y luchan por subsistir en un sistema orientado a que la mayoría de sus programas ganen dinero.

La gran fuente de financiamiento para los proyectos innovadores o que buscan la calidad sigue siendo el Consejo Nacional de TV. El anuncio del gobierno de que en 2009 esos fondos llegarán a $4.400 millones mantiene expectante al mundo audiovisual: “Se deberá determinar si apostamos por más proyectos o por algunos, pero con más plata”, resume una fuente.

Alberto Gesswein, el encargado de Bicentenario en Canal 13, precisa: “Hicimos ‘Los 80’ y ‘Héroes’ financiado por el canal, sabiendo que son caras. Los otros canales siguen en el modelo tradicional, con fondo CNTV, pero en ningún caso me parece que sea un camino equivocado. Son alternativas para llegar a la calidad, tal como buscar el apoyo de empresas”.

“Si un lunes le disparas a un dinosaurio en el cerebro, su cola seguirá moviéndose hasta el viernes. Igual pasó con el cine, cuyo cerebro también está muerto”.

Peter Greenaway
Cineasta