El cuento del lobo de la TV digital

Lucas Sierra / Cuentos / Columnas El Mercurio/ Se parece al cuento del lobo. Se anuncia y se anuncia, pero no llega. La norma técnica fue anunciada por primera vez para diciembre del año 2000, y nada todavía. Hace días se informó que su decisión se suspendía y que, en cambio, estaba por mandarse al Congreso un proyecto con reformas a la Ley de Televisión. Nada todavía.
Quizás la demora de la norma técnica no sea, después de todo, algo negativo. Desde el año 2000 los estándares técnicos para la televisión digital han evolucionado. La experiencia de la región, por su parte, es variada. Brasil adoptó la norma japonesa, modificándola. Uruguay y Colombia, en cambio, optaron recientemente por la europea. Argentina se había comprometido con la norteamericana, pero ahora está explorando las otras. Más lejos, algo parecido le pasó a Taiwán: optó por la norteamericana, pero después se quedó con la europea. No es cuestión fácil.

                                                                           

Por esto, tal vez sea prudente dejar la norma técnica pendiente y preocuparse de las otras cuestiones que hay que decidir sobre la televisión digital. Estas tienen que ver con el marco legislativo de la televisión abierta en Chile. Hasta cierto punto, son independientes de la norma técnica que finalmente elija el Gobierno.

Entre estas otras decisiones, que son legislativas, está la de las concesiones de televisión. ¿Cómo transitarán a la era digital las actuales concesiones de televisión analógica? Un poco más de un tercio de estas concesiones -las más antiguas- son especiales: duran indefinidamente en el tiempo. El resto -otorgadas a partir de 1992- duran 25 años. ¿Qué se hará con esta diferencia al digitalizar la televisión?

También es una pregunta difícil, pues hay que conciliar intereses en pugna. Por una parte, se debe respetar el derecho de esas concesionarias a emitir televisión indefinidamente. Por la otra, hay que aprovechar al máximo las mejoras en la eficiencia con que se usa el espectro radioeléctrico.

Parece posible conciliar ambos intereses por la vía de pensar que el espectro radioeléctrico “casado” para siempre con esas concesiones indefinidas es el mínimo posible. ¿Cuál mínimo? El estrictamente necesario para emitir una señal de calidad estándar, que es harto menos que el que usan hoy.

Si estas concesionarias quieren el espectro que hoy usan, porque quieren transmitir en alta definición o emitir más de una señal estándar, deberían renunciar al carácter indefinido en el tiempo de que gozan para sujetarse al límite temporal que se les fije a todas.

A la larga, estas otras cuestiones son tanto o más delicadas que la norma técnica, pero se ven más claras. El cuento del lobo no vale con ellas.