El gran carnaval en la mina San José de Chile

mineros interior minaRamón Lobo / El país.com / Billy Wilder lo contó en El gran Carnaval: los peligros de una prensa sin escrúpulos. Nada de eso hay, al parecer, en lo alto de la mina San José, en Chile. Abajo, a casi 700 metros, 33 mineros convertidos en héroes globales que han comenzado a salir a la superficie; arriba, más de 1.500 periodistas dispuestos a todo a cambio de un buen titular. De un tiempo a esta parte, la información se ha transformado en un plató sobre el que gira un trozo de la realidad. Afecta sobre todo a las televisiones, tan dadas al espectáculo, y allí están muchas emitiendo en directo el rescate. La corresponsal de Al Jazeera fue más lejos en la víspera: se calzó un casco blanco y se hizo filmar descendiendo por un agujero acompañada de un rescatador. Por la mina han aparecido todo tipo de oportunistas, hasta los clubes Barcelona y Real Madrid no han perdido la oportunidad de sacarse una buena foto.

Mi compañero Francisco Peregil, que fue de los primeros en llegar nada más conocerse el accidente, informa de que los mineros han recibido clases para enfrentarse a los periodistas una vez que alcancen la superficie: cómo deben responderles, qué decir, qué callar. Es como si estos hombres que llevan 68 días atrapados regresaran a un mundo diferente y fuera necesario habituarles a cambios radicales.

Escribió el reportero Bru Rovira en el libro Los ojos de la guerra que los periodistas acuden en tropel a la ciudad A sin que se sepa muy bien el motivo de ese interés y pasado un tiempo, después de haber informado de la intimidad de personas de las que nunca habían oído hablar, los mismos periodistas se mudan a la ciudad B donde repiten el comportamiento hasta que se mudan a la ciudad C.

El orden de salida es importante. Psicólogos y expertos han analizado lo mejor para garantizar el éxito y han optado por sacar primero a los más ágiles para elevar la moral de los demás. Es una operación delicada. Los están subiendo de uno en uno metidos en una jaula de 53 centímetros de ancho. El ascenso dura unos 15 minutos y en el que recomiendan respirar despacio y no hiperventilarse. El último en abandonar la mina será, posiblemente, el líder del grupo, Luis Urzúa, el hombre que ha logrado mantener no sin problemas el ánimo, la disciplina y la esperanza.

Hay precedentes a San José; sucedió en La Pinta (en Illapel) en agosto de 1992. Los dos mineros sobrevivieron un mes a cien metros, pero su rescate tardó dos meses. Entonces llegaron tarde. Ambos estaban muertos.

Si José Saramago estuviera vivo posiblemente recuperaría su Ensayo sobre la ceguera para explicar la odisea. Los de arriba creen que ven porque están en la luz y tratan a los de abajo como ciegos porque están en la oscuridad. Un gran escritor como él habría encontrado la paradoja que separa una buena obra de una obra maestra, pues es muy discutible quiénes son los ciegos y quiénes los videntes.