El hombre que conquistó América con una cámara de video

 

Cada vez que Juan Downey y parte de su familia partieron, entre 1973 y 1979, hacia alguna zona del continente americano, el mismo equipaje era cargado en la camioneta que los trasladaba: una carpa, un colchón y el equipo de video que el artista visual necesitaba para documentar el recorrido.

 

 

Jazmín Lolas, LUN

El grupo hizo varios viajes -la mayoría durante los meses en que tanto padres como hijos se encontraban de vacaciones- y las grabaciones donde están registrados constituyen una sola gran pieza audiovisual: Trans Américas .

La obra, que muestra el periplo del chileno Juan Downey de norte a sur del continente, se exhibe por primera vez en el país, en una exposición que acaba de inaugurarse en la Galería Gabriela Mistral (Alameda 1381).

El montaje se distribuye en dos salas. En una se presenta una serie de dibujos del destacado artista (ver recuadro) y en la otra, su contundente trabajo audiovisual. El material que Downey (1950-1993) reunió en sus recorridos se proyecta en catorce monitores instalados dentro de una zona delimitada por el contorno de un mapa de América que cubre todo el piso de la sala.

Cada televisor se ubica en el punto correspondiente al lugar que se ve en el video. De ese modo, al contemplar imágenes de, por ejemplo, Macchu Pichu y Chile, el espectador debe pararse, simbólicamente, sobre el área geográfica respectiva.

La muestra abarca desde Nueva York, donde residió el artista a partir de 1966, hasta Chiloé, y pasa por Texas, San Antonio, México, Venezuela y Bolivia, entre otros destinos.

“Juan quería reencontrarse con sus raíces, su bisabuelo era mapuche, y con todas las raíces americanas”, cuenta su viuda, Marilys Downey, sobre el objetivo que tuvo el autor al hacer estos viajes, destinados a conocer las vidas de pueblos autóctonos.

Al artista lo acompañaron siempre su mujer y dos de sus cuatro hijos. “No nos limitábamos a observar a los indígenas, sino que convivíamos con ellos. Para eso había que ganarse su confianza, pero Juan tenía bastante magia para conseguirlo”, comenta.

Cada vez que llegaban a un nuevo pueblo o localidad, Downey y su comitiva les mostraban a los lugareños las grabaciones de la zona que habían visitado anteriormente. “Ellos reconocían cosas, insectos, árboles, costumbres, en fin”, dice la viuda.

Una de las estadías más largas de Downey tuvo lugar en el Amazonas -ahí el artista contrajo malaria-, donde vivió durante nueve meses con los indios yanomami, los que se familiarizaron tanto con sus visitantes que llegaron a tomar la cámara para grabar ellos también.

La relevancia de esta obra, afirma Marilys Downey, radica en que “muestra que somos todos lo mismo, que tenemos más cosas en común que diferencias. Seríamos una gran potencia si nos uniéramos”.