El irresistible poder de las audiencias
Federico Joannon /Abogado / Desde que Gutemberg descubrió la imprenta hace 500 años el fenómeno del traspaso de la información ha ido variando, evolucionando, haciéndose cada vez más rápido y masivo. Muchos han quedado y quedarán en el camino.
Lejanos se ven los tiempos de gloria de la imprenta rotativa (segunda mitad del S. XIX y primeros decenios del S. XX), donde los medios de prensa intermediaban entre los ciudadanos comunes y el Poder de la época. Los medios contenían un relato diario o semanal o mensual, e interpretaban la realidad a su audiencia. El texto y la fotografía convivían para narrarle al lector lo que había sucedido el día o semana o mes anterior.
Con la masificación de la radio, a partir de los años ’30 del siglo pasado, y posteriormente con la penetración amplia de la televisión de libre recepción, desde los años ’60 en adelante, se multiplicaron y complejizaron los instrumentos o medios para llegar a las audiencias, pero éstas siguieron siendo pasivas y los relatos no dejaron de ser “periódicos”, de situaciones y hechos ocurridos en el pasado (aunque un pasado cada vez más inmediato). Al texto y la fotografía se suman el audio y la imagen en movimiento. Tanto diarios, radios y canales de televisión practican el referido modelo de intermediación de información entre el ciudadano “de a pie” y sus “gobernantes”.
Los modelos de negocio de los medios de comunicación están en constante entredicho y revisión.Ya en las postrimerías del siglo pasado nace la red de redes, Internet, que con su desarrollo, fortalecimiento y masificación, especialmente a partir del segundo lustro de este S. XXI, cambia radicalmente los paradigmas mencionados. Entramos en la denominada Era Digital, donde los mensajes (texto, fotografías, audio e imágenes en movimiento) son solo datos en código binario (0-1-0-1-0-1), lo que permite su rápida (casi inmediata) y eficiente divulgación o “propagación” por las redes materiales y por el espectro radioeléctrico. Los mensajes se descomponen y componen en fracciones de segundos, en cualquier lugar del orbe.
Lo anterior, ha provocado muchas transformaciones en nuestra sociedad. Ahora todo es y debe ser “al instante”; las personas se relacionan directamente entre ellas a través de redes y comunidades; la gente –especialmente los más jóvenes- se muestra a los “otros” sin tapujos ni complejos, se exhiben en una especie de “reality show” permanente, continuo, entretenido e interactivo. Todo es rápido y debe ser seductor. Alessandro Barico nos retrata lúcidamente este fenómeno en su ya clásico libro “Los Nuevos Bárbaros”.
En esta Era Digital los contenidos y las audiencias se multiplican y fragmentan, especializándose y personalizándose, como consecuencia que la tecnología ahora lo permite y es comparativamente más barata que la anterior (la analógica), tanto para producir como para distribuir información (texto, fotografías, audio e imágenes en movimiento). La fidelidad y hábitos de las audiencias se debilitan. Las pautas de consumo cambian radical y permanentemente, la gente no se informa solo por los medios ya tradicionales (diarios en papel, radio y televisión), sino que –crecientemente- a través de medios en Internet, redes, buscadores de contenidos Web, teléfonos móviles, Ipods, videoconsolas, etc. La producción de contenido ya no es monopolio de directores y editores, quebrándose así la intermediación del pasado.
Es más, ahora el relato informativo es construido -muchas veces- interactivamente entre los medios y sus lectores, y entre éstos y sus comunidades de referencia (principalmente a través de la Web). Ha surgido el concepto “prosumidores”, esto es, consumidores que –a su vez- generan contenidos, por ejemplo, comentando activamente las noticias que aparecen en un diario en Internet. Se consolida durante estos últimos años un fenómeno que podríamos denominar de “información osmótica”, donde las personas se informan por el solo hecho de existir en una sociedad como la nuestra (caminando por la calle y abriendo el correo electrónico, por ejemplo).
Estamos en tiempos de una comunicación más horizontal, interactiva y participativa. La narrativa en la Era Digital es multimedial, es una amalgama de texto, gráfica, audio y video, con vínculos e hipervínculos entre sí, de ida y vuelta con otros medios, fuentes y soportes: diario on line – TV Digital on line – radio on line – teléfonos móviles; blogs; Facebook; Twitter; otras redes digitales.
Todo lo anterior, ha traído como consecuencia un “nuevo trato” entre los medios de comunicación y sus consumidores, estableciéndose un sentido de “comunidad informativa”, abierta, participativa, donde el señalado “prosumidor” es parte del proceso informativo. Los estudiosos hablan de periodismo 3.0, de fuente abierta, de igual a igual, que establece una red con el público.
Esto ha ido generando, como es obvio, grandes cambios a nivel de la industria de la producción editorial, con salas de redacción más reducidas (buscando el ahorro y la eficiencia) e integradas multidisciplinariamente, que incluyen el flujo desde los consumidores, con periodistas “totales” que practican una especie de “prensa total”, algo así como, a nivel futbolístico, lo fue el “fútbol total” (recuérdese a la “naranja mecánica” holandesa del Mundial 1974).
La “industria” de la producción de contenidos periodísticos, en Chile y el mundo, ha entrado en crisis. Los editores de los grandes medios tradicionales ya no pueden viajar lujosamente. Nadie tiene asegurado el futuro, el sustento hay que ganárselo día a día, minuto a minuto. Un botón de muestra es la compra por parte del multimillonario mexicano Carlos Slim de una cuota relevante del capital accionario del sofisticado y primer mundista diario The New York Times, por necesidades urgentes de “caja” de este influyente medio. Los modelos de negocio de los medios de comunicación están en constante entredicho y revisión.
En fin, soplan vientos de cambio. Se trata de una marea intensa e irresistible, algo así como lo que ocurrió con el descubrimiento de la imprenta por Gutemberg, donde los monjes que escribían a mano, página a página y tomo a tomo, dibujando pausadamente letras e ilustraciones (traspasando muy lenta y elitistamente la información), tuvieron que jubilarse. ¿Qué bien suena, no?


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