El mal humor de Viña y la calidad de la TV

flores en viñaObservatorio / Las rutinas supuestamente humorísticas desplegadas en el Festival de Viña del Mar provocaron una intensa polémica sobre los recursos utilizados por los artistas de turno para captar el interés del público y cosechar antorchas y gaviotas. La principal crítica de analistas y organizaciones ciudadanas se centró en la majadera parodia a los homosexuales, presente en casi todas las rutinas de los humoristas que desfilaron por el certamen; en el uso de chistes repetidos con fuerte contenido escatológico, y de trucos muy poco sutiles -y bastante fomes por lo demás- en el intento por provocar la hilaridad de las audiencias. En suma, abuso de la vulgaridad, de los lugares comunes y de la homofobia en un espectáculo que se ve en todo Chile y en muchos países de Latinoamérica.

El analista mercurial Carlos Peña, en una columna publicada en la sección Reportajes, enfrentó el conflicto desde la perspectiva de la libertad de expresión. Según el abogado, ese derecho garantizado por la constitución del Estado, implica ser tolerantes con los posibles excesos y con ciertas dosis de vulgaridad inherentes a cualquier espectáculo masivo, de lo contrario estaríamos expuestos a formas de censura previa inaceptables en una sociedad democrática.

Lo que no considera el argumento del rector de la Universidad Diego Portales y que plantean algunos analistas, es la obligación de los organizadores de un certamen tan masivo como el Festival de Viña, de elegir humoristas con verdadero talento, capaces de urdir un humor agudo, valiente a la hora de cuestionar los poderes, inclusivo y no discriminatorio, que nos permita reírnos de nuestras propias vulnerabilidades compartidas. De acuerdo a esta visión, que suscribe nuestro Observatorio, en el ejercicio de la responsabilidad editorial del canal a cargo de transmitir el evento y elegir los artistas, no está en juego la libertad de expresión, sino el derecho del público a disfrutar de un espectáculo de calidad, en el entendido que todo medio de comunicación social de masas tiene el imperativo ético de entregarle a las audiencias contenidos atractivos sin afectar la honra y la dignidad de las personas, ni de grupos, independientemente de su orientación sexual. El buen humor consiste en reírse con los otros y no a costa del otro y para conseguirlo no es necesario censurar, sino establecer parámetros mínimos de calidad a cualquier artista que pretenda enfrentar un escenario tan gravitante como Viña.

El debate, en los últimos días, ha desembocando en una discusión sobre la calidad global de la TV chilena, cuestionada por la ciudadanía en las encuestas de satisfacción realizadas por el CNTV y que reflota cuando un evento transmitido a todo el territorio nacional deja al trasluz la mediocridad de ciertos contenidos.

La preocupación de las audiencias, en este sentido, se expresa en un explosivo aumento de los reclamos que recibe el CNTV: Entre enero y febrero de 2011, 341 televidentes protestaron ante el organismo que supervisa la televisión en Chile y los principales focos de denuncia fueron los programas de farándula como “En portada”, el reality “Año 0″ de Canal 13 y los humoristas del Festival de Viña del Mar.

Lea a continuación algunas opiniones aparecidas sobre el tema:

Calidad de la TV: opinión de Blas Tomic, ex presidente del Metro

Calidad de la TV: opinión de Jorge Donoso, consejero del CNTV

Calidad de la TV: opinión de Sergio Godoy, académico UC

Calidad de la TV: otra mirada de Blas Tomic sobre el tema