El Mercurio informa sobre libro que denuncia al Mercurio

el-mercurio-mienteObservatorio / En un artículo de su sección cultura El Mercurio comenta el lanzamiento de un libro basado en un documental dedicado a la historia negra del propio Mercurio. La nota se titula “libro de campaña contra El Mercurio en la Universidad de Chile” y en su encabezado afirma que el libro El Diario de Agustín es la “expresión escrita de la campaña contra El Mercurio que el año pasado tomó forma por medio de un documental de cine de Ignacio Agüero”

Este artículo representa un giro en la línea de El Mercurio que, hasta ahora, prácticamente no había informado sobre el documental de Agüero donde se  analiza los vínculos entre el decano de la prensa chilena y casos emblemáticos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.

El Mercurio guardó silencio cuando el documental recibió el Premio Altazor y hace unos meses un crítico de cine de Artes y Letras renunció al matutino por haber sido censurado un comentario suyo sobre “El Diario de Agustín”. En la edición del martes, sin embargo, El Mercurio decidió informar presentando el libro recién editado como parte de una “campaña” contra ese medio:

El Mercurio:

“El Diario de Agustín”:
Libro de campaña contra “El Mercurio” en la U. de Chile

La expresión escrita del documental de Ignacio Agüero fue presentada ayer en la Casa Central.

Convocados por el prorrector de la Universidad de Chile, Jorge Las Heras, y Faride Zerán, directora del Instituto de Comunicación, unos 200 asistentes, en su mayoría estudiantes, se reunieron ayer en la mañana en la Casa Central de ese plantel para el lanzamiento del libro “El Diario de Agustín” (Lom ediciones), expresión escrita de la campaña contra “El Mercurio” que el año pasado tomó forma por medio de un documental de cine de Ignacio Agüero. Además de los convocantes, estaban presentes la embajadora de la República Bolivariana de Venezuela, el ex diputado Andrés Aylwin, y los periodistas Juan Pablo Cárdenas, Manuel Cabieses, María Olivia Monckeberg y Carmen Soria. Actuó como maestro de ceremonias el locutor Sergio Campos.

Faride Zerán discurrió en su presentación sobre la idea de que “El Mercurio” había escrito las páginas más negras de la historia de la ética periodística en Chile. A continuación, Cristóbal Peña, periodista del Ciper, hizo hincapié en que “El Mercurio” no había hecho un mea culpa por sus actuaciones pasadas. Eduardo Santa Cruz, presentado como académico del Instituto de la Comunicación de la U. de Chile, comenzó su intervención diciendo que, tras leer el libro, se daba cuenta de que “‘El Mercurio’ miente… y hace muchas cosas más”. Sostuvo que “El Mercurio”, representante de una lógica liberal-capitalista, seguía teniendo importancia porque en Chile ésta se la daban todos, incluidos los políticos de izquierda. A su juicio, los contenidos de “El Mercurio” los fijan sus dueños.

En una segunda ronda de intervenciones, Horacio Verbitsky, argentino, sostuvo que en su país no existía un medio que tuviera la “centralidad” de “El Mercurio”. Ni siquiera juntando en uno al “Clarín” y a “La Nación” -dijo- se llega a algo como “El Mercurio”. Insistió en que le parecía raro que en Chile, donde se había generado prensa independiente durante la dictadura (APSI, Análisis, Cauce, HOY, Fortín Mapocho, etc.), no se hubiera podido crear un diario en esa línea una vez recuperada la democracia. Era, en ese sentido, exactamente lo inverso de Argentina. A juicio del trasandino, la buena noticia es que “El Mercurio” es un fósil. El último en su género, agregando al respecto algunas expresiones peyorativas contra Agustín Edwards. En la siguiente intervención, la editora del libro, Claudia Lagos, se concentró en agradecimientos y en destacar la “épica” de quienes habían participado.

Cerró el acto el prorrector Jorge Las Heras, el cual señaló que el trabajo presentado mostraba lo que era “El Mercurio”. Insistió en la necesidad de contar con otros medios, ya no de izquierda, sino progresistas, pues tras la (eventual) salida de Piñera, “La Nación” iba a decir lo que éste pensara. Concluyó agregando que esperaba que los autores, en cuanto alumnos de la Universidad de Chile, no fueran a buscar trabajo a “El Mercurio”. La ceremonia terminó con el himno de la Universidad de Chile.