El nuevo ciclo de la TV

Compartimos Columna publicada en La Segunda de ayer, de Daniela Gutiérrez de Fucatel y Sergio Gándara de la Asociación de Productores de Cine y Televisión, sobre la norma de TV cultural que es obligatoria desde el día de ayer.

tv cultural

La televisión abierta cuenta con 6 canales privados y uno público que por tener la obligación de autofinanciarse, compite junto a los otros por la torta publicitaria. Al contrario de las promesas de proliferación de opciones y libertad de elección que se auto adjudica la competencia privada, la programación tiende progresivamente a la uniformidad de los contenidos.

Derribando el mito, muchas veces programas “de entretención” que buscan públicos masivos no alcanza altas cifras de rating y a la larga para los canales es una pérdida de dinero y para las personas una pérdida de tiempo frente al televisor. Emblemáticos son los casos de “Juga2”, “Secreto a voces”, y varios realities como “Generaciones cruzadas” o “Padres lejanos”. Esto se suma a la insatisfacción de las audiencias principalmente por la pobreza y similitud de los contenidos y pocas opciones para elegir dentro de las franjas horarias.  Esta evidencia nos lleva a reflexionar sobre los desafíos tienen los canales al enfrentar la digitalización de sus señales.

En la mayoría de los países que se enfrentaron a la digitalización, los primeros debates y preocupaciones tuvieron relación con la necesidad de fomentar la creación dentro de los canales y el fortalecimiento de la producción independiente, entendiendo que era fundamental tener la capacidad de crear contenidos nuevos, diversos e innovadores.  Esto, porque el riesgo que se corre es que la multiplicación de señales signifique en la práctica una multiplicación de lo mismo que vemos ahora.

Es en esta línea que se impulsan iniciativas como la reciente incorporación en la Ley de TV Digital de la obligación de los canales de transmitir 4 horas de programación cultural semanal, 2 de ellas en horario de alta audiencia.

Hemos visto preocupación por parte de algunos sectores porque esta medida signifique una intervención del modelo de negocio de los canales que, a la larga, implique pérdidas económicas. Incluso hemos visto a los más radicales hablar de “intervencionismo estatal” o “censura”. Pues no, ambas preocupaciones se basan en supuestos equivocados e injustificados, como son que un programa cultural es incompatible con una línea editorial o que la TV cultural nunca tendrá audiencias masivas.

Eso no es exactamente así. Primero que nada, si los modelos de negocio tuvieran que adaptarse sería por causa de la digitalización, no de la obligación de incluir contenidos culturales en su programación. Además, ambos supuestos evaden el tema de fondo: los canales se encuentran ante un desafío creativo y de producción, como es programar contenidos culturales consecuentes con sus líneas editoriales y en formatos masivos que puedan alcanzar alta audiencia.

En Chile tenemos ejemplos exitosos. El docureality “4to medio” probó que contenidos con identidad nacional son más competitivos en horario prime que otros docurealities como “Las Argandoñas”. Similar experiencia ha tenido la programación especial por fechas históricas como durante el Bicentenario “Canción Nacional” y “Grandes Chilenos”, o durante la conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado “Las imágenes prohibidas” y “Ecos del desierto”.

Pues bien, si los canales no encuentran en sus fórmulas recurrentes cómo hacer TV competitiva para el horario prime con contenidos culturales, se puede tomar el ejemplo de experiencias extranjeras. En Colombia, por ejemplo,  la segmentación de las concesiones propició un modelo de negocio que ha consolidado su industria nacional a través de la especialización de las productoras independiente, encontrando claves de programación infantil, cultural o juvenil que tienen buena recepción por parte de las audiencias y altas cifras de rating.

Así mismo, en Chile la industria audiovisual se consolida progresivamente. Abrir los horarios de pantalla prime a productoras independientes, con o sin fondos del CNTV, es una posibilidad de diversificación de la oferta que podría aumentar las audiencias no sólo disputando aquellas que siguen fieles a la TV abierta, sino que recuperando a los que por falta de opciones migraron al cable o a plataformas audiovisuales de Internet. La venta publicitaria también se beneficiaría pues las marcas estarían asociadas a programación con contenidos evaluados como “positivos” por sus públicos, no como ocurre ahora con algunos “éxitos de rating”.

En síntesis, la digitalización obligará a los canales a reevaluar sus modelos de negocios, su programación y su relación con las productoras independientes. Para que la programación cultural tenga éxito, requerirá los mismos esfuerzos de parte de los canales que el resto de la programación en este nuevo ciclo de la TV.

Daniela Gutiérrez, Observatorio Fucatel

Sergio Gándara, Presidente de Asociación de Productores de Cine y Televisión