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El olvido en tiempos de Internet . Un país sin autoridad de protección de datos personales

13 noviembre 2015 • La Opinión de FUCATEL

Fucatel, 13 de noviembre de 2015,

pulseraEstamos completamente conectados, nuestro teléfono móvil cuenta los pasos que damos, qué comemos, qué leemos y vemos, con quien y de qué hablamos, además  se comunica con los aparatos que llevan las personas con las que nos reunimos, así que también sabe con quien ando y “presume” quien soy. Ya no es ficción que nuestra ropa sepa si hemos subido unos gramos de más y que pueda enviarnos un mensaje de advertencia si es que nota que abrimos el refrigerador nuevamente.

El almacenamiento y tratamiento de la información ya no es una cuestión de dinero sino de “colaboración” de quienes estén dispuestos a compartir lo que saben de nosotros en pos de un beneficio no siempre identificado, pero que según dicen es la solución contra la pobreza, el hambre, la corrupción, la delincuencia o la crisis del capitalismo.

Estas condiciones que podrían traer grandes beneficios para una sociedad más inclusiva y mejor informada, puede volverse en contra de las personas, si su desarrollo no va acompañado de una educación y cultura de lo digital, además de la actualización de nuestras añejas leyes.

A nuestros hijos les enseñamos a que si van por la calle no hablen con extraños, que no salgan a la calle solos, además de hábitos de higiene básicos para preservar su salud e integridad física y psíquica, pero ¿Quién les enseña a reconocer quien es su ”amigo” virtuales de Internet”?, nosotros mismos no trepidamos en comprar(les) el último aparato tecnológico sin considerar qué información obtiene, quien la usa y para qué la usa. Cuando nos ofrecen un servicio -o nos deniegan otro- no advertimos que alguien tomó esa información y tomó decisiones respecto de nuestra persona o de los que nos rodean.

Lo malo es que no pocas veces esas decisiones son discriminatorias y afectan de manera substancial los derechos de las personas. Esto es grave si consideramos que en Chile no tenemos a quien acudir porque no hay una agencia de protección de datos personales y no todos pueden darse el lujo de litigar en tribunales, sobretodo si consideramos que a lo sumo podríamos obtener una magra indemnización, que no compensa el daño que puede provocar la difusión de información, hoy en día en que el olvido es cosa del pasado, gracias a Internet.

 

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