El País 10.000

Juan Varela / Periodistas 21 /

El País cumple hoy 10.000 números. Desde 1976 el diario de Jesús Polanco se ha consolidado como el líder de la prensa española y el modelo de referencia del último cuarto del siglo pasado. El País transita en estos primeros años del nuevo siglo en la mejor de las tesituras:


>> es el líder de la prensa de información general en difusión y audiencia con más de dos millones de lectores y 475.000 ejemplares vendidos;
>> ha consolidado su posición de diario de referencia y modelo de calidad entre la prensa española;
>> ha superado a algunos de sus modelos en influencia, éxito comercial y adaptación: Le Monde, Frankfurter Allgemeine Zeitung…
>> ha consolidado una estructura multimedia poderosísima que domina la radio convencional (Ser) y la radiofórmula musical (Los 40), la televisión de pago (Canal Plus y Canal Satélite Digital), explota una cadena de televisiones locales (Localia) y es el principal grupo editorial español (Grupo Santillana), posee el segundo diario deportivo nacional (As) y el segundo económico (Cinco Días) y ha intentado montar, sin éxito, una cadena de diarios locales;
>> celebra su efeméride con el Partido Socialista en el poder tras haber aprovechado (ambos) la ola cívica que desalojó al Partido Popular del poder en las elecciones;
>> celebra al tiempo los seis meses en el poder de un presidente del Gobierno en cuya educación política, intelectual y sentimental ocupa El País un lugar preeminente, según el propio Rodríguez Zapatero ha confesado.

Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián, el empresario y el periodista que se hicieron con el poder del diario tras su fundación por un grupo heterogéneo de accionistas, pueden estar contentos. Los logros son muchos y el mayor es que un par de generaciones de españoles han crecido con El País como referencia periodística, política y vital imprescindible.
Esos lectores fieles son los que forman una clientela que consume a gusto todos los productos Prisa, de los materiales a los intelectuales, con poca autocrítica y un diletantismo cultural y político como pocas veces se ha visto.
Lo mejor de El País es la fidelidad de sus lectores. Su íntima relación con el diario, el núcleo del éxito comercial y editorial de un periódico. Nadie como El País ha conseguido nunca en España crear una relación tan poderosa, un maridaje vital y periodístico tan íntimo y fuerte con una generación de ciudadanos. El diario ha sabido representar como pocos la reforma de la que hablaba en el editorial de su primer número y aunar lectores y ciudadanos en su derredor.
Una relación que Prisa ha sabido exportar con éxito al resto de su multimedia.

La prensa ha dejado gran parte del camino expedito al diario de Polanco y Cebrián. Hace ya mucho tiempo que no hay ninguna iniciativa de diario nacional de centroizquierda. Mientras, el territorio de la derecha está competido, El País disfruta desde el año 1992 (cierre de El Sol, último intento nacional de competencia) de un territorio virgen.
Sólo en Barcelona y en alguna otra capital existen medios de centroizquierda. Pero son locales o regionales, ninguno con ambiciones nacionales.
El territorio de El País es un paraíso de audiencia, comercial y editorial en el que sólo esporádicamente se introduce El Mundo en uno de sus bandazos tácticos. Pero los tiempos de la pinza pasaron y ya casi nadie se cree al periódico de Pedro J. Ramírez cuando patea por su lado izquierdo.

El País ha hecho muchas cosas bien. De ahí el seguidismo y las envidias. Y también muchas mal:
>> fracaso de Internet (sólo 38.000 suscriptores de pago);
>> fracaso de la prensa local;
>> marcha atrás en su expansión internacional: ediciones de México, Argentina, etc. mientras avanza con Santillana y la radio, sobre todo en Colombia y Estados Unidos;
>> maridaje del periódico con el PSOE, que ha llevado al absurdo de que prácticamente todos los puestos de comunicación del nuevo Gobierno de Rodríguez Zapatero estén ocupados por periodistas de Prisa;
>> incapacidad para regenerarse: enterramiento de las conclusiones de la investigación interna de hace un par de años, esclerosis en la dirección, escaso avance del modelo periodístico, etc.;
>> falta de independencia política y editorial;
>> y sobre todo sometimiento y uso del diario como bastión de un monopolio cultural y mediático.

Lo peor de El País es que hoy es una amenaza para el pluralismo informativo y cultural. El diario está atrapado en un universo propio donde sólo existe su cultura, sus pensadores afines, sus escritores que publican en sus editoriales, sus directores y actores de sus productoras y televisiones, sus cantantes y músicos de sus discográficas.
Y sigue la lista.
El desafío de El País es reinventarse sobre lo mejor que tiene para no anclarse en lo peor.
Necesita una fuerte reconversión como la que en su día hizo The Manchester Guardian para llegar a ser The Guardian, la reinvención de The Washington Post de un diario local a un gran diario de capital con proyección internacional, la agitación de La Repubblica sin Eugenio Scalfari en la dirección, la dura lucha de The New York Times por ser el mejor diario del mundo a golpe de error y autocrítica.

“EL PAÍS tuvo éxito rápidamente porque se encontró en el lugar adecuado en el momento oportuno”, dice el editorial de aniversario. El País tuvo su momento y lo aprovechó. Apostó por todo lo que entonces era necesario tras la dictadura: reforma política, integración en Europa, democratización y avance hacia una sociedad civil moderna, y acertó.
“La defensa de la libertad de información frente a la tendencia del poder a condicionarla fue otra seña de identidad fundacional que cada día nos esforzamos por aplicar”.
El tiempo ha dado la vuelta a la frase. La comunión entre el diario y una parte de la izquierda aglutinada alrededor del PSOE es tan fuerte que los dirigentes del partido de hoy ven a El País como su inspiración y su oráculo.
El País ya no teme al resto de la prensa, a la que domina y, sobre todo, controla desde una cómoda posición de liderazgo. Sólo en su territorio como un rey antiguo ve las luchas de la otra orilla con tranquilidad y satisfacción.
Sus dos grandes pesadillas: internet y los gratuitos.
Desde ambos medios se tambalea el futuro de El País. Ambos conectan con los jóvenes, son incontrolables por el entramado Prisa y los grandes grupos y desafían las viejas convenciones de la prensa y la información.
Por eso son el monstruo bicéfalo que ha atormentado a Juan Luis Cebrián los últimos años.
“Lo más difícil es conectar simultáneamente con lectores pertenecientes a distintas generaciones”.
Lo saben. Está por ver cómo afrontarlo en los próximos 10.000 números.