El rito navideño de la televisión

tv pascua Diego Moulian / LND / No tengo poderes adivinatorios. Si me atrevo a aventurar cuáles serán las ofertas de la pantalla chica en los días previos a la Nochebuena, es porque esta celebración forma parte de los grandes ritos de la televisión chilena.

Así como las chalas, la ropa ligera y los lentes de sol prácticamente no han salido de los clósets en esta primavera errática y tardía, el ambiente navideño también se ha desplegado más lentamente que de costumbre durante este 2009 marcado por la contienda electoral. Sólo ahora, cuando la estación del amor y las alergias ya termina, las temperaturas comienzan a marcar los usuales 30 grados de esta altura del año. De la misma forma, la fiesta del consumo desenfrenado ha debido esperar el interregno entre la primera y segunda vuelta presidencial para por fin tomarse las pantallas de la televisión.

Durante la semana que comienza mañana, como sucede siempre en la antesala de la conmemoración del nacimiento del niño Dios, la TV se transformará en una vitrina a distancia, en una gran guía de compras donde se exhibirá las novedades del mercado en materia de obsequios para los regalones de la familia, las madres, los padres, los tíos, los primos, los abuelos, los compañeros de oficina y hasta para las mascotas de la casa. En una suerte de procesión, los periodistas recorrerán una y otra vez las caldeadas veredas de Meiggs, Patronato, el centro y Providencia, dando a conocer datos útiles para hacer rendir el presupuesto. También nos advertirán acerca de algunos productos infantiles falsificados y que pueden contener sustancias tóxicas, llamarán a tener cuidado con los lanzas y demás antisociales que aprovechan las aglomeraciones para esquilmar las carteras y bolsillos de los transeúntes desprevenidos, e informarán acerca de las últimas tendencias en materia de decoración del hogar y cenas navideñas.

Para que no los acusen injustamente de enfocarse en promover los apetitos consumistas, los canales de televisión también convocarán a su público para que viva una “Navidad con sentido”, en la cual se haga carne el espíritu religioso y caritativo que debiera embargar las almas de todos y cada unos de los habitantes de este país cristiano y occidental llamado Chile. Así, recogerán la voz de las autoridades de la Iglesia Católica, apostólica y romana; darán a conocer acciones solidarias a favor de los más pobres y desposeídos; y probablemente emitirían añosas películas que recrean pasajes bíblicos.

No tengo poderes adivinatorios. Si me atrevo a aventurar cuáles será la oferta de la pantalla chica en los días previos a la Nochebuena, es porque esta celebración forma parte de los grandes ritos de la televisión chilena. En esa y otras fechas significativas, la inercia se apodera de los programadores, quienes todos los años escriben un guión muy similar, casi con las mismas escenas, personajes e historias.

Algo parecido ocurrirá luego de las fiestas y el balotaje. Este medio de comunicación pondrá en el aire los contenidos típicos de todos los veranos: innumerables despachos en vivo desde playas y centros turísticos, mucho sol y mujeres en traje de baño, y finalmente el Festival de Viña, el broche de oro con el que la TV cierra la temporada estival. //LND