El televidente como rehén

Hernán Calderón, opinión La Tercera

La nueva ley de televisión digital está facultando a los canales abiertos para exigir el corte de sus señales a los sistemas de satélite o cable que no lleguen a acuerdo con ellos.

EN CHILE entero flamean las banderas, se alistan la parrillas, se estrenan nuevos  televisores full pantalla, los amigos hacen planes para compartir unos de los momentos más emocionantes y esperados del año: el primer partido de la selección chilena por la Copa Brasil 2014.

Estamos a 24 horas del gran momento y nos llega el siguiente mensaje: “Estimado suscriptor, queremos informarle que tras una serie de tratativas, finalmente no nos fue posible lograr un acuerdo por la retransmisión del canal abierto y nos acaba de comunicar que debemos interrumpir las transmisiones. Como se trata de una señal abierta, usted puede acceder a este contenido instalando una antena en su televisor si está habilitado y un decodificador especial si no lo está. Lamentamos sinceramente las molestias”.

Esta no es una escena de ficción. Puede pasar y de hecho ha pasado en países que están más avanzados que el nuestro en materia de TV digital. Este riesgo lo hemos advertido en el Congreso y también lo ha hecho la Corte Suprema en fallos recientes en esta materia, ratificando que los concesionarios, es decir, las empresas que hoy son dueñas de los canales abiertos, están obligadas a asegurar señal para todo quien quiera recibirla libremente, cuestión que, como sabemos todos lo que hemos intentado capturar la señal de TV por aire, está lejos de producirse en la realidad.

En la práctica, ni la infraestructura de las empresas (antenas y repetidoras), ni la de los hogares (televisores y decodificadores), están hoy en condiciones de permitir el ejercicio del derecho a recibir TV por aire de forma gratuita. Esto hoy se suple por la vía de otros medios, todos de costo adicional para el usuario y de los que muchas veces no nos preocupamos, ya que los sistemas de televisión de pago han incorporado en su parrilla la oferta de la TV abierta.

Pero esto está próximo a cambiar. La nueva ley de televisión está facultando a los canales abiertos para exigir el corte de sus señales a los sistemas de satélite o cable que no lleguen a acuerdo con ellos para esto. Y más allá de si se trata de una medida justa o injusta, desde la perspectiva de los consumidores y usuarios, si no se imponen reglas claras, la TV abierta podría aprovechar la desinformación e indefensión de los consumidores para conseguir ventajas económicas.

La norma que regula esta materia se encuentra hoy en revisión en el Congreso en una comisión mixta y en ella, si los parlamentarios insisten en impulsar un sistema de retransmisión consentida, es fundamental que los derechos de los consumidores queden a buen resguardado frente a las negociaciones que se darán entre las empresas de televisión abierta y los operadores de cable, ya que sabemos que no serán las empresas las que se ocuparán de cautelarlos.

La nueva Ley de TV Digital amenaza con convertir a los usuarios en rehenes de negociaciones entre privados y esto es francamente inaceptable. Es necesario regular el período y la duración de estas negociaciones, evitando que se produzcan antes de eventos de alto interés, como un Mundial. Se deben prohibir también los cortes intempestivos de transmisiones que sólo repercuten en los telespectadores que tenemos ni pito ni flauta que tocar en estas negociaciones.

Queda poco espacio para mejorar esta ley, pero si las autoridades insisten en no tomarle el peso al problema, no podrán decir que no les advertimos.

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