Elena Varela: «los medios que no gustan al poder no reciben apoyo…»

Elena Varela, la cineasta chilena que estuvo detenida 4 meses, pudo estrenar por fin su documental “Newen Mapu Che, La Fuerza de la Gente de la Tierra”. En una extensa entrevista con la revista Réplica, relata detalles de su detención, luego de ser acusada por supuesta complicidad con grupos armados ligados a la causa mapuche, de su liberación al ser declarada inocente por falta de pruebas, de las condiciones complejas que enfrentó para terminar el registro en las comunidades del sur de Chile y, como resulta lógico después de su experiencia, sobre la “libertad de expresión» en Chile.

Lea la entrevista a continuación:

Santiago Serrano / Toulouse, Francia / Réplica/

Perseguida, detenida y liberada, Elena Varela finalmente estrenó su documental “Newen Mapu Che, La Fuerza de la Gente de la Tierra”. Sin demasiada publicidad en Chile, su obra ha sido seleccionada en los festivales de cine de Toulouse, Guadalajara y Habana Festival Films de Nueva York. En una entrevista para Revista Réplica, la realizadora nos cuenta cómo fue su tormentosa detención, analiza el rodaje de este importante documental y reflexiona sobre la causa mapuche y la libertad de expresión.

– Primero me gustaría saber como fue el proceso de rodaje. ¿Tuviste que tomar medidas especiales de seguridad? ¿Estabas preocupada por los seguimientos? ¿Cómo viviste todo eso?

Desde el comienzo hay un temor a que te peguen, te detengan o te confisquen el material, así que siempre tuve copias de las imágenes guardadas en otros lugares, en casas de seguridad se podría decir. Además, siempre había gente preocupada de que no me siguieran. Tenía que chequearme y aprendí medidas de inteligencia. A veces llegaba a lugares especiales como la punta de un cerro o una gran playa vacía, donde se comunicaban conmigo para que me dirigiera a otro lugar. También tuve que cruzar ríos y lagos a caballo. Hubo de todo un poco.

– ¿Cómo te fuiste ganando la confianza para que te permitieran entrar en la intimidad del movimiento mapuche?

Fue un proceso bien especial. Trabajaba con dos chicos mapuches que eran parte de la organización y que cumplían la función de relacionadores interculturales. Ellos me ayudaron mucho en el rodaje.

– ¿Qué consideras que fue lo más difícil del rodaje? ¿Sentiste mucho hostigamiento?

Lo difícil fue la persecución, porque tienes que luchar permanentemente contra eso. Saber entrar, salir y no dañar al otro que era lo más complicado en ese momento. Que la filmación no implique que detengan a alguien por tu culpa, eso era lo más difícil. Después, lo otro complicado era confiar en aquellas personas que se te acercaban y que no eran del equipo. Hay gente que se enteraba de la película, por ejemplo, en un pitching, y después llegaban a conversarte. Varias veces percibí seguimientos. Durante cuatro años no dormí bien, sino a sobresaltos y con temores.

Todo eso me llevó a cambiarme de casa. Una vez encontré el auto con las puertas y el capot abierto. Otra vez me robaron dentro del auto. Varias veces me robaron dentro de la casa. Se llevaban cámaras fotográficas siendo que había cosas de mucho más valor. Pero sólo se llevaban cosas que tenían que ver con el robo de información. Varias veces advertí que alguien había estado dentro de mi hogar. Fue un proceso difícil y paranoico en el cual ponía papeles en las puertas para identificar si alguien entraba a mi casa. Varias veces encontré ventanas abiertas y cosas así.

– ¿Te pasó, por ejemplo, que se te acercara gente perteneciente a los servicios de inteligencia de alguna policía?

Sí, pero son certezas que nunca tienes. Sólo el día que me detuvieron pude finalmente identificar a esas personas y ratificar mis sospechas.

– Una vez que te detienen y te interrogan, ¿qué información te piden?

Querían información sobre el MIR, sobre los ejércitos de Colombia, sobre los mapuches, sobre las comunidades que había visitado. También me preguntaban si conocía a ciertas personas. Me pasaron una lista de fotos para ver si identificaba a personas que ellos buscaban y que estaban relacionadas con distintos casos. Había casos de persecución hacia la izquierda y de persecución a los mapuches también.

– ¿De qué manera te presionaban en los interrogatorios?

Una de las fórmulas que usaban era que si yo decía algo podía volver a mi casa en la tarde y ver a mi hija, sino, no volvería a ver a mi hija. Entonces yo no entendía si nunca volvería a ver a mi hija por que ellos iban a ir a mi casa a buscarla. Me daba mucho miedo que pudiera pasarle algo. Usaron muchos tipos de mecanismos. Siempre había un policía bueno, que se reía, y decía que me conocía. Me hablaba de mi pololo, y me nombraba lugares donde yo había estado con él. Incluso me mostraban fotos de situaciones donde yo pensaba que estaba sola o acompañada únicamente de mi pareja. Me hacían pensar que después de seguirme durante tantos años ya sabían todo sobre mí así que lo mejor era confesar rápidamente para quedar en libertad.

– ¿Cómo describirías el trato que recibiste?

Fue una tortura sicológica constante. Hubo golpes también. Cuando me detuvieron me introdujeron en un auto con vidrios polarizados y ahí me interrogaron por primera vez, mientras se llevaban preso al resto de mi equipo. Pero yo veía todo lo que pasaba afuera del auto. Vi cuando hacían las fotos del patio de mi casa con armas de fantasía que yo tenía guardadas. Después de eso, cuando me trasladan a Temuco, ellos intentan que yo reconozca que tenía armas guardas en los estuches de los instrumentos de la orquesta sinfónica donde trabajaba. Eso fue más fuerte. Cuando llegué a Temuco me pusieron contra una muralla todo el día, rodeada de policías. Después, en la noche, me tiraron en una pieza, tras más de un día sin comer ni ir al baño. Yo preguntaba por qué me detenían, pero no me decían nada. De ahí viene la Cárcel de Alta Seguridad, en una celda chica, donde uno está solo y casi sin luz. Cuando me trasladaban, por el hecho de catalogarme de terrorista, iba acompañada por un equipo especial de Gendarmería, con armas largas.

– ¿Cuánto tiempo estuviste presa?

Cuatro meses.

– ¿Y qué dijo el juez cuando te soltaron?

No me soltaron sino que cambiaron las medidas cautelares. Me fui a prisión domiciliaria, con la obligación de no poder ir al sur porque decían que me iba a arrancar por la cordillera, así que me fui a casa de una hermana en Santiago. Estuve con reclusión domiciliaria hasta que se pidió el cambió hacia el sur para poder filmar. Ahí me otorgaron una semana en mi casa con prisión domiciliaria, pero podía salir a filmar de las 10 de la mañana a las 10 de la noche y así me fueron cambiando las medidas cautelares.

– ¿Y ahora en que quedó el juicio?

En nada, no había pruebas, entonces quedé en libertad.

– ¿Te indemnizaron?

No, porque hay que hacer un juicio que duraría años

– ¿Y por qué te detienen?

Al principio llego a la PDI de Temuco. Hay hartas fotos en la prensa, porque estaban todos los periodistas esperando. La prensa ya me conocía porque muchas veces andaba pegada a ellos en las marchas junto a mi cámara. Entonces cuando bajo y me ven quedaron, impactados. Se acercó un periodista de TVN y me preguntó por qué me estaban deteniendo, yo le digo que por estar haciendo una película sobre los mapuches, pero ahí llega otro periodista del diario El Siglo y me susurra que me están deteniendo por dos asaltos. Así es como me entero que la causa no tiene que ver con el movimiento mapuche, sino con dos asaltos. Y ahí se me vino inmediatamente a la cabeza un montaje policial. No me dejaban hablar por teléfono con nadie.

– ¿Te incautan tu material? ¿Qué pasa con eso?

Nada, nunca me preguntaron nada por las cintas. A mi equipo de realización le preguntaron mucho por el movimiento mapuche y por lo que habían visto en la cordillera, en cambio, nunca les preguntaron por los supuestos asaltos en los que yo habría participado.

– ¿Ahora que el documental está terminado qué sucede?

Todavía percibo seguimientos. Ya conozco el sistema así que ando con cuidado. Por ejemplo. ya sé que cuando el teléfono se acopla como un micrófono es porque está intervenido. Tengo cuidado con eso. En el caso de mi computador el IP estaba sincronizado y otros recibían la información automáticamente. Todo lo importante nunca lo hablé por mail.

– ¿Recibiste apoyo de la Concertación?

Hubo una pugna ahí, porque había gente que me respaldaba y otra que no me respaldaba. Fueron pocos los que me dieron una mano. Pero en el mundo de la cultura recibí mucho apoyo, a pesar de que había miedo. Había gente que me fue a ver a la cárcel como Marcos Enríquez y Álvaro Escobar, además de varios sacerdotes y monjas. Pero lo más impresionante fue que empezaron a llegar reporteros del mundo entero, eso nunca lo espere. Cuando empieza a haber mucho alboroto entorno a mi tema, me doy cuenta que hay algo muy importante detrás de lo que estoy haciendo que ni yo misma era capaz de dimensionar.

Los medios y la libertad de expresión

– Si te hablo de libertad de expresión en Chile, ¿cuál es tu opinión?

Que no existe. Si bien es cierto que durante la Dictadura la información era tergiversada, como en el caso de la Operación Cóndor, durante los gobiernos de la Concertación se mantiene, por ejemplo, la persecución contra el pueblo mapuche y se sigue tergiversando una parte de la información desde el poder. La Concertación tiene grandes intereses dentro del actual poder económico que reina en Chile por lo que se han hecho muchos pactos para no informar. Se ha creado un mundo de la desinformación que lleva a pensar que todo funciona bien en el mundo social. Pareciera que estamos en una sociedad que ha vencido el miedo y el terror. Pero en realidad todo fue negociado. Hoy el poder pertenece al mundo económico. Sin embargo siempre hay periodistas y líneas editoriales distintas que tratan de romper ese cerco. Pero claramente existe una fuerte censura diplomática. Los medios que no gustan al poder no reciben apoyo o publicidad y así los ahogan.

– ¿Cómo sientes que trataron los medios tu detención?

Lo más increíble fue que los medios sabían que sería detenida. Y después convierten la palabra del Fiscal en algo sagrado. El decía que yo tenía un romance con el Subcomandante Marcos y todos los medios lo publicaban. Después decía que yo tenía formación militar y lo publicaban. Después decía que yo tenía nexos con la guerrilla de Colombia y lo publicaban, sin importar si había pruebas. El Fiscal buscaba inspirar terror a la comunidad y lograr una persecución contra la izquierda. Además trataba de lavarse las manos sobre la película. Solamente decía que esta mujer era una terrorista y denunciaba que queríamos armar un ejército revolucionario en el sur de Chile. Decía que yo me escondía detrás de una cámara para hacer una revolución.

– ¿Cómo ha sido la difusión de tu película en Chile? ¿Los grandes medios te han pedido entrevistas?

Nada. La película habla en contra de La Tercera y El Mercurio así que lo veo difícil. Pero ahora están publicando un poco porque vamos con la película a Guadalajara y quedamos seleccionados acá en Toulouse y en Nueva York. Al quedar en los mejores festivales están obligados a nombrarnos. Pero nunca me han entrevistado. Sin embargo para mí tienen mucha fuerza los medios alternativos por que cuando la gente se quiere informar de verdad, hoy se informa por Internet y no por la tele. Ya nadie cree en la tele.

– ¿Y para difundir tu película en Chile cuál es el proceso? ¿Has tenido negativas?

Hasta el momento no hemos hecho el proceso de conversación con los cines, pero tenemos toda la intención de que se muestre en alguna de las grandes cadenas y que también se pueda difundir a nivel nacional en los cines alternativos que hacen esfuerzos por resistir culturalmente. En términos gubernamentales pedimos un fondo a Corfo para la difusión nacional como una película importante para la comunidad chilena y la respuesta fue que no vendía y que no era una película de un nivel que mereciera estar en el comercio.

Chile y la discriminación

– ¿Actualmente vez más interés por el tema mapuche?

Actualmente se siente un cansancio con el tema mapuche producto de las huelgas de hambre y de las movilizaciones en todos los sectores. Existe un gran descontento, pero a la vez hay un desgaste del movimiento. Además están emergiendo otras luchas que también tienen mucha importancia.

– ¿Encuentras que Chile es un país que discrimina?

Yo creo que Chile ha sido históricamente racista y no sólo con los mapuches. Y también creo que es un tema económico. Hemos sido educados de una forma muy colonial. Creemos que mientras más pura sea nuestra sangre, más plata tendremos, y da la sensación que ambas cosas se van ligando. Si eres indígena probablemente serás rechazado. Recién ahora ha salido una ola de intelectuales y profesionales indígenas que están en una resistencia cultural. Y por mucho que recibieron una educación occidental y hoy ocupan buenos puestos, han logrado crear espacios independientes para expresarse. Pero en general son más escuchados en el extranjero que en Chile. Además, la mayoría de los mapuches son un pueblo pobre, incluso en Santiago son uno de los grupos más pobres de la capital. Muchos trabajan como garzones o empleadas domésticas.

– Hace poco en Revista Réplica publicamos una entrevista al actor Daniel Alcaíno donde crítica el mundo del cine y dice que, lamentablemente, en Chile los únicos que tienen medios para hacer películas son los hijos de los ricos y la Derecha, lo que nos lleva a contar la historia del país desde el punto de vista de los poderosos. ¿Qué reflexión te merece?

Estoy totalmente de acuerdo.

– Te pregunto porque no es tu caso…

-Para empezar el cine es un arte muy caro. Por ejemplo “Nehuen Mapu Che”, que incluso tiene imágenes de Internet, habría costado alrededor de 100 millones de pesos en términos de gastos, si hubiera tenido que pagarle a todo el mundo y lo hubiera visionado como un producto capitalista. Pero si lo ves como un producto social, su valor es incalculable. En cambio una película de Hollywood puede valer 300 millones de dólares pero no tener ningún valor social. Hoy se hacen muchas cosas independientes al margen de la cultura que se nos impone. Pero ya en las escuelas de cine te imponen una manera de comportarte como director, como guionista, como productor, con una visión que hoy es universal y donde prevalece el aspecto comercial, incluso si uno hace un documental. Siempre hay que venderlo a los mismos que tienen la plata. Hay que tener claro que es un sistema construido desde el poder. Entonces, uno está resistiendo y luchando contra algo que no debiera ser así. Es súper raro porque a veces uno realiza proyectos con fondos del Gobierno o con fondos internacionales y todo, de donde venga, viene del poder.

Uno no puede decir que no va a postular a fondos porque no quiere trabajar con el poder. Por mucha reacción que tengas, uno necesita costear la película que cuesta 100 millones y sólo así se sabrá lo que tú estás viendo, lo que está pasando y se conocerá tu mirada. Para mucho anarquistas, por ejemplo, que es gente muy revolucionaria y muy extremista, pareciera que los fondos del extranjero son una salvación para así no postular a los fondos del Estado. Pero los fondos extranjeros también se financian gracias a todo el yugo de los pueblos extranjeros sobre los pueblos subdesarrollados.

– Por último, ¿cuál es tu esperanza con este documental?

Mi esperanza es que el documental sea visto por harta gente. No me interesa ganar premios, pero si que la gente pueda sensibilizarse con el tema y ojalá que si algún día ganamos un reconocimiento, sirva para hacer otra película similar y seguir en esta lucha del cine independiente, quizás con distintas temáticas, no necesariamente políticas. Porque lo que hagas con tu mirada independiente siempre será un aporte ya que es algo que generalmente no se ve.-