En la mira”:Un Chile peligroso y repetido

Chilevisión realitysFrancisco Aravena / Wiken /El programa está unos peldaños más arriba del resto de los programas de ese tipo y normalmente trata de lo peligrosa que es la vida en Chile. El que solía ser el mejor programa de reportajes de la televisión chilena, “Contacto”, aún no emite el capítulo sobre el quehacer parlamentario, con el que amenazaba gritar al mundo su independencia y rigor investigativo. A estas alturas, gracias a la “paleteada” del ex ejecutivo convertido en candidato a diputado que transformó el reportaje en arma de batalla electoral y a la continua postergación (lo que se suma a los dichos del renunciado miembro del consejo de Canal 13 que dijo que no existía tal reportaje, sino sólo imágenes sueltas), para “Contacto” es imposible salir bien de un episodio que ha convertido su buen trabajo y su lema “sólo la verdad nos detiene” en la ironía más cruel de la temporada: si dan el reportaje pueden hacerle el juego al candidato de los escrúpulos flexibles; si no lo emiten, su próximo eslogan tendrá que ser algo como: “sólo la verdad y un montón de otras cosas nos detienen”.

Quizás sea hora que en “Contacto” miren su competencia para que vean en lo que se pueden convertir. Si miran “Aquí en vivo”, de Mega, que fiscaliza a las nanas mentirosas y a los maestros chasquilla pillos, el shock puede ser demasiado. Pero pueden ver “En la mira”, que está unos peldaños más arriba y normalmente trata sobre lo peligrosa que es la vida en Chile: los jóvenes carretean hasta quedar inconscientes, los conductores manejan borrachos, las poblaciones están controladas por el narcotráfico, a todos nos pueden asaltar, todos engordamos como cerdos y la gente de la farándula gana plata a manos llenas por pelearse de verdad o de mentira. Eso por resumir la temporada 2009, a lo que habría que sumar el especial sobre la muerte de Michael Jackson (no pudieron resistirse: tenían al “michaeljacksonólogo” Víctor Gutiérrez exponiendo la tesis del asesinato), lo que de paso internacionalizó la sensación de peligro.

“En la mira” ha tenido buenos momentos: es innegable que sus seguimientos a bandas delictuales implica un esfuerzo y riesgo importante, y el reportaje “Obesidad a la carta” tenía un relato, un texto sin el mar de clichés que hacen inaudibles las locuciones -“y es que…”, “lo cierto es que”, “los vecinos honestos poco y nada pueden hacer”, “acá impera la ley del más fuerte”-. El resto del menú de “En la mira” es una sucesión de lugares comunes con realidades impactantes, sí, pero que difícilmente son descubrimientos ni parecen tener más ambición que la reiteración. La guinda de la torta fue su reportaje “Viaje a farandulandia”, donde denunciaron tongos menores, pusieron en pantalla contenidos de farándula, criticaron a los personajes de todos los programas de la competencia (sin una palabra crítica para nadie de Chilevisión, prominentes en el género) y trataron a los panelistas de CHV como expertos analistas del “fenómeno” y no como una pieza más de la maquinaria que prometían exponer. Era la oportunidad para demostrar independencia y marcar la diferencia entre el área de prensa y la programación madre del canal, pero su promesa les quedó grande. ¿Alguien dijo “Contacto”? Nota 4,2.

 

Francisco Aravena.