“Mi gran esperanza es el purgatorio”

Armando Uribe, poeta.
Armando Uribe, poeta.
El Premio Nacional 2004 publicará en los próximos meses, “Vergüenza ajena”, “El revés del veres” e “Ídem”, mientras repasa desde su departamento sus diez años “enclaustrado”, como llama a su encierro de aniversario. La rabia sigue siendo su mueca, y asegura que reemplazó el tabaco por las galletas de soda.

Podría ser Drácula. Un niño mateo vestido de viejo. Un jubilado repasando su vida. Un memorión de voz ronca que posa como un actor de cine para las fotos. Armando Uribe (74) está de aniversario. Este año cumplió 10, desde que decidió encerrarse en su departamento ubicado frente al Parque Forestal.

“Ya llevo 10 años enclaustrado, decisión que partió por problemas de salud. En 1998 cumplí 65, y jubilé como profesor titular en la Universidad de París I, y decidí hacer un examen de mi propia vida y prepararme para el bien o mal morir”.

Sólo en esta última década lleva más de 20 libros publicados. Uribe afirma que lo que más reflejan su encierro son “Memorias para Cecilia” y “De memoria. By heart. Par coeur”. “¡O sea, tres veces de memoria, en castellano, inglés y francés! Pero en estos dos últimos idiomas se refieren también al corazón. Reconozco que es un privilegio poder estar recordando la propia vida sin problemas económicos”, dice y cuenta que se lo debe a su jubilación de profesor y al dinero que recibe mensualmente por haber obtenido el Premio Nacional en 2004.

Sentado en un sillón de una pieza que da al parque, dice sobre los candidatos al Premio Nacional de Poesía 2008. “Se lo daría a David Rosenmann-Taub, que ya hizo un gran aporte con sus primeros tres libros en la década del 50, ‘Cortejo y epinicio’, ‘Los surcos inundados’ y ‘La enredadera del júbilo'”.

El poeta, abogado y diplomático en China en los inicios de los 70, en los próximos meses publicará el poemario “Vergüenza ajena” por Lom Ediciones, y bajo el mismo sello artesanal donde publicó “Desdijo” (2005), editará “El revés del veres” -poemas con dibujos-. Además de “Ídem”, por la Universidad de Talca, en coedición con la revista Derrame.

“Estoy publicando porque no quiero dejar esos cachos a mis familiares, luego de mi muerte, que espero sea luego. ¡Ya he hecho mi vida y lo que pueda aportar es muy poco, hasta lo que he publicado no tiene importancia!”.

PIÑERA, ANGELINI Y LA TORPEZA

-¿Y usted realizó inversiones con el dinero del Premio Nacional?

-Me desprendí de buena parte del dinero, y el dinero mensual permite defenderme de la inflación. Ahora las cifras que entrega el Instituto Nacional de Estadísticas sobre este tema son falsas. Desde la dictadura hasta ahora las estadísticas son muy sospechosas, además las cifras que da el instituto son bastante menores que las que entrega el Instituto de Economía de la Universidad de Chile.

-O sea, las cifras sobre la distribución del ingreso son un chiste.

-Antes del golpe de Estado no había fortunas en familias y grupos económicos tan grandes como las hay actualmente. Para haber sido hecha la fortuna de Sebastián Piñera en el transcurso de su vida, sostengo, como decía Balzac en sus novelas, que ninguna gran fortuna puede hacerse sin que existan tremendas faltas cometidas por quienes reúnen esa fortuna. Otro caso es Anacleto Angelini, que además era un fascista. Él era un privado que estaba al mismo nivel que el Estado de Chile para celebrar contratos.

-Pura gente de la llamada “Tercera edad” ¿Qué opina de ella?

-Los más viejos confunden el ambiente, quitándole espacio a los jóvenes. Ellos circulan por las calles y quieren parecer como patriarcas ocupando el escenario. Eso es torpeza, y no creo que esas personas aporten demasiado en la vida cotidiana ¡Mejor que se dediquen a escribir sus memorias! Yo no creo que con la vejez se tenga más sabiduría ¡Hay más sabiduría humana en los niños! La edad significa experiencia, nada más. A mis nietos trato de trasmitirles cosas que uno ha ido experimentando, pero siempre diciendo que uno se puede equivocar.

-¿Supo de “el jarrazo” de agua a la ministra de Educación?

-Es una falta de respeto de parte de la estudiante, pero hay que ver las condiciones en que esto se produjo. Ella quería hablar, pero la ministra no le respondió. ¡No es un incidente criminal! Ahora la palabra violencia la utilizan para cualquier cosa. ¡Van a decir que soy violento (se acerca a la grabadora) porque l-e-v-a-n-t-o l-a v-o-z! Este país está lleno de enfermos mentales, según la Organización Mundial de la Salud y la Oficina Panamericana de Salud.

-¿Por qué cree que los medios de comunicación se empeñan en estigmatizar a la juventud?

-Porque los medios de comunicación defienden el neoliberalismo capitalista de mercado desregulado de las más diversas maneras. A ellos no les conviene que en este sistema exista oposición, disentimiento por parte de la gente joven. ¡Por eso en Chile hay tanto retardo mental! Sobre todo entre quienes dirigen los medios de comunicación masivos.

“PENSÉ EN EL SUICIDIO”

Estirado en el sillón, de donde no se moverá por más de una hora, Uribe asegura sobre la posteridad: “Si los escritores en vida tienen éxito -lectores, críticos-, no asegura que con el tiempo, pasada una o dos generaciones, sigan siendo considerados válidos. Y si es así, nunca queda toda la obra ¡Pero si en Dante lo que más ha quedado es el Infierno y el Purgatorio! Y las otras obras no se recuerdan mucho. De Pablo Neruda sólo se recuerdan las ‘Residencias'”.

-¿Cómo se llevaba usted con Neruda?

-Lo conocí el año 59 en el departamento de Nemesio Antúnez cuando volví de mi primera estada en Europa. Estábamos separados por un salón, al otro extremo y gritó “¡Y tengo que estirar la mano hasta el otro lado de la pieza para saludar a Armando Uribe!” (se ríe por primera vez en la entrevista). Él era un muy buen conversador, y no hablaba de literatura, sino de anécdotas, hechos curiosos, incluso chismes en materia económica, política y conyugal. Yo lo llamaba el viejo cónsul.

-Se queda con los tópicos que identifican su poesía: la muerte, la religión y el amor.

-Creo que es cierto. Uno de los últimos libros en verso que publiqué se llama “La fe el amor la estupidez”. La tontería humana, partiendo por casa, es un gran tema en la vida corriente desde el nacimiento hasta la muerte, que es la grandísima imperfección. Ahora la Iglesia Católica tiene la promesa gigantesca de la resurrección de la carne ¡Y yo creo firmemente en ella! Que es ésta carne (y golpea el dorso de su mano izquierda con la derecha).

-Sí, pero su fe es tan grande que por eso está tranquilo.

-¡Si es que uno se salva y eso no se sabe en vida, pues! Mire, yo no le tenía ninguna simpatía a Sor Teresa de Calcuta, pero leí una carta donde ella cuenta las dudas que tenía todo el tiempo. Lo que los místicos llaman “la noche oscura del alma”. Hay que salvarse en la vida siendo justo.

-¿Y el amor salva?

-Sólo el enamoramiento, que es un fenómeno sicológico, que Freud mismo llamó una sicosis transitoria. Ahora para que el enamoramiento se prolongue requiere de un trato mutuo que no implica el amor permanente. La clave es tratarse mutuamente con justicia.

-¿Y usted que sabe tanto de la muerte pensó alguna vez en el suicidio?

-Es evidente que sí. Incluso estando en el colegio tuve una discusión con un compañero que duró varios días. Yo era admirador de una serie de personajes históricos que se han suicidado, incluso nos remontamos al caso de Sócrates.

-Pero dejó de fumar, o sea, se quiere cuidar ¿no?

-¡No, oiga! Lo dejé hace un año y medio, porque siempre me ha molestado el humo. Me aburrieron las formalidades, sacar el cigarrillo, encenderlo, las cenizas, y queda esa cosa horrible ¡el pucho, qué palabra más grosera! Me olvidé por completo del vicio, salvo en sueños me notaba encendiendo un cigarrillo que alguien me ofrecía, en realidad eran pesadillas. Reemplacé el cigarrillo por las galletas de soda.

-¿Y se arrepiente de algo?

-De mis numerosas fallas, torpezas, tonterías y pecados. Creo que he echo daño a distintas personas y no he levantado ese daño, por lo tanto tengo una muy mala opinión sobre mí mismo. Mi gran esperanza es el Purgatorio, en el mejor de los casos, pero igualmente me ha tentado el Infierno.