Escribir lo que se nos de la gana

mujeresSonia Santoro * / Sala de Prensa / «El objetivo principal de este libro es difundir otra manera de hacer periodismo: que mire las realidades haciendo foco en las diferencias y desigualdades persistentes entre varones y mujeres –atravesado por las distintas etnias, orientaciones sexuales, edades–, por las que las mujeres siguen siendo discriminadas. Quisimos superar la barrera invisible por la que estas cuestiones siempre se quedan entre periodistas interesadas en la temática, feministas o entre el movimiento de mujeres».

Este libro (¡Sin nosotras, se les acaba la fiesta! América Latina en perspectiva de género) se gestó en un restaurante del bajo de la ciudad de Buenos Aires, al calor de unas milanesas de pescado fritas que devoramos con pasión Omar Rincón, María Rigat, y quien les habla. María hizo de Cupido, tiró la flecha que conectó a dos periodistas, de dos países diferentes (Colombia y Argentina), de dos organizaciones de comunicación, a quienes sin saberlo ella, les apasionaban las crónicas y la posibilidad de crearlas desde una perspectiva distinta, lo que se conoce como enfoque de género. Pronto la flecha fue calando y el libro tomó forma.

Yo debía contactar a periodistas que pudieran cronicar un problema coyuntural de su país desde esta mirada. ¿A quiénes contactar, a periodistas de trayectoria en género o a cronistas excelsas? ¿Deberían ser sólo mujeres? ¿Lograríamos cierto entendimiento con las limitaciones que impondría la comunicación vía email? ¿Nos pondríamos de acuerdo en qué sería una crónica con perspectiva de género para cada país? ¿hablaríamos el mismo lenguaje? Estas preguntas fueron ocupando mis devaneos mentales frente a la computadora, email va email viene, en distintas etapas del proyecto. Y se fueron respondiendo con la acción.

Decidí explícitamente que escribieran mujeres. ¿Por qué? ¿Un hombre no puede escribir con perspectiva de género? Creo que sí, que tanto hombres como mujeres concientizados podemos hacerlo, pero creo que las mujeres lo tenemos más fácil por el simple hecho de haber nacido de este sexo y haber sido criadas en este género, que nos ha llenado de múltiples y riquísimas experiencias particulares, entre ellas las de haber vivido algún tipo de discriminación por más sutil o nimia que parezca a lo largo de nuestra historia. Es decir, las mujeres por default, tenemos el camino allanado. Creo que los hombres, en cambio (no sé si todos), podrán escribir con esta mirada pero para eso hace falta que se formen especialmente en género y se sensibilicen, algo que habrá que ver quiénes están dispuestos a asumir.

Por otro lado, me gustó la idea de hacer una especie de discriminación positiva. Las mujeres solemos tener más problemas para conseguir trabajo o nos pagan peor que a los hombres, así que por qué no dar trabajo a más mujeres, ya que la perspectiva de género también nos atraviesa en todos estos aspectos.

Luego, participan de este proyecto mujeres de reconocida trayectoria en el periodismo con perspectiva de género, otras que vienen del periodismo cultural y están aquellas que ejercitan con delicia la crónica. Esta decisión permitió asegurar un adecuado enfoque y tratamiento de los temas por parte de las experimentadas en el género pero evitar que el libro se convirtiera en un tratado sobre género que dejara afuera al público ajeno a estos intereses.

El objetivo principal de este libro es difundir otra manera de hacer periodismo: que mire las realidades haciendo foco en las diferencias y desigualdades persistentes entre varones y mujeres –atravesado por las distintas etnias, orientaciones sexuales, edades–, por las que las mujeres siguen siendo discriminadas. Quisimos superar la barrera invisible por la que estas cuestiones siempre se quedan entre periodistas interesadas en la temática, feministas o entre el movimiento de mujeres. Intentamos llegar más allá, salirnos del guetto en el que muchas veces estamos recluidas quienes trabajamos con perspectiva de género y llegar a periodistas a secas, mujeres y varones lisos y llanos, que tal vez descubran por primera vez, frente a una crónica bien escrita, que los conflictos sociales pueden ser vistos, leídos y narrados desde otro lugar.

¿Y cuál es ese otro lugar? Para mí fue como un flechazo, siguiendo la metáfora del Cupido. Una vez que la perspectiva te atraviesa, quedás prendada y ya no hay manera de ver las cosas sin ella. Escribas de lo que escribas (y ese es otro derecho de las mujeres, a escribir de lo que se nos de la gana, como diría la editora feminista Lea Fletcher, no sólo de cosas de mujeres) estarás haciéndolo desde el género. Y qué hacemos entonces con ese enamoramiento, decidimos que hay que denunciar un sistema social en el que las mujeres están en desigualdad de condiciones que los hombres, señalamos la posición de subordinación de las mujeres en todos los campos posibles, y por supuesto abordamos los aspectos específicos de la condición de las mujeres: ingresos, salud, vivienda, etc.

¿Esto es hacer mujerismo? Un poco sí, las mujeres serán nuestras protagonistas siempre porque ya hemos tenido bastantes siglos de ocultamiento. Pero no es sólo eso, por supuesto. Tiene que ver con poner el dedo en la llaga, donde molesta, haciendo preguntas incómodas todo el tiempo (¿pero por qué el vih-sida se está feminizando?, ¿por qué hay tan pocas mujeres dirigiendo esta empresa?, ¿por qué cree que es la madre la responsable de que al chico le haya pasado esto?).

Hacemos todo esto mientras buscamos modificar nuestro lenguaje, que ya es bastante masculino desde su concepción1, usamos fuentes específicas y especializadas, tenemos cuidado con las imágenes usadas, entre muchas otras cosas, pero sobre todo hacemos hincapié en el enfoque. Es decir, tratamos de cuidar la forma pero también el fondo. Muchas veces nos sale bien y otras no tanto, pero en eso estamos. Como el amor, sufrimos distintos procesos: enamoramiento, madurez, desencanto, nuevo enamoramiento…

Este es un proceso en el que estamos implicadas de cuerpo y palabras, que requiere de un trabajo interno también, y que pase lo que pase, no será posible borrar de nuestra historia personal (y ya sabemos, como decían las feministas de los 70’s, que lo personal es político).

Voy a decir una obviedad: esta no es una definición académica ni exhaustiva, pero permite un acercamiento a la mirada. Y lo que sigue es una primera aproximación desde la práctica periodística. Un ejercicio que pretendemos diseminar en cada espacio y oportunidad que tengamos, para que este modo de contar las historias empiece a colarse en las yemas de los dedos y las lenguas de las y los periodistas de todas las edades, colores, géneros e identidades sexuales; en un proceso que no deje de incluir el placer de leer buenas historias, que de eso está hecho el buen periodismo. Casi tanto como de corazones atravesados por un sin fin de Cupidos.

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Nota:

1 El uso de un lenguaje no sexista es uno de los aspectos más conflictivos y difíciles de aplicar en el periodismo. Hemos tratado que este libro no reproduzca términos y modos sexistas, aunque muchas veces no hemos encontrado mejores maneras de resolver la cuestión que la que encontrarán en estas páginas.