«Explotar la vulgaridad y ejercitar el maltrato»: se suman críticas a la calidad de la televisión

Ya ha pasado una semana desde el incidente del programa de CHV «Amazonas», y continúan las críticas. La siguiente columna aparecida en El Mercurio ilustra el descontento de muchos con el tenor general que impera en los espacios de conversación en nuestra televisión, que cada vez más se articulan como espacios vacíos, vulgares, sin sentido, en los que el maltrato, los insultos y la falta de sentido común parecen ser el único modo que se propone para entretener a las audiencias ¿tan poco merecemos los chilenos?

«Amazonas»: ¿sería mucho pedir un poco de sensatez?

Por Jimena Villega, El Mercurio, 12 de Agosto 2012

Panelistas de «Intrusos» de La Red, que hacían tertulia sobre «Amazonas, famosos perdidos en la selva», se mofaron de las condiciones de vida de los participantes en ese reality , que es de CHV y se grabó en un lodge al noreste de Perú. «Primer Plano», el estelar de farándula del mismo CHV, armó su propia chacota a expensas de Aroldo Miveco, un indígena de la comunidad nativa anfitriona. Con tales antecedentes y sin sutilezas, medios de comunicación del país vecino realizaron una campaña de protesta por discriminación, que desembocó en quejas del ministro de RR.EE. peruano, Rafael Roncagliolo; en disculpas de nuestro embajador, Fabio Vio, y en un rápido desalojo del equipo chileno del territorio peruano.

Legítimo sería preguntarse si puede (o debe) una producción televisiva claramente orientada a la felicidad de las masas provocar un aprieto entre cancillerías. Qué duda cabe, la sensatez dice que no. Lo interesante de esta discordia, sin embargo, es que abre de nuevo la puerta a la discusión sobre los contenidos en la TV.

Por poco refinado que sea, no tiene nada de malo decir que los concursantes de un programa de otro canal «están todos llenos de piojos». Más discutible es invitar a un extranjero para reírse de él en pantalla, aunque -suponemos- haya consentimiento de su parte. De lo que no hay duda es de que ambas situaciones son innecesarias. Sobran. Tanto como el breve cruce de declaraciones diplomáticas que se produjo. Y mucho más que las excusas que debió ofrecer La Red o el comunicado al que se vio obligado CHV.

La verdad, ésa que sabemos pero omitimos: el estilo, las risas, el tipo de ironía, el lenguaje elemental que se usaron en las notas y los programas que causaron la discordia no son una excepción sino la tónica. La pantalla está colonizada de programas y segmentos como esos. Los canales gustan de exprimir a noteros que persiguen a figuritas irrelevantes, como si se les fuera la vida en el intento. Es lo que se lleva.

Es bien posible que el director ejecutivo de CHV, el canal que inventó el bullying en pantalla, tenga razón cuando dice que a la TV ya no le corresponde educar, sino centrarse en acompañar a las audiencias por la vía de la entretención. Pero, incluso en ese papel de comparsa en el tiempo libre, un actor social tan relevante debe ser responsable, tener un tono, buscar la calidad: entretener no tiene por qué ser igual a explotar la vulgaridad o a ejercitar el maltrato. Si hay un tipo entretenido en estos tiempos es Stefan Kramer: difícilmente podría uno pensar que su éxito notable se debe al recurso fácil. Todo lo contrario. Y da la impresión de que la gente premia la seriedad de su intento, esa capacidad suya de ser, a la vez que divertido, respetuoso de la inteligencia del público. ¿Será mucho pedirle la misma actitud a la TV?

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