Extraordinaria editorial del diario The Clinic. Las portadas que dan cuenta del periodismo que justificó y apoyó a la dictadura

Para honrar la memoria del periodismo que pudo ser, hemos seleccionado en este número especial Once portadas que publicaron noticias abiertamente falsas: los detenidos desaparecidos no eran “tales”, se habían ido a Argentina y se mataban entre ellos; el cuerpo torturado de una profesora varado en la playa se convertía en una bella joven estrangulada por su pareja; un diplomático asesinado en la casa de Michael Townley se había suicidado por celos; un carpintero muerto en Valparaíso era el asesino de Tucapel Jiménez; los presos políticos la estaban pasando divino.

El mismo 11 de septiembre de 1973, como una de sus primeras actuaciones, la Junta Militar clausuró todos los medios de comunicación impresos y permitió, a través de su Bando Número 15, la circulación de sólo dos diarios: El Mercurio y La Tercera de la Hora. La Junta también clausuró las radios y tomó el control de los canales de televisión.

No es necesario recordar que en esa época no existía internet y era imposible cualquier otra forma de comunicación masiva que no pasara por aquellos medios. Consciente de la importancia del control informativo, la Junta no tuvo pudor en manifestar que habría una “estricta censura de prensa”. El Bando Número 15 determinó que “los directores de los diarios mencionados tendrán la responsabilidad de entregar diariamente antes de su emisión, las respectivas muestras para proceder a su revisión”.

“El gobierno militar está empeñado en lograr una depuración de las publicaciones de prensa, en orden a no aceptar en lo sucesivo insultos a personas ni instituciones, como asimismo, el lenguaje procaz”, advertía el instructivo.

Es posible imaginar el miedo que sintieron los periodistas que se quedaron y siguieron trabajando en aquellos medios, mientras otros colegas suyos, de los medios clausurados, se escondían, salían de Chile o eran atrapados y se sumaban a la lista de detenidos desaparecidos.

En la extraordinaria investigación que hizo el Colegio de Periodistas, a propósito del montaje comunicacional conocido como “Operación Colombo”, Fernando Díaz (Lazcano) Palma, exdirector de Las Últimas Noticias y expresidente del Colegio de Periodistas, afirmó que en cualquier época histórica los periodistas dan fe de que lo que dice la autoridad: “Treinta años después hemos venido a escuchar muchas cosas de lo que estaba pasando. Muertos, desaparecidos, desenterrando gente… Claro, si nosotros hubiéramos podido y hubiéramos sabido esas cosas, las habríamos tenido que investigar antes, sin perjuicio de correr riesgos”.

Alberto Guerrero, exdirector de La Tercera, reconoció que al aceptar las versiones falsas y montajes comunicacionales, los medios faltaron a la esencia de los valores profesionales, pero, alegó, había que estar ahí, en sus zapatos, vigilados por patrullas militares que se instalaban en la redacción para controlar lo que se publicaba.

“Naturalmente, a lo mejor habría preferido tener más alma de héroe y habérmelas jugado, pero en el ambiente que vivíamos… No sé, uno tiene familia, cuida su fuente de trabajo… Con la perspectiva del tiempo, a lo mejor ahora diría me da lo mismo jugármela y que pase lo que pase”, dijo.

Para honrar la memoria del periodismo que pudo ser, hemos seleccionado en este número especial Once portadas que publicaron noticias abiertamente falsas: los detenidos desaparecidos no eran “tales”, se habían ido a Argentina y se mataban entre ellos; el cuerpo torturado de una profesora varado en la playa se convertía en una bella joven estrangulada por su pareja; un diplomático asesinado en la casa de Michael Townley se había suicidado por celos; un carpintero muerto en Valparaíso era el asesino de Tucapel Jiménez; los presos políticos la estaban pasando divino.

Los expedientes judiciales de la mayoría de esos casos, revelan que los medios de comunicación y numerosos periodistas no sólo tenían miedo de dudar de esas versiones. Algunos se sumaban con entusiasmo a las operaciones de encubrimiento, daban ideas para los siniestros libretos que ocultaban los hechos reales y que mucha gente, en su casa, aceptaba como ciertos.

Junto a las portadas de la época, hemos puesto una portada imaginaria. Una en que los medios y sus periodistas no tuvieron miedo, ni pusieron primero sus convicciones personales y redactaron la noticia verdadera. Este no es un juicio, ni una sentencia. Es un simple ejercicio de remembranza y una invitación a reflexionar sobre lo que pudo haber sido y no fue.

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