Fasa y el silencio incómodo

censura 2Andrés Azócar / hijodelmedio / Mucha gente cree que los medios son el sistema inmunológico de la sociedad. Si ésta se enferma, los medios son los encargados de resolver el problema, asumir las prioridades que la comunidad demanda y, por supuesto, recetar y medicar lo que sea necesario para que todo vuelva a la normalidad. Por cierto, mientras el cuerpo está sano, los medios deben proteger y alimentar correctamente a la opinión pública.

La mala noticia es que hace bastante tiempo que los medios –si es que alguna vez lo fueron- dejaron de ser los encargados de que el mundo fuera más justo. Y tampoco parece ser esa su tarea fundamental. En las redes sociales –especialmente Twitter- los medios han sido bombardeados porque apenas informaron (informan) de la huelga de Fasa. Los detractores dicen –con justa razón- que no lo hacen, porque la cadena es un gran anunciador, probablemente uno de los 10 más importantes y que uno de sus accionistas es director de Falabella. Los medios podrían usar el argumento de que una huelga, es un espacio finito como son los diarios y la TV, no es noticia y que hay otras prioridades. Pero al final del día, todos sabemos que el buen periodismo es una buena historia y, al parecer Fasa esconde muy buenas historias.

Esto tiene y no tiene que ver con que los medios sean o no liberales -discusión que se ha dado muy fuerte en EE.UU. en los últimos meses-. Los medios tienen el derecho de decidir su perfil e incluso asumir un rostro absolutamente conservador (en el caso de los diarios los chilenos lo perciben así), el problema está en que en el fino juego entre los intereses de la audiencia a estar informada y el del medio de rentabilizar su negocio, suele ganar la segunda opción. El guiño a los auspiciadores tiene más que ver (en general) con el temor a perderlos que a otra cosa. Y a raíz de esto, el producto final termina siendo una experiencia filtrada adecuadamente.

Esto genera dos problemas en los medios, especialmente en los diarios quienes son los que ofrecen calidad y cuentan con un público más informado: 1.- Se convierten en cautivos de sus auspiciadores, quienes asumirán esta realidad y 2. Hipotecan el centro de su negocio: en medio de una sociedad muy informada, le restan valor justamente a la calidad de la información y a la credibilidad. El público de los diarios sabrá lo que pasa en Fasa de todas maneras y además castigará la marca.

El periodista y creador de The Wire David Simon lo explica mejor: “La gente me dice ´Nadie nunca pagará por los periódicos, cuando puede conseguirlos gratis´. Pero es que nadie pagaría por la mierda de ahora. ¿Qué habría pasado si en lugar de que los periódicos hubieran sido vendidos y recortados, se hubieran hecho más esenciales, más viables, más sutiles?”.

Los medios no son francotiradores para darse gustos, ni tampoco suplen, en este caso, el rol del Ministerio del Trabajo, pero tampoco son relacionadores públicos de sus auspiciadores. Nadie espera que autoinmolen construyendo noticias en torno a los avisadores, pero olvidar que la información es finalmente el negocio, es un error. Pedirles que se conviertan en paladines de los derechos de la humanidad es tan insensato como pedirles que se olviden de sus audiencias. Y lo que es más riesgoso aún, es que sus lectores hoy los necesitan menos que antes.