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	<title>Observatorio de Medios FUCATEL</title>
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	<description>Una mirada en profundidad a los medios de comunicación</description>
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		<title>La TV llegó primero</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 17:50:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alejandro Führer]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura televisiva del terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[Fundación Chile 21]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro Führer /Sociólogo de la U. de Chile y Magíster en Comunicaciones de la UDP. Coordinador del área estratégica de la Fundación Chile 21 /  La TV lo hizo de nuevo. En apenas algunas horas después de la catástrofe, comenzó a unir los fragmentos que yacían dispersos e incomunicados a lo largo del país. Nuevamente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-localidad-de-iloca.jpg" rel="lightbox[6659]"><img class="alignright size-medium wp-image-6660" title="terremoto localidad de iloca" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-localidad-de-iloca-300x196.jpg" alt="terremoto localidad de iloca" width="300" height="196" /></a>Alejandro Führer /Sociólogo de la U. de Chile y Magíster en Comunicaciones de la UDP. Coordinador del área estratégica de la Fundación Chile 21 /  La TV lo hizo de nuevo. En apenas algunas horas después de la catástrofe, comenzó a unir los fragmentos que yacían dispersos e incomunicados a lo largo del país. Nuevamente, fue el único pegamento visual que logró reunir en una misma pantalla las imágenes dantescas de uno de los terremotos más fuertes de las últimas décadas en Chile y el mundo.</p>
<p>Compartir en Facebook 2 Mientras las alarmas de los autos aún no paraban de sonar, los/as periodistas y camarógrafos corrieron a los extremos del territorio nacional para “mostrar” lo que allí estaba ocurriendo. Llegaron antes que el gobierno, antes que los militares, antes que el Intendente; incluso en aquellas localidades más aisladas, llegaron antes que el propio alcalde.</p>
<p>Fue un relato conmovedor el que transmitía Amaro Gómez Pablo mientras exhibía a un ciudadano huyendo con cajas de leche en las manos o una lavadora automática en sus hombros.El impulso y autonomía de los medios funcionó bastante mejor que el protocolo de la Onemi. Las frenéticas imágenes transmitidas aún con la vibración del movimiento sísmico en el cuerpo ayudaron a las autoridades a tomar decisiones más acertadas y oportunas. Poco a poco, supimos que este terremoto no solo había afectado a las grandes ciudades, sino que también había devastado con olas gigantes una extensa zona costera del país.</p>
<p>En los días posteriores, la TV multiplicó los ángulos informativos y convirtió al edificio colapsado de Concepción en la postal de la furia sísmica de este terremoto, el asombro era total: una torre habitada de 15 pisos simplemente se había venido abajo. El clímax de la perturbación social fue la transmisión en vivo y en directo de los cientos de compatriotas saqueando supermercados y tiendas del comercio. Fue un relato conmovedor el que transmitía Amaro Gómez Pablo mientras exhibía a un ciudadano huyendo con cajas de leche en las manos o una lavadora automática en sus hombros.</p>
<p>La controvertida imagen de los militares en las calles imponiendo el toque de queda, logró convertirse en portada de todos los periódicos al otro día. Parecía una fotografía sacada del pasado, impuesta gravemente en esta enorme tragedia telúrica. Lentamente el orden público se restableció y comenzaron a aparecer las crónicas más humanas que descubrieron a héroes y heroínas en Constitución, Iloca, Dichato y otros pueblos. Un hombre acongojado levantando una bandera sucia pero entera en Pelluhue selló la unidad de imagen y emoción, de tragedia y dignidad.</p>
<p>El acto comunicacional con características más terapéuticas vino de la mano de Don Francisco, quien como en otras oportunidades, se concentró en producir un acontecimiento mediático de solidaridad nacional para ir en ayuda de los afectados por el terremoto. No solo logró duplicar la meta prevista, sino que pudo juntar –por algunas horas- en un fabricado set de televisión en el Teatro Teletón a políticos y empresarios, artistas y sindicatos, pobladores y jóvenes voluntarios. Creando una provisoria imagen de unidad en un país caracterizado por una profunda fragmentación social y geográfica.</p>
<p>Dominique Wolton dice que en la moderna sociedad de masas altamente individualizas, la TV juega un rol insustituible como vínculo social. Es principalmente esta tecnología audiovisual, localizada estelarmente al interior del hogar, la que permite unir por algunas horas lo que permanece separado en todo lo demás. En estos duros días de catástrofe y pese al acelerado avance de las tecnologías personales y digitales en nuestro país, la TV ha demostrado que conserva un poder irreemplazable a la hora de unir las emociones y esperanzas de tantos chilenos viviendo en condiciones tan disímiles y opuestas.</p>
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		<title>Subsecretario de Telecomunicaciones:&#8221;Los servicios de emergencia no deben depender de redes públicas&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 16:35:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[comunicaciones en terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Bello]]></category>
		<category><![CDATA[subsecretario de telecomunicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[telecomunicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Alexis Ibarra O. / Emol / En su último día en el cargo, Pablo Bello reconoce que el sistema de telecomunicaciones no estaba preparado para una catástrofe. &#8220;No es aceptable que las comunicaciones de los servicios de emergencia y de las FF.AA. tuvieran dificultades a raíz del terremoto. Evidentemente es una materia que hay que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-iloca.jpg" rel="lightbox[6654]"><img class="alignright size-medium wp-image-6655" title="terremoto iloca" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-iloca-300x199.jpg" alt="terremoto iloca" width="300" height="199" /></a>Alexis Ibarra O. / Emol / En su último día en el cargo, Pablo Bello reconoce que el sistema de telecomunicaciones no estaba preparado para una catástrofe. &#8220;No es aceptable que las comunicaciones de los servicios de emergencia y de las FF.AA. tuvieran dificultades a raíz del terremoto. Evidentemente es una materia que hay que resolver de forma urgente y no se debe repetir. Sus sistemas de comunicaciones no deben depender de los mismos servicios públicos de telecomunicaciones que se ofrecen a la ciudadanía. No pueden depender de un celular para comunicarse en un contexto de crisis&#8221;, dice categórico el subsecretario de Telecomunicaciones, Pablo Bello.</p>
<p>Este ingeniero comercial viajó el martes 2 de marzo a Concepción y estuvo en terreno hasta el domingo. Dormía en una comisaría, mientras en el día coordinaba los esfuerzos públicos y privados para restablecer la conectividad.</p>
<p>&#8220;Las telecomunicaciones tuvieron problemas severos las primeras 48 horas después del terremoto entre las regiones de Valparaíso y La Araucanía. Pero las principales dificultades se concentraron en el Maule y el Biobío, de ahí que decidiéramos viajar a esas zonas&#8221;.</p>
<p>Allí, cuenta Bello, &#8220;teníamos que asegurar el suministro de petróleo con Copec, coordinar el restablecimiento del suministro eléctrico en las radiobases (que mantienen operativas las antenas) de telefonía móvil. Incluso había que preocuparse de la seguridad, ya que varias de ellas sufrieron el robo de los depósitos de petróleo y hasta de los grupos electrógenos&#8221;.</p>
<p>&#8220;Sólo tengo palabras de agradecimiento y reconocimiento a las empresas por su labor post terremoto. Desplegaron cerca de 2 mil hombres para restablecer el servicio&#8221;, asegura Bello.</p>
<p>Ante la pregunta de si se podría haber evitado el colapso de las comunicaciones, Bello reconoce que no se previó una situación como ésta y que, en ese sentido, la responsabilidad es compartida entre su repartición y las empresas. &#8220;Hemos estudiado desastres de la magnitud de este terremoto en el mundo y en todos ellos se generaron los mismos problemas, incluso más graves que los que se produjeron en Chile. La infraestructura de telecomunicaciones se mantuvo en pie, pero fue el tema de la energía lo que ocasionó más dificultades&#8221;.</p>
<p>&#8220;El problema inicial -explica- fue la congestión de las redes. Eso provocó que las baterías de respaldo de las radiobases se agotaran más rápido. Una vez que se agotan las baterías de respaldo, comienzan a funcionar los grupos electrógenos, pero sólo un 30% de las radiobases cuenta con uno. Si pensamos que cada empresa tiene entre 1.500 y 2 mil radiobases, es inviable que todas cuenten con uno por la logística que implica&#8221;, señala el subsecretario.</p>
<p>&#8220;En el futuro habría que pensar en sistemas que se alimenten de energías renovables, como las celdas solares, para no sufrir nuevamente este problema&#8221;, dice Bello.</p>
<p>El terremoto, además, dejó en evidencia la falta de teléfonos satelitales. &#8220;Los pedimos a la comunidad internacional porque no teníamos. Existe deficiencia de teléfonos satelitales en la Onemi y tampoco cuentan con ellos las autoridades locales. Hoy ya tenemos cerca de 200 de esos equipos, muchos de ellos prestados. No es un ámbito que dependa de nosotros, pero sí que las autoridades de Interior deben evaluar&#8221;.</p>
<p>Finalmente, Bello aclara que hace un año la Subsecretaría trabaja en crear una política de infraestructura crítica de telecomunicaciones, ya que era una de las recomendaciones que hizo la OCDE. &#8220;Encargamos un estudio para ver las vulnerabilidades y nos reunimos con las empresas. Eso está a medio terminar&#8221;, advierte. &#8220;Las próximas autoridades debieran terminar ese trabajo, pero no como subsecretaría, sino a nivel de Ministerio del Interior&#8221;.</p>
<p>___________</p>
<p>&#8221;Las FF.AA. tienen redes propias que operan en forma independiente y con espectro asignado. Habrá que analizar por qué esas redes fallaron&#8221;.</p>
<p>&#8220;Se necesita una empresa de telecomunicaciones del Estado&#8221;</p>
<p>El subsecretario Bello cree que el terremoto dejó en evidencia la vulnerabilidad y dependencia de las telecomunicaciones en Chile. &#8220;En el futuro debiera existir una empresa estatal de telecomunicaciones. No para competir en el mercado y dar servicio al público, pero sí para darle al Estado la capacidad de disponer de comunicaciones satelitales, telefonía e internet en casos como éste y generar proyectos con las empresas privadas para dar conectividad en zonas de difícil acceso. Hay que recordar que Entel nació tras el terremoto del 60&#8243;.</p>
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		<title>Tal vez en un tiempo más, quién sabe</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 15:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas de opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura terremoto]]></category>

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		<description><![CDATA[Vicente Montañés / LUN / Mareado por las imágenes apabullantes del terremoto, quien esto escribe no salió, prácticamente, de su morada santiaguina durante la semana última. Magnetizado por la omnipresencia televisiva de la catástrofe y sus exégetas periodísticos, que sin pausa narraban visualmente lo sucedido en el Maule, en Concepción, en Dichato, no le quedaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-montrañés.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6652" title="terre montrañés" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-montrañés-241x300.jpg" alt="terre montrañés" width="241" height="300" /></a>Vicente Montañés / LUN / Mareado por las imágenes apabullantes del terremoto, quien esto escribe no salió, prácticamente, de su morada santiaguina durante la semana última. Magnetizado por la omnipresencia televisiva de la catástrofe y sus exégetas periodísticos, que sin pausa narraban visualmente lo sucedido en el Maule, en Concepción, en Dichato, no le quedaba otra que mirar fijo la pantalla y justificar el insomnio. Como es natural, con tanto zapping de un canal a otro, confundiéronse en su cabeza las informaciones, los elementos de juicio, las culpas y los azares, la alterada geografía. ¿Dónde queda Curanipe? Yo ni siquiera sabía de su existencia, pero un sobrino que andaba por allí se salvó de milagro, aunque perdió su camioneta en las saladas aguas del Pacífico, océano de cínico nombre.</p>
<p>Tampoco sé, por ejemplo, por qué hubo primero un aviso, en uno o más de los pueblos arrasados, de que sí venía el tsunami –o como se llame la invasión del mar, con olas gigantes o así no más, inundando–, y luego el fatal, incomprensible aviso con altoparlantes de que en realidad no venía. No tengo claro si ocurrió exactamente de ese modo, ni en qué momento de la madrugada o el amanecer. Pero es lo que se oye decir. Es cierto que desde acá, en esta casa flexible que, como tantas, resistió bien, uno clama agitando el índice que después de un terremoto costero de tal magnitud hay que correr cerro arriba sin pensarlo dos veces. Pero, ¿habría reaccionado así yo mismo? Tal vez no. Después de la catástrofe, por todas partes surgen los que, con razón o sin ella, opinan con gran sabiduría cívica o práctica: haber hecho esto, haber hecho lo otro (las autoridades, antes que nadie). Y no es imposible que muchos de ellos –incluido el autor de estas líneas– hubiesen seguido durmiendo ingenuamente, sin ponerse a salvo.</p>
<p>Y tampoco sé, por otro lado, más allá de los cientos o miles de muertos y damnificados, si sería una idea descabellada (o siquiera posible) reconstruir con precisión los edificios llamados patrimoniales, las casas antiguas de pulverizado adobe, de manera que, en lugar de ser reemplazados por construcciones modernas e insípidas, recuperen genuinamente su aspecto colonial o decimonónico, pero sean, desde ahora y para siempre, antisísmicas. Modernas por dentro, por así decirlo. Tal vez en un tiempo más, quién sabe.</p>
<p>Si de saber algo se trata, el presidente electo, con inquietantes palabras, sugirió que el Altísimo no más sabe por qué se le ocurrió sacudir y aplastar un pedazo de nuestro país. La frase implica que detrás del terremoto podría haber una racionalidad acaso moral, no sólo geológica o geofísica. Los creyentes (no lo soy) pueden quizás consolarse a medias: algo no muy santo habremos hecho para merecer esto (o sea, no es porque sí), algunos pecadillos-país habremos cometido, y por lo tanto es concebible, también, una expiación que nos devuelva el equilibrio. No sé si alguien piense realmente así, pero si lo tomamos como metáfora podemos al menos suponer que el Festival de Viña, de puro chillón y aturdiente que es (un gran pecado estético, diríamos), recibió su merecido y se quedó inconcluso, sin sus estridentes gaviotas finales. No sé si están de acuerdo.</p>
<p>.</p>
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		<title>¿Por qué el público ya no ve las teleseries vespertinas?</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 14:29:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actividades]]></category>

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		<description><![CDATA[Isabel Lamoliatte / LUN / L a guerra de las teleseries aún no comienza y ya hay polémica. Ayer, tanto TVN como Canal 13 se adjudicaron haber ganado el rating con sus respectivas producciones: “Los ángeles de Estela” y “Feroz”. El primero consignó que había triunfado con 12,4 puntos de sintonía vs. los 10,4 de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/teleserie-feroz.jpg" rel="lightbox[6648]"><img class="alignright size-medium wp-image-6649" title="teleserie feroz" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/teleserie-feroz-300x280.jpg" alt="teleserie feroz" width="300" height="280" /></a>Isabel Lamoliatte / LUN / L a guerra de las teleseries aún no comienza y ya hay polémica. Ayer, tanto TVN como Canal 13 se adjudicaron haber ganado el rating con sus respectivas producciones: “Los ángeles de Estela” y “Feroz”. El primero consignó que había triunfado con 12,4 puntos de sintonía vs. los 10,4 de su competencia, mientras que el segundo aseguró que se impuso con 10,5 contra los 9,7 de su rival.</p>
<p>Años atrás, cuando las teleseries vespertinas arrasaban entre el público, ambos canales no hubieran aplaudido esas cifras. Tal como da cuenta el gráfico (ver infografía) las producciones de ese horario han ido perdiendo sintonía. El periodista e investigador de audiencias y estrategias de contenidos mediáticos, Luis Breull, explica que el fenómeno se debe a diferentes razones. “Con la llegada del Transantiago se acentuó la flexibilidad del horario laboral y la gente llega más tarde a sus casas. También hay mayor acceso a la banda ancha y al TV cable. Por otra parte, los jóvenes descubrieron que pueden ver los capítulos por internet a la hora que quieren”.</p>
<p>Breull recalca que “hay problemas en la industria y faltan guionistas buenos. Las temáticas de las nuevas teleseries delatan carencia de creatividad”.</p>
<p>-¿Eso explica el tibio debut de “Feroz”?</p>
<p>-El público objetivo de las teleseries vespertinas siguen siendo las dueñas de casa y los jubilados(as). Imagínate a una señora sintonizando el debut de “Feroz” y de repente el protagonista se transforma en un hombre lobo. Más encima, es Cristián Campos, un actor que está en el imaginario de la gente. Hace unos años era el galán, también fue el cura Alberto Hurtado y hoy se retuerce como poseído. Ponerlo de hombre lobo fue asesinar su imagen.</p>
<p>La actriz Francisca Imboden opina que el fenómeno se debe a que “antes no había cable y la gente trabajaba hasta horarios más decentes que le permitían llegar a la teleserie. Ahora con suerte llegan a ver las noticias”, reclama.</p>
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		<title>La energía liberada por los medios</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Mar 2010 16:41:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura del terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura radial de terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[medios en estado de catástrofe]]></category>
		<category><![CDATA[tratamiento informativo post terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[TV y terremoto]]></category>

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		<description><![CDATA[OBSERVATORIO DE MEDIOS / V.P. / El terremoto de la madrugada del 27 de febrero nos ha sacudido de manera tan violenta que no sólo ha destapado fracturas profundas de la sociedad chilena, sino que ha puesto a prueba la capacidad de reacción de nuestras instituciones y de los sistemas de comunicación. Inmediatamente después del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-grietas-calle.jpg" rel="lightbox[6625]"><img class="alignleft size-medium wp-image-6626" title="terremoto grietas calle" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-grietas-calle-201x300.jpg" alt="terremoto grietas calle" width="201" height="300" /></a><strong>OBSERVATORIO DE MEDIOS / V.P. / El terremoto de la madrugada del 27 de febrero nos ha sacudido de manera tan violenta que no sólo ha destapado fracturas profundas de la sociedad chilena, sino que ha puesto a prueba la capacidad de reacción de nuestras instituciones y de los sistemas de comunicación. Inmediatamente después del golpe telúrico, se produjo un apagón comunicacional que involucró a la telefonía fija y móvil, Internet y redes sociales, TV abierta y de pago, incluida la radio. Por minutos preciosos, y quizás horas, volvimos a la Edad de Piedra en plena sociedad de la información, cuando supuestamente estamos más comunicados que nunca. Afortunadamente, algunas emisoras empezaron a transmitir rápidamente, como la Cooperativa, incluso desde el epicentro en el caso de la Bío-Bío, contribuyendo en momentos cruciales a reducir la incertidumbre de miles de compatriotas que esperaban ansiosos algún tipo de información centralizada y creíble. La humilde radio a pilas se transformó en el bien más preciado frente a la momentánea inutilidad de los BlackBerry, Twitter, Facebook y el llamado periodismo ciudadano que transita por Internet en condiciones normales.</strong></p>
<p><strong>Apenas pudieron normalizar las transmisiones, los canales de televisión iniciaron el despliegue de sus equipos en el territorio afectado, dando paso a una intensa cobertura que contribuyó a iluminar la dimensión de la tragedia, pero también a exacerbar el caos y a magnificar los desbordes delincuenciales. Se alternaron, en general durante las primeras transmisiones, el dato duro y necesario con una sobredosis de testimonios lacrimógenos y una majadería informativa que tuvo, al menos una semana, a medio Chile con los nervios de punta entre réplicas y contra réplicas, anuncios de falsos maremotos, periodistas sobreexcitados que pronuncian cada diez segundos la palabra “dantesco” y los registros de reporteros aficionados que suben, compulsivamente, a la red sus aventuras sísmicas personales grabadas desde un celular.</strong></p>
<p><strong>Desde el punto de vista de los medios de comunicación, que es lo que nos interesa como Observatorio, pudimos detectar algunos problemas de carácter estructural -como se dirá por un tiempo usando metáforas sísmicas- y otras grietas de importancia en el tratamiento informativo:</strong></p>
<p><strong><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre51.jpg" rel="lightbox[6625]"><img class="alignleft size-medium wp-image-6627" title="terre5" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre51-300x197.jpg" alt="terre5" width="300" height="197" /></a>De carácter estructural:</strong></p>
<p>Quedó de manifiesto la ausencia de un sistema nacional y público de comunicaciones, o al menos una estrategia alternativa, para comunicarnos en situaciones de esta envergadura, que permita mantener al país unido, informado y cohesionado después de cualquier catástrofe. Desde el ángulo de las telecomunicaciones, nada funcionó a tiempo y hubo faltas imperdonables en cuestiones tan nimias como la carencia de teléfonos satelitales en las oficinas de emergencia, aparatos que pueden ser comprados o arrendados por sumas razonables de dinero en cualquier tienda especializada. Prácticamente toda la información de las primeras horas se canalizó a través de radio Bío-Bío, que, aprovechando sus instalaciones en la zona del desastre, su conocimiento de la región, su red de corresponsales y su dilatada trayectoria informativa en el sur de Chile, pudo cumplir con un rol clave para entregar los primeros antecedentes y dimensionar la magnitud de la catástrofe.</p>
<p>También se hizo evidente la vulnerabilidad de Internet, que en gran medida depende del sistema eléctrico, en combinación con fallas prolongadas y masivas del sistema privado de comunicaciones telefónicas. Desde el día después del terremoto, cuando la red empezó a operar con relativa normalidad, se pudo observar la doble faz de internet. Facilitó, por una parte, la veloz propagación de basura virtual a través de múltiples correos enlazados de origen anónimo, donde se nos advertía de nuevas alarmas de maremoto, saqueos inexistentes, rupturas de embalses de agua que nunca estuvieron en peligro y teorías peregrinas que intentan relacionar el terremoto con tragedias naturales recientes en otras partes del planeta. Por otra, sirvió como herramienta eficaz para transmitir mensajes de utilidad pública, articular grupos para la búsqueda de personas desaparecidas y entregar datos precisos sobre la reposición de los servicios básicos o los sitios de reparto de alimentos. Un Decálogo Ciudadano para Tiempos de Emergencia, que circula en la red, sugiere a los internautas una cuestión que parece bastante razonable en situaciones de catástrofe: abstenerse de difundir rumores, trascendidos, historias de dudosa procedencia para no producir más alarma en una población que ya está suficientemente aterrorizada con los hechos verificables.</p>
<p>Para suplir en parte estas limitaciones podría haber existido una potente red de radios comunitarias de carácter ciudadano, con las condiciones logísticas y de cobertura para transmitir en condiciones excepcionales, de manera de complementar la información de los medios radiofónicos privados y aprovechar su conocimiento de las comunidades de origen que fueron afectadas por el cataclismo. Pero la realidad en nuestro país dista mucho de este ideal. Aún así, a poco andar y sobreponiéndose a la precariedad, algunas emisoras comunitarias como la Lorenzo Arenas de Concepción, Paloma en Talca, La Ventana en La Legua, y otras, pudieron iniciar  sus transmisiones y contribuir a la organización de la ciudadanía y a la difusión de informaciones responsables al interior de las comunidades afectadas.</p>
<p>Se pudo constatar, además, que no existe un sistema de comunicaciones descentralizado que permita tomar decisiones propias a las autoridades de las regiones afectadas en situaciones de catástrofe. Ni siquiera se usó en toda su potencialidad la comunicación a través de los radioaficionados, quizás el único medio de comunicación que pudo funcionar sin interrupciones después de la hecatombe.</p>
<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/rumor-2.jpg" rel="lightbox[6625]"><img class="alignleft size-full wp-image-6628" title="rumor 2" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/rumor-2.jpg" alt="rumor 2" width="122" height="111" /></a>Una de las consecuencias más graves de este colapso comunicacional de los primeros momentos posteriores al terremoto, fue la lentitud en la toma de decisiones por parte del Ejecutivo, dependiente en gran medida para el anuncio de maremotos de una repartición de la Armada –Shoa- que no fue capaz ni siquiera de enviar un fax medianamente legible a la Oficina Nacional de Emergencias –Onemi- y que no contaba con un operario que entendiera inglés y que fuera capaz de descifrar el llamado de alarma de tsunami realizado desde un centro especializado estadounidense. Situaciones casi tragicómicas, en los organismos encargados de canalizar la información en estados de catástrofe, que incidieron en la pérdida de muchas vidas. La otra consecuencia funesta fue el predominio del rumor en las comunidades sin acceso a información confiable, lo cual generó un estado de sicosis y una marejada de anuncios apocalípticos desde y hacia los lugares del desastre. Al pillaje y los saqueos reales, se sumó la amenaza de supuestas turbas que se apoderarían de todo lo que se cruzara a su paso y la reacción de algunos sectores de la población que fueron presas fáciles del pánico, entre los escombros, sin luz, agua ni alimentos.</p>
<p>La “rata gris del rumor” hizo de las suyas como suele suceder en situaciones de tragedia. Un ejemplo cercano fue el trascendido que circuló, el primer día laboral después del terremoto, anunciando supuestos saqueos en el centro de Santiago, lo que provocó el cierre en cadena de locales comerciales en el sector Patronato y Estación Central y el de algunas empresas que decidieron despachar a sus empleados y suspender las actividades productivas.</p>
<p><strong>Grietas en el tratamiento informativo:<a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-puente.jpg" rel="lightbox[6625]"><img class="alignright size-medium wp-image-6629" title="terremoto puente" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-puente-300x200.jpg" alt="terremoto puente" width="300" height="200" /></a></strong></p>
<p><strong>Además de los problemas globales analizados anteriormente, en una visión panorámica de la cobertura realizada por los medios, se pueden detectar algunos problemas en el tratamiento de la información que no contribuyeron precisamente a llevar tranquilidad a la ciudadanía a través de una información confiable, entregada por profesionales que saben mantener la cabeza fría y el corazón caliente en circunstancias excepcionales. En este sentido, se agradeció la presencia en terreno de periodistas curtidos en cobertura de tragedias naturales, como Santiago Pavlovic, de TVN, que al menos no salió arrancando, como la mayoría de sus colegas en Concepción y demás localidades amagadas, al primer anuncio de un maremoto imaginario como sucedió .</strong></p>
<p><strong>Revisemos algunos problemas detectables a simple vista en el tratamiento de la información:</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>La preocupación por la propiedad privada compitió con el drama humano</strong>. </span></p>
<p>Apenas se restablecieron en parte las comunicaciones,  los medios, y en especial la TV, desplegaron todos sus equipos a la zona del desastre. Compitieron en los días siguientes, en un peligroso equilibrio, las notas sobre el drama humano producto directo del cataclismo y las que abordaron sus coletazos delincuenciales: saqueos a supermercados, empresas y negocios, pillaje, asaltos y otras formas de ruptura del contrato social. Se puso a la misma altura la defensa de la propiedad privada y los tormentos de una población golpeada por la desventura, rodeada de muerte y destrucción. Desde la perspectiva periodística, los saqueadores aparecían  comos seres venidos de otro mundo. Los periodistas enviados a la zona ofrecieron con generosidad el micrófono a grupos de ciudadanos que se sentían amenazados por hordas virtuales dispuestas a apropiarse de lo ajeno. Mostraron hasta la saciedad vecinos armados ridículamente con escopetas a postones y palos de escoba para defenderse de la presunta amenaza.</p>
<p>Testimonios varios concuerdan en que los saqueadores no estaban integrados sólo por el lumpen que aprovecha cualquier oportunidad para hacer su agosto (triunfos o derrotas deportivas, efemérides, fiestas patrias), robar y destruir bienes públicos, sino también por respetables señoras que arrancaban con microondas y tipos de apariencia nada marginal acumulando plasmas en vehículos cuatro por cuatro. Un fenómeno transversal de pillaje consumista, descontando, por supuesto, a quienes tomaron cosas de primera necesidad para alimentar a los suyos. “Un saqueo generalizado de gente de distinta condición social”, como lo resumió el comentarista de Radio Bío-Bío, Tomás Mosciatti. Fue muy tibio, por lo menos en los primeros días de cobertura periodística, el acercamiento de los medios a esta realidad. Amaro Gómez-Pablos, de TVN, intentó interpelar a un joven que huía con algo de ropa desde una multitienda desvalijada. El muchacho se defendió arguyendo “necesidad”. Santiago Pavlovic trató de entablar diálogo con otros saqueadores, pero sólo consiguió evasivas. El enemigo público aparecía difuso, sin rostro y encarnando todos los males: “lo peor de lo nuestro” como se ha repetido hasta el cansancio. Recién ahora están apareciendo en la prensa escrita, en algunos programas de debate en televisión y en diferentes espacios en Internet, análisis más serenos que intentan dilucidar las causas del fenómeno.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-circo.jpg" rel="lightbox[6625]"><img class="alignright size-medium wp-image-6641" title="terremoto circo" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-circo-300x196.jpg" alt="terremoto circo" width="300" height="196" /></a>Mucho testimonio, poco análisis y dato duro, demasiada cháchara</strong>.</span></p>
<p>Los reporteros en terreno compitieron por obtener testimonios desgarradores junto a notas “esperanzadoras” para compensar tanta calamidad: rindieron testimonio ciudadanos que se salvaron por un pelo, otros que vieron morir a sus parientes y amigos, personas que vivieron situaciones atroces, héroes anónimos que salvaron a un perro de las fauces del mar o a su abuelita desde los adobes derrumbados, chilenos solidarios empaquetando víveres o retirando escombros, militares abnegados realizando cadenas humanas para hacer llegar ayuda a los damnificados. Se intercalan notas de auténtica humanidad y poder emotivo con otras ramplonas hilvanadas por periodistas que le preguntan a la gente algo tan obvio cómo “qué se siente después de ver desaparecer a un ser querido”. Desde los estudios centrales, en la capital, los animadores de turno entrevistan a sicólogos que se refieren a cómo manejar el trauma post terremoto, a ingenieros calculistas que nos ayudan a diferenciar entre una falla simple y otras estructural, a expertos en seguros recordándonos nuestras derechos ante las compañías que administran el riesgo. Kike Morandé nos invita a orar, desde Megavisión, y aprovecha la hora de incidentes para reflexionar sobre el significado divino de la caída de muchas iglesias. Los conductores de SQP nos recuerdan que somos todos chilenos con una larga historia de solidaridad, etc., etc. En Canal 13, desde alguna de las tantas caletas amagadas, nos presentan un enlace en directo con Soledad Onetto, del canal católico, quién guardó los trajes de gala del festival para desempolvar sus tenidas invernales de Valle Nevado y despachar, con su peinado impecable, notas humanas desde los sitios de la tragedia.</p>
<p> <strong>Metamorfosis de la opinología nacional</strong>. <strong>Diluvio de metáforas gastadas. Horror al silencio y la pausa informativa.</strong></p>
<p>La lengua habitualmente viperina de los opinólogos se vuelve piadosa a raíz del contacto en directo con la terrorífica realidad posterior al terremoto y tsunami. Algunos lucen caras compungidas después de haber estado en alguna caleta sureña golpeada por el desastre. Realizan los despachos con barbas a medio crecer, camisas arrugadas y sin bañarse, según propia confesión, para darle un golpe de autenticidad al relato.</p>
<p>En los canales, durante la programación especial, se arman paneles multitudinarios donde se opina sobre esto y aquello, se divaga sobre las lecciones humanas que nos deja la tragedia y los famosos de la TV se arrepienten de haber sido exitistas, superficiales, individualistas, trepadores. Un líder rockero en Televisión Nacional nos recuerda la cercanía del año 2012 y su carga de presagios mayas. En un contacto en directo, Isabel Allende se muestra emocionada por la solidaridad desplegada a medida que han pasado los días. Se queja por esos compatriotas que andan de compras en Nueva York mientras el país se levanta  a duras penas. Lo superfluo se alterna con reflexiones lúcidas e información pertinente.</p>
<p><strong>Saturación de informaciones dramáticas, ausencia de reposo en la programación que genere un poco de calma a la ciudadanía</strong>.</p>
<p>Abruma la catarata informativa con las mismas imágenes repetidas una y otra vez del país en el suelo. Cada réplica, por mínima que sea, es informada con su correspondiente magnitud y energía liberada. Se multiplican los balances de sismólogos que se pasean entre los diferentes canales y parecen venir llegando, con las últimas novedades, desde las mismas profundidades de la tierra. Un experto en seguridad nos advierte que el marco de la puerta no es el lugar más seguro para refugiarse en caso de terremoto y sí lo sería el llamado “triángulo de la vida” en el vértice donde colindan dos construcciones. Nunca se termina de aprender con este tipo de programas. Canal 24 horas, de TVN, matiza un poco al presentar un reportaje que compara bucólicas imágenes de archivo de las caletas y balnearios golpeados por el maremoto con el estado actual de esos lugares. El paraíso y el infierno.</p>
<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-7.jpg" rel="lightbox[6625]"></a>P<strong>eriodistas novatos sobreexcitados con el drama</strong>.</p>
<p>Proliferan los comunicadores improvisados que juzgan los desbordes y el pillaje como novatos enfrentados por<a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-niños-mirando-autos.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6642" title="terremoto niños mirando autos" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-niños-mirando-autos-300x210.jpg" alt="terremoto niños mirando autos" width="300" height="210" /></a> primera vez a situaciones límites. La mayoría es incapaz de hacer una referencia histórica a nuestras tragedias telúricas. También son víctimas de nuestra memoria de plomo que nos hace olvidar las lecciones de una tierra pródiga en desastres: el terremoto y maremoto del 60, el que destruyó Chillán el 39, el desastre de Valparaíso en 1906, los saqueos de entonces, la implacable ley marcial impuesta para diezmar a los saqueadores… Si hay algo en lo que tenemos experiencia los chilenos es en desastres, pero esa fortaleza no aparece en el relato periodístico.</p>
<p><strong>Ausencia de análisis y contextualización</strong>.</p>
<p>Se juzga y se busca, presurosamente, a los culpables de todos los males. Se escarba en las responsabilidades políticas entre los generales que suelen pulular después de las batallas. Por ejemplo, la alcaldesa de Concepción, y futura intendenta de la Región, reacciona como una dueña de casa alterada y sin ninguna compostura frente a “la ausencia de liderazgo”. Tiene todo el tiempo del mundo en los medios para denostar a las autoridades de turno, exigir mano dura y todos los estados de excepción imaginables para los malhechores que amenazan a la ciudadanía honrada. Los medios le ofrecen el micrófono sin cuestionamientos y legitiman con su silencio el diagnóstico de la médico siquiatra de apellido impronunciable.</p>
<p><strong><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-puente1.jpg" rel="lightbox[6625]"><img class="alignright size-medium wp-image-6635" title="terremoto puente" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-puente1-300x200.jpg" alt="terremoto puente" width="300" height="200" /></a>En síntesis, los medios de comunicación fueron grandes protagonistas de la catástrofe para bien y para mal. Permitieron, por una parte, hacer visible un drama antes de que las propias autoridades llegaran a terreno, pero también contribuyeron a amplificar ciertas conductas antisociales y potenciaron el efecto multiplicador de esos actos. Así como emergió lo mejor y lo peor del alma nacional, el saqueo y la solidaridad, el pillaje y la ayuda al vecino, la indiferencia y la caridad, también los medios mostraron su lado más luminoso y más oscuro: la veracidad y la especulación, la emoción auténtica de ciertos periodistas con la sensiblería de opinólogos reconvertidos, la serenidad y el temple de los verdaderos profesionales con la improvisación, la neurosis y la falsedad de los advenedizos.</strong></p>
<p><strong>Los medios pueden aprender de esta experiencia. Así como nos resulta sorprendente que una oficina de emergencias no tenga un plan alternativo en caso de colapso comunicacional, tampoco parece prudente que los medios carezcan de una suerte de Manual de Procedimientos, donde se explique la importancia crucial que tienen los medios en situaciones de tragedia y la responsabilidad del periodista en la selección de las imágenes que muestra, en la veracidad de las informaciones que difunde, en las preguntas que hace o que deja de hacer, en los adjetivos que utiliza y en los juicios que, de manera directa o indirecta, emite desde el lugar de los hechos.</strong></p>
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		<title>Terremoto: primeras réplicas institucionales y sociales</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 17:37:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[conectividad de Chile]]></category>
		<category><![CDATA[internet y catástrofes]]></category>

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		<description><![CDATA[Gonzalo de la Maza / Director del Programa Ciudadanía y Gestión Pública/ &#8220;El terremoto desnudó también mitos de los que nos gustaba enorgullecernos: la mejor conectividad del continente estaba basada en el negocio de los celulares y la penetración de la internet, pero se habían abandonado los recursos comunicativos que realmente sirven en estas situaciones&#8221;. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-6.jpg" rel="lightbox[6614]"><img class="alignleft size-full wp-image-6615" title="terremoto 6" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-6.jpg" alt="terremoto 6" width="75" height="100" /></a>Gonzalo de la Maza / Director del Programa Ciudadanía y Gestión Pública/ <em>&#8220;El terremoto desnudó también mitos de los que nos gustaba enorgullecernos: la mejor conectividad del continente estaba basada en el negocio de los celulares y la penetración de la internet, pero se habían abandonado los recursos comunicativos que realmente sirven en estas situaciones&#8221;. </em>En su excelente libro “Invitación a la Sociología”, Peter Berger plantea que esta disciplina actúa como lo hace un terremoto: echa abajo las fachadas y deja a la vista el interior de casas, oficinas y todo tipo de actividad que normalmente queda oculta. Vale decir la sociedad “por dentro”. En Chile acabamos de sufrir un terremoto de verdad que, junto al dolor y la desgracia, deja al descubierto diversas características actuales de nuestra sociedad que no son visibles en el día a día y que sólo se revelan frente a tensiones extremas como la que estamos viviendo. Caen las fachadas y aparece lo que no se quería o podía ver.</p>
<p>Compartir en Facebook 47 Me interesa sobre todo reflexionar sobre la fortaleza relativa que mostramos como sociedad para enfrentar nuestros problemas. Quizás es temprano para evaluar, sin embargo lo que se ve es más debilidad de la esperada. Un país atávicamente obsesivo con el “orden” no logra manejar una crisis del mismo. La respuesta gubernamental parece tardía, mal coordinada e incluso errática por momentos. La provisión de servicios básicos -casi toda en manos privadas- absolutamente colapsada y de lentísima reposición (obviamente no es rentable prever y costear las emergencias). Las comunicaciones, limitadas e ineficientes. La infraestructura básica –la gran prioridad de inversión de los últimos 20 años- con fallas en puntos clave. La organización social pareciera ni siquiera existir para todo efecto práctico de afrontar la crisis (hablo de la primera semana): mucho más visible resulta la consigna de “sálvese quien pueda”. Y finalmente tenemos el asunto de la seguridad y la protección, esa obsesión de la sociedad chilena. No sólo el terremoto y su maremoto consecuente la hacen precaria; más tarde es la propia energía social des/atada la que se vuelve contra sí misma: nosotros mismos somos los saqueadores, nosotros mismos somos los grupo de autodefensa, todos presas de la misma des/esperanza.</p>
<p>Si nos conformamos con la idea de déficits de gestión o con creer que un gobierno de “los técnicos” lo hará por definición mejor que uno de “los políticos”, estaremos apenas arañando la realidad.Un cartel improvisado en Talcahuano decía “Farkas sálvanos, el gobierno no existe”. Una hipótesis de interpretación del “terremoto social” en la región del Bío Bío indicaría que en ausencia de las garantías básicas que sólo puede proporcionar el Estado -vale decir confianza y derechos- la sociedad debilitada por treinta años de neoliberalismo no es capaz de reproducir el orden mínimo requerido para afrontar un problema como éste. Una sociedad fuerte necesita de un Estado fuerte, y viceversa. Se vieron saqueos –mitad producto de la necesidad, mitad el “aprovechamiento de oportunidades” que nos enseña el mercado como regulador social- pero no se vio la toma de control de un supermercado por parte de fuerzas sociales organizadas. Se vio a la alcaldesa de Concepción denunciar el abandono y anunciar la violencia, pero no se vio autoridades edilicias asumir su rol de gobierno local, por ejemplo requisando alimentos para su justa distribución en la población. Tampoco parlamentarios, intendentes y consejeros regionales, líderes vecinales, dirigentes políticos, empresariales o sindicales asumir la conducción de la emergencia ante la ausencia o la tardanza del gobierno central. Seguramente hay más de lo que muestran los medios de comunicación, convertidos mayoritariamente en amplificadores del espectáculo más que en servicios públicos. Pero aún así la sociedad parece haberse “adelgazado” a niveles críticos que le impiden retroalimentar las líneas caídas de un Estado que ha renunciado a algunas de sus tareas esenciales. Hay que profundizar sobre la “fractura social” y sus consecuencias.</p>
<p>La explicación por la tardanza e indecisión gubernamental pueden ser muchas: el gobierno ya terminaba en 10 días más, estábamos al final de las vacaciones. Pero más allá de eso lo que se ve es la incapacidad del Estado chileno para enfrentar los desafíos que le son propios. Habiendo privatizado la mayoría de los servicios, sólo le queda apelar a la “buena voluntad” de los empresarios para que colaboren con sus fines. Pero ocurre que, como a los propios empresarios les gusta recalcar, ellos no son filántropos ni están para la beneficencia. Han calculado sus costos y sus márgenes de ganancia dentro de las reglas que les fija el sistema político y económico y éstos no incluyen las emergencias como esta. Si es un proyecto inmobiliario, los municipios revisan los papeles, pero no tienen capacidad de supervisar la obra que finalmente se construye. Si es una carretera concesionada, la rentabilidad a 20 años nada dice sobre durabilidad a plazos mayores. Un Estado que renunció a diseñar e implementar sus proyectos, convirtiéndose en un gestor de la inversión privada, debilitó también sus recursos profesionales que actuaban como contraparte pública de las entidades lucrativas. No es pensable en 2010 una epopeya como la del Riñihue en 1960, donde los ingenieros de la CORFO movilizaron a la comunidad para conjurar el riesgo producido por el terremoto. Hoy sólo se pueden hacer reuniones de coordinación para ofrecer estímulos a los privados a ver si eso les satisface lo suficiente para asumir los roles públicos que están abandonados. Pero no hay resortes para tomar control de empresas y servicios de utilidad pública y reorientarlos según la necesidad de la coyuntura. O si existen –como en el Estado de Catástrofe- no se los utiliza.</p>
<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/INTERNET-1.jpg" rel="lightbox[6614]"><img class="alignleft size-full wp-image-6616" title="INTERNET 1" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/INTERNET-1.jpg" alt="INTERNET 1" width="300" height="200" /></a>El terremoto desnudó también mitos de los que nos gustaba enorgullecernos: la mejor conectividad del continente estaba basada en el negocio de los celulares y la penetración de la internet, pero se habían abandonado los recursos comunicativos que realmente sirven en estas situaciones. Al final fue la radio -la vieja y querida radiodifusión amenazada por las grandes fusiones y las cadenas multimediales- la que pudo comenzar a reponer la comunicación mínima indispensable. Imposible no mencionar esa cadena construida “a la antigua” que es Radio Bío Bío: descentralizada, con corresponsales en cuanto pueblo perdido existe en Chile. También las llamadas “redes sociales”, que permiten al menos el acceso del ciudadano de a pie y le dan un amplificador a sus simples demandas y deseos, cumplieron un rol (cuando volvió la electricidad).</p>
<p>La crisis producida por esta catástrofe puede ser interpretada de muchos modos. Si nos conformamos con la idea de déficits de gestión o con creer que un gobierno de “los técnicos” lo hará por definición mejor que uno de “los políticos”, estaremos apenas arañando la realidad (¿no son técnicos los del Servicio Hidrológico y Oceánico de la Armada?). Propongo poner el acento en los roles del Estado, como son la regulación, la provisión de bienes públicos y el aseguramiento de derechos y la indispensable tarea de fortalecer las capacidades de la propia sociedad. Esto requerirá de descentralización y estrategias participativas serias para los asuntos públicos. La tarea se ve difícil cuando hemos dado un viraje a la derecha, encargando a un multimillonario por los problemas de todos. Pero en fin, esa es harina de otro costal, cuyo desarrollo será cuestión del futuro.</p>
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		<title>Radio y TV: las benditas señales</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 17:21:19 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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		<description><![CDATA[La Nación Domingo / Mariela Vallejos / Si en ocasiones los detestamos, los criticamos y hasta dejamos de seguirlos por sus canales y bandas del dial, esta semana se volvieron indispensables: radio, televisión e internet mostraron su mejor rostro, y nos tendieron la mano para salir del pozo de la incomunicación y el pánico.
 “En un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/TV-gente-mirando.jpg" rel="lightbox[6610]"><img class="alignleft size-medium wp-image-6611" title="TV gente mirando" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/TV-gente-mirando-300x188.jpg" alt="TV gente mirando" width="300" height="188" /></a>La Nación Domingo / Mariela Vallejos / Si en ocasiones los detestamos, los criticamos y hasta dejamos de seguirlos por sus canales y bandas del dial, esta semana se volvieron indispensables: radio, televisión e internet mostraron su mejor rostro, y nos tendieron la mano para salir del pozo de la incomunicación y el pánico.</p>
<p> “En un desastre como éste, la sensación de normalidad que te da la radio no se compara con nada”. Así graficó Verónica Gaete (Talca) la presencia invisible, pero salvadora de la estación local Paloma durante los duros días que siguieron al terremoto. Igual que a miles de chilenos, el sismo del sábado 27 la dejó incomunicada del resto del país en una ciudad en ruinas. Su familia inmediata estaba a salvo, pero reinaba la desolación alrededor. Su propia casa había quedado semidestruida e inhabitable. Los habitantes de Talca estaban en shock, abrumados por una sensación parecida a la orfandad. En la oscuridad de las noches que siguieron, la voz de los locutores de Radio Paloma se convirtió en compañía fundamental, una especie de faro en la incertidumbre.</p>
<p>Tras el sismo, Radio Paloma había superado rápidamente problemas técnicos para acompañar a la comunidad en el doloroso proceso de recuperar una cierta rutina de normalidad y de ir enterándose de lo que sucedía en la región y el país. La conexión y la empatía del entorno fueron inmediatas. Docenas de familias vinculadas de nuevo, peticiones cumplidas, palabras de aliento, mensajes alentadores y, sobre todo, percepción de continuidad de la vida que no sólo han llevado esperanza a los directamente involucrados. De hecho, la gran audiencia regional aprecia cada buena noticia como si fuera propia en una espiral positiva que no cesa. En Concepción, la emblemática Radio Bío-Bío de los hermanos Mosciatti ha estado haciendo lo propio y, además, canalizando información regional fundamental al resto del país. Ambas estaciones no han parado ni un segundo sus transmisiones desde entonces, en una misión pública que los auditores valoran. “Si antes la Bío-Bío era sinónimo de información en la región, ahora es parte de mi familia”, destaca un ingeniero penquista, que privado de electricidad durante gran parte de la semana, no pasó un día sin tener sintonizada la estación regional. “Los que no pasaron el terremoto en Concepción, ni han vivido la incertidumbre que se ha vivido acá, no se imaginan los lazos de cariño que uno puede desarrollar con la radio cuando se transforma en tu única ventana al mundo”, destaca.</p>
<p>En Talca, tras una semana de verdadera dependencia afectiva, los juicios sobre el trabajo de la emisora local no son menos elogiosos: “Radio Paloma ha sido el mejor servicio de utilidad pública que podíamos tener”, destaca Marcela Castro, funcionaria de la Universidad de Talca. “Cada día y hora tras hora mantienen el ánimo de la gente, hacen llamados específicos, ayudan a localizar personas. Es increíble cómo te hace sentir que eres parte de una comunidad, y que estás conectado a los otros”, exclama.</p>
<p>Televisión que penetra</p>
<p>Más allá de las críticas a la forma y contenido de la cobertura de la televisión, especialmente los días en que los saqueos eran transmitidos en vivo y en directo, los chilenos reconocen haberse volcado a los medios buscando compañía y normalidad. “Éste es uno de esos eventos en los que la fuerza de una señal se manifiesta abrumadora”, asevera Sebastián Montecino, columnista de La Nación y autor de somosBlog en el que firma como ProtelesBuenavista. Montecino, que cual hombre orquesta no ha parado de monitorear radio, televisión e internet esta semana, aquilata la llegada instantánea y emotiva de la televisión. Pero es un convencido de lo irreemplazable de la función radial en la comunidad local cuando todo lo demás se cae. Una función que quedó de manifiesto en las extensas zonas que quedaron sin electricidad casi toda la semana. Aunque admite que la cobertura televisiva no ha estado exenta de exageraciones y errores, Montecino prefiere celebrar en su conjunto la contribución del trabajo periodístico en una semana crítica. “No puedo sino admirar y agradecer el trabajo de mis colegas apenas sucedida la tragedia, pues la tranquilidad sin información resulta imposible”, asevera.</p>
<p>Montecino destaca que tanto la televisión como la radio, con su sola presencia en el living, entregan “el consuelo, pobre, pero necesario, de que de algunas cosas no han dejado de funcionar. Y si la lejanía y la fortuna nos han tenido resguardados de lo peor, lo vemos y comenzamos a empatizar. Y pese a que en muchos momentos tendremos motivos justificados para el reclamo y la disidencia, ésta es una de esas situaciones en las que la crítica tendrá que esperar”, afirma.</p>
<p>Según Reporteros sin Fronteras, la televisión en tiempos de crisis puede, más que ningún otro medio, generar empatía y apelar a audiencias más amplias. “La información estimula la toma de conciencia de quienes están más lejos y la capacidad de los afectados directos de retomar el control de sus vidas y orientar sus procesos de sobrevivencia”, agregan al agregar que “la televisión también ayuda a los afectados a recuperar su dignidad en calidad de testigos presenciales, los mejores voceros de sus propias necesidades”. En definitiva, verse en la pantalla de la televisión puede ayudar al ciudadano anónimo y golpeado por la tragedia, a retomar el control y protagonismo de su propia vida.</p>
<p>Los organismos humanitarios internacionales saben del enorme poder de la televisión para captar fondos, llamar la atención y movilizar a la comunidad internacional. Cada año en el mundo unos 250 millones de personas son víctimas de desastres humanitarios a causa de epidemias, accidentes y catástrofes naturales. Una buena información resulta también vital para definir bien las prioridades y las urgencias. Mantener contacto con los afectados ayuda a promover la transparencia, el intercambio y la confianza. Por eso, las redes internacionales de ayuda destacan que, a pesar de los roces que se puedan producir en la relación entre el Estado, los medios y los organismos humanitarios, todos se necesitan mutuamente para realizar su trabajo cuando ocurre una catástrofe: Las instituciones tienen el personal entrenado y en terreno, las infraestructuras. Los medios tienen el poder de movilizar empatía y recursos. A menudo, -y el terremoto del 27 de febrero no fue una excepción- los periodistas de la televisión son los primeros en llegar a las zonas devastadas, tienen la capacidad de transmitir instantáneamente los hechos y cumplen un rol clave para establecer la magnitud de lo sucedido y generar respuesta nacional e internacional. La cobertura de una tragedia puede marcar la diferencia en cuanto a movilización de ayuda.</p>
<p>Según Ben Parker, redactor jefe de IRIN, servicio de noticias de la ONU, un solo artículo en The New York Times puede ser el equivalente a conseguir más de un millón de dólares en donaciones. Mucho dinero cuando hay vidas en juego.</p>
<p>Pero Sergio Campos, periodista y voz característica de Radio Cooperativa, es más duro con el rol que ha tenido la televisión en la cobertura de la catástrofe.</p>
<p>-¿Cómo evalúa la cobertura del terremoto por parte de la televisión?</p>
<p>-Basta con decir que Televisión Nacional habló el sábado de cómo lo habían pasado los integrantes de “Pelotón” durante el terremoto. Nosotros (la radio) teníamos tanta información, que no tuvimos oportunidad de repetirla, salvo los datos duros y fundamentales con respecto al epicentro. La televisión pecó de exceso en la repetición hasta el hartazgo de los saqueos y eso creó un ambiente de sicosis y de incentivo para actuar con esa misma naturaleza.</p>
<p>-¿Cómo compara la cubertura de la TV con la radio?</p>
<p>-La radio empezó a transmitir desde el tercer minuto de ocurrido el terremoto de forma ininterrumpida. Hasta el momento, no hemos puesto ni un so-lo tema musical y contamos con varias líneas de acción. Hemos desarrollado un área de servicio para buscar personas a través de la radio y esto nos ha causado una satisfacción enorme, porque varias personas han logrado contactar a sus familiares por nuestra Radio Cooperativa. Se trata de servir a la comunidad y no de entregar un producto para competir o para actuar con criterio de mercado. Nunca ha sido eso nuestro propósito. La radio es tremendamente ética. La televisión incitaba al caos, mientras que nosotros tratábamos de mantener la calma, porque si no la gente se exaltaba y podían ocurrir muchos accidentes, como los que fomentó y mostró la televisión.</p>
<p>-¿Cómo ha sido el trabajo estos días?</p>
<p>-Ha sido un trabajo agotador, demoledor. No hemos comido bien, pero no importa, porque es tremendamente satisfactorio. Estamos satisfechos porque hemos cumplido con la tarea de comunicar. //LND</p>
<p><strong>Colegio de Periodistas evaluará sanciones</strong></p>
<p>El presidente del Colegio de Periodistas, Abraham Santibáñez, destaca la labor y la reacción de los reporteros en la tragedia. Sin embargo, anunció que el Tribunal de Ética y Disciplina (Tried) de la entidad efectuará un análisis de la difusión de la información “porque ha habido críticas respecto del comportamiento de los periodistas. En Concepción se habló que hubo mucho sensacionalismo, cosa que es difícil medir. Por eso es mejor hacer un análisis más tranquilo, porque no estamos siempre preparados para este tipo de emergencia tan grandes”, enfatizó.</p>
<p>Agregó que la difusión de noticias sin una fuente clara, como fue Twitter, lo siente “más como responsabilidad de quiénes están en los medios, como los editores, que de los usuarios de estas redes. El reportero en terreno tiene que transmitir lo que le llega. Sobre el Twitter, es algo que todavía no manejamos con tranquilidad. El periodismo ciudadano, esta vez, no estuvo al mismo nivel del trabajo de los profesionales”, reitera.</p>
<p>Se sabe: en situaciones críticas, la necesidad de información se dispara. Y la gente descubre nuevas aplicaciones a la tecnología. Este terremoto relevó el rol de internet. Al caer la red eléctrica y colapsar la comunicación telefónica, miles de usuarios encontraron en la banda ancha móvil la oportunidad de saber de parientes aislados en la zona de la catástrofe.</p>
<p>“No puedo comunicarme por teléfono con mis hermanos en Talca”, escribía Claudio en Facebook tras intentar contactarlos desde Puerto Rico. Llamando localmente desde Santiago, una amiga supo de la familia de Claudio y le respondió en Facebook: “Están bien. La casa está muy dañada, pero toda la familia está a salvo”. Palabras de un valor inconmensurable para todos quienes recibieron información que les permitieron disminuir la incertidumbre.</p>
<p>Mensajes como los descritos se han multiplicado estos días en distintas redes sociales. “¿Alguien sabe de la familia Rodríguez?, preguntaba un cibernauta mediante un chat habilitado en el sitio web de la Municipalidad de Los Álamos (Octava Región). “No te preocupes”, le respondía otro. “Yo logré comunicarme, y supe que no hubo muertos ni heridos en el pueblo. No tienen luz, pero sí tienen agua”. Al mismo tiempo, Facebook, Twitter, MySpace y Linkedin están sirviendo de foro de conversación y medio para publicar opiniones, impresiones e iniciativas. Claro que lo bueno de la pasividad puede ser un problema al carecer de filtro editorial: sucedió con Twitter cuando alguien propagó un rumor sobre saqueos en el centro de Santiago. Los locales cerraron y la gente abandono rápidamente el perímetro. Pero la información era falsa y frente a esto, el ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma tuvo que salir no sólo a pedirle a los chilenos que no se transformaran en presa del pánico innecesariamente, sino también a los medios masivos de comunicación de filtrar los datos de la red antes de lanzarlos al aire.</p>
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		<title>El Chile de este terremoto</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 14:20:49 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Artículos recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura del terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[terremoto y medios de comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[TV y terremoto]]></category>

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		<description><![CDATA[Sol Serrano / El Mercurio / &#8220;El terremoto ha mostrado otra faz de Chile. Una faz que se devela a la velocidad y al ritmo de la propia tragedia. Una faz que los medios de comunicación recogen y también contornan. Ellos han sido, finalmente, los grandes actores de esta jornada&#8221;.  
&#8220;Terremoto en Chile. Pocos heridos”. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-y-prensa.jpg" rel="lightbox[6607]"><img class="alignleft size-medium wp-image-6608" title="terre y prensa" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-y-prensa-289x300.jpg" alt="terre y prensa" width="289" height="300" /></a>Sol Serrano / El Mercurio /<em> &#8220;El terremoto ha mostrado otra faz de Chile. Una faz que se devela a la velocidad y al ritmo de la propia tragedia. Una faz que los medios de comunicación recogen y también contornan. Ellos han sido, finalmente, los grandes actores de esta jornada&#8221;.  </em></p>
<p>&#8220;Terremoto en Chile. Pocos heridos”. Ese fue el titular ganador de un concurso que hizo un grupo de periodistas ingleses en la década de los 50 sobre el titular mas aburrido que podían imaginar. Así lo relatan dos grandes historiadores anglosajones para ilustrar la ignorancia de norteamericanos y europeos sobre América Latina en ese entonces.</p>
<p>La novedad no está en que haya terremoto en Chile. La novedad reside y ha residido siempre en Chile frente a un terremoto. Esta vez no fue precisamente un titular abúlico para la prensa mundial. Por el contrario, fue una noticia llena de consternación, de solidaridad, de empatía con un país que se había esforzado mucho por hacer las cosas bien. Y los resultados se notaban. Pero el atleta se esguinzó en plena carrera.</p>
<p>Ese país, que la prensa mundial ha visto con afecto, se condice también con el país que los chilenos habíamos vivido en la reciente campaña presidencial, tan novedosa como comedida, ordenada y finalmente respetuosa. Parecía un país tan optimista que hasta sus jóvenes se dieron el lujo de no votar porque finalmente, díganlo o no, sienten que nada grave está en juego.</p>
<p>El terremoto ha mostrado otra faz de Chile. Una faz que se devela a la velocidad y al ritmo de la propia tragedia. Una faz que los medios de comunicación recogen y también contornan. Ellos han sido, finalmente, los grandes actores de esta jornada. La información ha circulado exactamente en el sentido inverso de la comunicación. Allí donde llegaron las cámaras y nos mostraron a todos los chilenos las magnitudes del dolor, la carencia y el abandono, las instituciones que debían llevar el socorro sufrieron graves problemas por falta de comunicación. No en vano la primera ayuda que Hillary Clinton le dio a la Presidenta Bachelet fue un teléfono satelital.</p>
<p>El país que se devela estos días –con miserias humanas pero sobre todo con enorme solidaridad- es aquel de la precariedad, que ya no tiene que ver con la carencia sino con la calidad.</p>
<p>Por lo mismo, estas dos etapas –la de asistencia básica y la de reconstrucción- requieren un diseño que no es evidente ni menos puede ser convencional.</p>
<p>Pedro Aguirre Cerda asumió como Presidente de la Republica después de una reñida elección en diciembre de 1938. El 24 de enero fue el terremoto de Chillán. Murieron, según investigaciones recientes, alrededor de 24 mil personas en un país de 5 millones de habitantes. Las comunicaciones se cortaron totalmente, especialmente esa columna vertebral del país que no era la carretera, ni el teléfono ni siquiera el telégrafo, sino el ferrocarril. En los anales de la historia quedó que ese había sido el momento de nacimiento y de gloria de la radio como medio de comunicación. Ella no sólo informó sino principalmente comunicó. El enfrentamiento de la tragedia –eso es lo original de aquel terremoto- se insertó dentro de un concepto de desarrollo. Aguirre Cerda le dijo al Congreso que esta vez se trataba de un concepto más amplio de solidaridad, que la reconstrucción no consistía en levantar lo que había, sino no construir un nuevo país. De allí nació la Corfo.</p>
<p>Si entonces la batalla tenía un carácter tan ingenieril, de construcción gruesa, hoy es de sintonía fina. El gobierno que asume esta semana ha señalado que tendrá que ajustar su programa para enfrentar la catástrofe. Quizás sea todo lo contrario y lo que se necesite sea un plan de construcción inspirado en un programa de gobierno y en una visión del país que incorpore las precariedades que se han hecho patente en estos días al corazón de su diseño.</p>
<p>Más que nunca, la recuperación requiere de un concepto programático. No se trata sólo de levantar lo caído, desde la dignidad y la confianza hasta el techo y la sed. Se trata de la calidad con que cada uno debe responder por lo que promete y por lo que hace.</p>
<p>El terremoto del 39 no fue una “oportunidad” para el recién asumido Presidente Aguirre Cerda. La recuperación de ese terremoto, sin embargo, tuvo un concepto que fue crucial para el historia de Chile. Es el concepto que el cambio de esta semana permite construir.</p>
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		<title>Cobertura de la tragedia en televisión: Réplicas en la pantalla chilena</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 14:10:01 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[cobertura televisiva del terremoto]]></category>

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		<description><![CDATA[Jimena Villegas / El Mercurio / El people meter en el suelo. Las cifras de la semana lo demuestran: El lunes lo más visto fue &#8220;24 horas&#8221; de TVN, con menos de 10 puntos: el primer lunes de marzo de 2009, el número uno lo tuvo una teleserie de Canal 13, con 30.8. Una de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jimena Villegas / El Mercurio / <a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-en-chile.jpg" rel="lightbox[6604]"><img class="alignleft size-full wp-image-6605" title="terre en chile" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/terre-en-chile.jpg" alt="terre en chile" width="130" height="89" /></a>El people meter en el suelo. Las cifras de la semana lo demuestran: El lunes lo más visto fue &#8220;24 horas&#8221; de TVN, con menos de 10 puntos: el primer lunes de marzo de 2009, el número uno lo tuvo una teleserie de Canal 13, con 30.8. Una de las explicaciones de la baja es que se cayó un 40% de la muestra, y que en ese porcentaje están Concepción y Talcahuano. Otra explicación es que la gente sencillamente no vio tanta tele: tampoco subió el visionado del cable.</p>
<p>El poder de TVN: La fuerza de la red estatal se refleja en las cifras. El martes, por ejemplo, sólo un programa de TVN no estuvo entre los 10 más vistos, y el resto de los días lideró el ranking. Una clave puede estar en el refuerzo de su canal de noticias 24H: tienen equipos y rostros suficientes como para ofrecer más despliegue y diversidad de contenidos relevantes. Por eso no se entiende la opción de poner en su pantalla a los reclutas de &#8220;Pelotón&#8221; enterándose de la devastación o viviendo el terremoto. En la red pública dicen que la idea era aligerar, dando &#8220;de a poco&#8221; otro tipo de temas. Una lástima, porque quienes eligieron esa opción el jueves se perdieron un excelente capítulo especial del terremoto en &#8220;Contacto&#8221;, de Canal 13.</p>
<p>¿Dónde está La Red? En Chile, por cierto, aunque a veces no se note. La estación del magnate mexicano Ángel González, que cerró su departamento de prensa, pasó tangencialmente por la tragedia y eligió contraprogramar con envasados. Su estrategia funcionó: junto a Telecanal fueron las únicas señales cuya sintonía no cayó. Al parecer fueron la ventana para aquellos que no querían ver más dolor en su pantalla. El viernes otras estaciones se sumaron, abriéndose a telenovelas y otro tipo de espacios.</p>
<p>El valor de la diversidad. Uno de los debates de la semana en la &#8220;twitósfera&#8221; abordó el papel de la TV y su amplificación del pánico. Pero, salvo por la brutalidad de las imágenes de los saqueos en Concepción y alguna otra excepción, en general la TV tuvo un tono templado: ofreció lo que estaba pasando y muchas historias notables. Es más, al menos durante las primeras 48 horas, los telespectadores disfrutamos de aquello que debiera ser una norma y no lo es: había tal flujo informativo, que difícilmente los canales en campaña repetían notas entre ellos.</p>
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		<title>Debate en internet por comentario de Villegas sobre saqueos</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 22:38:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fucatel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[análisis terremoto]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando villegas]]></category>
		<category><![CDATA[saqueos terremoto]]></category>

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		<description><![CDATA[Observatorio / Una reciente columna de Fernando Villegas sobre los saqueos en Concepción después del terremoto generó varias respuestas desde el mundo de las ciencias sociales. Manuel Ossa, investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellín, cuestiona en un artículo el concepto de delito que maneja Villegas y su intento de atribuir el pillaje a una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/saqueo-en-super.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="alignleft size-full wp-image-6600" title="saqueo en super" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/saqueo-en-super.jpg" alt="saqueo en super" width="126" height="76" /></a>Observatorio / Una reciente columna de Fernando Villegas sobre los saqueos en Concepción después del terremoto generó varias respuestas desde el mundo de las ciencias sociales. Manuel Ossa, investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellín, cuestiona en un artículo el concepto de delito que maneja Villegas y su intento de atribuir el pillaje a una mezcla entre desigualdad, “aspiraciones adquisitivas” y “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”. Desde otro ángulo, el sociólogo y colaborador de Crónica digital José Pablo Lagos acusa a Villegas  de no superar en su análisis &#8220;los comentarios faranduleros con los que nos han atosigado la TV y las radios”.</p>
<p>Lea a continuación ambas repuestas a los planteamientos de Villegas:</p>
<h2><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/saqueo-inequidad.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="alignleft size-full wp-image-6601" title="saqueo inequidad" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/saqueo-inequidad.jpg" alt="saqueo inequidad" width="128" height="90" /></a>Respuesta a artículo &#8220;La pistola al cuello&#8221; de Fernando Villegas</h2>
<p><strong>Por Manuel Ossa, investigador Plataforma Nexos y del Centro Ecuménico Diego de Medellín.</strong></p>
<p> En un comentario en el diario La Tercera[1], Fernando Villegas hace uso de su excelente pluma castellana, y también de su arte de sofista, para confirmar, desde su propia interpretación, los miedos y prejuicios de sus admiradores sobre hechos que, en torno al terremoto, nos han conmovido a todos.</p>
<p>A estos hechos se los ha descrito &#8211; no sólo bajo la pluma de Villegas &#8211; como “saqueo”, “pillaje” y “vandalismo”, y se los ha calificado de “robo” y, consiguientemente, de “delito”.</p>
<p>No descartamos que haya habido delitos y robos propiamente dichos en las acciones ocurridas en varios supermercados de diversas ciudades y pueblos. En efecto, hemos visto en las pantallas de TV a muchachos llevándose lavadoras y otros electrodomésticos. Hemos sabido de la existencia de mercado negro de productos básicos, por lo que no descartamos que también se hubieran cometido delitos en la adquisición de estos bienes que se revendían a precios elevados.</p>
<p>Sin embargo, rechazamos, como método sesgado de análisis, el tomar la “parte por el todo”. Lo que en letras es una figura o tropo llamado metonimia y sirve para enfocar el aspecto más importante de una cosa o hecho, en manos de un analista social, como quiere serlo Villegas, se convierte en un instrumento tan poco fino y tan dañino como lo sería un mazo, en vez de la llave, para abrir una puerta, &#8211; en este caso, la puerta que diera acceso a la interpretación de una realidad compleja.</p>
<p>La situación era, para muchas madres y padres de familia – los mismos que podemos encontrar en el bus o en la oficina, como dice Villegas -, no sólo compleja, sino perpleja. ¿Qué hacer para darles pan y leche a los niños, ponerles pañales a las guaguas, en suma, para alimentar a la familia en momentos en que todavía la autoridad estaba evaluando la catástrofe? La Presidenta en ejercicio y el Presidente electo sobrevolaban en helicóptero las zonas siniestradas. Fuera de esos ruidos de motores representando al Estado, no se oían aún los de los aviones o camiones que podrían traer, como lo hicieron hacia Haití, las vituallas indispensables.</p>
<p>En efecto, cuando lo indispensable falta y no se prevé cuándo ni cómo se lo podría adquirir, entonces se está frente a un caso de “necesidad extrema”. Y éste es el que define la perplejidad en que se encontraban muchos padres y madres de familia: ¿qué hacer? ¿pedirle al vecino? ¿o sacar lo indispensable allí donde se encuentra almacenado? Pero, ¿no es esto robo?</p>
<p>Para quienes hemos sido educados bajo el lema de la inviolabilidad de la propiedad privada, la figura del “delito” está clara. Sin embargo, un moralista tan conspicuo y ajeno a cualquier contagio ideológico de “izquierdas” como Tomás de Aquino (un teólogo del siglo XII y “santo” de la Iglesia Católica) escribe repetidas veces, invocando la autoridad de San Ambrosio de Milán, un “Padre de la Iglesia” católica, que “en caso de extrema necesidad, todas las cosas son comunes”[2]. Claro, Tomás de Aquino tenía una pluma y una mente sin prejuicios, ni los de izquierdas, como decíamos, pero tampoco los de impío individualismo que se nos ha venido inculcando desde la época del primer mercantilismo mundial, pero sobre todo en nuestros días de implacable y globalizado neoliberalismo.</p>
<p>En la misma sección de la anterior cita, Tomás de Aquino escribe una frase que hoy le sería devuelta con el apelativo de “comunista” a quien quisiera repetirla. La repito, pues, aun exponiéndome a ese “peligro” (si lo fuera…): “Se puede hablar de riquezas injustas, es decir, de desigualdad a causa de la repartición desigual que hace que, estando uno en la indigencia, viva otro en la abundancia”[3].</p>
<p>Esa es la razón por la cual se produce de pronto una “necesidad extrema” que no podemos entender cabalmente, en toda su angustia visceral y epidérmica, quienes vivimos “en la abundancia”. Y en esa “necesidad extrema” se fundamenta no sólo el impulso, sino también el derecho a hacerse de aquellos bienes indispensables que han sido devueltos, por la naturaleza misma de las cosas, desde la propiedad privada a la propiedad común o comunitaria.</p>
<p>Villegas le da también con el mazo cuando busca las causas de que ésta, la chilena, sea una “sociedad enferma”, como él la diagnostica. Pues, según él, el “comburente” que le da persistencia a la “mezcla explosiva” de desigualdad, por un lado, y de “aspiraciones adquisitivas”, por otro, es nada menos que “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”.</p>
<p>Interpretando la frase según su tenor gramatical estricto, parece que Villegas no pone en tela de juicio las doctrinas acerca de los derechos humanos, sino sólo la “hegemonía ideológica” con la que se las habría puesto en práctica, con supuestas consecuencias desastrosas para el cuidado del orden público. Hay, pues, aquí un juicio político sobre la aplicación judicial de las mismas. Según él, habría operado una “hegemonía ideológica”, es decir, algo así como una dictadura, que habría impuesto “lenidad y obsecuencia” en su aplicación práctica judicial y legal. Es una crítica grave que toca a la Judicatura chilena. Pero, más allá de ello, es un desconocimiento, a estas alturas mañoso, insultante y, esta vez sí que ideológico, de las muertes, desaparecimientos y de todo lo que sufrieron cientos y miles de ciudadanos durante la dictadura militar.</p>
<p>Villegas le da no sólo con el mazo, sino con la pistola, cuando llega a felicitar con el epíteto de “valiente” al carabinero que amenazó con su arma a un delincuente. Admitamos que éste sea un verdadero “delincuente”. Pero por algo en Chile se suprimió la pena de muerte… ¿Cuál habría sido el juicio si la pistola hubiera sido gatillada? ¿Se justificaría la muerte de un muchacho como castigo de un robo que se realiza en circunstancias en que otras personas están legítimamente haciendo uso de su derecho a la vida mediante la recuperación de bienes indispensables que, como lo hemos argumentado, por la situación misma de “necesidad extrema”, han sido devueltos como comunes?</p>
<p>________________________________________</p>
<p>[1] 2 de marzo de 2010</p>
<p>[2] Suma Teológica, II &#8211; IIae, cuestión 32, artículo 7º, respuesta a la 3ª objeción; II &#8211; IIae, cuestión 187, artículo 4º, en el cuerpo del artículo.</p>
<p>[3] Suma Teológica, II &#8211; IIae, cuestión 32, artículo 7º, respuesta a la 1ª objeción</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<h2><a href="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/telemula.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="alignleft size-full wp-image-6602" title="telemula" src="http://www.observatoriofucatel.cl/wp-content/uploads/2010/03/telemula.jpg" alt="telemula" width="250" height="104" /></a>Con la pistola al cuello</h2>
<p><strong>José Pablo Lagos / Crónica Digital</strong> </p>
<p> Con cierta sorpresa y decepción he leído su comentario realizado a través de su página personal de internet donde en forma arrogante se atreve a señalar “las causas” de los asaltos por turbas masivas a locales comerciales en Concepción.</p>
<p>Es lamentable que quién oficia de sociólogo y pretenda levantarse como líder de opinión no supere los comentarios faranduleros con los que nos ha atosigado la Tv y radios. Al respecto cabe puntualizar los siguientes elementos, recogidos de la experiencia internacional sobre desastres:</p>
<p>1. Normalmente estos afectan a los más pobres y excluidos de los respectivos países. Son estos los que viven en condiciones precarias y vulnerables tanto respecto de la ubicación, acceso y elementos constructivos. Esto ha sido confirmado por los efectos de fenómenos como el huracán Katrina en Estados Unidos, y terromotos y deslizamientos en Perú, Colombia y otros países latinoamericanos, sólo por mencionar algunos. Por lo tanto la preocupación por estos sectores queda plenamente justificada en la medida en que se han ido conociendo los efectos del reciente terremoto en Chile.</p>
<p>2. En todas aquellas situaciones es común observar que la incertidumbre, la desesperación y el instinto de supervivencia, asociados a las precarias condiciones de vida generen condiciones para reacciones psicosociales que se separan de los comportamientos que en una situación de normalidad se reducen a grupos típicamente delictuales, los que lógicamente aprovechan las mismas para cometer sus fechorías y en ello arrastran a personas que no lo son. Aquí cabe aplicar la vieja máxima de que la ocasión hace al ladrón, ya que es obvio que en situaciones de desastre, sin el funcionamiento adecuado de los recursos básicos y las instituciones policiales, se produzcan dichas facilidades. Y esto ha pasado en todos aquellos lugares donde se han producido efectos catastróficos debido a fenómenos naturales como terremotos, maremotos y huracanes. Entre otras, después del terremoto de Nicaragua, comenzó a ampliarse la agitación social, de modo que muchos analistas serios, le otorgan una importancia relativa en la caída del dictador Somoza, quién no era un adalid de los derechos humanos.</p>
<p>3. No es la “hegemonía de los derechos humanos” lo que ha debilitado la decisión del Estado en Chile Sr. Villegas, la represión a estudiantes, a mapuches, a sindicatos y organizaciones sociales, no ha estado ausente, incluso durante los gobiernos de la</p>
<p>concertación, y por el contrario hemos sido testigos de la misma en inumerables situaciones con consecuencias de muertos y heridos, incluso con balazos por la espalda, donde prácticamente los culpables quedan impunes.</p>
<p>4. Tampoco es el “paternalismo” de un Estado que desde los años 73 fue desmantelado y muchas de sus funciones privatizadas, terminando con los principios de solidaridad en los sistemas de pensiones, la salud, la educación, la vivienda, entre otros. Y para que decir de la organización sindical y social, de lo que sí es culpable la concertación, por haber sido incapaz de revertirlos y haberlos promovido. La experiencia internacional sobre desastres demuestra que aquellos países donde existe una organización territorial, con capacitación, tales eventos implican muchas menos pérdidas de vidas y recursos. Como también mayor rapidez en la reacción, rehabilitación y distribución de ayuda.</p>
<p>5. Es un sistema económicamente excluyente, que económica y culturalmente promueve el individualismo el que ha mostrado su peor cara, que obviamente asusta a las élites que observan desde sus “protegidas” mansiones el levantamiento de las turbas. Para quiénes recorren permanentemente las poblaciones de las distintas ciudades del país, y observan el fenómeno del narcotráfico y su extensión entre la juventud, con sus secuelas de violencia, la aparición de las maquinitas tragamonedas en modestos almacenes a lo largo de todo el país, a cuenta de mágicas soluciones para el sustento diario, las diferencias de ingresos y acceso al bienestar, obviamente el cuadro social del país es muy distinto del que nos quieren hacer aparecer el “farandulerismo” tan extendido en los medios de comunicación.</p>
<p>Lea artículo de Fernando Villegas en:</p>
<p><a href="http://blog.latercera.com/blog/fvillegas/entry/la_pistola_al_cuello">http://blog.latercera.com/blog/fvillegas/entry/la_pistola_al_cuello</a></p>
<p>José Pablo Lagos. Sociólogo. Colaborador de Crónica Digital.</p>
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