Gran cronista de la marginalidad

MARGINALIDADCamilo Marks / Revista de Libros / Categóricamente, la literatura de Luis Rivano no es clase B, pulp , de quiosco u otra denominación que pueda dársele a la descripción de los bajos fondos, el hampa, los antros de criminales o sitios parecidos donde se junta gente de profesiones u oficios sospechosos. Rivano escribe tan bien o mejor que muchos autores de su época, revela un mundo fascinante y desconocido, en una prosa sin afectación, veloz, cinematográfica, y releerlo después de los años es comprobar que continúa fresco y poderosamente vigente. En consecuencia, su Narrativa completa (Alfaguara, 499 páginas, $14.900), en un solo volumen, es un regalo por partida doble: el descubrimiento o redescubrimiento de un escritor legendario y la posibilidad, para las nuevas generaciones, de encontrarse con una época, unas tradiciones, unas conductas que parecen sepultadas en el olvido, pero vuelven a surgir como si el tiempo se negara a hacerlas desaparecer.

La carrera de Rivano es muy conocida; así y todo, conviene detenerse en ella pues está ligada, de modo indisoluble, con sus textos. En 1965 pertenecía a la tropa de suboficiales de Carabineros de Chile y la editorial Zig-Zag iba a publicar Esto no es el paraíso , su primer título, una historia sin concesiones acerca de la vida entre los policías uniformados. La institución reaccionó en forma airada y Rivano optó por autoeditarse, lo que motivó su expulsión de las filas, a pesar del éxito instantáneo que obtuvo, avalado por la entusiasta crítica de Alone, quien alabó sin reservas su debut literario. En el futuro, encaminó sus pasos hacia lo que más le interesaba: los libros -hoy es el mandamás en el circuito de San Diego-, la composición de novelas y el teatro. El enjundioso prólogo de esta compilación, a cargo de Juan Andrés Piña, nos resume esta singular trayectoria, deteniéndose en sus momentos principales, en las características de su producción y en el hecho de que, a partir de 1973, Rivano cambió sus preocupaciones y se concentró en la dramaturgia, creando una docena de obras, algunas de las cuales permanecieron años en cartelera.

La Narrativa completa contiene seis novelas y siete cuentos: el más famoso es «El Rucio de los cuchillos» y da el nombre a la serie de relatos breves con los que culmina la colección. «El apuntamiento», «Tirar a matar» y «La yira», tal vez las mejores piezas de Rivano, pertenecen, en rigor, al género de la novela corta o nouvelle , poco practicado entre nosotros, quizá debido a las dificultades que presenta: la trama debe ser tensa, encerrar un mundo y personajes propios, sin que sea posible irse por las ramas. Rivano sortea con desenvoltura estos riesgos y parecería que es la forma novelística que más le acomoda.

Si en «Esto no es el paraíso» se percibe una espontaneidad brutal, a veces un tanto ingenua, una capacidad de entretener envidiable, un aluvión de acontecimientos que atrapan al lector, lo que resulta inaudito si se piensa que tales rasgos provienen de alguien sin pretensiones intelectuales, en las ficciones siguientes Rivano refinó sus procedimientos; así, hizo uso de raccontos , saltos temporales, cambios en el punto de vista, aún cuando jamás renunció al realismo que, en su caso, es la manera esencial de contar lo que tiene que contar.

No es la primera vez que la extrema marginalidad urbana toma carta de ciudadanía en las letras nacionales – Hijo de ladrón , de Manuel Rojas, le dedica extensos pasajes-; sin embargo, Rivano da a conocer en sus ficciones algo ausente en la prosa chilena anterior, un universo ignorado, de gente segregada, en contra del orden legal: ladrones, mecheros, cafiches, prostitutas, vagos sin techo, cogoteros y otros para quienes sólo existe el presente, sin proyectos que duren más de 24 horas. No hay censura, comentarios morales, párrafos que expresen resentimiento o clamen por la justicia, ni tampoco énfasis en la sordidez o miseria: simplemente está ese ambiente tal como es o tal como lo vio Rivano. El estilo, nervioso, basado en la insinuación más que en el detalle esmerado, evita analizar las situaciones y favorece el ritmo acelerado, a veces vertiginoso.

Desde luego, Rivano es muy superior a otros escritores con los que suele comparársele, sobre todo Armando Méndez Carrasco y Alfredo Gómez Morel.

Mientras ellos y otros que abordan similar temática naufragan en la truculencia, la chocarrería o la falta de perspectivas éticas, el mejor cronista de los arrabales peligrosos de la capital aún es conmovedor, humano, original, excepcionalmente contemporáneo.