Informe Especial”: La ley del mono

tvn-2 Francisco Aravena / Wiken / Los capítulos con los que “Informe especial” comenzó su temporada número 25 han logrado altas sintonías, ruidosas repercusiones y discusiones que han llevado a debates interesantes y necesarios. Es seguro afirmar, entonces, que “Cazamos a los cazadores de niños” y “Lupa a la cámara” han sido un éxito. Enfrentando la competencia del contundente “Contacto” de Canal 13, el equipo de “Informe especial” parece determinado a hacer pesar la historia y el presupuesto en esta lucha de titanes en la búsqueda de impacto, influencia y altas audiencias. Sus desaciertos, sin embargo, hacen que este titán se parezca a ratos a programas más modestos e intrascendentes como “En la mira” (Chilevisión) y “Aquí en vivo” (Mega).

Camino a sus fines de fondo, los reportajes de “Informe especial” tropiezan con la zancadilla de la forma. Es cierto que en la televisión se cumple aquel eslogan que dice “la imagen es todo”. En los buenos reportajes televisivos, sin embargo, la imagen está subordinada al fondo de los asuntos. La imagen – el “mono”, en jerga televisiva- es condición necesaria, pero no suficiente, para la existencia de una historia. Pero en sus dos primeras entregas, “Informe especial” parece demasiado pendiente de las formas. “Cazamos a los cazadores de niños” fue un potente retrato de los riesgos a los que los menores están expuestos en internet y una oportuna alarma sobre el vacío legal en el área. Pero la narración de un trabajo periodístico oportuno y acucioso estaba infectada con parafernalias visuales innecesarias que sólo parecían servir a propósito de la autopromoción. Era necesario, por ejemplo, que la periodista chateara con los pervertidos fingiendo ser una niña de 13 años para ilustrar el punto, y que mostrara ese chateo en cámara. Pero, que se caracterizara como una niña, acudiendo a diseñadores y maquilladores profesionales, parecía una payasada a todas luces prescindible, considerando que para la instancia decisiva – el encuentro cara a cara- contrataron a una actriz que sí parecía de esa edad.

Es un detalle en el todo de un reportaje que desnudaba – literalmente- una realidad impactante, pero un detalle al que dedicaron demasiado tiempo. Y resultó ser más que un detalle en el segundo reportaje, “Lupa a la cámara”, en el que se denunciaban las malas costumbres de una serie de diputados. El debate que se instaló después de su emisión de qué es importante y qué debe corregirse es valioso, pero lo que el ejército de cámaras fijas y escondidas en Valparaíso y en las sedes distritales mostró, en su mayoría no constituía mayor novedad y no parecía proporcional a los ocho meses de reporteo que la narración destacaba. Mucho “mono” y poca sustancia, sobre todo para un programa que pretende ser líder.

Quizás Saint-Exupéry habría sido un fracaso en televisión, pero suele ser que el mejor periodismo en televisión es el que tiene en cuenta que, aunque la imagen es casi todo, lo esencial es invisible a los ojos.

Nota 5.0