Internet: ¿Territorio libre o controlado?

internet. 25 Sergio Paz / Wiken / Dos grandes noticias trajo consigo la premiación de los premios Goya. La primera es, por supuesto, el triunfo de Matías Bize y Santiago Cabrera con «La vida de los peces»; una noticia que entusiasma y contagia. Bien por ellos. Bien por el cine chileno. Bien por todos. La segunda es, por supuesto, la dimisión de Álex de la Iglesia como presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, eso luego que el gobierno impulsara la llamada Ley Sinde, recientemente aprobada por el Congreso. En su discurso inaugural, De la Iglesia fue claro en su postura. «Internet no es el futuro, sino el presente». Y, tratando de no pisar callos en medio de la gigantesca polémica que ha creado tanto debate como divisiones y dimisiones, el gordo fue bastante consensual al afirmar que el problema de fondo no son los derechos de autor versus los derechos de los internautas, sino cómo dar legalidad a un mundo (el mundo de internet) en el que lo que hoy se juega es el acceso de la forma más libre, fácil y democrática posible a los todos los productos de entretención. Algo que, por supuesto, es clave para entender el futuro de los libros, de los discos y de las películas.

El chorizo, hasta donde entiendo, es más o menos así: presionado (según revelara WikiLeaks) por Estados Unidos y los socios de la Eurozona, España no tuvo otra que sumarse a la tendencia global de combatir la piratería en internet y las descargas sin autorización de sus autores. Para eso, Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura, elaboró una ley que pone en mano de un organismo (diferente a los tribunales de justicia) el castigo (suspensión de la conexión a internet) de todos aquellos que bajen MP3, películas, documentales, en fin. O sea, un nuevo orden en un mundo que, si por algo se caracteriza, es precisamente porque ahí todo es gratis. O casi.

¿De qué lado estar? En principio parece natural decir no a la piratería, defendamos a los autores, a la industria, no a las descargas ilegales. Sin embargo, basta darle unas vueltas al asunto para pronto suscribir la bandera de la libertad absoluta en la red. Bandera que, por cierto, en esta vuelta incluso suscribieron Microsoft España y algunos diarios que, sin rodeos, llegaron a declarar en sus editoriales que los derechos de los cibernautas están sobre los derechos de autor. También que nadie, sino un tribunal, puede castigar. Y, lo más importante, que la sociedad del conocimiento (la verdadera promesa de internet) no es posible sin libertad absoluta. Y es lo que en verdad se debe defender.

Todos lo sabemos: las grandes multinacionales hoy están en crisis porque es más fácil y barato hacer download desde el computador que ir a la disquería o al cine. También más cómodo. Y, de algún modo, hasta más gratificante. Por otra parte, todo esto de la moral bit-torrent es también la nueva forma en que las canciones, las películas, han encontrado una monumental audiencia que antes hubiera sido impensable. Es decir, puede que con internet pierdan los sellos, las distribuidoras, las productoras, pero al final gana la gente, incluidos los autores. Obviamente las cosas fluyen como nunca nadie antes pensó que podían fluir.

¿Habrá un punto de acuerdo? No. En este tema tienes que optar por un nuevo paradigma: el derecho social en tiempos de la internósfera. O el ya clásico derecho de lo «privado». Cada uno tiene derecho a elegir. ¿De qué lado estás tú? ¿De qué lado están en el gobierno?

Una cosa es cierta: la piratería está instaurada y, con leyes o no leyes seguirá igual. El punto es cómo el cine y la música se adaptan y ganan en un escenario en el que ya a nadie le queda muy claro qué es ganar. En eso todos estaremos de acuerdo con el bueno de Álex de la Iglesia: gran discurso, gran final.